¿Recuerdas qué ocurrió en la temporada 1995-96? ¿Recuerdas cómo la Juventus se proclamaba campeona de la Champions League tras ganarle al Ajax 4-2 en la tanda de penaltis? ¿Recuerdas al Atlético ganar la liga con 87 puntos?  ¿Y a un joven Ronaldo levantar el galardón al mejor jugador del mundo por segundo año consecutivo? Lo que seguramente no recuerdas es la octava edición de la Liga Nacional de Fútbol Femenino. Muy probablemente, ni eras consicente de su existencia. Y mucho menos aún recordarás que fue la primera temporada al máximo nivel de una adolescente llamada Alicia Fuentes. Ya han pasado 25 años. Y aquella chica de entonces ahora tiene 40 años pero sigue derrochando la misma ilusión y pasión por el fútbol y disfrutando de la Liga Iberdrola con el Sevilla. Después de media vida jugando, nuevos retos le siguen motivando para el futuro.

¿Cómo te iniciaste en el fútbol?

Empecé a jugar en el colegio. El recuerdo de mi infancia es siempre en el patio jugando a fútbol con los demás niños. Y si no había nadie con quien jugar perfeccionaba mi golpe sola en la calle, delante de mi portal. Después estuve en el equipo de mi pueblo hasta que un día vino a vernos  un monitor que conocía al presidente del Málaga. Me invitaron a jugar con ellas un partido amistoso y me cogieron. Tenía 15 años.

¿Qué prejuicios habían cuando comenzaste a jugar?

Soy de un pueblo pequeño de Málaga donde habitan personas mayores y con una mentalidad un poco cerrada. Y yo siempre estaba con los niños y un balón. Algunas vecinas -sobretodo porque les molestaba que jugase delante de mi puerta- me decían ‘deja la pelota y vente a fregar’. Es evidente que era un comentario machista pero ahora que han pasado los años están muy orgullosas de mí y me han apoyado mucho.

¿Quiénes eran tus referentes?

Cuando empecé a jugar no habían referentes femeninos. Me gustaban Redondo y Raúl. Pero poco a poco, iba conociendo la historia del fútbol femenino. Se hablaba de Mia Hamm, una delantera estadounidense. En la selección me fijaba en las veteranas. Auxi era solamente cuatro años mayor que yo, pero me gustaba mucho su manera de jugar. Compartí años y títulos con ella y se convirtió en una referente. Aprendí mucho de aquellas temporadas con ella.

¿Cómo fue tu etapa en el Málaga?

Lo significó todo para mi. Allí comencé a amar el fútbol. Los inicios fueron difíciles porque entrenábamos en campos de tierra. Se le añadía la complicación de que yo vivía en un pueblo y mis padres no tenían coche. Muchas veces tenía que ir en autostop, a veces me traía el entrenador y otras mi hermana cuando salía del trabajo. Con 15 años eso era complicado por la preocupación que tenían mis padres con mis estudios. Pero esta etapa me enseñó que tenía que ponerle todas las ganas para conseguirlo. De ahí vienen mis ganas de aprender y de ser mejor. Mis compañeras me animaron, y Manolo, el entrenador, me educó en el respeto, el esfuerzo y el compañerismo. Me hizo entender que aquello era lo que quería hacer. Me enamoré de formar parte de un equipo. Es lo que todavía me motiva a seguir compitiendo.

 

“Me enamoré de formar parte de un equipo. Es lo que todavía me motiva a seguir compitiendo”

 

¿En qué momento pasas de entender el juego como un hobby a querer dedicarte a él de manera profesional?

Un día me llamó el Levante, por aquella época Auxi y yo jugábamos juntas en el Málaga. A Antonio Bescansa le gustó Auxi y la fichó. Ella le recomendó que me viese jugar. Fui a entrenar con ellas y ya me quedé. Fue entonces cuando empecé a creer que era posible ser futbolista. Fue mi primer sueldo y mi primer contrato. La transición de un equipo amateur a uno profesional. Entrenábamos en el Ciutat de València. Pero no había la repercusión de ahora. Conseguimos títulos y batimos récords. Fue una etapa muy bonita. Antonio es uno de los entrenadores de los que guardo mejor recuerdo. Me enseñó a dar lo máximo de mi misma y me enamoré todavía más del fútbol. Además, a partir de su liderazgo, comenzó mi deseo de dirigir a un equipo. Ahora que estoy finalizando mi carrera, esto me anima a seguir formándome para ser entrenadora.

