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Maturana, director’s cut

La tijera cayó sobre le entrevista al colombiano que publicamos en papel como una guillotina. Afortunadamente, nos queda este rincón para recuperarla toda

Las segundas partes casi nunca fueron buenas, pero porque Pacho Maturana no se encargó de las secuelas de Tiburón. Al doctor colombiano hubo que silenciarlo más de la cuenta en la entrevista publicada en el número 6 de Panenka por algo tan implacable y doloroso como el proceso de edición. Espacio, palabras, límites, abundancia… La tijera cayó sobre le entrevista en bruto como una guillotina. Afortunadamente, nos queda este rincón. Completamos el diálogo con Maturana con aquellos trazos guardados. Algunos apuntes más de su selección colombiana, el paso por la Liga, el coqueteo con el Real Madrid, su actual visión del fútbol de su país… Allá va otra ración de Maturana… Pasen y lean.

¿Le ha sorprendido la evolución del fútbol español?
Gratamente. En la Eurocopa [2008], anunciaron el camino. Pero necesitaba el aval de un gran escenario como el Mundial. Normalmente, son los ganadores quienes fijan una tendencia a seguir. Por el bien del fútbol, España se convierte en eso.

¿La estética sigue siendo lo más importante para usted?
Sí. Pero esto no es una ley. Todo el mundo es libre. Hay gente que quizá prefiera vivir debajo de un puente y otra, no. Es una decisión personal. Un humano debe saber elegir. Que yo elija el camino de lo estético no significa que sea el correcto, sino que es el que más me gusta a mí.

¿El fútbol es ahora menos cerebral y, por eso, lo cerebral marca ahora más las diferencias?
Creo que falta mucha interpretación del juego. Ha pasado a un segundo plano. Le pongo un ejemplo. Uno dice que no pudo superar dos líneas de cuatro. Bueno, hay que saber jugar contra eso. No solo lamentarse y ganar por casualidad. Hay que hacerse preguntas y resolver esas inquietudes.

Siempre le definió un fuerte carácter didáctico. ¿Lo más importante para usted es que el futbolista aprenda el juego?
El fútbol es un juego pensante. El futbolista debe pensar, ser inteligente. No esperar a que otro le diga “haga esto”. No. Debe preguntarse cosas. Lo determinante es que el jugador entienda cada momento y pida ayuda.

¿Identifica conceptos de su célebre selección colombiana en el juego de posición del Barcelona de los últimos años?
Sí, hay una gran identificación. El Barcelona vive en función de la pelota y de recuperarla rápido para agredir al contrario, y si no lo consigue, para moverla hasta buscar el espacio. Colombia buscaba esa idea, pero tanto el Barcelona como España lo hacen mejor y con futbolistas de más nivel.

Explique la ‘Curva Maturana’, otro elemento distintivo de aquel equipo…
Era una manera de hacernos más fuertes conociendo nuestras limitaciones. Cuando la pelota caía al costado, presionábamos, y desplegábamos coberturas con tres futbolistas en toda la zona defensiva. Se formaba una especie de curva que nacía de la cobertura que hacía cada jugador al siguiente. Era nuestra esencia en América. Hablé mucho de ella con Arrigo (Sacchi). Yo veía que él no hacía curva. Tenía atrás gente más veloz. Costacurta era rápido y Baresi era rápido, intuitivo y, además, inteligente. Nosotros no éramos así. Nuestro sistema fue producto de conocer nuestras carencias.

¿Qué significado reunía Carlos Valderrama en aquel equipo?
Era el toque de distinción. Hacía lo apropiado en un volante de segunda línea. Siempre era el punto de referencia cuando recuperábamos la pelota, porque siempre estaba disponible. Aguantaba el balón, lo tenía… eso permitía descansar al equipo. En cualquier estadio, ante cualquier rival y a cualquier hora, asumía la responsabilidad. Y tenía ojos por todos los lados, antes de atacar, sabía por dónde hacerlo.

Permita una conjetura o atrevimiento: ¿jugaría en el Barcelona actual?
Sí, sí. Vaya que si juega. Juega, juega y juega. Incluso tal y como está él ahora. Jajaja.

Retomemos el barniz sociopolítico que envolvió a su selección colombiana del 94, su función dentro de un estado ensangrentado por la violencia. ¿Cómo propagó ese sentimiento nacional en el equipo? Entonces, la exigencia de su cargo casi lo convertía en un presidente de facto en el país…
Entendimos esa responsabilidad y la aprovechamos. Los mensajes pasaron a ser algo muy importante. Cuando un futbolista hablaba, debía transmitir su amor al país y a la familia, respeto y la idea de una sociedad en paz. Fue una linda oportunidad, porque la gente de Colombia nos abría los brazos y estaba orgullosa de nosotros.

