Barça, Atlético de Madrid, Real Sociedad… Al amparo de grandes escudos, son muchos los clubes que hoy disputan la máxima competición de fútbol femenino en nuestro país. Poco a poco, los ‘grandes’ se han ido subiendo a un carro que está alcanzando velocidad de crucero y que, por muchos palos que se le intenten poner en las ruedas, es ya imparable. Bien por convicción, bien por marketing, 13 de los 18 clubes que forman la Primera Iberdrola forman parte de una entidad consolidada y cuya disciplina masculina lleva años en primera línea de fuego.

Con todo por hacer, los clubes han encontrado en el fútbol femenino un filón por explotar. Un lugar en el que hacerse grande. Por ello, las inversiones de las entidades son cada vez mayores y, lo que es todavía más importante, regulares. Sin embargo, ese ritmo imparable que está cogiendo la competición también tiene sus riesgos. ¿Qué pasa con los clubes que no dependen de una entidad mayor? Con inversiones más modestas, los esfuerzos en las renovaciones están a la orden del día y no pueden permitirse fallar con los traspasos. Y es en estos mares donde el Sporting de Huelva suele navegar.

Con la humildad por bandera, la entidad onubense ha aprendido y nos ha enseñado que no hace falta dormir al calor del dinero para ganarse un sitio en la élite del fútbol femenino español. Trabajo, esfuerzo y perseverancia para un club que esta temporada ha pasado las de Caín. Y, si bien en algunos momentos se dio al equipo por desahuciado, la llegada de Jenny Benítez le ha cambiado la cara completamente. “El trabajo que está haciendo Jenny Benítez es increíble. Cuesta muchísimo, hoy en día, ponerle la cara colorada al Sporting de Huelva”, reconoció María Pry, en una entrevista con esta revista.

 

Con la humildad por bandera, la entidad onubense nos ha enseñado que no hace falta dormir al calor del dinero para ganarse un sitio en la élite del fútbol femenino

 

La superación, quizás, viene desde su fundación. La segunda; no la primera. Y es que la primera vez que la entidad vio la luz fue en 1979. Por aquel entonces, el Sporting de Huelva no pasó de ser una entidad de fútbol base masculino. Durante nueve años, las categorías de infantil y juvenil jugaron los campeonatos provinciales correspondientes. Sin embargo, aquel capítulo se cerró. El punto parecía venir acompañado de un final, pero en 2004 Antonio Toledo y Manuela Romero decidieron darle una segunda oportunidad al Sporting de Huelva.

Lejos del fútbol base masculino, decidieron reestructurar el club y pasarse al fútbol femenino. La decisión no pudo ser más exitosa. Ganaron la Liga Nacional y sumaron dos ascensos consecutivos hasta alcanzar la máxima categoría. Corría el año 2006 cuando el Sporting de Huelva puso sus botas en la Superliga con una máxima clara: evitar el descenso. Quién sabe si se lo grabaron a fuego, pero jamás se bajaron de la primera división.

Adaptarse a la élite fue cuestión de jornadas. Se estrenaron en su primer año con una meritoria décima posición y, hasta hace tres temporadas, encontraron su sitio entre la octava y la undécima plaza. En una zona acomodada, sin sobresaltos por abajo ni demasiada tensión por arriba. La estabilidad en la faceta deportiva parecía todo un éxito para un club que tuvo que emigrar entre varias localidades. Primero conocieron Trigueros para, más tarde, mudarse a San Juan del Puerto.

El gran ‘campanazo’ llegó en 2015. Concretamente el 17 de mayo. Exactamente seis años atrás, el Sporting de Huelva lograba su hazaña deportiva más importante. En el Municipal Álvarez Claro, de Melilla, las onubenses se impusieron por 2-1 al Valencia. Un doblete de Martín-Prieto, todavía goleadora de la entidad, fue más que suficiente para que aquel equipo levantase al cielo el mayor éxito deportivo de su historia.

“Pasé de pedir de rodillas a pedir de pie”, dice Manuela Romero, actual presidenta, en el libro No las llames chicas, llámalas futbolistas, de Danae Boronat, tras ganar aquella Copa de la Reina en 2015. Y es que la búsqueda de patrocinadores para la solvencia económica de las onubenses se convirtió en una constante para el club. Una inyección tan importante como necesaria para hacer frente y contrarrestar las partidas monetarias de otros equipos.

 

¿Qué pasa con los clubes que no dependen de una entidad mayor? Con inversiones más modestas, no pueden permitirse fallar con los traspasos. Y es en estos mares donde el Sporting de Huelva suele navegar

 

La diferencia económica con los grandes clubes y la dificultad a la hora de confeccionar la plantilla han provocado que, en estos últimos años, el Sporting de Huelva se haya bajado de la zona tranquila de la clasificación. Las dos últimas campañas, el equipo quedó un puesto por encima de la zona de descenso. El inicio de esta temporada no hacía presagiar un futuro más halagüeño. Tras un mal inicio de campeonato, Antonio Toledo, quien fuese uno de los entrenadores más reconocidos del club, presentó su dimisión. A perro flaco, parecía que todo iban a ser pulgas, y el equipo cayó hasta la última posición de la tabla.

Jenny Benítez se hizo cargo de un grupo de jugadoras en horas bajas y marcó el camino. El Sporting de Huelva es incapaz de rendirse. Las blanquiazules tendrán sus carencias, pero bajar los brazos no es una opción. Partidos decisivos en los que no fallaron y victorias de auténtico mérito como la lograda ante el Atlético de Madrid han devuelto al club a esa zona a la que viene perteneciendo desde hace años. Asentadas en mitad de la tabla y virtualmente salvadas, en Huelva vuelven a despedirse de los fantasmas del descenso que asomaban al inicio de una tormentosa temporada. “Lo que hemos conseguido era muy difícil, pero ya estamos tocando la salvación con las manos”, reconoció Benítez, debutante en el banquillo, a los medios del club.

No. En el sur de España no viven bajo el cobijo de una gran entidad. Tampoco rezuma el oro de las cuentas del club. Pero todos los éxitos que han conseguido son solo suyos. Nacen del esfuerzo de dos soñadores que impulsaron un equipo femenino cuando apenas había visibilidad ni posibilidades. Alcanzaron la élite y sobrevivieron a base de pundonor. Como dice Romero, pedirá de pie en vez de arrodillada. Pero ahí seguirán.

En un fútbol cada vez más dominado por las grandes entidades, son equipos como el andaluz los que nos recuerdan de dónde viene este deporte. Semana tras semana, ese escudo saltará al terreno de juego. Ganarán o perderán, pero no sin dejarse la piel. No sin recordar que llevan 15 años en la élite. Honrar el escudo como han venido haciendo hasta ahora. Un escudo cargado de humildad; de resiliencia; de fe.

 


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Fotografía de Imago.