Sólo un personaje caricaturizado por sí mismo hasta convertirse en mito, podría lograr que, con el paso de los años, se hablara más de sus excentricidades, peculiares anécdotas y brutales declaraciones, que de quien impulsó el catenaccio hasta lograr engendrar un monstruo interista campeón de Europa y del Mundo. El primer técnico mediático. El eterno H.H.


Si el fútbol trasciende fronteras, son sus más ilustres nombres los principales culpables de ello. No se trata de una modernidad que el fútbol actual haya causado, sino un poder propio de los más grandes, de leyendas cuyos actos multiplicaron la aureola mística con el paso de los años. No pierden vigencia, sino que ganan repercusión porque cuando hoy aparece un futbolista especial, un entrenador especial o unas declaraciones especiales, siempre hubo antes un protagonista al que recuperar con emoción a nuestra memoria. Y, casualidades del personaje, casi siempre surgirá la figura de quien no quiso, jamás, por decreto primario, pasar desapercibido, sino ser protagonista absoluto y a cualquier precio: Helenio Herrera.

Aunque jamás se supo a ciencia cierta cuál era su fecha de nacimiento (él lo ocultaba y mentía constantemente sobre ello, retrasando en tres y hasta en seis años el día real) e incluso el lugar donde gritó por vez primera, nació en Buenos Aires (Argentina) en 1910, pero desde muy pequeño, se mudó a Casablanca (Marruecos), lo que ya marcaría una pauta peculiar en su vida. Allí, empezó a jugar al fútbol y tras varias aventuras en clubes magrebíes, dio el salto a Francia (lo habitual en la época porque la ciudad era colonia francesa) rumbo al CASG Paris primero, luego al también parisino Stade Français y, posteriormente, a los norteños OFC Charleville y Excelsior AC Roubaix. Fue en esta etapa cuando algunas fuentes aseguran que llegó a jugar dos partidos con la selección francesa pero en las fichas oficiales de la federación gala, no aparecen por ningún lugar. Todos estos clubes, actualmente desaparecidos o en vías amateurs, le abrieron puertas y contactos, que utilizó primero para regresar a París en los años de la Primera Guerra Mundial y fichar por un Red Star donde logró su único título como futbolista (la copa francesa en mayo de 1942) y, posteriormente, para terminar su carrera en clubes menores como Puteaux, donde firmó un contrato clave en su vida, el de jugador-entrenador, dando paso a los banquillos que tanto adoraría. Se sentó por vez primera siendo Helenio Herrera pero se transformó en H.H., un sello y una firma que entró a España por Valladolid, siguió por Atlético, Málaga, Deportivo, Sevilla y, desde luego, Barcelona, donde fue protagonista absoluto y transitó, nunca sin polémicas, por el ‘Post-Kubala’ y el ‘Neo-Suarismo’ (porque apostó por Luis Suárez como su icono) y que acabó por coronarse como mito eterno del fútbol histórico cuando llevó al Inter de Milán a sus mejores días.

Hasta hace relativamente poco, los entrenadores tenían un papel terciario en el panorama futbolístico, pero cuando las bases del juego, los poderes tácticos y las declaraciones legendarias empezaron a tener peso en el hoy para evidenciar que siempre hubo un ayer, aquellos personajes tantas veces caricaturizados por la memoria, regresaron a primera plana: “Me preguntan por qué solo dirijo clubes grandes y es que los pequeños no pueden pagarme. Creen que soy omnipotente porque conozco todo y no es verdad, jamás conocí el fracaso”, diría con auténtica facilidad de palabra, en los contextos más turbios y frente a cualquiera que retara su egocentrismo que, desde luego, era la razón de ser de un personaje absolutamente irrepetible que, pese a todo, dejó un poso gigantesco en cuanto al rol de los entrenadores en una época donde no eran, ni de lejos, los epicentros del entramado futbolístico que empezaba a armarse en torno a la pelota.

