Música y fútbol. Esas son las dos grandes señas de identidad que siempre acompañarán a David Carabén van der Meer (Barcelona, 1971), cantante, guitarrista y compositor del grupo catalán Mishima. Igual que el tupé rockabilly y las gafas de pera, presiento que el músico barcelonés jamás podrá desprenderse de ellas.

Tiene un apellido ilustre para la historia del Barça. Pues su padre, Armand Carabén, asumió el difícil reto de traer a Johan Cruyff a Barcelona en el año 1973. No solamente lo consiguió, sino que lo convirtió en amigo de la familia. El pequeño David compartía mesa con los Cruyff, los Neeskens y los Michels en las fiestas navideñas de El Montanyà. “De la cuna al corazón del ‘Fútbol Total’”, nos dice. Fascinado por la figura del ‘holandés volador’, decidió dedicar parte de su vida a explicar lo que es el Barça desde la vertiente del periodismo.

Cruyffista de pura cepa e icono de la música independiente en Cataluña, el pequeño de los Carabén nos despliega en Panenka, además de su faceta periodística, su repertorio de pasiones artísticas, su pasado como futbolista en los Escolapios de Sarrià y, cómo no, su irrompible barcelonismo. A su semipaisano Koeman, como mito azulgrana que es, le desea mucha suerte en su nueva etapa como entrenador azulgrana. Veamos que más nos cuenta…

Antes de hablar de fútbol, quería preguntarte por cómo te ha afectado la pandemia, especialmente en el tema de la música.

Creo que hubo un momento en el que todos pensábamos que bastaría con 15 días sin salir de casa. Sin embargo, nos fuimos percatando del alcance y las consecuencias de esta difícil situación. Ahora mismo, nadie está en condiciones de predecir el futuro más cercano. En mi caso, la pandemia me ha afectado de una manera muy rotunda. Muy bestia. Los conciertos de Mishima previstos para primavera se tuvieron que cancelar. Después nos aseguraron que se volverían a programar para otoño, pero finalmente no ha sido así. Poco a poco, han ido cayendo uno tras otro.

En un momento en el que cuesta mucho sacar beneficio de las ventas de discos y los streamings, la cancelación de conciertos es terrible desde el punto de vista económico. Si te cargas la industria del directo, realmente es como para replanteárselo todo. A mí me afecta como artista, pero a otros muchos como técnicos, promotores, empresarios, etc. Hay mucha gente que depende de ese motor. Al final, he tenido que priorizar el periodismo para aparcar un poco la música. Mientras me dedico a él, voy componiendo canciones para el próximo álbum.

¿Está la cultura en peligro?

Lo está completamente. Hay muchos proyectos culturales que se han visto afectados o incluso han desaparecido. Hay gente que se ha dado por vencida y otra que ha pensado en volver en otro momento. Eso es lo peor, que se están yendo al garete muchos talentos, posibilidades, expresiones… Yo he tenido la suerte de poder contar con el periodismo, pero tengo amigos que se lo jugaron todo a la carta de la música y ahora están sufriendo. Es jodido, pero la cultura siempre ha vivido en la precariedad. Por suerte es muy resiliente y dependerá siempre de la vocación, la energía y el entusiasmo de cada uno. Eso es indestructible.

Sin embargo, no parece que el fútbol esté corriendo ningún riesgo. Incluso algunos clubes y organizaciones ya promueven la asistencia a los estadios.

Como bien dices, el fútbol no está tan afectado. Aunque de puertas adentro no estoy tan seguro. La economía del Barça, sin ir más lejos, está pasando por un momento terrible. Es normal: la gente no va al estadio, no va al museo, no compra camisetas, etc. Ya veremos cómo va esta temporada. Es cierto que la competición no se ha parado. En los momentos de crisis siempre se ve lo que la sociedad considera prescindible. La música y los espectáculos, por ejemplo, siempre han sido una de las balas más frágiles de nuestra sociedad. Pero las hay más frágiles todavía: la poesía y la danza. ¿A éstos quién los llama? Uno siempre puede encontrar círculos del infierno más profundos. La cultura está hecha una mierda.

Pero, David, ¿el fútbol no es cultura?

