¿Cómo es Foios?

Es un pueblo pequeñito de Valencia, de la huerta norte. Yo me he criado allí, tengo a todos mis amigos allí, y de verdad que es muy acogedor.

¿Cómo es tu calle, dónde corrías, dónde jugabas al fútbol?

Mi calle es bastante ancha, con lo que podía salir a jugar. Pero yo salía poco porque, gracias a Dios, vivo en una casa con una planta baja y tenía allí mi portería, a mis perros, que hacían de defensores, y podía jugar y pasármelo bastante bien.

O sea que tenías un patio donde jugabas, o le dabas al balón, a todas horas.

A todas horas. Encima tenía un perro que solo hacía que intentar quitarme el balón, y eso al final ayuda.

¿Cómo fueron tus primeros partidos de fútbol?

Yo empecé jugando al futbito, en mi colegio, en el EPLA [Escuelas Profesionales Luis Amigó]. Solo fue un año, pero aprendes mucho porque es diferente a lo que es el fútbol 7 y el fútbol 11, y me sirvió mucho. En la calle no he jugado porque yo soy del 2000, y ya estaba todo más modernizado.

Antes de llegar a Valencia debieron haber lecciones de todo tipo, a nivel futbolístico, de las que quizás te das cuenta ahora.

Sí, bueno, cuando estás viviendo esa época no piensas en que vas a ser futbolista de Primera División. Yo creo que todos empezamos, más que porque nos gusta, por estar con los amigos, por jugar con ellos y pasártelo bien. Pero de esas épocas sí que hay momentos que se te quedan marcados, de los que no se te olvidan. La verdad es que pasé una muy buena infancia.

Comparte alguno de esos momentos.

Son sobre todo anécdotas con mis amigos, de pequeños, de cuando íbamos a jugar los partidos y nos picábamos a ver quién metía más goles y quién daba más asistencias, y yo creo que por eso ese año hicimos muy buen año y metimos el máximo de goles de la historia del colegio.

¿Tú de qué jugabas?

Yo solo quería meter, ni la pasaba.

¿Eres el que llevaba el balón?

Sí, mis regalos siempre eran balones de fútbol, espinilleras o botas. No quería otra cosa. Mis primeras botas me las regaló mi madre, del Base Sport de Torrente. Siempre me acordaré. Yo tenía siete años, que fue cuando me fichó el Valencia. Yo iba al colegio con las botas de tacos, y las puse de moda. Fue ir yo con las botas de fútbol y a la semana iba gente con botas de fútbol, que yo decía, ¿y esto por qué, si vosotros no jugáis a fútbol?

¿Y cómo reaccionó la gente?

La gente me miraba un poco raro [Risas].

El fútbol estuvo contigo desde el principio, muy dentro, ¿pero por qué? Quiero decir, ¿vienes de una familia futbolera?

Mi padre no ha sido futbolero nunca. Ahora más al tener a su hijo ahí… Mi madre sí que ha sido muy futbolera, le encanta ver el fútbol. Mi tío no llegó a profesional, pero sí que tuvo un buen nivel. 

¿Cuándo das el salto? No pensando en que puedes vivir de ello, pero sí pensando: ‘soy bueno’.

Te voy a contar una anécdota. Yo, con 12 años, que pasé a infantil A, creo, ese verano crecí 12 centímetros. ¿Qué pasa? Que yo llego a Valencia en pretemporada y no sabía ni controlar un balón, estaba patoso, me caía corriendo yo solo… Ahí sí que pensaba que se me terminaba el fútbol, que no servía. Ese mismo año cogí la enfermedad del beso, una mononucleosis, y a partir de entonces, cuando me recuperé, fue todo hacia arriba: me subieron de equipo, me subieron de equipo y me subieron de equipo, y hasta el día de hoy.

¿A qué edad entras en el Valencia?

A los siete años, en prebenjamines. Voy allí un poco a la aventura. Por un partido que estaba jugando en el colegio, me dijeron que fuera a hacer las pruebas al Valencia. Fui a hacer las pruebas, que era un partidillo entre gente que estaba captando y tal, y me captaron.

 

“Me puse la camiseta, me fui al baño y me quedé mirándome, como si estuviera embobado. Solo con la camiseta, iba en calzoncillos y solo me miraba la camiseta. Y me decía: ‘¿Qué hago aquí?’. Un momento único

 

¿Cómo son unas pruebas para un niño de siete años?

No lo piensas, yo creo que no era consciente, mi madre me dijo que fuera, que no perdía nada, y bueno, salió bien y le tengo que dar las gracias por llevarme.

¿Te vestiste con la camiseta del Valencia ese día por primera vez?

