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Botas nuevas: un viaje al pasado

Comienza la pretemporada y tus viejas botas han dicho basta. Debes decidir si es mejor dejarlo o comprarte unas nuevas para no apagar la llama del fútbol

botas nuevas

El verano tiene vida propia. Es como ese tráiler de película donde se acumulan todas las escenas emocionantes. Si pudiéramos tener un disco duro repleto de momentos felices que nos han ocurrido a lo largo de nuestras vidas, muchos de ellos sucederían entre junio y septiembre. Romances, viajes, playas, ferias, mojitos, gazpachos. Para los fatigas del fútbol –como es mi caso– que no cerramos por vacaciones, es una estación idónea para volver a creer. El inicio de una nueva temporada, otro entrenador, compañeros diferentes y calzado renovado. Comprarse unas botas nuevas significa trasladarse en el tiempo a una etapa memorable de periódicos en papel y de teletexto. Da igual que la tienda que más visites sea el súper de abajo, que tengas tres hijos y una hipoteca. La satisfacción al abrir esa caja de cartón, desenvolver el papel transparente y ver detrás unas botas relucientes, es inagotable. Puedes cansarte de ir a PortAventura, de ver películas de Netflix y de comer en el McDonald’s, pero nunca dirás que no a verte con las nuevas Nike Tiempo.

 

Si para Juan Villoro “elegir un equipo es una forma de elegir cómo transcurren los domingos”, para ti, comprar unas nuevas botas es viajar al pasado y decidir que el niño que fuiste va a seguir jugando

 

Sonny Vaccaro, el hombre que fichó a Michael Jordan para la marca estadounidense, dijo que “un zapato es solo un zapato hasta que alguien se lo calza y adquiere valor”. Amarrarse unas botas recién estrenadas tiene olor a pretemporada. A historia por escribir. Significa que la pelota sigue rodando y que tú continúas corriendo. La llama del fútbol se mantiene encendida gracias a momentos como ese. Son los retales de ilusión de futbolistas frustrados. De jugadores currantes que marcan goles en un mundo terrenal. Que entrenan porque quieren y que llegan molidos al trabajo los lunes. Aunque las botas de hoy parezcan de plástico y pesen menos que un agapornis, cuestan tanto que te dan la opción de pagarlas a plazos. Caras como vivir en un verano perenne. Pero tú vuelves a dejarte la cartera una vez más. Si para Juan Villoro “elegir un equipo es una forma de elegir cómo transcurren los domingos”, para ti, comprar unas nuevas botas es viajar al pasado y decidir que el niño que fuiste va a seguir jugando.

 


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Fotografía de Getty Images.