Pedro Gómez Carmona (Vitoria, 1982) llegó al fútbol profesional a través de las aulas de la universidad. Desde 2010, el entrenador vasco ha hecho un viaje de idas y venidas que le han llevado a conocer desde el fútbol emergente del Golfo Pérsico hasta experiencias en el máximo nivel del fútbol europeo tanto en España como en Portugal. Tras ser asistente dentro de diversos staffs técnicos, parte de la secretaría técnica del Valencia, director de fútbol del Real Murcia y primer entrenador en Estoril, ahora es el mánager del East Riffa de Baréin. Desde ahí, atiende a la llamada de Panenka para recorrer juntos el camino que le ha conducido hasta su enésima andadura.


Regresemos a 2010. ¿Cómo empieza tu aventura por el Golfo Pérsico?

En ese momento estaba trabajando en la universidad. Tenía una beca para investigar, y posteriormente era un contrato con el que estaba realizando mi tesis doctoral sobre la proyección de lesiones con termografía infrarroja en jugadores profesionales. Ya colaboraba con grandes equipos: con el Liverpool de Rafa Benítez, con el Valencia de Unai Emery, con el Zaragoza cuando estaba Marcelino García Toral y con la Selección. Entonces, también daba cursos en la universidad y uno de los los alumnos resultó ser el hijo de Gabriel Calderón, que fue el que me recomendó para ir con su padre a trabajar. Y así fue como, casualmente, me acaban llamando para ir a Arabia Saudí. Fui al Al Hilal y yo desconocía el mundo asiático, concretamente Arabia Saudí, y lo que más me sorprendió fue lo que me encontré ahí. Al final, el Al Hilal es uno de los clubes más grandes de Asia, el más grande del país, es como decir Madrid o Barça; la gente se movilizaba, llenaba estadios, te esperaba en los aeropuertos, algo espectacular. No me lo esperaba.

¿Con qué fútbol te encontraste? ¿Era muy primario por aquel entonces?

No era tan primario porque al equipo al que voy es uno de los clubes más grandes de Asia. Las instalaciones del Al Hilal no tienen nada que envidiar a cualquier equipo de Primera División. Tiene un estadio espectacular, el Estadio Internacional [Estadio Rey Fahd], donde se han jugado partidos internacionales, incluso de la selección española. Y luego, las instalaciones de entrenamiento, lo mismo. Disponía de tres o cuatro campos. Todas las comodidades. Tenía un hotel dentro, donde nos concentrábamos.

¿Se notaba, en el sentido de las infraestructuras, el hecho de llegar a uno de los grandes del país?

Hay de todo en la liga. Yo creo que como en la liga española. Te vas a las instalaciones del Eibar y no tienen ni campo para entrenar estando en Primera División. Eso pasa en todos los países del mundo. El rico lo tiene todo y el pobre no tiene nada. En cuanto a la liga, hace diez años no estaba mal organizada pero ahora mismo no tiene nada que ver. Es muchísimo más potente, con muchísimos recursos económicos, con un gran marketing. De hecho, han abierto la veda y ya pueden contratar a ocho extranjeros -antes solo podían fichar a cuatro, uno asiático y los otros tres de donde quisieses-.

Después del Al Hilal, fuiste al Baniyas de Emiratos Árabes, y de ahí a la selección de Baréin. ¿En qué se diferenciaba tu día a día trabajando para una selección?

La gran diferencia, aparte de la que es evidente, es que no tienes ese trabajo diario en el campo. El trabajo diario lo sigues teniendo. Más de seguimiento, de control de jugadores, de visionado de partidos, pero en el campo, lógicamente, cuando te concentras y poco más. Quitando eso, la gran diferencia es el tiempo que tú tienes para transmitir a los jugadores que jueguen como tú quieres que jueguen. Dispones de pocos días o pocas semanas, incluso a veces ni eso, para hacer que un equipo carbure o funcione como tú quieres. Por eso, al final, tienes que ser muy efectivo, muy selectivo en los ejercicios y, como diríamos en España, dejarte de rodeos. Ir al grano. Esa es la mayor diferencia que encuentro. Otra cosa son las competiciones. Las competiciones son la leche. Al final, una competición internacional moviliza a tanta gente, a tantos países, a un montón de medios… Cuando juegas una competición con una selección, todo lo que se moviliza alrededor de ti se triplica comparado con un club.

