Nació uruguayo y se enamoró de Zaragoza, pero Gustavo Poyet (Montevideo, 1967), incluso antes de mudarse a Londres, llevó dentro un futbolista inglés: pasional, entregado y con un juego de área a área, barriendo, tocando y llegando a gol, finalizando como un delantero y creando como un mediocentro. Tuvo un poco de todas las posiciones y por eso posee ahora una sensibilidad especial con cada uno de sus futbolistas. La pasión por el fútbol se le desbordó en la Premier y su destino estaba pactado: los banquillos. Asistente de Dennis Wise o Juande Ramos en Swindon, Leeds y Tottenham, saltó a primer espada en Brighton, donde reformó la identidad del club, lo ascendió a Championship y se quedó a un paso de la Premier. Ahora, ha llegado a ella. Entrena a un Sunderland al que ha rescatado de la miseria, lo ha puesto a competir y lo ha plantado en la final de la Capital One Cup de este fin de semana contra el Manchester City.

¿Ya ha salido a jugar al golf por el condado?
Para nada. Desde que agarré al Sunderland, me he olvidado de los palos. No tengo tiempo. Además, no hay muchas ganas con la climatología tan horrible que estamos sufriendo. Hace un viento impresionante en el norte.

¿Resulta muy drástico trasladarse de una ciudad suave y vacacional como Brighton a una con el acento obrero de Sunderland?
Ha cambiado todo. Primero, estoy más lejos de mi familia. Segundo, el centro de entrenamientos de acá me permite pasar muchas horas metido en el club, eso no era posible en Brighton. Y tercero, la experiencia de competir en la Premier League es increíble. Sobre todo, por lo que conlleva un buen o un mal resultado. La Championship apenas se conoce a nivel internacional, casi solo en Inglaterra. Pero, ay la Premier… Ganas bien o pierdes feo y se entera todo el mundo. Te llegan mensajes de Zaragoza, de Australia, de Hawai y de Uruguay. Antes, o le ganaba a un club de la Premier en la copa, o no me llegaba nada. Ni sabían cómo iba el Brighton.

¿Es cierto que Sunderland es una ciudad pesimista? ¿Quizá por las copas perdidas desde hace 40 años?
Yo no lo he apreciado. La gente me pedía al llegar que le ganara al Newcastle. Nadie quería nada más. El resto casi no importaba. Pero claro. Ahora, evidentemente, quieren ganar una copa porque es una oportunidad única.

Usted fue un futbolista de carisma, de fuerte atracción popular. ¿Ya ha conectado con su nuevo hincha?
A poco que salen las cosas la gente se entrega, ¿eh? A Old Trafford llevamos nueve mil fans. A la mínima, se vendieron los 31.000 tickets de la final. Nadie quiere desaprovechar la oportunidad de ir a Wembley cuando la última vez fue hace veinte años y la última que se ganó fue hace cuarenta. Tuve la suerte de jugar muchas finales, pero esta es la primera como entrenador. Como futbolista hay veces que llegas y no te das cuenta de cosas. Llegas y solo quieres ganar. Pero la verdad es que hemos creado algo muy bonito. Me he dado cuenta que mucha gente del Sunderland nunca ha estado en una final. Y los que han estado no la han ganado. Es imperdible estar en Wembley. Y ya si se gana… Eso no se negocia: hay que estar sí o sí. Al menos, si no logramos la victoria, que se sientan orgullosos de su equipo. Porque sabemos contra quién jugamos. Esto no es un final Brasil-Uruguay o Alemania-España. No la disputan dos potencias del fútbol, sino una potencia increíble y un equipo que se ha ganado un lugar en ella con sacrificio. Aprovechando los momentos justos, como cuando ganamos al Chelsea o al Manchester United. Está claro que la final la juegan los dos mejores del torneo. Pero uno es un equipo con quizá uno de los potenciales más grandes del mundo y el otro es un conjunto que trata de huir del descenso.

Comenta que es su primera final en un banquillo. ¿Cuesta más gestionar las tensiones previas que genera un partido de este tamaño cuando se es entrenador?
Hay cambios. Como jugador yo intentaba hacer una semana normal. No variar nada. Descansaba lo mismo y no tocaba las rutinas. Uno se concentraba en uno mismo y en tratar de llegar bien al partido. Pero como técnico tienes que cubrirlo todo: el equipo, los entrenamientos, la previa, la prensa, la presión, las reacciones, los inconvenientes, las lesiones, los enfermos y los viajes. Hay que estar preparado para todo y eso conlleva un desgaste mucho mayor.