No, porque no era con… sí que me vestí con la camiseta del Valencia, pero no con la de jugar, porque era la camiseta de entrenar.

¿Recuerdas cuándo fue la primera vez que vestiste la camiseta del Valencia?

Yo estaba en el prebenjamín B y fue en un torneo que ahora no recuerdo dónde era, pero me puse la camiseta, me fui al baño y me quedé mirándome, como si estuviera embobado. Solo con la camiseta, iba en calzoncillos y solo me miraba la camiseta. Y me decía: ‘¿Qué hago aquí?’. Un momento único.

Es un momento cumbre en la historia de un jugador de fútbol, porque confirma tu enamoramiento del fútbol.

Sí, del fútbol y también del Valencia. Al final es el equipo de mi tierra y también me lo ha dado todo.

En ese momento en que creces, dejas de controlar tu cuerpo como antes, tienes que andar de forma diferente y supongo que incluso tendrías dolores de rodillas…

Estuve con problemas de rodilla y no sabía ni caminar, me dolía, estuve un tiempo parado para ver qué me pasaba, y como coincidió que pillé la mononucleosis estuve mes y medio en casa, sin poder ir a entrenar por los dolores, y fue recuperarme de eso e ir todo para arriba. Todo de cara.

Por lo que he estudiado de Cristiano, de Messi y jugadores muy top, esos momentos de duda que tienes a los 12 años, desaparecen enseguida. Tenían muy claro hacia adonde iban. ¿Te pasó a ti lo mismo?

Con 12 años creo que yo ya era un poco más consciente de que si estás ahí puede que sea porque sirvas, y que podía venir cualquier enfermedad o cualquier lesión, pero me iba a recuperar y tirar para adelante para conseguir ser jugador de Primera División.

¿Quién es el primero que te dice: ‘chaval, eres bueno’?

Mis representantes. Mis representantes me cogen con once años, que con once años ya ves tú, yo decía que para qué necesitaba yo un representante si en mi equipo no era de los titulares indiscutibles ni nada. Y ellos me lo metieron en la cabeza. Y a día de hoy, parte de mi mentalidad es gracias a ellos.

Porque el fútbol te da estructura, a veces te da familia también, te da alternativas profesionales… al principio, ¿qué es lo que veías que te ofrecía el fútbol? ¿Todo eso, también?

Yo creo que el fútbol, de pequeño no tanto, pero conforme te vas haciendo mayor también te sirve como una válvula de escape, de tu rutina, de tu día a día. Creo que es algo muy bueno, sobre todo para el que tiene pasión por ello.

Y en un momento en que cruzas esa línea blanca, ¿eres otra persona o no?

Yo creo que, a día de hoy, para la edad que tengo soy más maduro de lo que debería ser, en parte porque siempre he jugado con gente mayor que yo. Y también porque al haber llegado tan joven a la Primera División y hacerte un poco más famoso te hace cambiar tu estilo de vida respecto a lo que hace un chaval con 20 años.

Lo que dices es importante. Volviendo a los jugadores top, son gente que siempre están dos años por delante, pero sufrían, físicamente no podían estar al nivel de los otros, y entonces tenían que usar el cerebro para resolver problemas. Pero al mismo tiempo se les veía con sospecha. ¿Te ha pasado a ti también?

Sí, eso solía pasar. A mí siempre me pasaba lo mismo, tenía la faceta de agosto, cuando empezábamos, hasta octubre, que no me adaptaba ni a la de tres, y una vez me adaptaba sí que veía como en el campo la gente iba a por mí con mala hostia. Decían: ‘el niñato este que va a venir aquí a chulearnos’. Pero eso al final es bueno porque significa que estás haciendo las cosas bien.

La gente se pregunta por qué los futbolistas son tan maduros con 20 años y es por cosas así, porque de repente tienes que enfrentarte a una serie de cosas por las que ninguno de nosotros hemos pasado.

Es lo que tú dices, tienes que adaptarte a convivir con ello y a estar con gente más mayor, y acoplarte a ello.

¿Entonces ya eras delantero?

Ahí ya estaba orientado a banda.

¿Quién te pone en banda?

En banda me pone un entrenador que tuve que se llamaba Raúl. Con diez u once años. Cuando pasé a fútbol 11, en vez de delantero pasé a mediapunta. Al haber crecido 12 centímetros también había perdido mi velocidad, que era lo que me caracterizaba, y me puso de mediapunta para probar, porque yo tenía gol. Y cuando empecé a coger otra vez técnica me volvió a poner en banda.

¿La velocidad la tuviste siempre?

Sí.