 

“Ver cómo el equipo va mejorando, cómo entrena para conseguir cierto objetivo, que el equipo juegue bien y acabe ganando. Eso es lo que realmente me atrae”

 

Tras pasar por Baréin, vuelves a España, donde forma parte del organigrama de diversos clubes.

Afortunada o desafortunadamente he vivido todas las caras del fútbol. Llegamos al Al Hilal y conseguimos liga y copa, luego fuimos al Baniyas y jugamos la final de la President Cup, en Baréin hicimos un gran torneo llegando a semifinales. Pasamos al Betis,  donde descendimos a Segunda y lo pasamos muy mal. Ahí vimos la cara negativa del fútbol. En el Valencia viví una época mala también, con mucho cambio de entrenador.

En diciembre de 2016 llega tu primera oportunidad como primer entrenador en Estoril.

En Estoril, yo siempre digo lo mismo, son momentos. Llegué en diciembre, faltaba todavía un mes para el mercado de fichajes y lógicamente se necesitaba reforzar el equipo. Tuvimos el error de que queríamos que el equipo jugase bien, que tuviese una filosofía de juego atractiva, pero en el fútbol lo que manda son los resultados. Lo primero que tienes que hacer es conseguir esos resultados y luego ver si puedes conseguir ese estilo de juego atractivo. Porque si lo haces al revés, malo. Es un poco lo que nos pasó. Nos esforzamos en hacer un estilo de juego más atractivo del que estaban desarrollando. Pero luego también coincidió un calendario en el que nos tocaron todos los equipos de arriba. Recuerdo que mi debut fue contra el Benfica, que realmente hicimos un muy buen partido, perdiendo 1-0 por pequeños detalles, pequeños fallos individuales que te acaban penalizando. Luego jugamos contra Oporto, Chaves -en ese momento estaba mejor- y se encadenaron una serie de derrotas en liga, algo que no está entre las expectativas de cualquier entrenador a la hora de comenzar. Es verdad que luego tuvimos algo positivo, que fue clasificarnos después de 73 años a las semifinales de la Taça.

¿Recuerdas la actuación en copa como lo mejor de tu paso por el club?

Siempre me quedo con que fue una grandísima oportunidad poder ser primer entrenador en la primera división de Portugal. No encuentro nada negativo, todo positivo. Aprendí muchísimas cosas de esa experiencia. No solamente me llevo eso de haber llegado después de 73 años a semifinales de la Taça, sino en el hecho de lo que te he dicho antes. Los momentos de entrar en un equipo son importantes. Por fechas, si llegas un mes o un mes y medio antes del mercado de fichajes sabiendo que es un equipo que lo está pasando mal, sabes que vas a pasar ese tiempo mal. Y el calendario, dependiendo de los equipos que te toquen en esas fechas, te puede influir muchísimo en los resultados. Al final, hay muchos equipos y muchos entrenadores que quieren buscar un estilo de juego atractivo cuando lo primero es el resultado y con el resultado el jugador agarra confianza. Y, cuando el jugador agarra confianza, ya es capaz de jugar a otra cosa. Hasta que no consigues eso, es muy difícil. Yo creo que ahí también nos equivocamos, porque el equipo en ese momento mejoró muchísimo, mejoró las estadísticas en todo: en llegadas al área, en tiros a puerta, en posesión. Incluso al Sporting de Lisboa, uno de los grandes, le quitamos la posesión, jugamos mejor que ellos, tuvimos más ocasiones, pero un error individual te mata, te hace perder el partido y no te vale para nada todo ese trabajo. Es otra de las cosas que aprendimos y me siento contento contento y orgulloso de esa experiencia que me aportó mucho.

¿Crees que factores externos como las lesiones, el calendario o la suerte pueden influir en las dinámicas?