“Realmente el primer Helenio reconocido a nivel popular, es el que consigue dos ligas como técnico en el Atlético de Madrid. Cuando él reconstruye su vida siendo mayor, hay invenciones, fechas que bailan, anécdotas que nunca se pueden constatar… Era un personaje muy peculiar en este tipo de cosas, pero no se hizo famoso hasta que fue entrenador. Destacó en el Sevilla como entrenador y, a partir de ese momento, lo desea el Barcelona. Primero no puede ficharlo por una sanción [acaba en Os Belenenses] y cuando llega al Barça un año después, ya logra triunfar porque gana Ligas y frena el crecimiento del Real Madrid en esa época”, explica Ángel Iturriaga, periodista especializado en fútbol vintage. David Mata, historiador del fútbol, asegura que “lo singular de todo esto, es que Helenio intenta desde el inicio de su carrera generar un mito, el de H.H., diciendo que en Francia lo llamaban ‘el Mago’, que había jugado en River cuando era mentira, que había sido internacional con Francia que tampoco parece verdad… Su principal motivación era el dinero, ganar mucho y ser estrella era la manera más directa de ello. Tanto, que luchó por las primas de los futbolistas pero, claro, porque él también se las llevaba y por multiplicado. Algunos futbolistas admitieron que gracias a Helenio se acabaron por hacer ricos”.

 

“Me preguntan por qué solo dirijo clubes grandes y es que los pequeños no pueden pagarme. Creen que soy omnipotente porque conozco todo y no es verdad, jamás conocí el fracaso”

 

Y, como todo aquel que quiere ser protagonista con cada uno de sus movimientos, nunca tomaba una decisión sin ser previamente desmenuzada en su cabeza. Cuando asumió el reto del Barcelona, Kubala era la estrella, pero entraba en etapa veterana y su físico no era el que necesitaba un equipo del nivel de exigencia de Helenio, por lo que ese rol de líder se lo dio, sin tapujos, al joven genio gallego que estaba explotando, Luis Suárez. No tardó ni unas semanas en generar sus primeras disputas y, en cuestión de meses, ya había entre la afición una división tremenda, la de ‘kubalistas’ contra ‘suaristas’: “Lo primero que hizo fue pedir que aumentaran el sueldo a todos los canteranos que eran la base de aquel Barcelona. Los Olivella, Ramallets, Segarra, Rodri, Gensana… Lograba que esos jugadores le apoyaran a muerte y claro, eso provocaba que, el clan de los húngaros (en aquella época Kubala era el dios bien acompañado de sus compatriotas Czibor y Kocsis), se pusiera en su contra y fuera perdiendo relevancia a favor del técnico. Helenio lo quería controlar todo y lo lograba habitualmente con estrategias mucho más allá de lo que pudiera parecer en el día a día del grupo”, explica Iturriaga.

“Yo no tengo nada contra Kubala. Si mi padre mete goles, juega mi padre”, se defendía Helenio ante los ‘kubalistas’, cuenta Justo Tejada, futbolista de aquel vestuario azulgrana dirigido por el técnico. “Estaba muy encima del jugador y conocía los jugadores de nuestro equipo tanto como a los otros futbolistas rivales. Se enfadaba con las camareras si nos ponían el agua o el vino antes de la comida”, destaca Justo, un extremo que brilló con Helenio.

Pero claro, igual que defendía a quienes se unían a él, también les exigía a muerte futbolísticamente hablando. Y como él era intachable en consistencia, perseverancia y trabajo, no admitía a quien no continuara esa línea a diario: “En un viaje para la Copa de Europa, el equipo rival quiso jugar sus bazas y colocó grupos de mujeres en todas las habitaciones de la planta donde estaban los barcelonistas. En cuanto se enteró Helenio, nos pidió las llaves de las habitaciones a todos, a todos los jugadores. Llegó a mirar por las mirillas de las habitaciones a ver quién estaba con quién y si alguno se nos ocurría saltar la norma, ya sabíamos lo que nos esperaba”, nos contó Olivella (capitán eterno de aquel primer gran Barcelona). No era la única anécdota que confirmaba que Helenio era puntilloso y manejaba todos los registros dentro y fuera del césped: “Llegó a poner detectives a los jugadores para tenerles muy atados y aireaba después alguna intimidad en el vestuario. Y con el peso era increíblemente pesado, no admitía ni un gramo de más…”, cuenta David Mata.

