MARTÍN CAPARRÓS. Escritor.

“Vuestra pregunta me empujó a una caída incontenible: me puse a revisarlos y descubrí que mis recuerdos mundialistas son horribles. Porque empecé con el primero que seguí: ¡1966!, y mi recuerdo, radiofónico, es la expulsión del capitán argentino Rattin contra los ingleses, una escena que después se hizo famosa. Y el siguiente es aquella tarde de 1969 en la cancha de Boca en que los peruanos nos dejaron afuera de México ’70. Y después, ya por televisión, viene un 0-4 con Holanda en el ’74 el día siguiente a la muerte de Perón, con el país de luto. Y enseguida el peor: ganar el Mundial ’78. La ambigüedad espantosa de conseguir por fin lo que siempre (tenía 21 años) había querido y que lo consiguieran esos militares asesinos. En el ’82, por suerte, todo fue más módico: la patada voladora de Maradona que lo hizo expulsar contra Brasil y nos dejó afuera una vez más. Y así sucesivamente: mi vida”.

FRAN NIXON. Cantante de Australian Blonde.

“Mi momento favorito de un Mundial es el “¡Me lo merezco!” de Míchel ante Corea, como respuesta a la crítica de la prensa italiana que lo tachaba de jugador acabado. Me extraña que ningún rapero se haya acordado de esa frase hoy en día que está tan de moda el autombobo y la autoafirmación. En mi época, si alguien entraba en un bar diciendo que él era el mejor, terminaba bebiendo solo, y a las tres de la mañana te pedía cinco mil pesetas”.

MIQUI OTERO. Escritor. 

“Podría decir que mi recuerdo mundialero grabado a fuego fue Maradona gritando gol colocadísimo a la cámara o el codazo a Luis Enrique, pero, en realidad, es otra historia con, incluso, más miga.

Durante un tiempo, yo fui un camerunés más. En Italia ’90, con diez años, no podía ir más a muerte con la selección de Camerún. Me intrigaba especialmetne ese Roger Milla de edad indefinida (la misma que tengo yo ahora). Cómo se zumbaron al campeón del mundo, Argentina, en primera ronda. Cómo se cruzaron con el otro equipo que robó mi corazón (siempre he sido más de Mágico González que de Cristiano Ronaldo): la Colombia de Valderrama y el chalado de Higuita, esa rock star del exceso.

Me quedó para siempre con los dos goles contra estos. Y especialmente los bailecitos extraños, más salseros que rumberos, frente al banderín. Recuerdo que uno de los partidos lo vi en casa de un amigo. Su abuela despertó de la siesta, miró a la tele (el gran despliegue de Camerún) y soltó: “¿Ya los dejan jugar a fútbol a estos negritos?”.

Aquel Mundial fue la versión real de pelis como Elegidos para la gloria, cuando el equipo jamaicano de bobsleigh compite en los juegos de invierno de Calgary. Y me enseñó lo que más me atrae de los mundiales, esa invitación a señalar lugares en el mapa y aprender nuevas cosas. Un intercambio cultural enriquecedor, que es lo que digo aún ahora cuando, con la edad de Milla en el ’90, me dedico a hacer colecciones de cromos de mundiales con la ilusión de un crío. La misma con la que he visto este Mundial”.

JOHN CARLIN. Escritor.

“Tengo dos recuerdos. Ambos con Argentina y Inglaterra como protagonistas.

El primero en Wembley, en el Mundial de 1966, estaba en el estadio, con diez años, no se me va nunca la estupefacción que sentí cuando el capitán argentino, Antonio Rattín, se negó durante lo que parecían ser horas (en realidad diez minutos) a obedecer la inexplicable decisión del árbitro alemán de expulsarlo. Todo el estadio gritaba “Off! Off! Off!” pero Rattín se plantó. Como una estatua en la hierba.

Ahí empezó la reñida tradición del único “derby” intercontinental y volví a estar en el estadio en México en 1986 cuando Argentina e Inglaterra se volvieron a enfrentar en un Mundial. Estaba sentado justo detrás de la portería inglesa en el Azteca y vi la mano (clara) de Dios igual que los otros cien mil espectadores, y que todos los jugadores, y que todos los cientos de millones que vieron el partido por televisión, todos salvo el árbitro. Como me diría Menotti unos años después, explicando el sentimiento nacional argentino al respecto: “Mejor. ¡Mejor! Así les dolió más a los hijos de puta de los ingleses…”.