¿Cómo ha cambiado el fútbol femenino? Todavía lejos del lugar que merece, creo que todos coinciden en que el crecimiento de este deporte ha sido exponencial en los últimos años. La profesionalización de diferentes ligas, la apuesta de muchos clubes por esta disciplina y las apariciones cada vez más constantes en el espectro televisivo auguran un camino que, sin estar libre de piedras, parece que se allana con el paso de los años. Sin embargo, y como también es sabido, los inicios no fueron sencillos. Arantza del Puerto (San Sebastián, 1971) lo sabe bien.

La exjugadora vivió el crecimiento del fútbol femenino durante 25 temporadas en que combinó su club de toda la vida con la selección española. Fue histórica en ambas instituciones. Con el Añorga levantó títulos y convirtieron el equipo en una referencia del fútbol femenino en España. Con la ‘Roja’, por otro lado, creció hasta ser la futbolista que más la había representado. Y así fue, de hecho, hasta que llegó Marta Torrejón.

Pasó de entrenar en ikastolas a jugar en campos de fútbol 11. En las peores situaciones y con muchas dificultades. Nada de césped. Gravilla, tierra y un balón Mikasa. Una experiencia que no cambiaría por nada. Una aventura que empezó, muy joven, en el club de su vida…

Fichas por el Añorga a los 9 años, tengo entendido. Empiezas tú carrera allí. ¿Cómo fue aquel momento? Porque imagino que fichaje, fichaje, no sería… 

No, bueno. Fichaje no fue. Yo empecé a jugar en el Añorga a esa edad. Pero porque vivía aquí, en Añorga. Me enteré de que iban a sacar un equipo y me apunté para jugar. Cuando nació el equipo, jugábamos la gente del barrio.

Aquella era una época donde el fútbol femenino no estaba bien visto. ¿Te encontraste muchas trabas? 

¿De mi familia? Por parte de mi familia, ninguna. ¡Al contrario, mi padre estuvo de delegado en el equipo! Pero a nivel social, sí. Las mujeres en el fútbol no estaba bien vistas. Éramos “marichicos” o “marimachos”… ¡O no sé la expresión que más te va a gustar! Pero yo nunca he tenido ningún problema. Sí que muchas veces oías algún comentario desafortunado… Pero al final yo hice lo que me gustaba y los comentarios no son más que anécdotas. ¿Era eso lo a lo que te referías?

Sobre eso último iba la pregunta. A nivel social, sí. 

Pero eso ha ido evolucionando, afortunadamente. Y ahora está bien visto y se potencia que la mujer haga deporte en general. Y que se rompa esa barrera. Porque al final, parece que el fútbol siempre ha sido algo del sexo masculino y eso hace que los inicios fueran difíciles. Además porque había pocos equipos, no se hablaba de ello, había pocas ayudas… ¡Imagínate que nosotras empezamos jugando en la playa! Te tocaba jugar en el Pico del Loro (Guipuzkoa) un día de Reyes a las ocho de la mañana. ¡Y tenías que estar ahí! Pasamos frío todo lo que hayamos querido y más. Pero son épocas y a cada uno le toca vivir la suya.

Justo te iba a preguntar ahora por esa anécdota de la playa. 

¡Fua! Aquello… Imagínate. Con nueve o diez años, día de reyes. A las ocho de la mañana. Hacía un frío allí que teníamos los cordones con escarcha. Llegábamos a las cabinas a cambiarnos y allí nos esperaba una mujer que se portaba muy bien con nosotras. ¡Nos ayudaba a quitarnos las zapatillas porque éramos incapaces del frío que teníamos! Así que sí. Frío hemos pasado todos. Pero supongo que eso le pasaría también a los chicos, ¿no? Lo que pasa es que como a nosotras nos mandaban siempre al último campo, pues parece que éramos las desterradas. Y claro. En la playa. Que te subía la marea y ya un cacho de campo se te perdía…

Por que al principio de tu carrera, tú empiezas jugando en la playa, ¿no? Que no es que aquello fuese un torneo puntual…

Sí, sí. Es que yo cuando empiezo a jugar al fútbol, allí no había ni campeonatos. Éramos cuatro equipos y empezamos jugando en la playa. Lo que ahora es el deporte escolar o el fútbol escolar que muchas veces lo juegan en la playa, pues lo mismo con nosotras… ¡Fútbol playero!