¿Cómo fue vivir el primer Europeo de la selección española?

El Europeo fue espectacular. Empecé con la selección en el 97, con 17 años. Al ser joven no tuve los minutos que quisiera. Pero fue mágico. Nunca había estado tan preparada físicamente ni mentalmente como en aquella ocasión. Fue otro asalto a nivel profesional. Me percaté de que el fútbol femenino no tenía techo, debía de seguir formándome y creciendo. Eso ha hecho que alargue tantos años mi carrera. Siempre tuve retos y motivaciones. La selección me enseñó a amar este deporte más. Cualquier futbolista quiere representar a su país en una competición de estas dimensiones. Aunque no tuvo repercusión mediática fue un boom. En mi pueblo pusieron una calle con mi nombre. Ese año también conseguimos el triplete con el Málaga.

¿Qué recuerdos guardas de tu primera etapa como sevillista?

Cada club por el que he pasado ha sido una experiencia enriquecedora. Después de un año de transición en el Estudiantes de Huelva, nos llamó Borrás. Se creó el equipo en conmemoración del centenario. El club se volcó. Sebastian Borrás hizo que llegáramos muchas jugadoras y formáramos un grupo compacto y unido.  Nos quedamos a un gol de ganar la liga. Me enamoré de los valores que transmitía el club. Vivir el himno que encandiló no sólo al sevillismo sino a todo el mundo fue alucinante… Yo soy malagueña, en el Málaga viví mis comienzos, pero podríamos decir que el Málaga es mi mamá y el Sevilla mi papá.

¿Todos los clubes españoles compiten en las mismas condiciones?

El Barça fue el primer club profesional en el que estuve. Ahora sí que tengo las mismas condiciones que tuve allí, pero diez años después. Ahora somos un producto muy vendible. Los inversores  quieren que seamos rentables. Si se hubiesen dado cuenta antes ahora podríamos competir con otras ligas de Europa. Pero lo importante es que aunque la evolución ha sido lenta, ha sido buena. Y se está notando. La prueba está en la afición que hubo en San Mamés o en Anoeta. Espero que dentro de unos años haya mucha afición que venga a vernos y disfrute haciéndolo. Que se llama femenino porque lo jugamos las mujeres, pero debería de desaparecer la etiqueta.

¿Nunca pensaste en hacer trayectoria fuera de España?

Lo pensé al conocer a Parejo durante el Europeo. Ella jugaba en Italia y cobraba. Era un reto que me puse pero no pude conseguirlo. No tenía representante y las circunstancias no eran las idóneas. Estaba muy bien en los equipos en los que jugué y continué la carrera aquí. Años más tarde, me hubiese gustado ir a Estados Unidos. Envié curriculums a algunos equipos pero querían verme. En aquellos momentos no podía pagarme vuelos ni tenía vídeos que enviarles. No quería ir a ciegas. Aunque igual tengo esa oportunidad como entrenadora.

Ahora eres una referente para las canteranas que hay en el Sevilla, como Olga y Vicky. ¿Qué les aporta tu presencia?

No sé si les aportó confianza o seguridad pero trato de ayudarlas siempre. Ellas aprenden muy rápido. Siempre les insisto en que aprovechen la oportunidad para absorver todo lo que tienen. Con Olga y con Vicky llevo muchos años. Creo que ser veterana no me pone por encima de ellas. De hecho, me fijo en su potencia y descaro. Mi cuerpo no me permite hacer lo mismo, pero intento contagiarme de su energía.

Después de un inicio de liga muy complicado, Cristian Toro os ha dado un empujón.

La gestión de un grupo es lo más complicado. Los dos entrenadores que habían antes trataban de transmitir sus ideas. Esta temporada, personalmente, no me sentía cómoda. Aunque ya nos entrenaron la temporada anterior no era lo mismo. No había buenas resultados y se creó una mala dinámica. Era necesario el cambio. El fútbol es así. Cristian ha venido con muchas ganas. Ya tenía la experiencia en otro equipo de nuestra liga con condiciones similares. Tiene unas características perfectas como técnico: pasión, energía y ganas de luchar hasta el final. Un equipo en una situación complicada necesitaba un entrenador así. Tiene una idea clara y le pone intensidad para llevarla a cabo. Vamos a sacar esto adelante.

