Sin más motivo que el de charlar durante dos horas de un fútbol de otra época, más prístino, desconocido y romántico, y el de desempolvar una biografía apasionante, nos citamos en el Club de Tenis Barcino, donde suelen entrenar Carla Suárez y Garbiñe Muguruza, con Justo Tejada (Barcelona, 1933), uno de los pocos ex jugadores que pueden contar en primera persona los últimos coletazos del Barça de las Cinco Copas. Un extremo diestro menudo y enérgico, todavía hoy lleno de vitalidad a sus 83 años, que le servía los balones milimétricos a la cabeza de César Rodríguez (el gran goleador de la historia del Barça hasta que apareció Messi), que compartió confidencias con Kubala y que acabó fichando por el Madrid gracias a la gestión de su amigo Di Stéfano.

Tejada posee uno de los valores más preciados del mundo: la panorámica del tiempo en una cabeza clara para evocar, comparar y ponderar a los más grandes artistas del balón de todos los tiempos. Desde Kubala a Di Stéfano pasando por Luis Suárez, Puskas, Gento, Pelé o Garrincha. Ninguno escapa a su recuerdo. Pero el más grande para él no tiene discusión, y así se lo hizo saber a Don Alfredo, quien asintió en un gesto cómplice: Leo Messi.


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¿Quién ha sido el más grande?

Un tipo que coge la pelota en el centro del campo y que se dribla a todo el equipo contrario e incluso al portero no es normal. El fútbol de Messi no se lo he visto a nadie y mira que llegué a convivir diariamente con dos fenómenos como Di Stéfano y Kubala. Además, yo he jugado al lado de Puskas, Kocsis y Luis Suárez, y contra Garrincha, Pelé, Vavá y Nilton Santos, que eran los mejores del mundo, y solo tengo una conclusión, a mis 83 años: Messi es el más grande. Ha sido un revulsivo futbolístico. Incluso Don Alfredo me lo corroboró en el homenaje que la Federación Española hizo a los campeones del mundo [noviembre de 2010, con la presencia de más de 400 internacionales de la historia de La Roja]. Yo le dije: ‘Alfredo, he visto al mejor de todos los tiempos, y tú ya sabes quién es’, y me asintió con la cabeza. Muchos me critican cuando lo digo pero Guardiola debe darle las gracias a Messi por todos los títulos que consiguió en el Barcelona.

¿Cómo era Di Stéfano?

Era todo carácter y pasión. Un gran profesional, con la cabeza muy amueblada. Él mandaba en el Madrid. Miguel Muñoz, nuestro técnico entonces, antes de los partidos, se limitaba a dar del once, nos daba cuatro instrucciones y siempre acababa con un ‘y qué os voy a decir que no sepáis ya’. Después, salíamos al campo y solo se escuchaba a Di Stéfano.

Aún me acuerdo cuando llegó Didí, todo un campeón del mundo, en 1958. Cogía la pelota, la pisaba, se recreaba, se la quitaban y se quedaba mirando la jugada sin inmutarse. Alfredo montaba en cólera: ‘Eh, Didí, que aquí la única figura soy yo, tu aquí nada, aquí hay que correr’. Y Di Stéfano, el primero, siempre dando ejemplo. En cambio con su amigo Puskas eran todo cuidados. Cuando perdía el balón, el húngaro quería ir tras el rival para recuperarlo y Di Stéfano le gritaba: ‘Pancho, tú no, ya iré yo, tú no te muevas de ahí, porque si corres te cansas y luego no me chutas bien’. Normal, luego se hinchaba a meter goles, y eso que vino con barriga y 28 años. Imagínate si hubiera llegado 5 años antes: le hubieran dado las llaves de España. Además era un tipo sensacional. Le encantaba jugar al mus a todas horas en los viajes.

 

“Di Stéfano representaba la familia y una vida ordenada. Kubala, que me lo quería como a un hermano, era más disperso. Eso sí, cuando se cuidaba, era el más profesional de todos”

 

Usted vivió de cerca el caso Di Stéfano. Era su primera temporada en el primer equipo del Barça.

Yo tenía muy buena relación con Di Stéfano. Él me decía: si hubiera fichado por el Barça, en vez de la estatua de Colón estaría yo. Alfredo vio una seguridad en el Madrid que el Barça no le podía ofrecer. Pensad que Don Santiago Bernabéu y Franco eran uña y carne, y su vicepresidente, Raimundo Saporta, era el amo de España, por lo que tenían las puertas abiertas de todos los estamentos. Además, Alfredo vio que el club azulgrana dudaba, mientras que el Madrid iba a por todas, sin reservas, fuera cual fuera el precio. Y fue una lástima que no jugara con nosotros porque encima se llevaba muy bien con Kubala, les hubiera encantado jugar juntos. Se admiraban. El problema fue que el Barça tampoco se creyó que ese argentino llegado de Colombia con cierta edad acabaría siendo el gran Di Stéfano. Si lo hubieran sabido, se hubieran vendido el campo de Les Corts si hiciera falta porque además el club tenía la razón. Pero no se esperaban que acabara rompiendo la baraja.