¿Y cómo fue el salto de pasar de jugar en la playa a terrenos de juego que me imagino que serían de tierra o césped?

¿Césped? ¡Por favor! Aquello era gravilla. Gravilla y tierra. En aquella época, campos de césped artificiales había contados. Y por no hablar de los de hierba natural. Aquellos estaban solo para verlos, admirarlos y no tocarlos. En esos campos solo jugaban los equipos que estaban en las máximas categorías. Para el femenino, entonces, era impensable.

Pero bueno, aun así, el gran cambio es que pasamos de la playa a fútbol 11. Y ahí notabas el campo porque se hacía grande. Pero jugábamos en gravilla. Nosotras habíamos llegado a jugar como locales en Arane, campo de Usurbil. Y aquello era tierra.

Y siendo tú central, cuando había que lanzarse al suelo a cortar un balón… No es lo mismo que ahora. 

¡No! Pero tampoco creas que me lo pensaba, ¿eh? De allí salías y siempre tenías las heridas de guerra. Las rodillas llenas de postillas. Que parecía que se te estaba curando, llegaba el fin de semana y ¡pum! Otra vez la herida abierta. Los muslos también rozados de heridas… ¡Pero bueno! Son heridas de guerra. No creo que haya que darle tanta importancia. Sin más… Pero hombre, no es lo mismo tirarte en un campo de hierba a cortar un balón que en un campo de tierra o gravilla. Pero es que no lo pensaba. Hacía lo que tenía que hacer.

Pasaste toda tu carrera en el Añorga KKE. Algo que, ahora, no es demasiado habitual. Las jugadoras suelen ir saltando de club en club. ¿Qué te motivó a permanecer ahí toda tu carrera?

Bueno… Es que yo cuando empecé tampoco había demasiados clubes a los que ir. Empecé jugando en el Añorga y nunca me dio por pensar en irme a otro sitio. Al final, aquí nuestro rival más directo era el Oyarzun… Entonces las jugadoras de aquí, o iban al Añorga o al Oyarzun. Pero yo nunca me planteé cambiar. Estaba a gusto. Estaba bien. ¡Contenta! ¿Para qué iba a cambiar? No había ninguna necesidad. No es como ahora, que hay más clubes en primera división como la Real Sociedad. Entonces, claro que se producen más fichajes y esas cosas. Antes jugábamos porque era nuestro hobby y lo hacías donde estabas a gusto.

Antes me has dicho que tu llegada al Añorga no fue un fichaje. Entraste cuando se formó. Aun así, levantáis tres títulos en la máxima competición liguera y tres Copas de la Reina. ¿Eso lo podías esperar cuando empezaste?

No, qué va. La verdad es que cuando empecé con nueve años si alguien me dice “vas a llegar a esto, o conseguir lo otro…” Pues no. Estás jugando a un deporte que te gusta, que disfrutas con él y no ves más allá. Claro que a medida que vas avanzando categorías empiezas a jugar en Nacional, Copa de la Reina… Superliga… Otro nivel, pero es que nos juntamos una generación buena con un equipo muy bueno.. ¿Y a quién no le gusta ganar? Es que salíamos cada partido a ganar. Y los resultados, pues acabaron llegando.

¿Cuál fue el título con el Añorga que más sentiste?

Pues generalmente se dice el primero. La primera vez que quedas campeona de la liga nacional o la primera vez que levantas la Copa de la Reina. Al final todos los títulos son importantes, pero siempre se destaca el primero porque siempre parece que es el que más ilusión hace. Pero no puedo destacar ninguno porque todos son importantes.

Ahora son muchas más, las chicas que se animan a jugar a fútbol. Pero en tú generación… ¿Cómo llegasteis a juntar a tantas mujeres con tanta calidad?

Pues porque tampoco había tantas opciones donde ir a jugar. Y el Añorga, en el fútbol femenino, siempre ha tenido nombre. Las que querían jugar, pues venían. Entonces nos íbamos juntando y creamos una familia.

Llegaste a ser capitana de aquel equipo. ¿Qué significaba para ti? 

Llevar el brazalete de capitana, con aquel equipo, era un orgullo.