Primero habría que definir qué entendemos por cultura. Dicho esto, creo que siempre depende de la mirada que se le haga. Partiendo de la base de que el fútbol es una actividad que implica a muchísima gente y de tantas maneras diferentes, uno siempre podrá encontrar algo de humano en ese juego. Se da por hecho que la música es cultura. Nadie lo pone en duda. Pero igual que el fútbol, depende de la mirada. Puede reducirse a una simple manera de evadirse, desaparecer o reconciliarse con la realidad. Aunque, muy probablemente, la vocación musical sea una forma más evidente de elevarse o ver el entorno con ojos más afilados. 

Como bien decías, además de la música, también te dedicas al periodismo. Actualmente eres columnista deportivo en La Vanguardia y, años atrás, dirigiste los programas Recorda Míster y L’habitació dels miralls en Barça TV. ¿Cómo se forjó tu interés por el periodismo deportivo?

En un principio, mi gran pasión artística y cultural era el cine. El periodismo fue la manera de acceder a los medios de producción. Estuve en la televisión local de Barcelona, Betevé, entonces dirigida por Manuel Huerga. Allí aprendí todos los conceptos relacionados con la producción audiovisual: el guion, el montaje, la edición, etc. Me interesaba trabajar el producto desde la idea inicial hasta la realización final. Después, me surgió la posibilidad de ir a Barça TV. En aquella época, justo en los inicios de Joan Laporta como presidente, todavía era una televisión muy pequeña. Éramos ocho o nueve personas en la redacción, todos muy jóvenes. Pero no diría que mi paso por allí fuese por una vocación de periodismo estrictamente deportivo, más bien de manipular imágenes y explicar historias. De hecho, recuperé lo que antes había perdido en Betevé, por un cambio que hubo en la dirección. Aquello de coger la cámara, ir a grabar, volver a la redacción y montar era el trabajo que me apasionaba en ese momento. Me gustaba hablar de fútbol, sí. Pero igual que de música o literatura. Disfruté mucho en Barça TV. Además, vengo de una familia culé y muy futbolera.

En mi caso no tengo problema en reconocer que el periodismo deportivo actuó en mi vida como vía de escape a la frustrada profesionalidad futbolística. Es curioso cómo el fútbol puede despertar otras vocaciones. ¿Crees que soy el único?

[Risas] Al final lo que importa es tener amor por el fútbol, como con cualquier otra afición. Si te gusta y te respetas a ti mismo, lo más normal es que termines vinculado de alguna manera. La fantasía de muchos niños de querer ser futbolistas en muy pocos casos se cumple, pero también la de ser músico, actor, escritor o director de cine. Una cosa son los objetivos y otra muy diferente la realidad a la que nos tenemos que enfrentar.

El fútbol es bonito, también de escribir.

Exacto. El fútbol es un fenómeno que se puede encarar de muchas maneras, no solamente desde el juego. Nosotros mismos lo hacemos trascendente, pues acumulamos un sinfín de perspectivas diferentes respecto a él. Creo que el fútbol puede recibir un punto de vista enriquecedor a través del cual identificar valores educativos o, por ejemplo, la posibilidad de ver los absolutos.

 

“Si te gusta y te respetas a ti mismo, lo más normal es que termines vinculado al fútbol de alguna manera. A mí me gusta hablar de fútbol igual que de música o literatura”

 

Por cierto, he leído que jugaste en los Escolapios de Sarriá. ¿Un Carabén en la ‘cantera’ del Espanyol?

[Risas] Sí, me di cuenta muy tarde. Era realmente una cantera del Espanyol, aunque no de forma oficial. La mayoría de niños eran pericos, estaban sobrerrepresentados en relación al porcentaje que hay en la sociedad. Pero, lógicamente, no tuve ningún problema con eso. El director de la escuela era Laureano Ruiz, que había sido entrenador del filial del Barça en la época de Cruyff. Mi padre lo había conocido.

Doy por sentado que estás al día del Barça, tu apellido casi que te obliga. ¿Qué te parece la llegada de Koeman? Los holandeses aquí acostumbran a funcionar.

Le deseo lo mejor a Koeman, porque soy culé y porque es un mito del barcelonismo. Pero el problema no es él, sino la directiva. Un entrenador puede ser más o menos cruyffista, pero si la dirección no le apoya ni le ficha lo que quiere, poco podrá hacer. Les ocurrió lo mismo a Valverde y Setién. El club no tiene las cosas claras, así se demuestra en su errática toma de decisiones. Con los directores deportivos ha ocurrido lo mismo: a Zubizarreta se lo cargaron por una crisis de resultados, luego llegó Robert Fernández y le pasó un poco lo mismo. Han ido cambiando porque no tienen una idea clara. Si la tienes, mueres con ella. En una estructura donde las ideologías están claras, un técnico como Koeman sería perfectamente válido, lo mismo con Valverde o Setién. Lo que pasa es que estos pobres entrenadores siempre están colgando del humor del presidente y sus directivos, que hace tiempo que abandonaron el credo cruyffista, aquel que nos propició los momentos máximos de gloria. Eso ha terminado afectando, no solo al primer equipo, también a las categorías inferiores.