Sí, sin duda. De hecho está estudiado por un doctor en ciencias del deporte, Carlos Lago, de la Universidad de Vigo. Intentó estudiar cuánto influía la buena suerte o la mala suerte en un equipo de fútbol a lo largo de una temporada. Porque es indudable que hay factores externos, como la buena suerte y la mala suerte o que entre o no entre la pelotita. Eso en el fútbol influye porque estamos hablando de un juego y en un juego uno de los factores que dan esa variabilidad es la suerte. Y este estudio demuestra que la suerte puede influir como mucho en cuatro o cinco partidos de manera consecutiva, pero que a la larga, en una temporada, lo que te dio la suerte también te lo ha quitado la mala suerte. Es decir que el único factor importante que justifica tu clasificación es tu rendimiento. Ahora, ¿qué demuestra esto? Que en el mundo del fútbol hay muchos clubes que no aguantan esos cuatro o cinco partidos. Yo, si fuera presidente, daría ese margen al entrenador, sobre todo si sé que el equipo está jugando bien y haciendo las cosas que quiere hacer.

Hablando de presidentes, tú que has pasado desde el staff técnico de diversos equipos hasta las secretarías técnicas, ¿en qué función te sientes más a gusto?

En la que más cómodo me siento y en la que más me he preparado en toda mi carrera es la de entrenador. Por eso ahora soy entrenador. Cuando salí del Murcia me hicieron algunas ofertas como director deportivo, pero las rechacé porque realmente no era lo que me atraía. El fútbol, no te das cuenta, a veces te va llevando a ciertas funciones o a ciertos aspectos que uno no busca y que encuentra. Pero yo me encuentro más cómodo de entrenador, sin duda.

¿Qué tiene de especial para ti el banquillo?

El hecho de poder cambiar las cosas. Me gusta eso. Un entrenador puede cambiar un equipo totalmente, tiene las llaves para hacer que su equipo juegue como él quiera y entrene para que se produzca ese cambio. Y eso a mí me atrae muchísimo. Ver cómo el equipo va mejorando, cómo entrena para conseguir cierto objetivo, que el equipo juegue bien y acabe ganando. Eso es lo que realmente me atrae. Desde otra posición es muy difícil, puedes dar las llaves o las herramientas para que lo hagan, pero hasta ahí y poco más. El entrenador luego coge esas herramientas las hace funcionar y después se ve en el campo ese trabajo.

Hasta tu paso por Estoril, siempre fuiste de la mano de Gabriel Calderón. ¿Qué aprendiste a su lado?

Aprendí muchas cosas que no debería hacer [Ríe]. Que eso es importante. Si tengo que sacar una cosa positiva, que siempre intento hacerlo, es el positivismo que mostraba a los jugadores. Era un entrenador que siempre que hablaba con un jugador le daba una píldora positiva. Siempre que daba una charla, aunque quisiese dar la bronca, él se centraba mucho en ser positivo. Cosa fundamental para darle confianza, para que el jugador no se vaya para abajo y que esté bien. Eso y la constancia del trabajo, trabajo, trabajo, fueron las cosas positivas de las experiencias con él.

¿Y tú, como gestor de plantillas, cómo te definirías?

Me definiría como una persona honesta, transparente, que yo creo que para la gestión de un equipo de fútbol lo primero que tienes que ser es sincero, honesto y transparente. En el momento en el que no te vean así, estás muerto. Por mucho que le duela a un jugador la verdad, hay que decírsela y también hay que saber cómo hacerlo. Tenemos que utilizar palabras que sean más positivas que negativas. Y, sobre todo, transmitir mucha confianza al equipo. Yo tengo claro que, por muy bueno que seas técnicamente, tácticamente, que tengas al mejor entrenador, que analices mejor los partidos, si la cabeza de un jugador no funciona, no funciona nada. El entrenador ahí es muy importante para que la cabeza del jugador esté fresca, tenga confianza y funcione bien. Si no, el resto es imposible. Ni que jueguen bien, ni que defiendan bien, ni que dejen de cometer los mínimos errores posibles, por lo tanto, para eso, yo soy un entrenador que intenta dar cariño, que el jugador se sienta feliz. Tengo la filosofía de que cuando mejor rindo es cuando me siento feliz. Y si no estás feliz, estás triste y no te sientes a gusto, tu rendimiento empieza a bajar. Entonces, tenemos que encontrar esa fórmula en la que todos nos encontremos felices de la manera más rápida posible y adaptarnos a cada jugador.