Y eso te hace enseguida mejor que cualquiera. Porque al ser más rápido…

Bueno, sí. Al final haces la sucia de tirarte el balón en largo y si te pilla alguien pues te pilla, pero normalmente no suelen conseguirlo.

Los que físicamente se desarrollan antes a lo mejor mentalmente les cuesta más, pero en tu caso se juntó que físicamente eras superior a tus compañeros, pero además entendías el juego, desde pequeño.

Más que entenderlo, yo siempre he sido inconsciente de ello, lo que pensaba en cada momento lo hacía. Si a eso se le llama entender, pues es así. Pero yo nunca pienso que he sabido entender más o menos, yo siempre hacía lo que pensaba en el momento y lo que me salía.

Intuición, pero esa intuición es educación.

Algo que yo creo que es clave en el fútbol.

¿Pero no eres de los que te ponías el YouTube con 13 años a ver cómo lo hacían otros para hacerlo tú?

Lo hacía más cuando tenía 16 o 17, y estaba apunto de dar el salto, que cuando tenía 12 o 13. Con 12 o 13, yo iba a divertirme, aún no pensaba vivir de ello ni que fuera a ser mi vida.

¿En qué momento se pasa del disfrute a un entrenamiento más estructurado y a pensar que a lo mejor vas camino de la profesionalidad?

Creo que di ese salto cuando era cadete, que debuté con el juvenil, en División de Honor, que eso ya eran tres y cuatro años más. Ahí mis representantes ya me lo decían, yo empecé a sentar la cabeza y dije: ‘joder, que voy para adelante’.

Lo curioso es que eras el mejor cadete, seguro, o al menos de los buenos. Pero saltas a dos categorías por encima y estás en el juvenil A, dos o tres años por arriba, y ya no eres el mejor. ¿En ese momento qué pasa?

En ese momento lo pasé un poco mal porque, como tú dices, había una diferencia física. Yo era un enano y veías a gente ya grande, que ya está formada y yo lo pasaba mal, salía llorando y todo. Héctor, mi ‘repre’, y Carlos, no me entendían. Lo pasaba mal al ir con 14 o 15 años a choques con gente de 17 o 18 que ya estaban fuertes. Esa impotencia de no poder ganar, de no poder hacer lo que tú quieres, me costaba asimilarla.

¿Lloras fácil?

Ahora ya no. Pero en esa época sí.

Cuando te pasa eso, ¿a quién llamas primero o con quién hablas primero?

Con nadie, me encierro en el baño yo solo y a solucionar los problemas yo solo. Siempre he sido muy cerrado, muy mío.

¿Y eso?

He nacido así. Es verdad que a lo mejor a veces me tengo que abrir un poco más, pero me cuesta mucho.

Es lo que digo, acabáis madurando muy pronto porque pasáis por situaciones en las que se juzga lo que estáis haciendo de una manera muy dura: o eres titular o no eres titular, o no te convocan. Esas tres posibilidades, a los 13 o 14 años, pueden ser el final del mundo si no te convocan y casi el final del mundo si te quedas en el banquillo.

Sí, al final es eso, llega el fin de semana y tú lo único que quieres es jugar, porque estás agobiado del colegio, por los exámenes, y si no juegas, en ese momento es como que se acaba el mundo.

Y si tus padres o algún familiar te preguntan qué tal y tú has estado un rato llorando, ¿qué respondes?

Todo bien, todo bien, todo bien… y los ojos llorando.

 

“Termina la pretemporada, juego los siete primeros partidos de liga con el filial y me voy al Mundial sub-17. No sé ni cómo ni cuándo ni por qué, pero tenía ficha del primer equipo y me veía ya entrenando con ellos”

 

¿Y si te lo pregunta tu hermana Arantxa?

Ahí ya me has tocado la fibra. Con mi hermana sí que… lo que me salga en el momento. Con mi hermana sí que soy más abierto, con ella sí que expreso lo que me sale en el momento.

¿Cuánto os lleváis?

Seis años.

Os he visto hablar y parece una chica madura.

Muy madura.

¿Por qué es una referencia para ti?

Porque ha pasado momentos muy difíciles y muy complejos, los ha afrontado, y ahora tiene su carrera, tiene su máster, tiene su trabajo, y eso es su mérito. Siempre me ha sobreprotegido.

¿Es tu mejor amiga?

Sí, mi confidente.

Explica lo del tatuaje.

Tenemos un tatuaje en el tobillo que es un ancla en la que pone ‘I refuse to sink‘, me niego a hundirme, porque hemos pasado momentos difíciles juntos y siempre salimos adelante.

¿Por qué en inglés?

No lo sé. Porque quedaba mejor en inglés.

