Las finales de la Euro.


 

Dicen los que saben del tema que esto de la memoria, lo de los recuerdos, es un poco un trolleo de nuestra mente. Con el paso del tiempo, la imagen que teníamos de algo se va distanciando de la realidad. Aquella conversación con aquella persona que tanto te marcó, quizá no eran más que cuatro palabras cruzadas al tuntún. El precioso gol que metiste en infantiles puede que fuera un poco más feo de lo que piensas. No te regateaste a cuatro ni de broma, como mucho a un par y gracias. Esa fiesta tan épica, tan legendaria, tan apocalíptica, tan tan, tan todo, solo existe en una mente deseosa de fulminar al Covid para volver a las noches de Apolo.

Y lo de la tergiversación memorística no solo tiene que ver con aquello que proyectamos sobre nuestro pasado, sino también con el figurado acerca de los demás. Es algo que de vez en cuando ronda por mi cabeza cuando entablo una conversación melancólica sobre fútbol. Abrir el baúl de los recuerdos. Pensar en lo imposible que sería regatear a Lilian Thuram, Marcel Desailly o Laurent Blanc. Cuántos partidos costaría marcarle un gol a un equipo con Cannavaro, Nesta, Iuliano, Pessotto y Maldini. Si se podrían contar más de cinco centros del campo mejores que aquel conformado por Vieira, Deschamps, Djorkaeff y Zidane. El romanticismo de contar con dos de los mejores trequartistas de la historia, Del Piero y Totti, en una misma squadra. Solo mencionar sus nombres, aporrearlos en el teclado, provoca algo de vértigo. También un poco de angustia y miedo por si no volvemos a encontrarnos algo igual.

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Pero la cuestión es: ¿no hemos visto ya algo igual? ¿No están tipos como Benzema, Lukaku o Kane a la altura de lo que fueron Trezeguet, Montella o Henry -aquí dejen que lo dude y que mi memoria no admita discusiones-? ¿Una sala de máquinas con Kroos, Gündogan, Kimmich cerca de ellos y Havertz por delante, tiene mucho que envidiar a la de aquella Francia? ¿Y qué decir de Chiellini y Bonucci, los colocamos a la par de las dos zagas de la final de la Euro 2000?

Vaya terreno pantanoso en el que nos estamos metiendo a lo tonto. La memoria y el presente frente a frente en el ring. Un combate entre los que disfrutan del pretérito contra los amantes del ahora. Y alguien que está escribiendo sobre el tema sin saber en qué lado del cuadrilátero preferiría ubicarse. Qué complicado. Pero es que lo de aquella final de la Eurocopa en Róterdam fue una salvajada. Qué emoción lo de Francia luchando contra el reloj para igualar el tanto de Delvecchio. No sé si mis ojos han contemplado un tiro cruzado mejor que el de Wiltord. Me pregunto si habrá algo más bonito y divertido que el formato aquel con los goles de oro. No se me viene a la mente una celebración tan vivida como la de Trezeguet para festejar la victoria. Está clarísimo que aquella final es de las mejores de la historia. O no. Yo qué sé. Maldita memoria.

 


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Fotografía de Getty Images.