¿Cuando el conflicto civil arreció antes de EEUU 94, le inquietó que aquello afectara a la selección?
El fútbol no es de nadie, el fútbol es del pueblo. Y hay gente buena, mala y regular. Yo no tenía capacidad ni potestad para controlar a la gente de la calle. Un tipo normal tenía su vida. La selección no era mía, sino de ellos.

Su selección entonces era un poderoso y atractivo icono. La política se apoyó en esa imagen amable en tiempos volcánicos. ¿La maniobra obedeció más a una oportunidad de evasión o de cohesión?
De cohesión. El fútbol, como fenómeno social, tiene un recio contenido político. Es una plataforma política y de ella se aprovecha todo el mundo: el alcalde, el presidente… Es normal que pasara eso en Colombia. Y seguirá pasando, es la magia del fútbol.

Rebobinemos. Su trampolín fue Nacional de Medellín. Ganó ligas y la primera Copa Libertadores del fútbol colombiano en 1989. Describa esos años…
El equipo fue construyéndose despacio. Era una época en la que no se disfrutaba del juego, sino de desactivar al rival. Queríamos proponer. A partir de un grupo de buenos jugadores, formamos un grupo de amigos con la convivencia, el respeto, la autoridad y la capacidad. La gente se identificó con aquel equipo. De allí, salió la base de la selección. Teníamos el apoyo de todo Medellín.

Se jugaron la Copa Intercontinental ante el Milan de Sacchi…
Fue un partido de poder a poder. Nos vencieron en la prórroga. Fue un orgullo caer ante el mejor Milan. Pero pagamos un precio. En Colombia se había paralizado el campeonato (por el asesinato del árbitro Álvaro Ortega) y no estábamos en la mejor forma.

¿El fútbol colombiano está escapando ahora del abismo?
No lo digo yo, sino colegas de Uruguay, Paraguay u otros países. Nos ha faltado competitividad. Ahora, la actual generación ha ido madurando en escenarios exigentes y competitivos: Guarín o Falcao han jugado finales europeas y han ganado títulos. Abel Aguilar compitió perdiendo una categoría. O Abel Ramos peleó por no descender y ascender. Eso da competitividad. Es un grupo interesante.

¿Su bandera es Falcao? ¿O quizá James Rodríguez?
En la última Copa América [2011], la selección necesitaba a Rodríguez. Es un futbolista de toque, que finta y da soluciones. Siempre hace las cosas bien. Pero, y esto es una percepción mía, yo construiría el equipo alrededor de Guarín. Siempre la pide y la protege.

¿Cómo ha observado ese declive del fútbol colombiano mientras, paradójica y paralelamente, la realidad social y política del país mejoraba?
Ese fenómeno no debe circunscribirse solo a Colombia, sino a toda América. Ahora hay otras directrices y necesidades. Antes, un jugador acá se engordaba para el deleite y luego venderse. Ahora, el futbolista aparece y antes de debutar en Primera ya está vendido. El negocio cubre el fútbol.

¿Trajo Maturana la zona a España?
Bueno. Depende de quién lo afirme. Si lo dice Maturana, no se lo creerá nadie. Si lo dice otro, quizá sí.

¿Pudo entrenar al Real Madrid?
Sí. Cuando yo dirigí al Valladolid (90/91), Vicente del Bosque elaboró informes muy positivos. Se dijo que yo era un entrenador idóneo para el Real Madrid. Negociamos, me reuní con Ramón Mendoza e incluso diseñamos la temporada siguiente. Ese año el Madrid perdía y llegó con la temporada en marcha Radomir Antic. Me dijo Mendoza que si no hacía algo, yo debería coger al equipo en Segunda. Comenzaron a ganar y Antic tuvo que quedarse. Mendoza quería pagarme una indemnización, pero yo me opuse. Lo entendí perfectamente. No era mi momento.

¿Por qué no triunfó en el Atlético de Madrid?
Por mala suerte. No me gustas las excusas, asumo la responsabilidad, pero debo ser claro. Yo diseñé una plantilla: con Simeone y Vizcaíno en el doble pivote, Caminero por la derecha, Pirri por la izquierda…Comenzamos bien, la pretemporada fue buena. Pero Pirri se rompió la tibia y el peroné, y Simeone la clavícula. Más otras lesiones. En Argentina, cuando eso ocurría, ibas a las inferiores. Aquí hice lo mismo: subí a De la Sagra y Alejandro. Pero ese equipo ya no lo había diseñado yo. No es una disculpa, sino lo que ocurrió. Busque en la historia del Atlético los partidos que dominó ese equipo. A ver cuántos partidos perdió después… (Maturana fue despedido en la novena jornada).