¿De dónde sacasteis la frase?

Creo que fue de una canción, que ahora no recuerdo, pero creo que la vimos por primera vez en Instagram y mi hermana me lo pasó y conforme me lo pasó ya sabíamos los dos que nos lo teníamos que tatuar.

Arantxa es quien conoce todos tus secretos, es tu confidente. ¿Es también la primera persona a la que le preguntas ‘qué debo hacer’ cuando tienes varias opciones?

Sí, yo creo que si me llevo tan bien con ella es porque sabe mantenerse al margen. No me agobia. Si quiero algo, voy yo. No viene ella a preguntarme. Pero cuando tengo alguna duda o algún problema, a la primera a quien acudo es a ella.

Estamos en esa época en que estás disfrutando el fútbol, pero de repente la cosa se pone cada vez más sería. No sé si hay algún momento o algún partido o alguna pretemporada en la que digas: ‘voy a ser profesional’.

Mi situación fue un poco rara, porque con 16 años acabé la temporada con el Mestalla, que en ese momento estaba luchando por el ascenso a Segunda, estando de entrenador Curro Torres. Yo entrenaba y viajaba con ellos, pero siempre me desconvocaban allí, en el campo. Y ese verano, cuando acaban los play-off, yo me voy y hago la pretemporada con el filial, siendo juvenil de segundo año, con 17 recién cumplidos. Termina la pretemporada, juego los siete primeros partidos de liga con el filial y me voy al Mundial sub-17. Gracias a Dios, me salieron las cosas bien. Mis representantes también hicieron un buen trabajo fuera del campo y conforme vuelvo me había plantado con ficha del primer equipo. No sé ni cómo ni cuándo ni por qué, pero tenía ficha del primer equipo y me veía ya entrenando con ellos.

¿Cuál fue tu reacción?

Pues recuerdo que íbamos en el bus, en la India, hacia un entrenamiento, y vi una foto en el periódico que ponía: ‘El Valencia ha ejecutado la cláusula de hacerle ficha para el primer equipo a Ferran’, y lo primero que hago es mandarle un mensaje a mis representantes, porque yo no lo sabía. Y lo que me dijeron ellos fue: ‘ve a entrenar y luego te llamamos’. Claro, hice un entrenamiento penoso. Horroroso, horroroso… pensando: ‘¿qué está pasando? ¡Que voy a ser jugador de Primera División! ¡Pero si estoy aquí!’. Y ya cuando terminó el entrenamiento, llamé y ya me dijeron que iba pertenecer al primer equipo del Valencia.

Ese mundial fue espectacular por muchas cosas. Llegáis a la final, marcáis aquel tercer gol…

Que podía haberlo metido yo…

Que podías haberlo metido tú. Pero en lugar de eso, los ingleses, como aviones, acaban ganando el Mundial. Sin embargo, imagino por lo que explicas, que tienes recuerdos muy positivos de aquello.

De allí yo creo que solo te puedes llevar cosas buenas. Con 17 años estás jugando un Mundial, representando a tu país, yo creo que no se puede pedir más. Se te queda la espinita de poder haber hecho historia ganando el Europeo y el Mundial, pero bueno, me quedo con que después gané el Europeo sub-19.

¿Qué tal os fue por la India? ¿Tienes alguna anécdota?

Más que anécdotas, te das cuenta de la realidad, de lo afortunados que somos aquí, ya no en España, en Europa, porque vas a la India, que es otra cultura, otra forma de ver el mundo, y te das cuenta de la realidad. Valoras más las cosas, te das cuenta de que no es fácil conseguir las cosas y de que hay que valorarlas.

Qué bueno que, en esa burbuja que se os crea para protegeros, haya ventanas y seáis capaces de ver lo que hay fuera.

Sí, eso es importante. Eso también hace a un gran futbolista, más que ser un gran futbolista ser una gran persona, porque esos son los detalles que marcan la diferencia.

A ver si acierto, al ir al pueblo te pasa también, que sales de la burbuja.

El pueblo es un poco más una válvula de escape, porque tengo allí a mis amigos, a mi gente de confianza, y puedo desconectar.

¿Quiénes son los amigos de siempre?

Tengo sobre todo cuatro amigos de toda la vida con los que prácticamente hago todo, y la verdad es que siempre estamos en contacto.

¿Para ellos quién eres, Ferran o cómo te llaman?

Ferri. Ferri es mi apodo para la gente que me quiere.

Es curioso que tienes que transformarte cuando estás así, con cámaras, pero cuando vuelves con los amigos aparece el Ferran que estaba en el pueblo.

