Álvaro Domínguez (Madrid, 1989) ha disfrutado de una carrera tan efímera como imponente. Las lesiones le han acompañado siempre pero, en 2015, los problemas de espalda llegaron para quedarse. Este febrero le otorgamos el galardón honorífico en los ‘Premios Panenka’, un reconocimiento a una lucha incasable y a una decisión encomiable: anteponer la salud a cualquier otra cosa. Nos tomamos un café con un chaval que, a los 27 años, quiere volver a ser feliz, lejos del césped.


 

¿Cómo te encuentras?

Tengo molestias pero ya no siento el dolor de antes. Fui valiente y decidí someterme a una segunda operación, que podía haber salido mal: una intervención arriesgada que consistía en implantarme dos prótesis en la espalda. Algo que impedía totalmente que siguiera en activo, pero que podía devolverme a una vida mínimamente normal. Ahora estoy haciendo un tratamiento regenerativo con un doctor francés.

Llegó un día en el que no podías ni andar…

No podía hacer cosas tan sencillas como llevar bolsas de la compra o ir a dar un paseo por la calle. En el terreno de juego era un profesional y fuera llevaba una vida de inválido.

De alguna forma, tuviste que elegir entre el fútbol o vivir.

Eso es: elegí vivir antes que el fútbol. Tuve que plantearme si quería seguir jugando, con el sufrimiento que eso me reportaba y que no me estaba mereciendo la pena los dos últimos años, o ser un chico normal de la calle y por lo menos poder salir a pasear o salir a cenar, cosa que echaba muchísimo de menos. Lo pasé muy mal y el padecimiento no me compensaba. Así, después de consultar con muchos neurocirujanos, tomé la decisión de operarme de nuevo, para poder ser una persona normal.

¿Cuándo fue esa segunda operación?

En agosto de 2016. Es decir, ya desde verano sabía que no podría seguir jugando pero no dije nada por respeto al club y porque quería poder llegar a un entendimiento con ellos. Al ver que el Borussia Monchengladbach no ponía de su parte decidí tomar la iniciativa por mi cuenta. No podía seguir sin trabajo, sin salud y sin contar nada.

 

“Viajé con una mochila por toda Europa buscando a los mejores especialistas. Solo, sin nadie del club”

 

Cuando regresaste a los terrenos de juego seguías jugando con dolor. ¿Te llegaron a forzar a hacerlo?

Fue una mezcla, yo por querer ayudar al equipo y los doctores por desconocimiento de la lesión, hicieron que todo se empeorara mucho más. Jugaba infiltrado y con medicación. Recuerdo el partido en el que nos jugábamos la tercera plaza, quise jugar y el equipo me pedía un sobreesfuerzo. Me preparé con rehabilitación y, a pesar de jugar infiltrado, en la primera parte ya no podía ni esprintar… aún no sé cómo acabé el encuentro. Jugando así, cuando termina el partido llega lo peor: te vas a tu casa y estás destrozado, con el único objetivo de meterte en la cama hasta el día siguiente.

¿Quién tiene más culpa de lo que te ha pasado?

No quiero pensar en culpables. Todos cometemos errores, yo mismo cometo errores en el terreno de juego. Lo que sí he echado de menos es la responsabilidad del club con respecto a mi situación: querer que me curara, ya no solo para jugar al fútbol sino para mi vida normal. Creo que en España y Alemania hay diferentes mentalidades, en el Atlético no me hubiera pasado lo mismo. Yo me he tenido que buscar por mi cuenta los médicos para contrastar opiniones. Viajé con una mochila por toda Europa buscando a los mejores especialistas. Algunos me dijeron que no había cura o no sabían el porqué de mis dolores, así que me iba a buscar a otros.

¿Todavía no se han descubierto las verdaderas causas de tu lesión?

Yo creo que todo ha degenerado por culpa del agravamiento. Si las hernias se hubieran curado bien quizá no estaría así. Si se hubiese cortado al principio, cuando el cartílago estaba desprendido, se hubiera podido prevenir. Los doctores no supieron verlo a tiempo. A posteriori, para limpiarlo bien, se tenía que hacer una avería y los médicos tampoco se querían arriesgar.

Errores médicos al margen, la directiva tampoco te ayudó.

Intenté sentarme con ellos varias veces. Cuando empecé a buscarme la vida por mi cuenta, no me respaldaron. Me dieron libertad. Yo he tenido que costearme todos los tratamientos y ellos apenas me han ayudado con eso. Al fin y al cabo, me estaba recuperando para jugar con ellos, para ayudarles. Pero la legislación alemana les ampara en ese aspecto: cuando un jugador está lesionado, pasa a ser paciente de una sanidad privada y ahí el club puede lavarse las manos. En Alemania cuando estás lesionado, el club te paga las primeras seis semanas de baja y luego ya te paga un seguro. Así, yo llevo dos años cobrando de mi seguro privado.

¿Todavía tienes contrato en vigor con el Gladbach?

