Santi Balmes y Jordi Roig se cruzaban por las calles de Sant Vicenç dels Horts sin entablar conversación alguna, apenas un ‘ei, hasta luego’. No fue hasta que se encontraron en el Camp Nou que comenzaron a charlar. El fútbol como punto de partida, como raíz de todo. La cosa comenzó con el símil de Jordi con Gheorghe Hagi y terminó, un tiempo después, con el nacimiento de Love of Lesbian, una banda que se abrazó al movimiento indie español hasta convertirse en referente territorial. Hoy tienen la vista puesta en los Estados Unidos, donde realizarán su próxima gira de conciertos, lo cual sería algo parecido a debutar en la mejor liga del mundo o pisar, por primera vez, el césped de los mejores estadios. Santi se lo toma con la misma pasión con la que ve los partidos de fútbol, un deporte que le ha acompañado toda la vida.

¿Te imaginabas, al inicio de la pandemia, tocar en un concierto que serviría como prueba piloto de la transmisión del virus?

Fue una experiencia emocionante que, en un primer momento, vivimos con cierto riesgo por el hecho de formar parte de un ensayo clínico. La información nos llegaba a cuentagotas y no queríamos comenzar la promo del nuevo disco en mitad de un acontecimiento que no era seguro para la gente. Hubiera sido como tirarnos piedras en nuestro propio tejado. Sin embargo, con el paso de los días, nos dimos cuenta de que no estábamos solos en aquella historia. Contábamos con un grandísimo equipo de médicos, científicos y epidemiólogos que eran los mejores de la zona. Ahí nos empezamos a calmar. Nos dijimos: ‘venga, esto va para adelante’.

¿Crees que hubiera sido interesante plantearse algo similar con el fútbol o los Juegos Olímpicos?

En nuestro caso no coincidimos con la variante Delta. De lo contrario, estoy seguro de que el concierto no se hubiera celebrado. De todas maneras, creo que en el ámbito deportivo se podrían haber espabilado antes con el tema de la asistencia de público. En verano, haciendo uso del certificado de vacunación, los estadios ya podrían haber acogido público. Podrían haber ido al Gamper los aficionados de mayor edad, los primeros en vacunarse. La sensación de normalidad es algo que los futbolistas hubieran agradecido, por el hecho de ver que la cosa estaba viva.

Muchos decían que el fútbol, sin la gente, no era fútbol. ¿Cómo lo veías tú?

Era como ver un partido de tercera regional. Y lo de simular el ruido de la grada por televisión era patético, parecía que estabas jugando a la Play. Los espectadores, igual que los músicos o los futbolistas, forman parte del espectáculo. Tienen que estar presentes todos los elementos. Por otro lado, se ha demostrado que, sin el factor público, los equipos se equiparan mucho más. Deja de existir ese miedo escénico de cuando pisas el Camp Nou o el Bernabéu, por ejemplo.

¿Quién ha sufrido más la ausencia de espectadores: el fútbol o la música?

Creo que, con un poco de coherencia, ninguno de los dos hubiera sufrido tanto. Recuerdo que, después de tocar en El Molinón, mucha gente del Sporting se quejó de que el estadio se abriese para un concierto pero no para ver el fútbol. Y lo entiendo perfectamente. Ha habido una falta de coordinación brutal. Cada ámbito tomó una dirección y velocidad distintas.

Más allá del COVID, ¿son comparables las emociones que despiertan el fútbol y la música?

Totalmente. Ambos son espectáculos gregarios desde tiempos de los griegos y los romanos. El fútbol en concreto no, pero sí el deporte en general. Hablamos de espectáculos que necesitan al público, y viceversa, por el hecho de socializar y compartir emociones. Eso tanto lo consigue una canción como un golazo de Messi. En ese sentido, el fútbol y la música están en una liga bastante parecida.

Sin embargo, por la competición, es más fácil salir decepcionado de un partido que de un concierto.

Eso seguro. Pero también la decepción es una emoción. Y el disgusto, y la pena, y la tristeza. Esa variabilidad es la gracia del fútbol.

 

“Hablamos de espectáculos que necesitan al público, y viceversa, por el hecho de socializar y compartir emociones. Eso tanto lo consigue una canción como un golazo”

 

En la música, ¿qué equivaldría a un gol?

El gol de la música es el súper hit. Sobre todo los primeros diez segundos.

¿El fútbol también es arte?

Hay momentos en los que el fútbol es arte, pero hay otros que son para suicidarse. Lo estamos viendo, sin ir más lejos, en Can Barça. El gran mito de la historia del club se ha marchado y el equipo se ha empequeñecido tanto que es incapaz de sacar adelante sus partidos.

¿Cómo viviste la marcha de Messi?