A veces son mis propios amigos los que me frenan porque yo soy un chaval muy alegre, que siempre está de broma, y a veces vamos por la calle y aún no soy consciente de que soy jugador de Primera División y a lo mejor soy una referencia para los jóvenes, y voy gritando por la calle, haciendo bromas a mis amigos… y a veces son mis amigos los que me tienen que frenar un poco. Claro, la gente me mira y me pide fotos y tal.

Esas amistades son las que no se pueden perder, las que hay que alimentar, cuidar. ¿Tú les cuidas?

Llevamos tantos años juntos que es un da y toma. Cuando lo hago mal me lo dicen y cuando lo hago bien están para felicitarme, pero sobre todo valoro cuando me dicen las cosas que hago mal.

¿Vives aún en el pueblo, en Foios?

Sí, aún vivo en el pueblo con mi padre y me compré un piso hace poco, en Valencia.

Volvemos al Mundial. Sales de ahí fortalecido, con contrato profesional, supongo que no cambia nada de tu manera de trabajar, o de tu manera de ser, pero ya estamos hablando de otro nivel. ¿No te asusta?

No, porque creo que en ese momento yo no era consciente, va todo tan rápido que al final ni lo valoras ni eres consciente de lo que está pasando, hasta que pasa un tiempo.

 

“Yo por dentro siempre pienso que soy el mejor, que quiero ser el mejor y que trabajo para ser el mejor. Si tú mismo no crees que eres el mejor, quién lo va a creer”

 

¿En algún momento dijiste: ¡guau!? Algo que te pasara, interés de la prensa internacional, porque salieras en diarios que no te imaginabas. ¿En qué momento dices: ‘buf’?

Yo estaba en la India, concentrado en el hotel, y veía que todos los días yo era portada. Y decía: ‘madre mía, ¿qué está pasando por Valencia?’. Pero sobre todo, cuando vas por primera vez a entrenar con tus nuevos compañeros, porque yo hasta ese momento nunca había entrenado con ellos, ahí sí que ves que estás entrenando con gente que es referencia para ti o que son muy buenos y eso es algo que no tiene precio.

¿Cuál fue la primera mención en un diario que recuerdas? ¿La guardas?

Tengo guardadas todas las portadas desde que me hicieron la ficha en el primer equipo hasta ahora. Es una colección que me he hecho. Pero sí que me acuerdo de una portada que ponía: ‘Ha nacido una estrella’, que era portada de Superdeporte  y que cuando me vi la cara dije: ‘¡Si yo no soy una estrella!’.

De todas maneras, lógicamente hay un talento ahí. Por lo que me dicen podías haber sido uno de los jugadores de aquel torneo, pero luego vino otro torneo en el que sí se te nombró jugador del torneo, en la Eurocopa de sub-19.

Fue a pedir de boca. Porque metí a mi equipo en la final con el último penalti contra Francia, y luego en la final marqué el doblete que nos hizo campeones.

¿Quiénes jugaban en ese equipo?

Creo que hemos tenido una de las mejores generaciones, te diría, de la historia de las categorías inferiores. Teníamos a gente como Abel, como Hugo, que ahora le han hecho ficha en el primer equipo aquí en el Valencia; también teníamos a Sergio Gómez, que en ese momento estaba en el Dortmund y ahora está cedido en el Huesca. Teníamos un equipazo.

Vas a entrenar con el primer equipo como jugador del primer equipo, ¿el primer entrenamiento lo recuerdas?

El primer entrenamiento fue un entrenamiento diferente, porque llegué y yo pensaba que íbamos a hacer fútbol e hicimos un fútbol tenis. Fútbol tenis y a casa. Me acuerdo que estaba con Murillo y con Paulista en el equipo.

¿Entras al vestuario y sabes dónde tienes que ir?

El primer día todo era guiado, parecía que era un nuevo fichaje que venía de otro equipo, no sabía dónde tenía que ir en ningún sitio.

¿Al lado de quién te ponen?

Me pusieron al lado de Maksimovic.

¿Y eso es importante? ¿Tener alguien al lado…?

Sí, porque desde que entré en el vestuario con él nos hicimos súper amigos, estábamos siempre juntos, estábamos siempre hablando, y eso cuando llegas a un equipo es importante, que haya gente que te ayude en vez de que haya gente que te haga la vida imposible.

¿Quién ha sido tu mejor amigo en el primer equipo en estos años?

Yo creo que cuando vino Sobrino hice una amistad con él que, bueno, le cogí muchísimo cariño.

Ya estás en el primer equipo, no sé si aparecen más amigos de repente. Más gente que toca la puerta y que quiere entrar en tu mundo.