Dicen que el estilo de Koeman se asemeja más al de Van Gaal que al de Cruyff. ¿Estás de acuerdo?

No lo sé. A nivel táctico le tendrías que preguntar a un experto. Lo que sí te puedo decir es que la idea futbolística de Van Gaal es muy parecida a la de Johan, lo que es diferente es la manera de ponerla en práctica y de gestionar el grupo y el talento. Al final acaban siendo equipos muy diferentes. El de Van Gaal funciona de una forma casi militar, más rígida, y el de Cruyff con un cierto liberalismo. Van Gaal nunca fue gran cosa como jugador ni estuvo en contacto con grandes talentos. Difícilmente podía entender las peculiaridades de un tío con carisma o con una personalidad fuera de lo normal. Se demuestra en los jugadores que tuvo, pues necesitó contar en el Barça con futbolistas que él mismo había formado desde niños. Era una especie de maestro de escuela. De hecho, cuando estuvo en otros grandes clubes, con grandes estrellas, tuvo problemas para hacerlos jugar a su manera, precisamente por eso, porque no le debían nada. Podía incluso generar conflictos. Cruyff, al haber sido un mega crack del deporte, sí que sabía tratar con las vacas sagradas. Era capaz de convencer a los grandes jugadores de participar para el bien del conjunto. Pero, si recuerdas sus ruedas de prensa, siempre machacaba a los buenos. En el vestuario tenía mucho tacto, pero en público les metía caña.

¿Qué tiene David Carabén van der Meer de holandés, además del apellido y la ascendencia materna? ¿Hay algo en su carácter?

[Risas] No lo sé. Desde pequeño, con mi primo Marc, que somos de padres holandeses, siempre hemos estado en contacto con sus costumbres y tradiciones: las fiestas, el horario, la comida… Algunas de ellas son completamente diferentes a las nuestras. Sobre el carácter, sí te puedo decir que existe ese rasgo: el de tener las cosas muy claras. Quizás Van Gaal sea la caricatura, pero los holandeses, en general, son un libro abierto. Siempre sabes qué pretenden y cómo lo harán. En ese sentido, Koeman estaría cerca de Van Gaal por eso de no tener miedo a manifestar sus ideas y estar dispuesto a defenderlas contra viento y marea, lo cual es fantástico para conducir un grupo. Lo bueno de Johan es que era menos tozudo, tenía más mano izquierda. Además de contar con esa disciplina holandesa y el hecho de tener las cosas muy claras, era muy pillo y le gustaba jugar. Los grandes jugadores de la historia tienen eso: Di Stéfano, Rummenigge, Messi, Xavi… Son tipos que tienen todo el equipo en la cabeza pero que en cualquier momento pueden improvisar, salirse del guion.

 

“El problema no es Koeman, es la directiva. Un entrenador puede ser más o menos cruyffista, pero si la dirección no le apoya ni le ficha lo que quiere, poco podrá hacer”

 

En su día, uno de los encargados de implantar la doctrina cruyffista en la cantera azulgrana fue Laureano Ruiz, de quien me hablabas antes a tenor de tu coincidencia con él en los Escolapios de Sarriá. ¿Quién crees que se encarga ahora de ello? ¿Existe esa figura?

No conozco el día a día de la Masía, pero sé que muchas de las grandes figuras de esta tradición ya no están. La actual directiva no ha tenido la sensibilidad de defender ese modelo y por ello se ha marchado gente importante como Joan Vilà, que fue coetáneo de Johan. Pero no solamente él. Si lees los libros de Martí Perarnau sobre la Masía, verás que muchas personas de las que habla, relacionadas con la implantación del estilo cruyffista, ya no están en el club. Yo lo veo absurdo. De todas maneras, es muy difícil que eso se pierda de manera definitiva, pues la cantera está construida en base a esas ideas.

Barça aparte, no sé si acostumbras a ver fútbol en general. ¿Te interesa?