Comentaste también, hace unos años, que muchos de los entrenadores que teníais tampoco eran federados y su trabajo fue esencial para que el fútbol femenino también creciese. ¿Qué puedes decir, por ejemplo, de Carlos Romero?

Pues a ver, que nosotros llegamos a donde llegamos y conseguimos lo que conseguimos en parte por él. Si él no hubiese cogido el equipo y no hubiese empezado, pues igual el femenino del Añorga no hubiese sido lo que es ahora. Al final, él apostó por nosotras cuando sacamos el equipo. Y Carlos estaba entrenando a los chicos… Pero dio el paso de apostar y decir “No, vamos a sacar equipo femenino, que aquí hay chicas que quieren jugar y yo me encargo”.

Lo hemos comentado. Ganasteis campeonatos y es innegable que el Añorga es uno de los equipos referencias del fútbol femenino español. También tiene una cantera muy prolífica… Pero ahora el equipo está en segunda. ¿Qué crees que le ha pasado?

A ver, ten en cuenta que cuando salió la Real Sociedad femenina, se convirtió en el equipo de referencia en Guipuzkoa. Entonces, el Añorga siempre va a tener buen nombre dentro del fútbol femenino… Pero cuando sale una jugadora que destaca… Antes igual venía a jugar al Añorga, pero ahora se iría a la Real Sociedad. Es a lo que aspiran ahora las futbolistas. También es algo que nosotras no teníamos antes.

 

“Los balones eran diferentes… Antes teníamos los Mikasa. Estoy convencida que hoy a muchas chicos y chicas les pones un Mikasa y son incapaces de golpearlo”

 

Vamos, también, a tu juego. Zumei Bilbao te definió como una central tranquila y afirmaba que tu mejor virtud era estar siempre bien colocada. También habla de un buen golpeo de balón y excelente rematadora… De todas estas virtudes… ¿Con cuál te quedas tú?

Hombre, pues… ¡Una buena colocación ayuda mucho! Saber estar y saber estar en defensa. Estar tranquila y no tener miedo de perder el balón y que te metan un gol, también. Sobre todo eso. Estar bien colocada y tranquila. Fíjate que cuando había penaltis, a mi siempre me gustaba tirar el último. Es el típico penalti que nadie quiere tirar porque te lo juegas todo y si fallas puedes perder el campeonato. Pero nunca me ha dado miedo y los tiraba yo. Además me decían que cabeceaba muy bien. Que era de las que iba a buscar el balón y que lo hacía mejor que muchos chicos. ¡Pero es que, además, me gustaba rematar de cabeza! ¡Pegar el salto y darle de cabeza!

¿Ha cambiado mucho la posición de central desde entonces?

Sí, pero es lógico. Antes los entrenadores no estaban titulados. Eran personas que se dedicaban a dirigir solo por pasión y a las que les estamos muy agradecidas. Pero ahora en cambio, en el deporte femenino, los profesionales ya están muy bien formados. Entonces las jugadoras tienen más control de médicos, nutrición, peso… Antes nosotras nos levantábamos, nos íbamos a estudiar o trabajar y a las ocho de la tarde, el entrenamiento. Y era a esa hora porque era a la que podíamos librar. Ahora las futbolistas están más preparadas, con mejores entrenamientos, revisiones médicas… Antes nos cuidábamos como buenamente sabíamos. Y eso ayuda mucho a que la posición haya evolucionado.

También, antes una jugadora se ponía a jugar a fútbol con 14 años. Ahora ya hay escuelas de fútbol que admiten y trabajan para que las chicas puedan empezar a entrenar siendo mucho más jóvenes. Antes, eso, era impensable. Es que no había ni categorías. Con 14 años te tocaba jugar con gente de 32 o 33 años. Había mucha mezcla. Eran épocas. Pero para que el fútbol femenino esté ahora donde está, había que jugar en esas condiciones.

¿En los campos de gravilla?

Sí. Los campos eran de tierra. Los balones eran diferentes… No son los de ahora. Antes teníamos los Mikasa. Estoy convencida que a muchas chicos y chicas les pones un Mikasa y son incapaces de golpearlo. Anda que no hay diferencia entre los balones de antes y los de ahora. ¡Es que es verdad! Esas cosas también han ido evolucionando con el tiempo. Puedes pensar que son tonterías, pero tú le pegabas a aquel balón y sabías donde iba.

