Trabaja en Barcelona como educador social y en sus ratos libres pinta camisetas con su chica, proyecto al que han llamado Malabona. Una vida aparentemente ‘normal’, si no fuera porque hace 17 años lo nombraron el mejor jugador del mundo, distinción que le llevó al Southampton, donde nunca debutó. Ésta es la historia de Jacinto Ela, guineano de nacimiento, que a los 26 años decidió apartar el fútbol profesional de su vida.

Hasta los 26 años sólo te habías dedicado al fútbol…

Claro, no había trabajado de verdad. Si hubiera encontrado un trabajo que me permitiera compaginarlo con el fútbol quizá me lo hubiera pensado, pero por aquél entonces el fútbol ya no me apasionaba tanto. Me había desencantado, me aburría en los entrenamientos. Ya llevaba tiempo con los puños de la camisa remangados, porque sabía que después del fútbol me tocaría coger cajas, porque me quedé en FP y no estudié más. Mi primer trabajo fue en un tren de largo recorrido. La gente alucinaba al verme trabajando tan feliz.

¿No echabas de menos el fútbol?
Por suerte conseguí fichar por el Levante las Planas, un club de 3ª regional. Qué es donde más he disfrutado del fútbol. Lo conocí porque mi hermano estaba jugando allí y pensé en ir a entrenar para quitarme el ‘gusanillo’. La verdad es que lo disfruté mucho. Cuando juegas sin preocuparte por el dinero disfrutas más.

¿Qué tipo de trabajo buscaste?
Trabajé captando clientes para una empresa telefónica y luego empecé a educar. Empecé como monitor en Sant Joan Despí. Tenía buen trato con los niños y así llegué a trabajar en colegios. Ahora trabajo con niños que tienen problemas de aprendizaje o de comportamiento. Siento que aporto mucho con este trabajo. Después del fútbol necesitaba encontrar algo que me llenara, y esto me llena. El fútbol había dejado de hacerlo en los últimos años. Estaba quemado de que me mintiera tanta gente. Presidentes que te prometen, representantes que te marean, todo esto te desilusiona.

Otra cosa con la que te llenas es ‘Malabona’, ¿no?
La idea nació con mi novia Esther. Empezamos a hacer camisetas para los dos y la gente nos las pedía. En nuestro tiempo libre hacemos muchos diseños, y ya estamos metidos en este mundillo. Nos llena mucho.

Y actualmente, ¿nada de fútbol?
Estoy jugando en una liga de veteranos de empresa. Realmente necesitaba el fútbol más de lo que yo me pensaba. Me he dado cuenta que lo que de verdad no me gusta es el fútbol que hablan los periodistas, el fútbol de las noticias, los comentaristas de España, los periódicos. Los diarios deportivos me parecen un insulto a la inteligencia humana y una falta de respeto a los que amamos el fútbol. Se que es lo que da tanto dinero, pero es que realmente la parte buena del fútbol no se explica. Solo se explica lo que vende, y lo que vende nunca es lo más interesante.

“Por ser negro también pensaban que era el más rápido”

¿Cuáles son esas cosas buenas que no se explican en la prensa deportiva?
Compañerismo. A pesar de los problemas que pueden haber en un vestuario, hay cosas que solo se aprenden con un trabajo en el mundo. Sólo con el deporte recibes tantos abrazos. Ese contacto, la fraternidad. Y lo que hace que un jugador deje de pensar en un colectivo son los representantes. Me molestó que se me creara la fama de fiestero cuando no iba casi ni a las cenas de equipo. Supongo que por ser negro, el diferente, se me creaban a mí. Lo de ser negro me afectó tanto para bien como para mal. Porque por ser negro también creían que era el más rápido, y te repito que el más rápido era Crusat.

¿Qué consejo le darías a un chico que con tu edad empieza la misma aventura que tú?
Primero, que cada año no esté en un equipo diferente (ríe). Que cuide mucho a sus amigos y a la familia, que les pregunte como están y que no les invite a copas ni demuestre que tiene mucho dinero.

