Antes de que Ronaldinho y su eterna sonrisa desembarcaran en el Barcelona y le devolvieran la alegría a la sufridora afición azulgrana, mis recuerdos en clave culé se limitan a tan solo tres figuras: las de mis dos grandes ídolos de la época, Pep Guardiola y Luis Figo, y la de un tipo, bajito e incansable, que nunca paraba de correr por la banda izquierda del Camp Nou: Sergi Barjuan. “Es una época en la que disfruté mucho. Cuando era joven nunca imaginé que podría vivir del fútbol, y menos en Can Barça. Estoy muy contento de cómo se dio todo y de las oportunidades que me dio este deporte”, afirma Sergi, un tipo que, entre 1993 y 2002, disputó hasta 350 partidos con la elástica del Barça a las órdenes de técnicos como Johan Cruyff, Bobby Robson, Louis van Gaal, Llorenç Serra Ferrer y Carles Rexach. “Cuando está rodeado de grandes entrenadores, uno siempre va aprendiendo. Todos te van dando cosas que tú vas añadiendo a tu estilo para que este sea más fuerte”, concluye el exazulgrana.

Después de tres campañas en el Atlético de Madrid, el barcelonés colgó las botas en 2005. Desde entonces, el fútbol ha cambiado tanto que para los nostálgicos ya no se parece en nada a lo que era antaño. “Todo se ha profesionalizado mucho. El dinero y todo lo que rodea al fútbol han hecho que ahora los jugadores sean menos palpables y que estén mucho más alejados de la gente”, asegura Sergi, mientras sonríe al recordar que él incluso llegó a aparecer en un capítulo de Plats Bruts, una serie de humor de la televisión pública catalana.

Con todo, la vertiginosa e imparable evolución del deporte rey también ha comportado que ya no solo sea cosa de Europa y Suramérica. A pesar de no tener la tradición futbolística de los dos continentes en los que el balompié se vive con más pasión, en los últimos años, Estados Unidos y, sobre todo, China han invertido ingentes cantidades de dinero para potenciar sus campeonatos nacionales contratando a jugadores y técnicos procedentes del Viejo Continente con el objetivo de exportar su conocimiento. Uno de los últimos en hacer las maletas y coger un avión con destino al país asiático ha sido Sergi Barjuan, que a finales de noviembre firmó un contrato de dos años para hacerse cargo del Zhejiang Greentown de la China League One. Allí, en la categoría de plata del fútbol chino, el exjugador del Barcelona y del Atlético de Madrid coincidirá con hasta ocho españoles más: con Edu García, fichado hace unos días por el propio Zhejiang Greentown; con Juan Ignacio Martínez, ‘JIM’, y Raúl Rodríguez, del Meizhou Meixian Techand; con Jordi Vinyals, Joan Verdú y Fran Sandaza, del Qingdao Huanghai; y con Raül Agné y Martí Crespí, del Nei Mongol Zhongyou, el equipo al que se enfrentarán los hombres de Sergi este sábado, en uno de los encuentros de la primera jornada de la competición.

Desde que empezó su andadura en los banquillos en 2009, Sergi Barjuan ha dirigido al Juvenil B del Barça, al Recreativo de Huelva, al Almería y al Mallorca. Sin embargo, asegura que “es como si fuera la primera vez que entreno. Empiezo con muchos conceptos ya asumidos, pero sabiendo que tengo unos jugadores que nunca han jugado a lo que yo pretendo. Nunca me había encontrado con una situación así”.

Aun así, haciendo gala del carácter trabajador e infatigable que ya le definía como futbolista, el catalán afronta la experiencia “con ganas de conocer una cultura nueva, que es una cosa que te enriquece como persona, con la ambición al máximo, sin ningún miedo y con la seguridad de saber lo que quiero, lo que quieren los jugadores y lo que me pueden dar ahora mismo”. “Intento ir conociéndolos e ir dándoles pequeñas píldoras para que vayan viendo como quiero trabajar. A partir de aquí, empezando desde cero, podremos ir creciendo juntos poco a poco”, subraya Sergi, un técnico que, como sucede con la inmensa mayoría de los exfutbolistas del Dream Team de Johan Cruyff que han acabado ejerciendo como entrenadores, se inspira en el fútbol ofensivo y asociativo que pregonaba el holandés: “Es el modelo que siempre he tenido en la cabeza, y más ahora que voy a un sitio en el que tengo la posibilidad de gestionarlo como si fuera nuevo. Es cierto que quizás no dispongo de los jugadores concretos que requiere esta idea de juego, pero trabajaré para adaptar el modelo a lo que tengo y para ir mejorándolo día a día”. “No puedo cambiar mi forma de pensar, ni quiero hacerlo”, sentencia Sergi, que durante el mes de febrero regresó a tierras catalanas para hacer un stage de pretemporada con su nuevo equipo en la Costa Brava.

De hecho, Sergi destaca que fue precisamente su gran conocimiento del juego del Barça lo que hizo que el Zhejiang Greentown se fijara en él para comandar el proyecto con el que quieren regresar, en un máximo de tres años, a la máxima categoría del balompié nacional, la Chinese Super League. “Tenían muy claro que querían un entrenador de este estilo. Se reunieron con varios técnicos, algunos con los que incluso habíamos jugado juntos, pero al final llegamos a un acuerdo”, apunta el exfutbolista. Y añade: “Mi objetivo es adaptar el máximo de jugadores posibles al sistema. Intentar que crezcan los jugadores que creo que tienen mucho margen de mejora. Si ellos mejoran, el nivel colectivo también lo hará”.