Gracias a Dios, siempre he sido una persona muy serena y sé quién estuvo cuando yo no era nadie, y cuando las cosas iban mal, entonces sé diferenciar de la gente que viene ahora porque quiere algo a cambio.

 

“Soy ambicioso, quiero ganar, quiero ganar y quiero ganar. Conforme va pasando el tiempo y vas estando más preparado, quieres asumir otros retos, quieres un cambio de aires. Yo creo que estoy preparado

 

¿Cómo se llaman tus perros?

Lluna y Mini.

Muy Mini no parece, ¿no?

No, no.

¿Qué son los perros para ti?

Para mí y para mi hermana lo son todo. No podemos vivir sin un perro.

¿Qué edad tienen?

Pues son mayores ahora, una tiene 11 y la otra va a cumplir 12.

O sea, que llevan un buen tiempo con vosotros.

Sí, lo han vivido todo. Todo esto que venimos hablando lo han vivido conmigo.

¿Dónde los llevas a pasear?

Cerca de mi casa tenemos un descampado . Ahí las podemos soltar y las podemos hacer correr.

Por la playa imagino que también, ¿no?

Por la playa menos porque ya las tienes que meter en el coche y eso, lo llenan todo de pelos. Pero sí que nos gusta ir de vez en cuando y meterlas en el agua.

Digo la playa porque los que sois de esta zona vivís muy de cara al mar, es un color diferente, incluso un olor diferente, te marca como persona tener el mar tan cerca, ¿no?

Somos afortunados por tener el agua tan cerca, el mar, pero como te digo, cuando llevas aquí tanto tiempo a lo mejor no lo valoras tanto que si te vas y ya no lo tienes.

Aunque en Foios hay más huertas que mar.

Sí, sí, hay un poquito de mar, tenemos un trozo de mar, pero sí que es verdad que hay más huerta, hay más campo que agua.

¿Te has visto en una huerta, has estado en huertas?

Sí, iba cuando era pequeñito a ayudar a mi abuelo a su campo. Él tenía un campo que plantaba todo tipo de comida. Tomates, alcachofa, de todo, tenía un poco de todo.

¿Y qué te tocaba hacer?

Lo que me mandaba. Yo cogía la iceta, ¿cómo se dice en castellano? La azada, y lo ayudaba con la tierra a remover un poco el campo.

Qué bonito eso. Estar, tocar la tierra, y formar parte de la tierra que… a lo mejor ahora nos alejamos cada vez más de eso, ¿no?

Al final son esos pequeños detalles que no tienes que perder, porque aunque no sea de forma directa al fútbol, pero también te ha ayudado, a mí por lo menos, a ser el tipo de persona que soy.

La huerta, el mar, Valencia, Foios, tu hermana, tus amigos, pero el fútbol a veces te lleva a otros sitios. En el momento en el que te lleva a otros sitios se plantean otras dificultades. ¿Tú te ves preparado para eso?

Sí, soy un jugador que me considero ambicioso, que quiero ganar, quiero ganar y quiero ganar. Y es verdad que, conforme va pasando el tiempo y vas estando más preparado, quieres asumir otros retos, quieres un cambio de aires. Yo creo que sí, que estoy preparado.

¿Te has oído decir a ti mismo, como Cristiano y Messi  —te sigo haciendo referencias porque podrían tener un viaje parecido al tuyo—, que a los 11 o 12 años dijeron: ‘voy a ser… quiero ser el mejor del mundo’? ¿Tú te has oído decir eso alguna vez?

Yo por dentro siempre pienso que soy el mejor, que quiero ser el mejor y que trabajo para ser el mejor. Si tú mismo no crees que eres el mejor, quién lo va a creer.

¿Y sabes lo que se necesita para llegar allí?

Sí, trabajar muy duro y estar metido en el fútbol las 24 horas porque al final eso es lo que marca la diferencia.

Eso os lo oigo decir, la teoría es esa, pero ¿qué quiere decir trabajar muy duro?

No todo son las dos o tres horas que pasas entrenando en el campo, también fuera del campo hay un trabajo y también trabajo de gimnasio, trabajo de recuperación, trabajo de fisios, al final no todo es lo que se ve en la tele. Hay mucho trabajo fuera, que eso al final suma, suma, suma, y eso es lo que yo creo que a los grandes jugadores les hace un poco la diferencia del resto.

Es un estilo de vida. No es solo, como dices, el entrenamiento, incluso el gimnasio, es un estilo de vida, porque tienes que dejar de lado muchas cosas, supongo.

Te sacrificas mucho. Te quita mucho tiempo, incluso a veces no puedes hacer cosas que te gustaría hacer, pero la recompensa luego vale la pena.