¿Qué les dice a sus futbolistas, qué les va transmitiendo?
Tratamos de hacer una semana normal. No hemos cambiado casi nada. Algo lógico en la forma de la que soy yo. No queremos que sean días más importantes, ni una tensión diferente. El tema de la motivación es sencillo, y solo se trata de entrenar lo mejor posible. Ya lidiamos con el tema de entradas, viajes y preparativos, y no hay nada de que hablar.

Le costó tomarle el pulso al equipo, pero el Sunderland ha reaccionado. Ya compite y ya se le distinguen rasgos reconocibles en su juego. ¿Lo siente cada vez más suyo?
Sí. Un entrenador lo primero que ha de hacer es aprender. Por mucho que tenga una idea de juego y sepa cómo la quiere desarrollar, lo primero es buscar la fórmula. Hay que adaptarse al jugador. Conocerlos a todos lleva su tiempo. No todos los futbolistas son de la misma manera. Los hay más fáciles porque siempre hacen los mismo y tienen un carácter más especial. Hay otros que son más de altibajos y experimentan reacciones diferentes. Todos somos distintos. Dependiendo de tu forma de ser y de cómo son los jugadores, eso exige más o menos tiempo. Cuando realmente se conoce a todos, como mínimo, unos dos meses después, y no exagero, es cuando se pueden tomar las primeras decisiones sobre cómo jugar, a quién jugarle y con quién jugar ciertos partidos. Con mucha más información, uno está más tranquilo. Ahora, ya sostengo una idea clara de lo que un jugador me puede dar. Eso ha provocado que hayamos mantenido una línea bastante buena en enero. En febrero, quizá hemos sufrido un par de altibajos por distintos motivos, como una expulsión a los tres minutos, y la otra porque fue el Arsenal en un buen día y encima cometimos un error en el minuto treinta. Hay razones que trato de no usar como excusas, pero que son reales, están ahí. Si nosotros estamos a un buen nivel y no cometemos errores, somos un equipo más difícil de enfrentar.

Este Sunderland nació con la huella muy marcada del mánager Paolo Di Canio y el director deportivo Roberto Di Fanti. Ninguno está ya en el club. ¿Le ha resultado complicado asumir esa herencia y ajustarla a sus planes?
La adaptación es de las dos partes. Por un lado, el cuerpo técnico debe amoldarse a los jugadores, a la nueva ciudad, a los fans, al club… Y por otro, el futbolista, al entrenador. Cuando uno viene con una idea distinta a la impuesta en el Sunderland en los últimos años -una idea muy distinta-, para que el jugador se convenza tienes que ganar. Puedes hacerlo muy bien en los entrenamientos, ser bueno con los chicos, tratarlos fenómeno, organizarlos de una manera y plantear un fútbol que en los papeles sale muy bonito. Pero si no ganas, no convences a nadie. Afortunadamente, la cosa marchó desde pronto: ganamos al Newcastle, luego en copa al Southampton y sobre todo al Manchester City. En esas situaciones, el jugador se dice: “Si no ganamos un partido de siete y ahora en dos semanas hemos ganado tres de cinco jugando de cierta manera… pues vamos a darle una oportunidad a este entrenador”. Luego, hemos ido creciendo y trabajando mucho la parte mental. Éramos un equipo con muchos altibajos morales por culpa de la inseguridad de la clasificación. Sufríamos mucho a la mínima que encajábamos gol.

¿Lo emocional es lo que más le ha costado?
Sí. Ha sido un día a día con momentos clave, como ganarle al Newcastle al final. Eso nos dio un plus, porque el equipo esas situaciones antes las sufría y se caía muy rápido. Luego, hubo dos partidos fundamentales: la victoria contra el Manchester City y ganarle al Chelsea en el descuento en la Capital One. Este tipo de triunfos dan mucha fuerza mental y poder como equipo. Hemos mejorado. Ahora, por ejemplo, somos más fuertes en los segundos tiempos que en los primeros. Cuando antes mentalmente nos caíamos muy pronto.

¿El equipo le está interpretando bien? Existe la percepción de que todos los futbolistas han dado un paso adelante con usted. Incluso jugadores alejados de su estilo…
Eso es una consecuencia de cuando ganas y las cosas se van dando. El grupo se une. (Pausa y reflexión). Es increíble… (nueva pausa). Esta puede ser una de las temporadas más importantes de la historia del Sunderland o una de las peores. ¿Cómo puede ser el fútbol tan extremo? De poder ganar una copa ahora, poder meterte en las semifinales de la FA Cup y salvarte del descenso; a poder perder esta copa y descender. Esto sería catastrófico. Esa diferencia tan drástica entre lo bueno y lo malo crea naturalmente una tensión. Estás muy cerca de algo muy bueno y de algo muy malo. Hay que ser realista. Mantener las emociones. Manejar bien el grupo. Estar convencido de lo que haces. Ni aflojar ni exagerar. Hay que mantener, en esas situaciones, un nivel de trabajo muy parejo para que el jugador no sufra, ni para un lado ni para otro.