 

“Quizás no dispongo de los jugadores concretos que requiere mi idea de juego, pero no puedo cambiar mi forma de pensar, ni quiero hacerlo”

 

Con todo, Sergi es consciente de que en China tendrá que convivir con “una forma de pensar y de entender el fútbol completamente diferente a la nuestra”. “Nosotros tenemos una visión más profesional, más centrada en que el jugador pueda rendir al máximo. Ellos, bueno… Si lo hacen bien, bien. Y sino, también…”, apunta el técnico catalán, cuyo primer gran objetivo en el país asiático es lograr una transformación en este sentido: “Hay que profesionalizar todo lo que rodea al futbolista. Es que el propio jugador no es del todo profesional. La dieta, los horarios… Tienen otra forma de pensar, lo ven como un hobby. Cobran mucho dinero y el fútbol les da una forma de vivir tranquilamente, pero no tienen interiorizada la exigencia de salir siempre a ganar. Si ganan, bien. Y sino, también… A veces desconectan, no piensan en las segundas jugadas ni en qué puede suceder si el otro jugador falla”, insiste el nuevo técnico del Zhejiang Greentown.

Viendo el entrenamiento desde la banda, se puede comprobar de primera mano la insistencia con la que Sergi trabaja para que la intensidad sea una de las características que definan el estilo del Zhejiang Greentown y que le permitan acabar el curso en la parte alta de la clasificación: “Justo aquí es donde yo quiero actuar, haciéndoles entender que no voy a China a pasar el tiempo y a ganar dinero. Voy allí a formarme como entrenador para que me sirva para ir a más en un futuro, y quiero que se den cuenta de que tienen que estar concentrados durante los 90 minutos y en todos los entrenamientos. Si fallan un gol en un entrenamiento es como si no pasara nada. ¿Cómo puedes fallar un gol solo delante del portero? Una vez vale, pero dos, tres y cuatro… Tienen que exigirse a sí mismos. Ellos han crecido así y es muy difícil cambiarlo, así que lo que intento es que los entrenamientos sean muy cortos, pero muy intensos. Es que a veces me desespero… Un día incluso les dije: ‘¡Eh, que a este ritmo puedo jugar yo!’. Yo insisto en que tenemos que ser diferentes en esto, en la intensidad. La calidad la tenemos y la definición la podemos mejorar, pero la intensidad tiene que ser innegociable. Tiene que ser nuestro rasgo diferencial respecto a los otros equipos. Con esto no podemos fallar”.

Sin embargo, a la hora de transmitir e inculcar sus ideas el idioma se convierte en un muro difícil de superar. Debido a las normas proteccionistas de la China League One, que, con la idea de favorecer el crecimiento y la consolidación de los futbolistas locales en la elite, tan solo permiten que los equipos puedan alinear dos extranjeros; de los 30 jugadores que componen la plantilla del Zhejiang Greentown, tan solo hay cuatro que no son de nacionalidad china, una realidad que obliga a Sergi a apoyarse en un traductor para dar sus órdenes. “Vamos mejorando cada día. Antes de empezar a trabajar con el equipo, nos reunimos para que él supiera lo que pretendo y buscamos palabras que supiera que querían decir. Esto es lo que me supone más desgaste. El fútbol me encanta, me entretiene y quiero seguir aprendiendo cada día, pero el desgaste que provoca el no poder explicarles directamente a los jugadores lo que quieres que hagan es muy grande. Cada día nos reunimos con el traductor y hablamos del entrenamiento para que él pueda explicar realmente lo que yo quiero transmitir, pero es evidente que es una barrera muy grande”, reconoce el técnico.

A pesar de los hándicaps de irse a entrenar a casi 10.000 kilómetros de casa, entre los que Sergi destaca el hecho de tener que alejarse de la familia, el exfutbolista emprende esta aventura algo desencantado por la forma con la que se trata a los técnicos en España. “El fútbol español ha quemado mucho la figura del entrenador, que está muy desprotegido”, afirma el catalán. Y continúa: “Si en China tienen que echarme a la calle lo harán igual que aquí, pero es que ha llegado un momento en el que a los entrenadores ya no se les respeta. Nos hacen servir como si fuéramos pañuelos. Entonces, son decisiones que tomas para probar cosas nuevas. Allí a lo mejor te sientes más reconfortado porque te escuchan más y porque tienes una oportunidad de empezar de cero. Son cosas que se tienen que probar, y todo lo que sume es positivo”.

Después de un exigente entrenamiento, Sergi tiene que reunirse con sus jugadores para comer, por lo que la entrevista tiene que ir acercándose a su final. Con todo, antes de despedirnos, es imprescindible hacerle una última pregunta acerca de cómo ve el futuro del balompié chino. “Es un fútbol muy joven, muy nuevo, con muy pocos años de vida. Por ejemplo, nuestro equipo tan solo tiene 20 años… Tienen bastante dinero, pero tienen que saber cómo administrarlo porque si no les será muy difícil. No pueden dejarse llevar por los resultados, tienen que seguir trabajando. A veces parece que quieren empezar a construir la casa por el tejado, y tendrían que empezar por un poco más abajo: por las categorías inferiores. Sería más barato y quizás la inversión sería más rentable. Tienen que saber dónde quieren llegar, cómo quieren hacerlo e ir gestionando el modelo desde pequeños. Tienen muchos recursos, pero para crecer de verdad tienen que potenciar la base”, argumenta el entrenador catalán, que en el Zhejiang Greentown tendrá a su disposición a una de las mejores canteras del país.

En definitiva, quizás lo único que le falta al fútbol chino no es nada más que tiempo y constancia. “Son lo que marcará si en un futuro son una referencia mundial”, concluye Sergi Barjuan, un enamorado del deporte rey que afronta con ambición e ilusión la aventura de conquistar un territorio que cada vez es menos desconocido para el balompié español.