Los balones de Mikasa siempre han tenido esa fama…

Sí. Pero tú le pegabas al balón aquel y sabías dónde iba a ir. Ahora le pegas un poco fuerte y ya empieza a coger efectos. Antes decías: “El balón va ahí”. E iba ahí. De las pelotas se quejan mucho las porteras y los porteros. Que si son ligeros, que si resbalan, que si hacen muchos extraños. Con el Mikasa eso no pasaba. Tú sabías dónde iba.

¡Y que no te pillase cerca y humedecido con la tierra y el agua!

¡Buah! ¡Sí! Pero bueno, ¿ves? Esa fue la época que nos tocó vivir. No tuvimos la suerte de competir en hierba artificial o natural. Es más, nosotras entrenábamos en el patio de una ikastola. Y de ahí pasábamos a jugar a campos de fútbol 11 los días de partido. Imagínate el cambio de tamaño de donde entrenas a donde juegas. Y luego que cuando llovía el patio resbalaba. Y aquello estaba lleno de columnas. No nos pegábamos contra las columnas porque adquirimos un control de eso… ¡Había que jugar con mil ojos! Pero, sobre todo, el cambio de tamaño. Que pasabas del patio al campo y te tenías que adaptar. Era lo que había.

Vamos a repasar también tu paso por la selección. Allí fuiste una fija y, además, fuiste la futbolista con más internacionalidades hasta que te superó Marta Torrejón…

¡Sí! Marta fue la primera. Claro que ahora hay muchos más partidos que antes. Jugábamos un partido cada mucho… ¡Y nos pegaban cada paliza!

¿Si? ¿Cómo era ir con España entonces? 

Al principio sufríamos mucho porque el nivel aquí… Que había equipos muy buenos, sí. Pero que te llegaba Alemania o Suecia y ellas estaban a otro nivel. Eran como galgos que corrían la leche. Y nosotras veíamos que era imposible cogerlas. Tenían características, cualidades… También muchísimos más entrenamientos. Como te he dicho, para nosotras era un hobby. ¡Y no me quejo de haberlo hecho! Pero jugabas contra las suecas… Se empezaban a mover y y ni las veías. Decías: “¿Dónde están?”. Era otro nivel, otra velocidad… Pero ese distancia se ha ido reduciendo. No tiene nada que ver la selección en la que estaba yo a lo que es ahora.

Pero aun así, en la Eurocopa del 97 hacéis historia y quedáis en un tercer puesto que es la mejor posición de España en un campeonato internacional… 

Pues sí. ¡Y lo bueno es que nadie daba un duro por nosotras! No sé si es que también se alinearon los astros… Pero el caso es que Italia se las vio y se las deseó para ganarnos. Además, que creo que la eliminación no fue justa. A pelear no nos ganaba nadie. Aquella Eurocopa dimos la campanada. Si hubiéramos llegado a la final, hubiese sido la leche.

A pesar de haber hecho historia, ¿duele esa eliminación?

En el momento sí. Pero porque creo que las italianas pensaban que nos iban a ganar más fácil. Ellas estaban a otro nivel. Para ellas, el fútbol era semiprofesional. Al final, nosotras íbamos con el papel de ‘perita en dulce’. De los equipos que a una selección le podía tocar, nosotras éramos uno sencillo. Y dimos la gran sorpresa.

¿La selección española actual puede superar ese récord que de momento ostentáis vosotras?

Sí. Creo que sí. Se ve. La progresión que ha tenido el fútbol femenino es increíble y el nivel de la liga española se ve reflejado en la selección. Llega una generación muy joven y con mucho potencial. Están capacitadas para llegar a donde quieran. No se deben poner barreras porque pueden llegar a lo más alto.

Después de 25 años jugando a fútbol te retiras y das el salto a los banquillos. Pasaste por el de Añorga, Zumiako, Irún y Martutene. ¿Qué has aprendido de cada uno de ellos?

Al final, cada equipo es diferente. En Añorga llegué a llevar el nacional femenino, por ejemplo. Entonces conocía a muchas porque había jugado con ellas o estaban en las categorías inferiores… Pero cada equipo o jugador es un mundo y eso no es ni mejor ni peor. Al final, aprendes de todos ellos de formas distintas. Es complicado destacarte algo de cada una de esas experiencias. Pero mira, yo lo que echo en falta y veo en mis equipos es un poco el compromiso. Ahora si les sale un plan, las jugadoras no vienen a los partidos o los entrenamientos. Eso en mi época no pasaba ni de casualidad.