 

“El ataque combinado de Guardiola, Emery a balón parado, Bielsa con juego vertical, Simeone en bloque defensivo… No tengo un referente especial, sino varios dentro de cada aspecto del juego

 

Y dentro del campo, ¿qué te gusta que muestren tus equipos?

A mí me gusta ver a un equipo agresivo, no solo defensivamente, sino ofensivamente. Me gusta que sean equipos sólidos, ordenados en defensa, que trabajen todos desde el portero hasta el delantero, equipos solidarios. Creo que igual que todos tienen que atacar, todos tienen que defender. Y esto es un juego de equipo en el que todos tenemos que ayudar. Es mucho más fácil cuando aportamos todos. En ataque lo que quiero es que el jugador se suelte, disfrute más, porque muchas veces nosotros nos empeñamos en que el jugador haga ciertos movimientos. En defensa sí que puedes ‘robotizar’ un poco más al jugador porque por el hecho de no estar coordinado con un balón es más fácil, pero en ataque tenemos que evitar romperle el talento al jugador, esa toma de decisión que le hace ser especial.

¿Algún referente?

Me gustan mucho los equipos de Bielsa porque son verticales, agresivos. La primera opción siempre es un pase hacia adelante, no es un pase de derecha a izquierda y marear el balón, porque en las líneas de banda no se meten los goles, se meten en la portería. Si podemos dar el segundo pase hacia adelante y en el tercero meterla dentro del área, ya está. Si no, pues usaremos técnicas para mover el balón de derecha a izquierda pero con el objetivo de que en el instante que podamos meter el balón dentro. Para mí eso es un equipo agresivo.

¿Y más allá de Bielsa?

Una de las cosas que me planteé, que de hecho desarrollé, fue un proyecto de mi propio modelo de juego, de entrenamiento, de gestión de equipo. Tiene más de 400 diapositivas, 600 vídeos editados. Quise plasmar en papel, en este caso son diapositivas de Powerpoint, todo lo que es mi filosofía de juego en cada fase y en cada momento del partido, en función de dónde está situado el balón, cómo está colocado el rival, etc. Y yo siempre lo digo, en el fútbol está todo inventado. Lo que sí puedes hacer es mejorarlo, como hizo Guardiola con la filosofía de Cruyff y Holanda, llevándola a la perfección. Pero no es que inventase nada, si no que ya estaba basado en un estilo de juego de hace muchos años. Y como no puedo inventar nada, lo que sí puedo hacer es coger lo que más me gusta, lo que mejor funciona, y adaptarlo a mi manera de pensar y a mi manera de ver el fútbol. Yo cogí a los entrenadores que más me gustaban y a los equipos que más me gustaban y dije: ‘Mira, al contraataque el equipo que mejor te mata es el Madrid de Mourinho’. Voy a estudiar cómo lo hacen. Analicé miles de goles, partidos, de esas fases de juego del Real Madrid y de ahí saqué patrones de éxito para luego llevarlos yo al entrenamiento y repetirlos con mi equipo. Y así empecé en ataque combinado con el Barça de Guardiola, Unai Emery a balón parado, Marcelo Bielsa con juego vertical, el Cholo Simeone en bloque defensivo. Fui cogiendo de cada entrenador lo que más me gustaba en ese momento. Por ejemplo, de Manuel Pellegrini me gustaba la línea defensiva en el último tercio, antes de que el balón llegase al área propia se mantenían en línea, todos juntos, con marcaje hombre a hombre. No es que tenga un referente especial, sino que tengo varios dentro de cada aspecto del juego.