¿Qué tipo de club es el Sunderland?
Muy del norte. La ciudad está pegada a Newcastle y existe una rivalidad increíble con ellos. ¡Increíble! Hay que estar aquí para vivirla. Toda la ciudad depende de lo que hace el equipo. Todos están detrás de él, porque es una de las principales atracciones. Hay una afición muy importante. El club funciona como una bandera de la ciudad. Me recuerda a Zaragoza. Todo lo que le sucede al equipo afecta en ella.

El Sunderland siempre conservó una potente tradición británica. Usted ha llegado con unas intenciones muy distintas, latinas. ¿Ha encontrado mucha resistencia al cambio?
Sí. Pero estoy muy acostumbrado. En ese aspecto, soy muy fuerte. Estoy convencido de lo que es necesario. Respeto todas las formas de jugar, pero sé que a mí me funciona. Sé que es algo nuevo también. Repito que fue clave ganarle al Newcastle. Y encima dos veces. Eso ayuda a que la gente vaya contigo y te dé chances. Se dicen: “Bueno, este viene a imponer un sello más latino, pero le ha ganado al Newcastle y se ha metido en una final. ¡Vamos con él!”. Y eso es lo que pido: que nos acompañen hasta el final en todo. Si al final el veredicto es malo, yo lo acepto sin excusas. Sabía el reto y su dificultad.

Acostumbrado en el Brighton a dictar todas las pautas deportivas, aún no había ejercido plenamente de mánager hasta el mercado de invierno. Ahí ya se aprecia una política clara de Poyet. Han llegado cuatro latinos y un británico muy conocido por usted, Bridcutt. Y entre los hispanos, Marcos Alonso, Ustari y dos futbolistas que fueron muy valiosos y protagonistas en un estilo tan vecino al suyo como fue el que desarrolló el Tata Martino en Newell’s: Scocco y Vergini. ¿Hablamos ya de un Sunderland moldeado a su imagen y semejanza?
Saber elegir es fundamental en un mercado tan difícil como enero. Queríamos traer jugadores de perfiles muy concretos para que su adaptación fuera rápida. Ustari es un portero con muy buen juego de pies y gran entendimiento de lo que sucede en una cancha. Vergini jugó en el sistema de Martino con mucho peso manejando la pelota desde atrás. Scocco es un definidor, con muy buen cambio de ritmo. Marcos (Alonso) conocía el fútbol inglés de su paso por el Bolton. Tiene mucha calidad en la zurda y es un chico muy ofensivo a pesar de jugar de lateral. Y Liam Bridcutt es un volante central que se hizo conmigo durante tres años en el Brighton. Conoce mi estilo y mi forma de jugar perfectamente. No quería a alguien que viniera y tardara en adaptarse seis meses o un año, como a veces pasa. Tenemos que salvar el descenso y no hay tiempo para nada. Era un mercado muy especial y ahora cada uno juega cuando puede. Ustari, de momento, no, porque Vito Manonne está espectacular. Vergini va alternando. Scocco estaba saliendo de una pretemporada, con la parte aeróbica bien, pero no tanto en la velocidad y la precisión. Liam se ha adaptado muy rápido Y Marcos ha sido un impacto muy positivo. Cuanto mejor estén, más fácil será nuestro trabajo. No somos magos, somos mánagers, gente que trata de manejar, de llevar un grupo de futbolistas y hacerlos jugar de una manera, con una idea, dándoles todo para que puedan rendir al máximo nivel. Si logras eso, tienes una chance ganada.

¿Qué futbolista resume mejor el nuevo estilo del Sunderland?
Ki, el coreano, un volante creativo. Entiende el juego de una forma increíble. Sabe exactamente lo que quiero. Cuando estamos en control, influye mucho. Pero hay que jugar de una cierta manera para que él sea importante. Demuestra mucho en un estilo de posesión, porque tiene mucha facilidad para crear, alternar, jugar y hacer que pasen cosas con la pelota.

