La invisibilidad del fútbol femenino español parece haberse diluido a lo largo de los últimos cinco años y ha dejado de ser un quebradero de cabeza para Real Federación Española de Fútbol. Ahora, más bien, se ha transformado en una puja por parte de distintas entidades para darle visibilidad a la competición femenina y hacerse con la concesión de los derechos de imagen.

A día de hoy, es más que evidente el interés que está despertando a nivel nacional el fútbol femenino. Hecho que desencadena la necesidad de una cobertura de la máxima competición a la altura de las exigencias sociales. La demanda de consumo de dicho deporte practicado por mujeres, experimentó un punto de inflexión que tuvo lugar aquel histórico verano de 2015. España consigue un billete de ida hacia Canadá para disputar la Copa del Mundo. Es la primera vez que la selección nacional disputa un Mundial y es Televisión Española la que se encarga de hacer la cobertura de una ‘Roja’ que, desafortunadamente, no superó la fase de grupos. Desde entonces, la visibilidad del fútbol femenino no ha parado de crecer.

Actualmente, es el grupo Mediapro el que hace la cobertura de la Liga Iberdrola cada fin de semana, a la par que las plataformas particulares que disponen los propios clubes para emitir el partido de su equipo. Y hasta hace apenas diez días, no había existido una gran desavenencia entre los clubes y el grupo Mediapro por la retransmisión de un partido en directo.

La guerra comenzó los días previos al encuentro entre los dos equipos favoritos al título liguero. La confrontación entre los intereses del Atlético de Madrid y el Barça es fruto de la inexistencia de un marco regulador que abarque una normativa común a todos los integrantes de la competición. Ante la ausencia de dicha organización entre clubes son tres las entidades que pelean por hacerse con el derecho de imagen: la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), la Asociación de Clubes de Fútbol Femenino (ACFF) y el grupo Mediapro.

Dichas organizaciones están sumergidas en una especie de campaña electoral en busca de un voto a su favor para conseguir ser los titulares de la imagen televisiva de las futbolistas. La RFEF vendió muy bien su iniciativa a cambio de los derechos y prometió que “se retransmitirán en directo todos los partidos de Primera División y al menos tres de Segunda”. Por su parte, la ACFF y Mediapro establecieron en marzo un nexo de unión, pues la Asociación “adjudicó al grupo Mediapro los derechos audiovisuales de la Primera Iberdrola mediante un concurso público”, como explicaba Mediapro hace unos días en un comunicado.

Hasta la fecha, los titulares de los derechos individuales de televisión son de los clubes a los que pertenecen, según se decidió el pasado mes de julio en el Juzgado Mercantil número 1 de Madrid. Así pues, son los equipos quienes deciden si ceder sus derechos, o directamente, mantenerse al margen de estas entidades y cederlos a cadenas televisivas propias, como es el caso del FC Barcelona.

La clave del entramado reside en la falta de entendimiento y colaboración entre los propios clubes. Ahora mismo estamos ante un total de 16 equipos que apuntan por unos intereses propios, en vez de un beneficio común. Los derecho de unos ya pertenecen a la ACFF y Mediapro, los de otros no pertenecen a nadie más que a ellos mismos. Así, para retransmitir un partido en directo, se debe tener permiso del titular.

El Barça y el grupo Mediapro jugaron a ver quién era el más fuerte. Fue un continuo tira y afloja. El club catalán -que no ha cedido sus derechos a ninguna entidad- anunció públicamente que retransmitiría el derbi contra el Atlético de Madrid, aun sin disponer de los permisos del Atlético de Madrid y Mediapro – titular de los derechos del club colchonero- para su emisión.

Ante la ‘amenaza’ del FCB, Mediapro decidió contraatacar y respaldarse con la ley utilizando el Juzgado 47 de Barcelona para prohibir al Barça “emitir o retransmitir señal de imagen y/o sonido” del partido. El Barça se encontraba entre la espada y la pared. Tenía que escoger entre acatar las órdenes del juez e invisibilizar, como hace un tiempo atrás, un gran partido de fútbol femenino; o de lo contrario, asumir la responsabilidad de no acatar las medidas cautelares, pero mantener el compromiso con los aficionados y seguidores de la competición.

A pesar de los límites legales impuestos y la falta de predisposición en llegar a un beneficioso acuerdo entre ambos conjuntos, el FCB se postuló en contra de la orden del juez y emitió el partido en directo a través del canal ‘Barça TV’ y en la web oficial del club. Ahora Mediapro y Atlético de Madrid han unido fuerzas para denunciar al club catalán por incumplir la ley de derechos de imagen.

Parece ser que la rivalidad ha sobrepasado los terrenos de juego, y ha llegado incluso a los juzgados. El Barça se ha saltado las normas del juego y está a la espera de la resolución del caso, pero sea cual sea el resultado, permitió disfrutar a los aficionados del derbi de la Primera Iberdrola. Evidentemente, por falta de compromiso, al FC Barcelona, no se le puede juzgar. Ha sido una elección complicada entre mantenerse en la legalidad o cumplir con el deber de visibilizar el fútbol femenino.

Ahora el problema no reside en buscar un medio televisivo que haga el seguimiento y cobertura de la liga, sino más bien, en llegar a acuerdos entre los clubes e intentar unirse para crear un convenio colectivo en el que se establezca un marco regulador y definir la propiedad de los derechos de las jugadoras, entre otros aspectos a mejorar.

La visibilidad, actualmente, está garantizada por el interés del público. Toca ver a qué puerto llegan las negociaciones entre los mismos clubes y cómo se ve reflejado en la cobertura televisiva de la competición. Porque, llegados a este punto, los intereses por retransmitir los partidos hacen peligrar, de nuevo, la visibilización del fútbol femenino.