Hay mil frases célebres de un personaje tan particular pero, seguramente en la liga española, aquello de “ganar sin bajar del autobús”, haya sido la que más peculiaridades ha generado históricamente: “Fue en un partido ante el Betis en Sevilla. En la previa, dijo que allí íbamos a ganar sin bajar del bus. Porque no dijo autobús, sino bus. Se armó tanto lío con aquello, que los futbolistas del Betis nos mulieron a palos y patadas aquel día y hasta en el partido, nos decían cosas sobre esa frase. Lo que se notaba que les había sentado mal. Primero, Helenio nos dijo que él no había dicho esa frase y luego, como acabamos ganando aquél partido, nos dijo al final del partido, admitió que lo había dicho, pero diciendo bus. ¿Cómo no confiar en mis jugadores? Nos contó. Es más, sabes cómo es la afición del Betis, pues, en aquel partido, faltando unos minutos para que empezara, él mismo salió al campo solo, se puso a dar vueltas y recibió una pitada, insultos, críticas y demás… Y cuando entró al vestuario antes de que empezara el partido, nos miró y nos dijo: ‘¡Tranquilos, que ya se han cansado de pitar, ya no os dirán nada!’”, relata en nuestro programa el gran Justo Tejada.

Cuando salió del Barcelona (aunque ganó dos ligas, una doble derrota con el Real Madrid en copa y un problema con las primas al equipo le costaron el cargo), los rumores hablaban de un Helenio con rumbo, precisamente, al Real Madrid. Pero aquel mes de abril, cuando se iba a despedir, unos periodistas franceses que tenían pactada una entrevista con él, le consultaron nada más bajar del coche. “¿No será que usted lo tiene firmado con el Real Madrid para el próximo año?”, le preguntaron. Tajante, H.H respondió: “Nunca. El Real Madrid es mi enemigo, he pasado los dos últimos años intentando ganarles siempre”, cerró días antes de que se concretara su adiós al Camp Nou.

Sin embargo, con quien lo tenía atado era con el Inter. Llegó a las puertas del club ‘neroazzurri’, se citó con Moratti (jefe del club) y le dijo claramente sus ideas y cómo iba a ser ese equipo y qué futbolista iba a necesitar para llevarlo a cabo. Ese jugador especial era Luis Suárez, que pasó un año más en Barcelona antes de ir a culminar la obra de Helenio en el Inter (siendo el fichaje más caro de la historia en aquel momento), el mismo que ganó tres Scudetti, dos Copas de Europa y dos Intercontinentales. “Se llevó a Luis porque, sencillamente, era el mejor jugador del mundo en ese momento. Luisito era un genio y sólo Helenio supo entender su fútbol, su manera de entenderlo. Costó 25 millones de pesetas en la época y para el Barcelona fue clave porque gracias a eso, se pagó gran parte del nuevo Camp Nou. Fue Helenio quien pulió a Suárez. Si no se juntan, ninguno hubiera sido tan famoso e importante”, asegura Justo Tejada.

Siempre, claro, con su particular visión del fútbol, la que recitaba como un mensaje automatizado en su interior, y que tantas veces replicó con el famoso periodista italiano, Gianni Brera, muy crítico con él: “Brera era racista, lo que le hacía criticar a Helenio. Detectó que H.H. era de los que vendían la moto. En algunos textos decía que sólo en un país como Italia, un ‘vendeburras’ podía ganarse la vida así. Decía que sólo por el tacticismo de la Serie A, Helenio creció. Usando el líbero, utilizar laterales que no eran de ese rol concreto y ciertas innovaciones…”, comentaba el italiano en la prensa cada día. Y, en parte, parece que fue un buen copista de otros genios del catenaccio. Pues aquel Inter fue la demostración de cómo un técnico mediático logra que un sistema que ya existía, llegue a ser tan perfeccionado que parezca suyo propio.