Vencieron al City en la primera vuelta 1-0. ¿Les sirve ese partido como referencia?
Creo que sí. Da la oportunidad al jugador de pensar que puede enfrentarse al City y que no te hagan gol. Nosotros lo conseguimos. ¿Cómo? La verdad es que no tengo muchas explicaciones. No sé cómo, pero fue un día justo y perfecto para nosotros. Nos salió todo en defensa y al City nada. Cuando tuvimos una chance, la aprovechamos. Aquel partido nos da la posibilidad de creer que es posible. Si hubiéramos perdido mal, con un City cómodo y metiendo cuatro, cinco o seis goles, seguramente llegaríamos a esta final con una mentalidad muy diferente.

¿El Manchester City es el equipo inglés que mejor juega en posesión?
Es complicado analizarlo así. Es uno de los mejores con la pelota, pero creo que no el mejor. El Arsenal tiene un nivel bárbaro ahora. El Liverpool atacando es un equipo inaguantable, sobre todo, por Luis Suárez, que es insoportable. Te llegan, te llegan, te llegan. Y van y van y van… hasta que hacen los goles. El Chelsea tiene su potencial en la diferencia de calidades: de llegada por fuera, de velocidad, de fuerza, de potencia… Lo que tiene el Manchester City es, de mitad de campo hacia adelante, un poderío técnico, táctico y físico espectacular. De lo mejor del mundo. Si tienen un buen día es casi imposible que no te hagan gol. Nosotros debemos jugar a meter gol, no solo a defender. No podemos jugar al empate. Tiene que salirnos un partido perfecto.

¿Discutirle la pelota al Manchester City representa una vía para el Sunderland?
Sí.

¿Y cómo?
De dos formas. Siendo muy bravo e inteligente con el balón, teniendo mucha calidad en el día. Y, además, presionando de una forma para sacarles de la posesión el mayor tiempo posible. No planteo el partido defendiendo y contragolpeando. De todos modos, no son esas nuestras características. A lo mejor si tuviera armas para eso las usaba, un equipo fuerte y rápido para defenderse y contragolpear en los espacios que dejen… Pero no.

La final irá de ingenieros. Pellegrini tiene el título y usted pudo tenerlo. ¿Qué posee el fútbol de ingeniería?
Ja, ja. Es cierto. Quizá tenga el cálculo… Pero es verdad: Manuel tiene el título y yo iba a estudiarlo si me hubiera quedado en Uruguay. Es una casualidad del partido. Aunque yo me quedo con el dato de que vamos a enfrentarnos dos técnicos sudamericanos en una final de Inglaterra por primera vez.

Usted, Pellegrini, Pochettino, Roberto Martínez y aquellos que no son latinos, pero han bebido de esas fuentes como Laudrup, Rodgers… Más Wenger, que siempre está ahí. ¿Cabe hablar ya de un reciclaje definitivo de identidad o Inglaterra seguirá anclada en sus dogmas?
Yo creo que sí. Hay un cambio generacional y un cambio de actitud. Incluso dentro de la Federación. Están buscando esa otra identidad. Aquí lo tienen todo: las mejores infraestructuras, jugadores de potencia innata y poder físico impresionante… Trabajando el plano técnico y táctico, pueden convertirse en cualquier momento en una potencia mundial. Pero deben mantener un proyecto y trabajarlo durante unos años. Eso no se cambia de un día para otro.

¿Y el futbolista? ¿Ha abierto su mentalidad? ¿El jugador de la Premier de hoy es muy distinto del jugador de la Premier que fue usted?
Pero es un cambio sobre todo social. No solo aquí, en todo el mundo. No me gusta mirar mucho atrás, pero es obvio que comparo. Ahora es más sencillo ganar dinero y ser conocido. Ha influido mucho el cambio tecnológico. Es en la faceta que más se han transformado los futbolistas. Antes, un jugador de un equipo de los diez de abajo era casi un desconocido, casi no tenía trascendencia. Ahora, tiene una página web o una cuenta de Twitter y si dice algo sonado ya lo conoces. Da igual lo que haga en la cancha.

¿Se está perdiendo en Inglaterra esa paciencia proverbial con los entrenadores que siempre definió a sus clubes?
Es una mezcla de la importancia de la liga y los nuevos dueños. Antes mandaban gente inglesa, locales. Ahora, hay mucha propiedad extranjera (el Sunderland, por ejemplo, pertenece a un estadounidense), y tienen esa forma de ver el fútbol. Si a la mínima no va bien, te sacan fuera. Estamos acostumbrados. En un entrenador, además de su convencimiento, lo principal es mantener las emociones. Ni sentirse muy bien, muy bien, cuando estás bien; ni muy mal, muy mal, cuando estás mal. Porque da igual lo que hagas ese mes. Si al siguiente lo haces mal, puedes irte fuera. Hay que ser muy realista. Yo lo tengo muy claro. Trabajo de la mejor forma que puedo, lo doy todo, me hago hincha del club que entreno, muero por ese equipo donde trabajo… Y cuando termina, termina. No puedo plantearme lo que pasará mañana.