Los cuatro amigos, ¿cómo se llaman?

Vicent, Guti, Joan y Pablo.

‘Ferri, que vamos a salir esta noche’. ¿Cuántas veces les has dicho: ‘bprrrr‘?

Ya ni me lo plantean. Ya, ya… a veces me dicen hasta que soy un amargado. Pero es mi vida. Cuando me retire ya tendré tiempo de hacer todas las locuras que no he podido hacer ahora.

Pero te das cuenta, como dices cuando hablas de que eres un privilegiado, al estar cerca del mar, en una ciudad preciosa como Valencia, que lo tienes todo a mano, que lo conoces todo, que sabes dónde está todo, y si cambias y dejas todo esto será un camino por hacer. ¿No impone eso un poco?

A lo mejor, en mi caso, que nunca he salido de lo que es mi casa, sí que puede imponer un poco, pero como te he dicho, soy ambicioso, creo que me adapto rápido a las cosas y puede ser un gran cambio.

¿Estás aprendiendo idiomas?

Bueno, siempre hay que estar aprendiendo idiomas porque en esto del fútbol nunca se sabe dónde puedes estar el día de mañana.

¿Qué idiomas hablas o entiendes?

El valenciano y el castellano, por supuesto, pero sobre todo estoy aprendiendo inglés, porque el inglés es necesario para estar en cualquier parte del mundo.

Para hablar a los árbitros.

Por ejemplo, por ejemplo.

¿Ya lo has practicado con algún árbitro el inglés?

No, me corto, me corto, me da vergüenza.

Les dejas a los capitanes…

Eso es faena de los capitanes.

Entiendo que lo de trabajar supone intentar mejorar todos los días. Ir al entrenamiento y no pensar: ‘qué voy a mejorar’, pero sí: ‘qué me van a pedir, les voy a dar más’. ¿Es así? Que cuando el entrenador te dice: ‘hazme esto’, tú lo llevas todavía un poco más allá, ¿no? ¿Es eso lo que haces?

Hay que intentar dar el máximo, el máximo e incluso un poco más, porque el entrenador siempre quiere lo mejor para el equipo y tú tienes que dar lo mejor para ti, para sentirte tú bien, y también para que el equipo intente ganar y que al final el conjunto también te ayude a ti a ser mejor.

Es un trabajo diario, pero ¿te has imaginado a Torres con 25 años?

Nunca me lo he planteado, la verdad. Aún tengo 20 años. Tengo, espero, una larga carrera por delante. Espero que con 25 años, como tú dices, haya hecho grandes cosas, haya conseguido grandes éxitos, y que podamos estar aquí celebrándolo.

Pues quedamos aquí para celebrarlo, eso seguro.

¡Dentro de cinco añitos!

Viene antes una Eurocopa, vendrá eso, ese salto adelante profesional. ¿Te imaginas, de todas maneras, estando en un sitio y creciendo en un sitio o te imaginas probando varias aventuras?

Creo que puedo estar en un sitio unos años para acabar de formarme como futbolista y creo que sí, que puedo estar una larga estancia.

Está claro que te has hecho a ti mismo, lógicamente que han ayudado entrenadores y demás, pero de los que te han ayudado, ¿qué consejos recuerdas, qué cosas tienes muy presentes?

Siempre me han dado un consejo, que es que con humildad llegas a cualquier sitio y, sobre todo, que saque el fútbol que llevo dentro.

 

“De pequeñito siempre tuve, sobre todo, dos referentes: Villa y Silva, esa dupla que llevó al Valencia a lo alto”

 

¿Y esa humildad supone hacerse la foto cuando te la piden, estar un rato más con los aficionados, todo eso también, a la hora de aprender?

Sí, está claro. Para ellos eres un referente y ellos también pierden tiempo para hacerse la foto contigo, y eso es digno de admiración, y yo pierdo el tiempo que haga falta con ellos.

A mí me asustaría, con 20 años, ser referente de nada. Tú lo llevas bien, ¿no?

Sí, lo llevo bien. La verdad es que sí.

Vale. ¿Tu referente o tus referentes quiénes son?

De pequeñito siempre tuve, sobre todo, dos referentes. El primero, cuando entré aquí, en el Valencia, que era Villa. Villa y Silva, que era esa dupla que llevó al Valencia a lo alto. Pero, sobre todo, Cristiano Ronaldo es un referente para mí por su estilo de llevar el fútbol y de llevar las cosas que acarrean fuera del fútbol. Es digno de admiración y es bueno seguir sus pasos.