También compartió vestuario con otro grande de la época como Kubala. ¿Qué diferencias había entre los dos?

Di Stéfano representaba la familia y una vida ordenada. Kubala, que me lo quería como a un hermano, era más disperso. Eso sí, cuando se cuidaba, era el más profesional de todos. Y era todo un atleta, las mujeres se le tiraban encima. A mí no, claro. Kubala tenía sus altibajos, y a veces, marchaba un lunes y hasta el jueves no regresaba a casa. Suerte que Ángel Mur padre [masajista] y Josep Samitier [secretario técnico] ya sabían dónde encontrarlo. Tenían a los porteros de las discotecas y de los cabarets del Paralel comprados con dos entradas para el partido del domingo a cambio de que les informaran sobre Kubala. Tenemos que entenderlo, no es como ahora: antes el jugador no pensaba en el mañana, vivía al día. Éramos profesionales pero no tanto, ni mucho menos. Ahora lo miran todo: la comida, la preparación, el sueño, la carga de entrenamientos. Tienen un preparador personalizado y 40 médicos dispuestos a analizarles el más mínimo golpe. Yo solo conocí a Daucik de primer entrenador, Llorens de segundo, y Claudio y Ángel Mur como cuerpo técnico. El staff del Barça actual no baja de los 15 o 20 miembros.

Tampoco había envidia o rencillas entre nosotros. No estábamos pendientes de mirar si tú ganabas 40 y yo solo 2. El dinero era importante en nuestra época porque teníamos que comer y mantener a la familia pero no tanto como ahora. Yo jugaba porque me gustaba el fútbol y disfrutaba, y si encima me pagaban mucho mejor. Yo ganaba en el primer equipo 50.000 pesetas al año, y Kubala un millón y medio en los años 50. ¿Tú crees que podíamos pensar en algo más?

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¿Helenio Herrera fue su mejor técnico?

Seguramente. El Mago fue el primero que empezó a hacer un fútbol más moderno. Antes de su llegada, el verano de 1958, yo me dedicaba a hacer de extremo. Me quedaba en mi sitio, y tan solo procuraba driblar y centrar a la cabeza de César o Kubala. Con él, todo cambió. Recuerdo que me decía: ‘Vigila a Gento que es muy rápido. Procura cogerlo tú en el centro del campo. No le dejes todo el marcaje a Olivella’. Estaba pendiente de todos los detalles, tenía a los rivales estudiados y además era un gran motivador. Iba 10 años por delante del resto.

 

“Viajé a la capital y fiché por el Madrid en la casa de Di Stéfano, y sin firmar nada, todo de palabra. Así funcionaba Don Santiago Bernabéu”

 

No hubo manera con la Copa de Europa.

Orizaola se acojonó en Berna. El equipo lo hizo la directiva. Yo no jugué esa final del 1961 pero le dije al míster: ‘Kubala, Kocsis, Evaristo, Luis Suárez y Czibor. Estás poniendo a 5 cracks, 5 vedettes. Dime tú quién va a correr. De estos 5, ninguno’. Y eso que no jugaron mal. Pero piensa que eran 5 arquitectos. Ponme un paleta al menos para que suba los tochos. Aparte de la tremenda mala suerte, también se hicieron cosas mal, no se hizo un buen 11 inicial. Mi bestia negra fue el Benfica porque tanto con el Barça como con el Madrid me privó de conquistar una Copa de Europa. Es una espinita que tengo clavada. Además, fallé un gol con el Madrid, un año después en la final de Amsterdam, que hubiera podido ser decisivo. Con el 2-3 a favor, mi cabezazo se fue al palo [el partido lo acabó ganando el Benfica por 5-3]. En esa época los palos eran cuadrados, Gento centró, rematé y el balón tocó en el vértice y luego le fue a parar a las manos del portero. Estaba ya batido y la pelota le volvió.

Si hubiera marcado ese gol, hubiera ido con el equipo nacional a Chile 62’. Creo que hubo un poco de política en la convocatoria. De hecho, mi compañero en el Madrid por aquel entonces Luis del Sol me contó la conversación que llegó a tener con Helenio Herrera:

-HH: Jugarás de extremo derecho
-Luis: Con todo el respeto, yo ahí no juego.
-HH: ¡Pero si no hay otro!
-Luis: ¿Y entonces por qué dejó a Tejada en Madrid?

Al final, pusieron a Collar, que era extremo izquierdo, y apenas rascó bola.

Antes de usted solo Zamora y Samitier cambiaron el Barcelona por el Madrid. ¿Cómo fue su salida?

Después de Berna, Enric Llaudet [presidente del Barça entre el 1961 y 68] perdió el oremus, fichó 8 jugadores nuevos [Pesudo, Benítez, Páis, Pereda, Zaballa, Zaldúa, Szalay y Vicente] y nos puso a Kocsis, Czibor, Villaverde y a mí como transferibles. Di Stéfano, con el que habíamos hecho buenas migas en la selección nacional, se enteró por la prensa y me llamó a las dos de la madrugada a mi casa:

-Alfredo: ¿Justo, es eso verdad?, ¿el Barça ya no te quiere?
-Yo: Aún no me han dicho nada de forma oficial pero eso dicen los rumores.
-Alfredo: ¿Te gustaría venir al Madrid?
-Yo: Hombre, Alfredo, me iría aunque fuera andando.
-Alfredo: Perfecto. Pues haré unas gestiones y te volveré a llamar.