En otras épocas veía muchísimo fútbol, sobre todo cuando era adolescente. Seguía todas las ligas. Luego, durante mi etapa en Barça TV, lo recuperé un poco. Ahora simplemente veo los partidos del Barça y, cuando puedo, los del City de Guardiola y el Celta de Óscar. Me gustan mucho estos dos equipos.

Tu padre, Armand Carabén, fue dirigente deportivo durante la década de los 70. ¿Qué diría él del fútbol actual?

Creo que se lo pasaría igual de bien. Como en muchas otras disciplinas, el fútbol se ha profesionalizado mucho, lo cual tiene un lado positivo y otro negativo. Por un lado, se ha incrementado mucho el nivel de los futbolistas. Llegar a la profesionalidad es durísimo. Por otro lado, no me gusta tanto eso de ir a buscar talento en los lugares más remotos. Cuando trabajaba en Barça TV, recuerdo que había muchos jugadores que eran hijos de futbolistas. Era como los guardias civiles o los jueces españoles, que tenían todos los mismos apellidos porque su profesión pasaba de padres a hijos. Tampoco habría que llegar a eso, pero sí fijarnos más en los futbolistas de la casa.

En su día, tu padre fue capaz de traer al Barça al entonces mejor jugador del mundo, Johan Cruyff. Creo que el dinero tuvo un peso relativo en la decisión del jugador. ¿Qué crees que les mueve ahora a los futbolistas?

El dinero, como dices, no fue el motivo por el que vino Johan Cruyff al Barça. A partir de un cierto momento, los profesionales ya no miran tanto por eso. A Messi le pasa lo mismo, lo que quiere es ganar, no se mueve por la pasta. Lo que ocurre ahora es que los futbolistas viven dentro de una burbuja. Es como si acabaran de salir de una nevera. Eso es consecuencia de la dimensión que ha alcanzado la industria del fútbol, que separa a los jóvenes de la realidad. El sistema actual no solamente permite esa burbuja, sino que la incentiva. No digo que ocurra con todos, pero sí que es la impresión que se tiene desde fuera.

 

“La idea futbolística de Van Gaal es muy parecida a la de Johan, lo que es diferente es la manera de ponerla en práctica. Koeman estaría cerca de Van Gaal por eso de no tener miedo a manifestar sus ideas”

 

Te habrán preguntado miles de veces por la conocida amistad entre tu familia y los Cruyff, vecinos de El Montanyà. Permíteme que te pregunte por tu último recuerdo junto a Johan.

Tuvimos una conversación en su casa de El Montanyà. En ella tuve la sensación de que se despedía. Era consciente de que ya no iba a durar mucho más. No obstante, encaraba la situación con una sonrisa y con mucho sentido del humor. A su manera. Tenía ganas de ver a toda su gente para tener una última charla. Un último contacto. Ese es mi último recuerdo con él.

Fiesta de San Nicolás en la casa de El Montanyà de la familia Cruyff.

Hay alguna que otra cara conocida en esa foto.

Yo soy el niño que está de pie, con el dedo en la boca. El de dentro del carrito es Jordi y la niña que está de espaldas es Chantal. Detrás están Danny (la esposa de Johan), Wilhelmina (la esposa de Rinus Michels), Neeskens y su esposa Marlis y Johan con la pequeña Susila en su falda. Esto es San Nicolás de no sé qué año, el equivalente holandés del Día de Reyes. Lo celebrábamos siempre en casa de los Cruyff.

¡Menuda comitiva! El Sanedrín del fútbol.

Ya te digo. De la cuna al corazón del ‘Fútbol Total’. Recuerdo mucho esas reuniones. Las recuperamos a finales de los 80, cuando los Cruyff volvieron a vivir a Barcelona. Mientras estaban en Holanda, solo nos veíamos en las vacaciones de verano. Cuando cumplí 18 años, dejé de hacerles de ‘camarero’ [risas]. Los licores y las conversaciones sobre mitos de los adultos ya no me impresionaban tanto.

¿Sigues en contacto con Jordi Cruyff?

Sí. Este verano, por ejemplo, nos hemos visto. También pasamos juntos parte del confinamiento. Pude seguir muy de cerca su fichaje por el Shenzhen FC. La verdad es que nunca hemos perdido la amistad. Ambos formábamos parte de una mini colonia holandesa que había en El Montanyà. Jordi iba a clase con mi primo Marc y nos pasábamos, los tres, el día jugando a la pelota. A veces también venían compañeros de Jordi, de las categorías inferiores del Ajax. Éramos un grupo de cinco o seis chicos muy futboleros. Felicidad pura.