Eres consciente de que pasó por dificultades, que salía de un sitio del que era complicado de salir, que fue a conquistar el mundo, que a los 18 años estaba en Mánchester sin miedo… De todo eso eres consciente y supongo que lo admiras también, ¿no?

Sí, es lo que tú dices, fue a comerse el mundo y yo creo que se lo ha comido.

Cuando llega a Mánchester se ríen de su acento. De hecho, cuando sale de Madeira y va a Lisboa, se ríen de su acento porque es un acento de Madeira, muy fuerte. Es como si tú hablaras valenciano en Catalunya. Pero cuando sale de Portugal y se va a Mánchester se ríen de su acento, y su manera de contestar era: ‘¿tú cuántos idiomas hablas?’, porque el otro hablaba solamente inglés. A lo que voy es que se tuvo que enfrentar constantemente a las percepciones que se tienen, a la envidia. Era alguien que siempre quiso estar más rato en el entrenamiento que el resto. ¿Todo esto te suena?

Sí, a mí también siempre me han inculcado que si la gente te tiene envidia o hablan mal de ti significa que algo bien estás haciendo, algo bueno estás haciendo.

Lo de estar un rato extra en los entrenamientos, ¿eso también?

Yo soy más de llegar antes a entrenar, y luego pues sí, si hace falta me quedo. También soy partidario de que es necesario el buen descanso.

Él también aprecia mucho eso. Pero una de las cosas que hacía luego en verano, con 42°, en Funchal, era ponerse pesas en los tobillos y se ponía a correr. Quiero decir, esa locura por mejorar es lo que lleváis todos los que estáis en la élite.

Habrá gente que lo hará más, habrá gente que lo hará menos, pero creo que todo jugador tiene que tener eso si quiere hacer algo en el fútbol. Si quieres ser uno más pues no te planteas ese tipo de cosas.

¿Has hecho alguna locura de esas?

Yo la verdad es que soy un cabezón y me gusta entrenar, y a veces, ahora un poco menos, no me gustaba descansar, me gustaba estar siempre mejorando, pensaba qué podía hacer, qué podía trabajar ahora, y me tenían que frenar un poco los pies.

 

“Cuando me haga un poco más mayor y a lo mejor pierda la velocidad y la potencia que me caracteriza, sí que puede ser que acabe jugando por dentro

 

¿El entrenador o te dabas tú cuenta de que por ahí no?

Me daba yo cuenta, a veces.

Cristiano saltaba las vallas para entrar en gimnasios que les cerraban porque él se metía a hacer pesas sin saber lo que hacía. ¿Has pasado también por ahí?

No, tan heavy no porque al final…

… Eso es locura.

Claro.

Pero la referencia es también por la manera de jugar, supongo.

Jugadores de banda, potentes. Sí.

Me da la impresión en tu caso que no acabarás en banda, porque tienes tanto juego y tanto potencial que igual acabas en el centro, ¿puede ser, como le ha pasado a él?

Puede ser que mi posición ahora sea más en banda, pero al cabo de los años, cuando me haga un poco más mayor y a lo mejor pierda la velocidad y la potencia que me caracteriza, sí que puede ser que acabe jugando por dentro, porque ya he jugado por dentro.

Pero te sientes a gusto en la banda.

Sí, y sobre todo algo que también me han inculcado desde pequeño es que cuantas más posiciones puedas abarcar en el campo más posibilidades tienes de jugar y aportar más.

Siempre he tenido una duda con los que jugáis en banda. ¿La línea de cal, es un amigo o un enemigo?

Yo creo que un enemigo, porque a veces te quedas sin campo.

Pero es la referencia, es el final y casi, casi se establece una relación, ¿no?

Al final, jugadores como yo estamos abiertos siempre y prácticamente nuestro mejor compañero es la línea de banda, porque prácticamente siempre estás sobre ella.

¿Y el balón? ¿hablas con el balón?

No, no. Yo lo abrazaba, me dormía con él en mi cama, pero hablar no, no estoy tan loco.

¿Esto quién me lo dijo? Roberto Carlos hablaba con el balón. Y le llevé un balón y se puso a hablar con el balón.

Madre mía. Madre mía, cada uno tiene sus…

… Tiene sus cosas. Pero estaba muy agradecido al balón y al fútbol, porque le había llevado a muchos sitios y había hecho muchas cosas. Yo creo que tú estás en ese camino de agradecer al fútbol.

Ojalá.

Para acabar, abrazado a esa pelota de pequeño, ¿con qué soñabas?

Lo primero en ser jugador, pero en ser el mejor jugador del mundo. Ese es mi sueño.

Y una buena manera de acabar. Muchas gracias, Ferran.

A ti.

 


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