Muy mal. El día de la rueda de prensa de despedida no pude ni llorar del shock que llevaba encima. Me superó por todas partes, no podía asimilar lo que estaba viendo. Es curioso porque mi mujer, que no es futbolera, sí que lloró mientras lo veíamos (risas). Y no fue tanto por los años que le puedan quedar de fútbol o las Champions que pueda ganar, sino por la manera de marcharse. Esta historia debería haber terminado de otra manera. Yo soy de los que piensa que su último año de fútbol, cuando tenga 38 o 39 años, lo pasará aquí, en el Barça.

¿Cuándo fue la última vez que te emocionaste viendo un partido?

Con el gol de Ansu Fati el día de su regreso. Es que necesitamos un mito, un sucesor. ‘A rey muerto, rey puesto’, ¿no? Fue un momento eufórico, de esperanza, en el que pensé: ‘Ansu Fati, por favor, sácanos del infierno’. Ya ves que, si hablo de fútbol, lo derivo todo al Barça. Soy muy ‘culé’, como toda la banda.

El fútbol se ha vuelto más académico, menos espontáneo, dicen. ¿Está ocurriendo lo mismo con la música?

A base de mamar técnicas, tácticas y demás, uno puede llegar a ser un futbolista o un músico decente. Pero también está ese talento innato, ese algo que no se enseña. O lo tienes o no lo tienes. Se lo veo, por ejemplo, a Memphis Depay o Ansu Fati. También a Riqui Puig, a pesar del rechazo que genera a un sector del barcelonismo. Cuando el chico sale, pasan cosas, eso es innegable. Eso tiene poco que ver con la formación que has tenido. Se trata, simplemente, de si tienes ese algo o no, de esa capacidad para improvisar. Me puedo equivocar, porque me ocurrió algo parecido con Iván de la Peña y después se pegó una hostia acojonante.

No basta, sin embargo, con ‘ese algo’, ¿verdad?

El trabajo diario es importante, pero mira a Romario. Puede que fuera un perla en los entrenamientos, pero después no tenía miedo escénico. Cuando salía al escenario, lo petaba. Eso le pasa también a muchos músicos, que se crecen en el momento adecuado.  También hay un paralelismo entre los entrenadores y los productores musicales. Hay producers que son muy impositivos, absorbentes, categóricos. Pueden poner en duda la que tú crees que ha sido la mejor toma. Creo que sería interesante, a veces, dejar de lado el factor humano, el error. Muchas veces vemos a futbolistas que se atreven poco, y creo que es por la presión de los entrenadores.

Cuando uno no puede permitirse una formación musical o deportiva, ¿qué puede hacer para llegar lejos en lo suyo?

En el fútbol hay menos tiempo, ese es el problema. Tienes una fecha de caducidad, se te pasa el arroz y hasta luego. Tienes que ir poco a poco. Lo importante es que, cuando llegues, tengas un lenguaje y un discurso propios. Además, eso se puede tener sin haber tenido una formación previa.

¿Tienen los músicos más capacidad de reinventarse que los futbolistas?

Ocurre lo mismo en ambos casos: o te lo comes todo o no te comes nada, eso es una ley. Es muy difícil jugar en tercera división y tener que combinarlo con un curro. Lo mismo que si estás en una banda de ‘tercera’; tendrás que ir al local de ensayo a las nueve de la noche después de trabajar. En el fútbol, en la música, y en cualquier arte, es el todo o nada. Con los actores ocurre lo mismo; ¿cuántos de ellos están sirviendo copas en este momento? Es durísimo. No hay sitio para todos, desgraciadamente. No existe un tejido cultural o deportivo lo suficientemente potente como para que te puedas mantener en primera línea, ganándote la vida con eso.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos relacionados con el fútbol?

Tengo muchos, porque ya soy un tío mayor, un boomer. Pero lo primero que me viene a la cabeza es cuando fui con mi madre a casa de Artola. Vivía justo enfrente de mi casa, en la Travessera de les Corts. El tío vivía a un par de semáforos del Camp Nou. Pasé de tenerlo como cromo a conocerlo en persona, fue increíble. Mi madre, con todo el morro, se presentó en su casa con una pelota para firmar. Recuerdo otra vez que mi prima mayor, que tenía ciertos contactos en el club, me llevó a las inmediaciones del estadio. De golpe pasó por ahí Lobo Carrasco. ¡Era mi ídolo! Para mí fue como ver a una estrella del rock, te lo juro.

¿Cómo vives el fútbol ahora?

Los días de Barça-Madrid intento no tomar mucho café, si no me daría una taquicardia. Con este partido no puedo, es que no puedo.

Alguna vez has contado que conociste a Jordi Roig, el guitarrista de tu banda, en el Camp Nou. ¿Puedes explicarlo?