Tras la llamada, me reuní con algunos miembros de la directiva del Barça como Rosendo Peitx y Antoni Tamburini, y con el mismo presidente. Yo no llevé a nadie, ni abogado ni agente, ni nada, y eso que era medio analfabeto. Me dicen: ‘Justo, nos das 500.000 pesetas y te entregamos la baja por los buenos servicios prestados’. Me quedé de piedra. Encima de querer echarme, ¡me pedían medio millón de pesetas! Con eso me compraba un piso. Y, para más inri, me quedaba todavía un año de contrato.

Total, que me volvió a llamar Di Stéfano, y me dijo que ya sabía que me obligaban a pagar por mi baja. Viajé a la capital y fiché por el Madrid en la casa de Di Stéfano, y sin firmar nada, todo de palabra. Así funcionaba Don Santiago Bernabéu, quien solo me puso una condición: que si el Barça se enteraba de que el Madrid me quería fichar, ellos lo negarían. No querían romper relaciones y por eso la reunión se hizo en casa de Alfredo. Era como visitar a un amigo, no me podían decir nada. Al día siguiente, volví a Barcelona, pagué de mi bolsillo las 500.000 pesetas, firmé y les dije: ‘me voy al Murcia, que ya me quiso fichar con 20 años’, para alejar sospechas. Y estoy seguro de que ese dinero no fue a parar al club. Tan solo faltaba la firma de Llaudet, que vivía en un pisazo en la calle Trafalgar lleno de cabezas de rinocerontes y leones disecados. ‘Te veo muy contento, Justo’, me dijo, y por si acaso añadió una cláusula a mi contrato para que no firmara por ningún club a 100 quilómetros a la rotonda [Czibor firmó por el Espanyol un día antes].

Cuando los directivos del Barça vieron en el Informativo de TVE la última hora deportiva con mi fichaje por el Madrid, echaron fuego por la boca. Y Bernabéu inmediatamente me extendió un cheque con el medio millón que me costó la baja y medio millón más por cada año que estuviera en el club.

Me dolió salir así del Barça. Yo que estuve desde los 17 años en el club, dándolo todo, sin dar ni un solo problema, sin protestar nunca. Me ponían de extremo izquierdo y yo me callaba y cumplía, pese a que la izquierda solo la tenía para apoyar. No es casualidad que todos los jugadores que han marchado del Barça lo hayan hecho por la puerta de atrás, y veo que esto continua así, salvo con Xavi. Y eso que soy culé hasta la médula, socio desde hace 47 años. Mi ilusión es recibir de aquí a 3 años la insignia de oro.

 

“Me dolió salir así del Barça. Yo que estuve desde los 17 años en el club, dándolo todo, sin dar ni un solo problema, sin protestar nunca”

 

Luisito Suárez, el gallego, otro fenómeno.

Lo primero que dijeron Sandro Puppo, Ferenc Platko y Domènec Balmanya cuando llegaron para entrenar al Barça fue: Luis Suárez a la calle. Comentaban que era buen jugador pero que todavía le faltaba. No fue ni titular el día de la inauguración del Camp Nou. Hasta que llegó Helenio Herrera. Y eso que la directiva le avisó previamente: ‘Éste es el equipo, solo hay uno del que puedes prescindir, se llama Luis Suárez’. Cuando acabó el entrenamiento, Helenio no se lo podía creer: ‘Me los quito a todos antes que a Suárez’. Se dio cuenta de que tenía un diamante en bruto. Y suerte que llegó a irse a Italia porque si no, no hubiera sido lo que fue Luisito. El 90% de su fama se granjeó en Italia. Le hicieron el equipo a su alrededor. Siempre defenderé que es el mejor jugador español de todos los tiempos, por delante de Xavi e Iniesta. Fue el más completo. Además de jugar como los ángeles, terminaba las jugadas y se hinchaba a meter goles. Iniesta es sensacional pero tiene un defecto: le falta gol. Solo hay que ver todas las temporadas que lleva en el Barça y los pocos goles que ha metido.

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Antes de finalizar la entrevista, se nos acerca el presidente del Barcino para decirnos lo que ya sabíamos tras dos horas compartiendo relatos futbolísticos: “Justo es una gran persona”. Nuestro entrevistado, que se pasea por las instalaciones del club como Pedro por su casa, nos recuerda, por si teníamos dudas de su mota blanca en el currículo, que siempre llevará al Barcelona en el corazón, pero que “el Madrid es un club señor”, que cuida hasta el más mínimo detalle. Y Justo puede dar fe de ello. Si se le pasaba el cumpleaños de su señora, se lo recordaba de golpe el ramo de flores que presidía la mesa del comedor de su casa. En la tarjetita se podía leer: “A la atención de Raimundo Saporta”.