Ya hemos hablado mucho de holandeses. Sobre Catalunya, alguna vez te he oído decir que es un país que se ha acostumbrado a perder, que lo lleva en el ADN. No tanto en el fútbol, ¿verdad?

La historia de Catalunya está llena de sonadas derrotas. Para empezar, el 11 de septiembre, el día nacional, es el recordatorio de una derrota. Nuestra identidad está muy forjada por esa idea. El Barça del siglo XX también tenía eso. No era un equipo perdedor, porque era importante en España, pero su palmarés no se adecuaba a la dimensión del club y de su estadio. Menotti decía que el Camp Nou era como la Ópera de París o el Royal Albert Hall, uno de esos grandes escenarios. De hecho, él mismo habló de urgencias históricas. No podía ser que en el mismo club donde habían jugado Kubala, Cruyff y Maradona, no hubiera una Copa de Europa en sus vitrinas. Cruyff cambió todo eso. Primero como jugador, ganando una Liga tras 14 años de sequía, y después como entrenador, dándonos esa Champions y, sobre todo, esa manera de entender el fútbol. No fue tan importante por lo que ganó, sino por la filosofía, aquella que nos permitía jugar para pasarlo bien, exentos de ese victimismo.

Aunque no lo quieras, siempre acaba apareciendo Johan en tu discurso [risas]. Sobre lo del ADN catalán: ¿crees que Pep Guardiola es el catalán más ganador del mundo?

Pues podría serlo, la verdad. Tiene un currículum acojonante, muchos entrenadores lo querrían. Es uno de los mejores de siempre en su profesión. Pero si hablamos de catalanes ganadores, en fútbol, cada vez hay más. Gerard Piqué, por ejemplo, también podría estar ahí.

Por cierto, volviendo a la música, ¿el fútbol ha sido fuente de inspiración en alguna de tus canciones?

Directamente no lo ha sido nunca. Pero sí podría encontrar un cierto paralelismo entre el fútbol y la música, pues hay aspectos del juego que se asemejan: la manera de asumir el liderazgo, la camaradería, el hecho de que todos los componentes del grupo estén representados… Igual que se construyen jugadas, se construyen canciones y se hace carrera de una determinada manera. De algún modo, ambos, equipos de fútbol y grupos de música, defienden sus colores.

 

“No podía ser que en el mismo club donde habían jugado Kubala, Cruyff y Maradona, no hubiera una Copa de Europa en sus vitrinas. Cruyff cambió todo eso”

 

Ya para terminar, David, ¿qué te ha marcado más en la vida: el fútbol o la música?

Estoy convencido de que el fútbol me ha marcado mucho en la vida. El hecho de haber jugado desde pequeño, tanto en clubes como en la calle, me ha propiciado un carácter determinado y una manera de relacionarme con los demás. Aquello de buscar el colegueo y la unión entre la gente son elementos propios del fútbol. Siempre con actitud de juego, quitándole drama al asunto. Mucha gente me pregunta por qué no comienzo una carrera musical en solitario. Sinceramente, me daría mucho palo y, probablemente, tenga que ver con el fútbol. Prefiero las bandas que los solistas. Aunque parto de una visión personal, de autoría, me gusta la sensación de que hay un grupo de personas trabajando para un objetivo común. Mi visión debe enriquecerse de las del resto. De esta manera, los pianos de Marc o las guitarras de Vega, lucen mucho más. Es necesario comprender el propósito de todo el mundo, no solamente el individual. Juntos, las canciones toman mucho más significado. Así funcionamos en Mishima.

Eres un músico que ejerce de periodista. Sin embargo, en tu currículum, de formación, aparecen las Ciencias Políticas. Curioso. Podríamos decir que eres un tipo polifacético.

Mira, empecé estudiando Derecho porque no sabía qué cojones hacer. Mi padre lo hizo y, como le fue bien en la vida, pensé que podría repetir la misma fórmula. Lo de las Ciencias Políticas fue más por un interés filosófico que por entrar en la administración. En aquel momento, era una carrera que me permitía entender la sociedad en la que vivimos; su comportamiento, su historia y sus distintas formas de poder. No sé si soy una persona polifacética, como dices. Quizás un indeciso o, como diríamos en catalán, un cagadubtes.


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Fotografías cedidas por David Carabén.