¿De qué entrenador o entrenadores ha recibido influencias?
Tengo cosas de todos. No tuve nunca el entrenador perfecto. Es decir, que fuera un líder, que me llamara la atención al escucharlo porque fuera alguien impresionante, y que a la vez se relacionara abiertamente conmigo y habláramos de fútbol o de lo que fuera sin problemas… Y que al mismo tiempo diseñara entrenamientos entretenidos, y que a su vez jugara el fútbol que a mí me viniera bien… Todo eso es imposible. Ese entrenador no existe. Sí he aprendido cosas diversas y yo las he mezclado. Por ejemplo, con Víctor Fernández nos divertimos mucho en las sesiones. Admiré a Gullit por su forma de ser, era ideal para mí. Gente como Vialli, que tenía todo planificado al detalle. Luego, tuve otros que no se complicaban e iban a lo más simple. De cada uno observé lo bueno y lo malo. Lo malo trato de no hacerlo y lo bueno lo llevo como yo soy. Nosotros respetamos mucho al jugador de fútbol. Él es quien define donde vas a terminar. Son quienes salen a la cancha y te representan. Quienes llevan la idea. Para mí, son la parte fundamental de mi proyecto de trabajo.

¿Qué hay de uruguayo en el Poyet entrenador?
Lo mencioné antes: me hago muy hincha del equipo donde estoy. Lo siento y soy parte de él. El mejor equipo del mundo ahora es el Sunderland. Y punto. Me gusta que gane el Zaragoza, el Chelsea, Uruguay… pero lo primero es el Sunderland. Eso es de uruguayo. Nos metemos mucho dentro del equipo y la ciudad. Por eso somos como somos: entrega.

¿Y su hijo Diego Poyet? Nació en Zaragoza, ha crecido en Londres y su sangre es uruguaya…
Le va muy bien. Está jugando ahora bastante en el Charlton Athletic, en Championship. Tiene 18 años y es internacional con la selección inglesa en categorías inferiores. También puede jugar con Uruguay y con España. Decidirá él. Cuando tenga 21 años, esté asentado en el fútbol profesional y demuestre tener las capacidades necesarias para ser convocado por una selección internacional, decidirá. Es un volante central completo, aunque más dedicado a la faceta defensiva que a la ofensiva. Tiene mucho por aprender aún.

Cuando usted era futbolista del primer equipo del Real Zaragoza, compartió entrenamientos con un chico del filial llamado Roberto Martínez. La idea que se cocinaba allí y que acabó levantando una Recopa era muy clara: juego de emociones, ofensivo, técnico, con toque, dinámico… Llama la atención que, ahora, dos hijos de aquel Zaragoza de los primeros 90 peleen por cambiarle el rostro al fútbol inglés en la Premier…

Cierto. Yo siento una admiración absoluta por Roberto. Por todo lo que ha hecho en Inglaterra. Ha sabido aprovechar su esfuerzo, su inteligencia y su trabajo hasta hacerse un hueco en un escenario muy complicado. Es maravilloso cómo ha conseguido sembrar sus ideas y su pensamiento y cómo ha conectado con el futbolista. Cambió por completo la identidad del Swansea, un club que ahora solo concibe el juego de posesión, de toque y contenido técnico. Luego repitió en el Wigan. Y ahora su Everton también juega muy bien. Tengo una gran relación con él. Su trabajo en Inglaterra es impresionante. Ójala algún día se diga que el Brighton, como sucede con Roberto y Swansea, tiene un identidad que comenzamos a crear unos locos en 2009.

Usted fue un futbolista muy pasional en todo, en las victorias y en las derrotas. E Inglaterra contiene en su fútbol toda la inmensidad de una pasión. Siempre dice que lo suyo con ese fútbol fue un flechazo. ¿Seduce aún más cuando uno es mánager?

Aquí se vive el fútbol de un modo único. No hay nada comparable a sentir este deporte como se hace en Inglaterra. A mi me atrapó como futbolista y lo sigue haciendo como entrenador: todo el día a día de un mánager se vive con una pasión única. Y cuando hablo de sentir el fútbol hablo exclusivamente de eso: del fútbol.