En plena globalización, donde los entrenadores vienen y van en busca de nuevas oportunidades y de aventuras exóticas, ¿qué crees que tiene el entrenador occidental, y el español en concreto, para que sea objeto de reclamo en países árabes, China o Japón, por ejemplo?

La formación, sin duda. A día de hoy, no somos conscientes de la formación que tienen los técnicos españoles. No voy a decir que son los mejores, pero sí de los mejores. Cuando tú trabajas con un entrenador español rápidamente lo diferencias en el entrenamiento, en el campo, en que tiene otro tipo de formación y que el equipo carbura diferente, entrena diferente y todo se controla de manera diferente. Es verdad que en su momento la selección española nos ayudó mucho ganando en 2008, 2010 y 2012; eso es una gran herramienta de marketing para todo entrenador y jugador español. Afortunadamente, el entrenador español tiene una gran formación.

Después de casi una década en busca de aventuras, ¿no te gustaría probar suerte en un banquillo español?

Sí, lógicamente. Sería mi ilusión y por lo que estoy trabajando, para que el día de mañana tenga la oportunidad de entrenar en mi país. Pero tampoco lo quiero precipitar, ni lo veo con ansiedad. Primero, porque veo que soy joven; y segundo, porque veo que todas estas experiencias me están dando mucha madurez y mucho aprendizaje para cuando mañana tenga la oportunidad de ir a España, pueda hacerlo con muchas más garantías de éxito. Estoy contento con todas estas experiencias, el proyecto en Baréin es increíble, ya no es solo ser el entrenador del primer equipo, es ser el mánager y tener la responsabilidad de traer a los jugadores, de profesionalizar el club.

Ahora que arranca la Copa de Asia, conociendo tan de cerca el fútbol del continente, ¿qué crees que deparará el torneo?

Es un torneo del que poca gente habla, pero es un torneo de futuro. Realmente, nos estamos encontrando con grandes potencias mundiales que están creciendo de manera abismal, invirtiendo muchísimo dinero y que quieren hacer las cosas bien, como es el caso de Arabia Saudí, Corea, China o Japón. Son selecciones que a día de hoy es difícil que compitan con grandes selecciones europeas con mucho prestigio, pero han pegado un cambio y han crecido de manera exponencial en los últimos años. Quieren estar ahí arriba; entonces, es un torneo a tener en cuenta, no solamente este, que se celebra en Emiratos Árabes, si no de aquí a más largo plazo también, porque contamos con selecciones de países que están tomando muy en serio el fútbol y están invirtiendo mucho para ser referentes. Es para tenerlo en cuenta, puede ser un torneo muy, muy atractivo.

¿Crees que este interés por el fútbol en países orientales se trata de algo efímero o realmente buscan consolidarse?

Al final se consolidan. Ya en su momento empezó a invertir mucho dinero Arabia Saudí, cuando yo llegué en 2010. Empezaban a traer extranjeros de mucha calidad, entrenadores de mucho renombre, y en vez de ir para abajo han ido para arriba. Y en China va a pasar lo mismo, como también pasará en mercados como Japón o Corea. La tradición del fútbol ya es grande, van adquiriendo más, y no veo que vayan a ir para atrás. Llega un límite que, cuando lo superas, como en la MLS, cuando te metes en ese nivel, ya todo va para arriba.

Recién iniciada tu etapa en el East Riffa, ¿qué sensaciones tienes tras los primeros meses de la competición?

El equipo viene de jugar los play-off de descenso en los dos últimos años y prácticamente tenemos los mismos jugadores. Es verdad que hemos hecho el mejor inicio histórico del club en la liga, tras las primeras cuatro jornadas estábamos primeros. Ahora vamos quintos, a dos o tres puntos de la cabeza, pero los dirigentes tampoco esperaban estar ahí arriba, querían estar cómodos, sin sufrir como habían sufrido. Yo estoy seguro de que podemos estar mucho más arriba y, oye, si no ganamos tampoco pasa nada. Si estamos arriba va a ser un gran éxito para todos.