Yo no fui a la comunión de mi hermana. Teníamos partido y teníamos partido. En mi casa me dejaron y ya está. Pero ahora salen con “tengo comida” o “tengo lo otro” y dices: “Jo”. Y ojo, yo respeto que les salgan esas cosas o tengan que estudiar pero es que antes nos organizábamos para no faltar a hacer algo que nos gustaba. Y el fin de semana daba igual que hubiese comida u otra cosa. Si contaban contigo para el partido ya podían montar lo que hubiese que hacer en otra hora diferente. ¡O en un fin de semana donde no hubiese partido!

¿Qué valores intentas inculcarle a tus futbolistas desde el banquillo?

Tienen que entender que es un deporte en equipo y hay que respetar a tus compañeras, a tus rivales y al árbitro. Y entender que todo el mundo se equivoca o que no siempre vas a estar de acuerdo con ciertas decisiones, pero de la misma manera que ellas fallan, el resto también se equivoca. Hay que ser respetuoso en el campo.

 

“De alguna manera hemos colaborado para que el fútbol femenino esté donde esté. Siento orgullo”

 

¿Qué diferencia hay entre la Arantza futbolista y la Arantza de los banquillos?

¡Yo no sería la más apropiada para decirte! Yo cuando jugaba no es que fuese la más rigurosa o la más seria pero me gustaba hacer las cosas bien. Y si no salían bien, me enfadaba conmigo misma. Pero en el campo intentaba corregir ese fallo y desde el banquillo no se puede. Tu ves que alguien comete un fallo y no puedes enfadarte… A ver, puedes enfadarte. Pero lo que les debes transmitir es confianza y que jueguen tranquilas. Que si han cometido un fallo y nos han marcado gol, que yo me enfade no les va a ayudar.

¿Un reto que te hayas marcado en el banquillo?

Pues la verdad es que no me he marcado ninguno. ¿Que me gustaría entrenar a nivel profesional? Pues sí. Pero no es algo que me quite el sueño. Cuando dejé el fútbol, lo que yo quería era seguir vinculada a él, y ahora, cada vez más, hay más entrenadoras en la élite. Pero a mí estar en equipos formativos no me disgusta. Es más, me gusta. Eso depende también del grupo que te toque. Hay gente más habilidosa y gente que no tanto. Y hay que hacer funcionar eso.

En los cursos de actualización siempre digo lo mismo. Yo me saqué la titulación con gente de la talla de Guardiola, Luís Enrique… Y ellos siempre han estado acostumbrados a lo mejor de lo mejor. Es diferente entrenar a un equipo donde tienes a lo mejor de cada casa a entrenar a un grupo de chavales donde los hay más o menos talentosos y tienes que hacer que todos se sientan importantes.

Vamos a ir acabando con unas pocas preguntas. ¿Sigues mucho la Primera Iberdrola?

No mucho, la verdad. Porque muchas veces me coinciden los horarios de mis partidos con los de la liga. Y si no, pues tiendes a ir a encuentros de equipos de tu misma liga… Pero cuando veo que hay alguno en la tele y estoy en casa, pues lo miro. Lo que no te sé decir es quién es la máxima goleadora o detalles de esos.

¿A ti te hubiese gustado verte en la tele cuando jugabas?

Pues hombre… Es que no era la época que me tocó vivir. No es algo que me haya preguntado mucho. Es lo mismo que decir si me hubiese gustado jugar en un equipo actual… Igual si me tocase vivir esta época, no sería ni futbolista. Cuando nosotras estuvimos y ganamos en aquel Añorga que estaba a un muy alto nivel, pues igual le hubiésemos dado guerra a las de ahora. Es que no es algo que me plantee. Pero, sinceramente, no cambiaría la época que viví por la actual. Aunque igual es porque me estoy haciendo mayor.

¿Qué sientes al ver cómo ha crecido el fútbol femenino pero que fue tú generación la que puso la primera piedra?

Orgullo. De alguna manera hemos colaborado para que el fútbol esté donde esté. Pero hay mucho todavía por hacer. Queda muchísimo trabajo y hay que seguir creciendo… Queda todavía mucho por andar