Sin embargo, el Helenio Herrera más íntimo, personal y cercano, seguía siendo igualmente correcto, exigente y estricto: “Yo lo conocí porque como era periodista, le tuve que hacer una nota un día y, desde ahí, me di cuenta cómo era. Era un hijo de un anarquista y él mismo era anarquista. Se hace tabú de esto, pero es la realidad. Su padre siempre les decía que nunca entraran en la iglesia porque estaba llena de demonios, algo que influyó mucho en Helenio porque esa fue la educación que recibió. Era completamente distinto de los demás. Tenía muchos pasaportes y hablaba muchos idiomas. Español, en casa español; francés, en el colegio; y también hablaba árabe, en su infancia… Era un monje del fútbol. Los anarquistas ni beben ni fuman, pero comía mucho yogurt, obligaba a los jugadores a vivir de manera sana y era un enfermo absoluto del fútbol. Yo no hablaba nunca de fútbol con él. Estaba siempre viendo fútbol a todas horas. Yo le hablaba mientras veía partidos y nunca conseguí que me contestara. Tiene miles de cuadernos de fútbol por aquí, por la casa. Pasé muchos años de mi vida con él y nunca llegué a conocerlo”, relata su viuda, Fiora Gandolfi, en palabras muy sinceras, detalladas y concretas pocas veces escuchadas sobre tan mediático entrenador y, sobre todo, personaje.

 

“Pasé muchos años de mi vida con él y nunca llegué a conocerlo”, relata su viuda, Fiora Gandolfi

 

“Helenio fue más feliz en Sevilla. Allí no ganó nada pero entrenaba a los futbolistas como si fueran toreros. Así se lo tomaba. Y allí fue donde más feliz estuvo, se ganó un afecto especial porque sus padres eran de esa zona y él se sentía bien. Es más, se enteró de que era argentino cuando tenía 40 años. Al intentar entrar un día en el país, le obligaron a sacarse un pasaporte especial y fue cuando se enteró”, relata. Aunque lo más impactante llegó con su pérdida. Tras su fallecimiento, se reveló una particular historia. Estando aún en vida, el alcalde de Venecia, prometió a Fiora reservar un estupendo espacio del cementerio en la isla de San Michele y allí le alquiló un coqueto rincón. Cuando su vida dio fin, un representante de la iglesia protestante dijo que aquello era un cementerio, no un estadio de fútbol y Helenio no podía ser enterrado allí porque el espacio estaba reservado a los evangélicos. Como el alcalde había cambiado, no se cumplió aquella promesa pero Fiora fue más allá: “Escribí a la RAI, distribuí la historia todo lo que pude por medios italianos, recogí firmas entre personalidades del fútbol y acabé escribiendo a la mismísima reina de Inglaterra (los ingleses son también los jefes de la iglesia anglicana, protestantes, por lo que ganarse a la reina era tener mucho a su favor). Me ayudó un amigo escritor. Y a los tres días, tenía ya la tumba. Los periodistas alucinaban de cómo fue tan rápido. Pero ahí tengo la carta con el sello del Buckingham Palace. Fue mi última gran obra de bondad a Helenio”, nos cuenta la propia Fiora con orgullo.

Hoy, descansa con unas vistas inmejorables en uno de los rincones más preciosos del planeta para relajarse en la eternidad, pero su aureola y mística no han parado de crecer hasta convertirlo en uno de los personajes fundamentales de la historia del fútbol. “Hice tanto por el fútbol, que los entrenadores tendrían que hacerme un monumento de chocolate por lo que les permití ser ahora. Eran esclavos hasta que yo llegué y les di dignidad”, dijo a su esposa poco antes de morir, como consciente de que se iba a seguir hablando de él y de su legado, único, en la historia del fútbol.


En el programa-podcast 36 de ElEnganche en SpainMedia, estuvieron con nosotros Justo Tejada (exfutbolista del Barcelona dirigido por Helenio Herrera), Fiora Gandolfi (viuda de Helenio Herrera) y los periodistas especializados en la historia del fútbol, Ángel Iturriaga y David Mata.