 ¿Cómo ves el fútbol ahora? ¿Y a los futbolistas?
¡Pues el fútbol para mi ahora es la liga de veteranos! No puedo ser de ningún equipo. A los futbolistas los veo opacos. No se dejan conocer. Dejan que se les etiquete de antisociales, de tontos. Siempre dicen lo mismo porque les preguntan lo mismo. Y cuando uno da una respuesta diferente se le tacha de polémico. Pocos futbolistas en la historia han dado una visión de la sociedad. Por ejemplo Sócrates era un jugador comprometido. Comprometido con la sociedad que le ha hecho rico. Tú te debes a la gente que te aplaude, y te sigue. Como decía Kanouté, el arte, el deporte y las instituciones públicas que te hacen famoso, son plataformas para ejercer el bien, estás obligado a saber qué le pasa a la sociedad y representarles. Aunque también creo que hay futbolistas muy interesantes que la prensa no enseña.

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Está de moda la frase “no debe mezclarse fútbol con política”
Eso es una estupidez como una casa, porque donde hay un colectivo organizado tan grande de gente, hay política. Y no hay más vuelta de hoja. Hay mucho dinero en medio y muchas opiniones. Y más si los clubes hacen publicidad de empresas, eso es política.

En este sentido, ¿tienes algún referente?
Thuram, George Weah y Kanouté. Supongo que a ellos ya les viene más de sangre, porque en sus países han vivido situaciones extremas.

Viéndolo con perspectiva, ¿te arrepientes de algo?
No, me podría arrepentir de muchas cosas como de haberme ido al Hércules. A pesar de que allí estuve muy bien tanto en la ciudad como en el equipo. Pero supongo que me faltó esa paciencia que necesita un chaval joven para aguantar un año sin jugar y demostrarle al entrenador que iba a aguantar lo que hiciera falta. Me arrepiento porque me fui perdiendo dinero solo con la expectativa de demostrar lo que yo valía. Otra de las cosas de que podría arrepentirme es de no haber conocido más las ciudades donde he jugado. No haber ido a sus bibliotecas, visitado sus monumentos.

Pero, sin embargo, no te arrepientes…
Es que si lo piensas, ves que casos como el mío hay millones, ¡aunque no a todos les han dicho que son los mejores del mundo! (ríe). Ahora que lo pienso, si me dijeron eso sería por algo. No por nada relacionado con el fútbol sino por algo que tenía que hacer en la vida. Es normal que no lleguemos todos. Hay mucha gente buenísima que nunca ha llegado. Te tiene que coger en el momento justo y que además estés en plena forma.

Jugaste tanto con la selección española como con la de Guinea.
La estancia en la selección de Guinea fue agridulce. Volvía a Guinea después de 22 años y después de haber jugado con la selección española hasta la sub 19. Fue maravilloso jugar por mi país pero nunca más. Acabé desengañado. Había muchos jugadores que no eran ni guineanos. Yo fui con toda la ilusión del mundo pero allí hay mucha corrupción. A los que veníamos de España nos pagaban bien, pero a los autóctonos les pagaban mucho menos y tarde, esto me parecía un agravio comparativo y una falta de respeto. Chocaban mucho tantas desigualdades. Yo iba con mi África en el corazón y todo esto me hizo perder identificación. Jugamos la clasificación para la Copa África y también el preolímpico donde Nigeria nos metió ‘la del pulpo’.

¿ Y qué inquietudes tienes ahora?
Estoy escribiendo un libro, Cómo ser negro en España. Hay una generación, la que rondamos los 30, que somos negros españoles. A veces sentimos que no pertenecemos ni a África ni a España. Es bueno que nos integremos pero no debemos perder costumbres africanas. Quiero explicar quiénes somos los negros. Gente que no somos problemáticos ni vivimos en barrios determinados y a pesar de estar integrados, no participamos en la vida política, no abrimos negocios. ¿Qué nos pasa? Parece que tenemos una actitud esclavista, que nosotros mismos nos hemos puesto y deberíamos tener más iniciativa, ser creadores.