Por primera vez después de 25 años como profesional, una lesión te aparta de los terrenos de juego. Y ha coincidido con las semifinales de la Copa de la Reina.

Cualquier futbolista desea jugar un partido así. Son los partidos bonitos. Y estaba muriéndome de rabia por no poder estar allí. Por ni siquiera haber podido presenciarlo. Había una motivación extra por jugarlo en Anoeta. Fuimos para darlo todo. Queríamos pasarla. Y todo el sevillismo nos daba fuerzas para enfrentar el partido con ganas.

¿Qué está haciendo bien el País Vasco para lograr récords de audiencia que no se consiguen en ningún otro lugar?

La mentalidad del País Vasco es lo que lleva a tener esas cifras de asistencia. De todos los lugares que he estado, Lezama siempre ha sido el campo con un ambiente más sano y enriquecedor para el fútbol. Supongo que están más involucrados por algún aspecto que desconozco. Muchos otros clubes han abierto sus campos y ninguno ha llegado al nivel de San Mamés. De hecho, uno de los partidos que más recuerdo, fue uno que jugué con el Barça en el viejo San Mamés. Vinieron 9.000 personas y sentí aquello como algo espectacular.

“Hay que darles oportunidades a las entrenadoras, no por ser mujeres sino porque están preparadas”

¿En qué momento te das cuenta del cambio que se está dando en el fútbol femenino?

El punto de inflexión fue el Mundial, nos miraba el planeta entero. El trabajo de la FIFA, la UEFA y la federación con campañas para potenciar el fútbol femenino también influye. Tengo recortes de periódicos de hace muchos años, pero muy puntuales. Ahora es cuando se está haciendo un seguimiento a la Copa de la Reina, a la Liga Iberdrola y a las competiciones internacionales.  Es lo que necesitábamos. Que no fuese en eventos puntuales. Con el Levante fuimos campeonas tres  veces de la Copa y dos de la Liga y nadie se hacía eco. La regularidad es lo que está haciendo que el fútbol femenino crezca.

¿Qué importancia tienen los medios de comunicación?

Lo primordial es que haya televisiones que visualicen nuestros partidos. Los medios escritos también importan pero lo que más interesa a los seguidores es poder verlo. Es lo que está haciendo que el aficionado que no pueda acudir pueda saber como hemos jugado. Tenemos muchos aficionados que no pueden desplazarse.

¿Crees que pronto podrán verse todos los partidos de la Liga Iberdrola?

Ojalá. Sería la prueba que determinaría que estamos a un nivel muy alto en relación a todo lo que rodea el fútbol femenino. Que tengamos estadios en condiciones. Para las futbolistas, hay campos que no están en condiciones. Tampoco para los aficionados  ¡Algunos estadios no tienen asientos!. Pero se está trabajando para que se solucione. Formo parte de la AFE y estamos luchando para que todo esto mejore. También tenemos que luchar para cotizar y tener seguridad laboral asegurada. En 25 años jugando sólo he cotizado durante mi etapa en el Barça y en la del Sevilla. Tenemos que intentar que al acabar la carrera tengas las necesidades cubiertas porque, al fin y al cabo, somos  trabajadoras.

Como miembro de la AFE, ¿crees que se avanza hacia la elaboración de un Convenio colectivo para el fútbol femenino?

Creo y espero que sí. Estamos negociando con la patronal y viendo los puntos que aparecerán. La idea es que pronto nos entendamos y que hayan por lo menos los puntos claves. Tenemos prisa pero lo esencial es asentar bien las bases y no hacerlo por hacer.

Debido a tu pronta retirada y tu deseo de ser entrenadora, ¿te asusta el hecho de que tan pocos clubes apuesten por entrenadoras mujeres?

No me da miedo, los datos están para revertirlos. Pero sí que me da un poco de pena que no hayan más entrenadoras ejerciendo porque las hay buenas. Algunas están emigrando a China o Estados Unidos. Hay que darles oportunidades, no por ser mujeres sino porque están preparadas. Nos tenemos que formar, es lo que voy a hacer. Ojalá se me dé la oportunidad. Quiero ser entrenadora porque amo el fútbol. Si no fuese futbolista no sería feliz. Es lo que me va a seguir llenando. Y no creo que esto cambie. Por eso quiero dedicarme a ello. Aunque aún no sé cuando me retiraré.