Ya nos conocíamos de vista, del pueblo. El típico con el que siempre te cruzas pero no has hablado nunca. Lo vi un día en el Camp Nou. Él estaba solo, yo también, y comenzamos a charlar. En aquella época él era muy parecido a Hagi, todo el mundo le llamaba Hagi. Es lo primero que le dije; ‘hostia Jordi, cómo te pareces a Hagi tio’. Esa fue nuestra primera conversación (risas).

 

“El trabajo diario es importante, pero mira a Romario. Puede que fuera un perla en los entrenamientos, pero después no tenía miedo escénico. Eso le pasa también a muchos músicos, que se crecen en el momento adecuado”

 

¿Cómo crees que ha cambiado el fútbol en los últimos años?

Es mucho más físico. Ahora mismo no puedes confiar exclusivamente en el tiki taka. Hay muchos jugadores que, además de toque, tienen potencia. Está bien vivir del recuerdo, ser cruyffista, guardiolista y todo eso, pero el mismo Guardiola también muta. Nosotros, mientras tanto, nos hemos quedado igual que esos abueletes que viven del recuerdo. El fútbol ha dado un paso adelante, ahora hay tipos de metro noventa que la tocan que flipas.

¿Tenemos que deshacernos del mito de ‘los bajitos’ y empezar a pensar en otros ingredientes?

Desgraciadamente, sí. Nos hemos enquistado mucho en un recuerdo que no es adaptable a esta época. Los laterales de hoy se dejan el cuello en cada jugada, los laterales que cubren corren como gacelas. Lo de ‘los bajitos’ fue una coincidencia. Claro que tiene que haber jugadores con toque, pero ya no basta con eso. Sobre Riqui Puig, por ejemplo, por mucho que me guste, reconozco que le falta cuerpo.

¿Qué te parece la idea de una Superliga Europea?

No he profundizado demasiado en el tema, así que prefiero no opinar. Lo que sí puedo decirte es que alucino viendo al Barça y al Madrid juntos en algo de manera tan exteriorizada. Me ha generado tanta sorpresa como escepticismo. En esas comidas entre Florentino y Laporta es donde se cuece el capitalismo del fútbol.

¿El capitalismo afecta de igual forma a la música que al fútbol?

El mundo de la música siempre ha estado ensuciado de capitalismo, no es una cosa nueva. Pero, a diferencia del fútbol, afortunadamente, existe una liga alternativa donde poder moverse. Esto me hace pensar en el Salon des Refusés, los cuadros rechazados de un grupo de pintores franceses que, más adelante, marcaron tendencia en lugar de los cánones tradicionales. Aunque el pastel siempre se lo lleven los mismos -discográficas, productoras, televisiones, etc- siempre habrá artistas indies que querrán resistir. Cuando te echan de una marca porque tus gustos son demasiado arriesgados, siempre tienes la oportunidad de crear un sello pequeño y publicar las cosas que te den la santa gana. Como te decía, en el fútbol eso es imposible, no hay alternativa.

Más allá del Barça, ¿simpatizas con algún otro club?

De pequeño era fan del Rayo Vallecano porque me flipaba la camiseta. Así de simple (risas). Si me preguntas por grupos de música te puedo decir muchos; Beatles, Rolling Stones, Led Zeppelin, etc. Con el fútbol es distinto; estamos por lo que estamos.

A la hora de componer, ¿alguna vez has encontrado inspiración en el fútbol?

En nuestro disco Is it Fiction? aparece la narración de Joaquim Maria Puyal del gol de Koeman. Estábamos en una época triste y decidimos incluir ese momento de euforia para equilibrar emociones. Era un sampler contradictorio con nuestro estado de ánimo. Hasta el momento no hemos utilizado ningún otro recurso futbolístico, pero no lo descarto, porque muchos de mis recuerdos vitales tienen que ver con el fútbol. El ir al Camp Nou, por ejemplo, me ha permitido conocer la sociedad que me rodea, desde los extraños sociales a la manera como tiene la gente de vivir la vida, más recatada o más lanzada hacia adelante. Hay muchos partidos de los que recuerdo exactamente el lugar, la compañía y el sentimiento que tuve. Es algo que me ha acompañado toda la vida.

Habéis anunciado una gira en EEUU para 2022. Eso es como ganar el Mundial o jugar en uno de esos estadios emblemáticos.

Estamos muy ilusionados, es una asignatura que teníamos pendiente desde hace tiempo. No sabemos cómo responderá la gente, de entrada nos lo tomamos como una aventura músico-turística. Será muy guay. No sé si es un paso adelante o no, pero la experiencia no nos la va a quitar nadie. De alguna forma servirá para volver a las raíces de la banda, porque no tendremos a tanta gente apoyándonos. Habrá que volver a esa época en la que te tenías que ganar a la gente exclusivamente con el bolo que haces. Eso es muy excitante.

 


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Fotografías de Noemí Elias