Tengo contrato hasta junio de 2017. Oficialmente soy jugador del Borussia Mönchengladbach, porque yo todavía no me he retirado oficialmente. Simplemente he comunicado que no puedo seguir jugando al fútbol. Actualmente sigo cobrando de mi seguro un 20% de mi ficha. Hasta junio.

 

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Fotografía de Alberto Estévez.

 

¿Has pensado en denunciarles?

Me he asesorado bien, con los mejores abogados, y no merece la pena. La legislación alemana contempla que el agravamiento de la lesión no se ha producido por la actividad laboral, sino que responde a un proceso degenerativo. En España es distinto para los deportistas de alto nivel. Pero ahí no hay donde meter mano. Cuanto antes acabe con esto, antes podré empezar con mi nueva vida. No he querido contar mi historia para atacar al club, ni para hacerle daño, sino para dar a conocer una realidad que puede pasarle a cualquiera. Quizá mi caso pueda ayudar a alguien de categorías más bajas, que esté todavía más desamparado que yo.

¿Existe alguna probabilidad de que a largo plazo puedas recuperar la actividad física?

A alto nivel, imposible. Para llevar una vida normal, espero que sí. En un plazo de un año, espero salir a correr y cosas así. Pero nada más.

El Atleti te ha respaldado, recientemente, ofreciéndote un cargo.

Sí, ellos se han portado muy bien conmigo. Desde el primer momento que anuncié mi retirada, se mostraron dispuestos a ayudarme en lo que necesitara. Les dije que quería un poco de tiempo para mí así que ya veremos lo que depara el futuro. También estoy agradecido a clubes como el Barcelona o el Sevilla que me han mostrado su apoyo. Obviamente, para mí el Atlético es mi casa y ahí estaría muy a gusto, porque quiero seguir vinculado al fútbol. Estos meses los estoy utilizando para hablar con muchos clubes, con directores deportivos o con empresas de representación y tantear un poco cómo desarrollar la próxima etapa profesional que se me presenta.

 

“No he querido contar mi historia para atacar al club, ni para hacerle daño, sino para darla a conocer”

 

Parece que los futbolistas lo tenéis todo y estáis sobreprotegidos. Pero vemos, en casos como el tuyo, que a veces se os utiliza como mercancía, con mucha falta de humanidad. Y en un país que es ejemplo para muchas cosas, como Alemania.

En Alemania la mentalidad es distinta. En España el fútbol es como una religión y sí es verdad que el futbolista está muy protegido. Pero en Alemania no es así, ahí el fútbol es una cosa más, se le trata como a un trabajador de cualquier otro ámbito. Se nos aplican las mismas leyes que a un empleado de oficina. También se nota en la calle, donde no te piden tantas fotos ni te admiran tanto. Pero los futbolistas estamos expuestos a lesiones graves debido a nuestro trabajo y ponemos en riesgo nuestra salud en beneficio de nuestra empresa, que es nuestro club, y no me parece normal cómo está regulado, pero son cuestiones de legislación global del país.

Más allá de las leyes, extraña que los clubes os dejen tan desamparados.

La mentalidad alemana es la que es: en tu trabajo es complicado que el compañero de al lado se preocupe de lo que te pasa. Cada uno tiene sus problemas y los soluciona individualmente. En España quizá somos más solidarios. Mira el ejemplo de Oblack en el Atlético: se operó del hombro en Londres y el doctor estaba con él, pasó dos días con su familia, le pusieron un vuelo privado… Yo iba con mi maletilla al hospital y de mi club no había nadie.

¿Cómo lo estás viviendo anímicamente?

Lo he pasado tan mal los dos últimos años, tratando de volver e intentándolo por la afición que siempre me ha apoyado, que ahora que lo he dejado ha sido una liberación. Me he sacrificado mucho, haciendo cosas que jamás pensé que haría poniendo en riesgo mi salud. Finalmente, me he dado cuenta que la salud es un factor muy importante para la felicidad y eso ha sido determinante.

¿Te has sentido solo en estos dos años?

Sí, muchas veces sí. Por suerte he contado con mi familia y mis mejores amigos, que siempre han estado ahí. También con el apoyo de muchos aficionados. Pero por parte del club sí me he sentido solo.

¿Cuándo empezaste a pensar en la retirada?

Después de la primera operación. Vi que se me quitaban los dolores de un lado y no del otro. Enseguida vi que la cosa no pintaba bien. Todos me decían que evolucionaba positivamente, pero dentro de mi sentía que no. Seguía habiendo pequeñas molestias que no me cuadraban. Los doctores me aseguraban que las tres hernias habían disminuido, pero yo les decía que todavía había cartílago desprendido. Cuando me operaron de la clavícula fue distinto, tuve molestias en el posoperatorio pero sabía que la cosa iba bien. Al final, un deportista conoce su propio cuerpo y sabe mejor que nadie cómo está.

Y en el último año se confirmaron las malas sensaciones.

Sí. Aun así lo he intentado todo hasta el último momento. Pero cuando ves que no evolucionas es muy difícil. En mi cabeza siempre ha estado el pensamiento de que había algo que no estaba curado y ya iba trazándome un plan, por si acaso. Iba administrando las cuentas bancarias, calculando hasta donde podría llegar, a nivel de médicos y de todo.

