No lo podemos negar. A todos los futboleros nos emocionan las historias de los one-club men, de los héroes que consumen toda su carrera deportiva defendiendo la camiseta del equipo de sus amores. Francesco Totti, Ryan Giggs, Paolo Maldini, Carles Puyol, Jamie Carragher y tantos otros. Sí, es físicamente imposible no conmoverse al escuchar los nombres de estas leyendas.

Sin embargo, hay otros jugadores que, víctimas de un espíritu nómada e inquieto, ceden ante una necesidad vital de probar el máximo de experiencias posible. Indudablemente, el máximo exponente de esta curiosa estirpe es Sebastián Washington Abreu, ‘El Loco’. Y es que, el espigado delantero uruguayo, una especie de Phileas Fogg moderno, ha terminado ganándose un lugar en la historia del deporte rey de una forma completamente diferente: como si fuera una exposición itinerante de arte, a lo largo de su dilatada carrera, ya ha sido jugador de 27 clubes diferentes. Esta cifra le sitúa como líder en solitario de esta estadística justo por delante del exguardameta alemán Lutz Pfannenstiel, que pasó por 25 equipos y que se mantiene como el único futbolista que ha jugado en las seis confederaciones afiliadas a la FIFA.

 

Víctima de un espíritu nómada e inquieto, Abreu ha terminado ganándose un lugar en la historia del deporte rey de una forma diferente

 

A sus 41 años, el charrúa superó su propio récord este martes, cuando el Club Magallanes de la segunda categoría del fútbol chileno anunció su incorporación. Un día después, el propio Abreu compartía la noticia en sus redes sociales junto con una imagen en la que se podía ver el ’13’ que le ha acompañado en la mayoría de sus aventuras. Una vez más, el ’13’. Porque sí, porque El Loco vive en otro mundo, en una realidad en la que las supersticiones no son más que estúpidas patrañas. Así lo afirmaba él mismo en una entrevista en Fox Sports: “Empecé a forjar algo en contra de esa tradición absurda. Dije: ‘Voy a hacer todo lo contrario’. Por esto juego con la ’13’, entro en la cancha con el pie izquierdo, paso por debajo de las escaleras y, si pasa un gato negro, aplaudo”. Mientras lo escuchas, te viene a la cabeza aquel momento en el que Will Turner, asombrado y maravillado por el hecho de estar caminando bajo el agua, le pregunta a Jack Sparrow: “¿Esto es una locura… o una genialidad?”. Él, un tipo relativamente parecido a Abreu, sencillo y extravagante a partes iguales como el uruguayo, contesta sin pestañear: “Es increíble lo a menudo que coinciden esos dos conceptos”.

Porque, ciertamente, lo extraordinario de los genios es la facilidad con la que normalizan lo excepcional y la determinación con la que responden ante situaciones límite. Por ejemplo, imagínate el siguiente escenario: estás en los cuartos de final de una Copa del Mundo, juegas contra una selección, Ghana, que ha superado su techo histórico en el torneo y que, por lo tanto, no tiene nada que perder, el partido se disputa en Johannesburgo, en un estadio lleno hasta la bandera y en el que el 95% de la afición apoya al equipo africano, hace 40 años que tu país, el ganador de dos de las primeras ediciones del Mundial, no alcanza las semifinales, y, a pesar de ser el cuarto delantero del equipo por detrás de grandes figuras como Luis Suárez, Edinson Cavani o Diego Forlán, eres el responsable de ejecutar el último penalti de la tanda, el decisivo. Toda la presión recae en tus piernas. ¿Cómo reaccionarías?

O, mejor dicho, ¿cómo no reaccionarías? De bien seguro, lo último que se nos ocurriría a la inmensa mayoría de los mortales es lanzarlo a lo Panenka. ¿Te imaginas el ridículo que podrías hacer si el portero adivina tus intenciones? Pero Abreu está hecho de otra pasta, así que se situó en la frontal del área, cogió carrerilla y golpeó suavemente el balón con el pie izquierdo. Lo que pasó después es fácil de imaginar: mientras Richard Kingson, el guardameta ghanés, observaba la escena con el rostro visiblemente desencajado, el esférico dibujó una curva bellísima y acabó entrando por el centro de la portería, a media altura. Aquel tanto provocó el delirio entre los aficionados y los futbolistas de Uruguay, que, extasiados, hicieron desaparecer a Abreu entre abrazos y lágrimas.

Según explicó el mismo jugador después del Mundial, aquel penalti tuvo su historia. En el entrenamiento previo al encuentro contra Ghana, Óscar Tabárez, ‘El Profe’, quiso ensayar los lanzamientos desde los once metros y les hizo chutar tres a cada uno de sus futbolistas. El Loco no pudo anotar ninguno, así que Sebastián Eguren se le acercó y, para animarle, le dijo: Papote, vamos arriba que mañana te necesitamos”. Y Abreu, haciendo gala de la inquebrantable autoestima que hizo que, un año más tarde, lanzara dos penaltis a lo Panenka en tan solo cuatro minutos, contestó: “Tranquilo, que mañana clasificamos con el sello de la casa”.

Porque él es así. En lugar de esperar el destino, es de aquellos pocos que optan por salir a su encuentro y desafiarlo sin miedos. Quizás pueda parecer algo temerario, pero no lo es cuando te llamas Sebastián Washington Abreu. Ir en contra de la naturaleza como mejor forma de conseguir un objetivo. Porque, para El Loco, no había manera más fácil de transformar aquel penalti en Johannesburgo que eligiendo ser el último tirador, a pesar de que Tabárez lo había listado en el tercer lugar, y que chutándolo a lo Panenka. Así lo explicaba en 2012, en una entrevista en El País: “Hay que tener claro que el objetivo es hacer gol, que la pelota acabe dentro. Y para ello hay que burlar al arquero, ir contra la lógica. No es una locura, es clase”. Y, un año más tarde, Abreu, un tipo que a lo largo de su carrera ha anotado más de 20 penaltis a lo Panenka, añadía en Canal+: “Hay cosas a las que la gente les llama suerte. Otros: destino, estar tocado por una varita mágica… Hay diferentes frases armadas en el léxico futbolístico, pero hay un momento en que todas terminan siendo realidad”.

 

Ahora, El Loco afrontará la (pen)última aventura de su carrera

 

Ahora, El Loco afrontará la (pen)última aventura de su carrera en el Magallanes. Tras 23 años como futbolista profesional, Abreu ya ha marcado más de 400 goles -26 de ellos vistiendo la camiseta de la selección celeste, con la que ganó la Copa América’11- y ha jugado en once países y en tres continentes diferentes. Debutó en el Defensor Sporting de Uruguay y después pasó por San Lorenzo de Almagro, Deportivo de La Coruña, Gremio, Tecos, Nacional, Cruz Azul, América, Dorados de Sinaloa, Monterrey, San Luis, Tigres, River Plate, Beitar Jerusalem, Real Sociedad, Aris Salónica, Botafogo, Figueirense, Rosario Central, Aucas, Sol de América, Santa Tecla, Bangú, Central Español, Puerto Montt y Audax Italiano. 

En Dorados de Sinaloa, Abreu coincidió con Juanma Lillo y con Pep Guardiola, con quien mantuvo largas e interesantes conversaciones. “Una vez Guardiola me dijo que no debía dejar el fútbol mientras fuera feliz jugándolo y eso es lo que voy a hacer”, explicó en 2014. Cuatro años más tarde, El Loco es plenamente consciente de que el final de su trayectoria está cerca, pero, por ahora, continúa resistiéndose a dejar lo que le hace más feliz.