En fin. Mirando hacia atrás, se podría resumir que tu carrera ha sido efímera pero exitosa. 

Considero que he sido un privilegiado porque me lo he ganado. No soy un jugador que tenga un talento increíble sino que lo que he logrado ha sido a base de trabajo. He sido capitán de mi club, he ganado títulos, he jugado con la Selección y he jugado la Champions… Luego cambié de país, volví a empezar, me tuve que volver a hacer un nombre y lo conseguí. También fui capitán del Borussia Monchengladbach, llegamos a quedar terceros en la Bundesliga y hemos paseado al club por Europa en unos años muy buenos. Creo que, en general, he tenido una vida futbolística muy bonita.

Tu etapa en Alemania coincidió con los éxitos del Atlético de Simeone. ¿Nunca te has tirado de los pelos por la decisión de irte?

Nunca hay que arrepentirse de nada. Quería vivir la experiencia alemana y estoy muy feliz de haberlo hecho. Yo venía jugando, es cierto que el ‘Cholo’ empezaba a apostar más por Godín y Miranda, pero a mí me daba minutos también, muchas veces de lateral. Llevaba muchos años en el Atleti y desde pequeñito siempre me había llamado la atención el fútbol extranjero. Soy una persona a la que le gusta aprender idiomas, culturas… No podría pasar toda mi vida jugando en el mismo equipo porque te pierdes muchas cosas. Me dolió mucho salir, sabía que me iba de mi casa y que podía haber estado feliz en este club toda la vida, pero fui yo el que tomé esa decisión en busca de nuevos retos.

Como dices, llegaste a coincidir unos meses con el Cholo antes de irte. ¿Cómo se vivió el impacto de su llegada?

Veníamos creciendo con Aguirre y Quique Sánchez Flores, con el que llegamos a ganar la Europa League. Pero cuando entró Simeone muy pronto empezaron a cambiar cosas dentro del vestuario. Había estrellas como Agüero o Forlán y a los entrenadores les costaba hacerse con el grupo y ser los verdaderos líderes. Y él lo consiguió inmediatamente gracias a su carácter. El vestuario lo percibe de forma instantánea y se empieza a formar un grupo en el que nadie es más que nadie y todos persiguen una misma idea. Entrenando con él te das cuenta de lo mucho que cuida los detalles y de lo perfeccionista que es.

¿Ya entonces se intuía el recorrido que iba a tener?

Desde el principio se veía una predisposición muy buena. Eso, sumado a la llegada de jugadores de calidad, y que el club internamente ha crecido mucho y se ha profesionalizado, han dado como resultado la evolución de los últimos años. Ahora vas a un entrenamiento y ves más trabajadores que jugadores… Son estos detalles los que marcan la diferencia.

Habiendo pasado por la cantera del Real Madrid y la del Atlético, ¿qué diferencias encontraste?

La del Atleti era como una familia. Me sentía muy arropado, me acogieron muy bien. En el Madrid recuerdo que ya desde muy pequeños llegaban niños de toda España y sentía que había mucha competitividad desde muy temprano. Era más impersonal. En el Atleti se funcionaba más como equipo, todo era más cercano.

 

“En general, he tenido una vida futbolística muy bonita. Sin tener un talento increíble, he logrado muchas cosas a base de trabajo”

 

¿Qué diferencias futbolísticas destacarías entre España y Alemania?

Técnicamente, la Liga es mejor. Te enfrentas a un Celta o a un Alavés y son equipos por encima de la media alemana en calidad. Pero en cambio, los alemanes son más constantes y más disciplinados. Todos defienden y todos atacan. Y además la Liga tiene mucho que aprender en cuanto a organización, estadios, marketing… La Premier y la Bundesliga están por delante en todas estas cosas. Otra diferencia: nosotros jugábamos contra el colista y el estadio estaba hasta la bandera.

¿Cuál crees que es la clave para que los estadios estén siempre llenos?

Un motivo es el calendario: porque las fechas de todos los partidos se conocen con mucha antelación. Y porque los horarios están pensados para el público local. Eso permite vivir el fútbol de forma muy familiar. Se viven los choques durante todo el día: antes del comienzo hay actividades para los niños, después, a la salida del estadio, en los restaurantes se mantiene el ambiente. En España hay menos cultura de vivir así los partidos, hay más hábito de verlos en el bar que en los estadios.

Para terminar, ¿cómo será la nueva vida de Álvaro Domínguez a partir de ahora?

Me gustaría, de alguna manera, una labor que me permita estar vinculado con el fútbol formativo, con los chavales de 18 o 19 años que empiezan, para asesorarles. Son etapas difíciles que requieren de un seguimiento especial. Con mi experiencia creo que ahí puedo aportar algo. También me llama la atención la labor de analista, como defensa me interesa mucho observar cómo defienden los equipos, cómo se organizan… Ya veremos cómo se da el futuro pero a medio plazo me veo más en los despachos que en el césped. Supongo que necesito tomar cierta distancia del verde.

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Fotografía de Alberto Estévez.