Esto es un polaco, de Almería, que viaja para presenciar el derbi de Dublín y se encuentra a tres jóvenes de la provincia de Alicante, muy pegados a Murcia. Entre ellos, dos miembros de la directiva del CFP Orihuela Deportiva, un club de accionariado popular. Suena a chiste, pero es cosa de la globalización. Benditos desplazamientos. La capital irlandesa dividida en norte y sur sigue respirando fútbol, a pesar de que el rugby y el GAA (fútbol gaélico, un deporte bastante difícil de entender) tienen más seguimiento en el país de los pelirrojos con piel blanca y mucho colorido verde, tal como el significado coloquial de la bandera de Irlanda.

Tras mudarme unos meses a Irlanda por temas laborales y con la intención de mejorar el idioma universal, decidí aprovechar el tiempo libre para consumir cultura futbolística local. Mi primera toma de contacto con el balompié irish fue, o iba a ser, en Cork, cuando llegué al Turners Cross Stadium con la intención de ver el encuentro que disputaría el Cork City CF y el Dundalk FC, un viejo conocido del Legia de Varsovia, ya que fue eliminado por el conjunto polaco en la fase previa de la Champions League, pero resulta, que justo al llegar a las taquillas, una señora mayor con cara de pena colgaría el cartel de todo vendido. Todo lo que me rodea es casualidad. Por esa circunstancia, tuve que desvirgarme un viernes en la capital, y que mejor que con un derbi.

Al leer un texto de mi amigo Ignasi Torné sobre el Dalymount Park, viendo que en la siguiente temporada renovarán el estadio, no pude perderme la esencia del campo situado en la parte norte de Dublín, ‘The Home of Irish Football’. Cerca de 24 horas me bastaron para saludarle a Molly Mallone, beberme un refresco de cebada en la zona del Temple Bar y darme cuenta de que el fútbol de verdad aún existe ya que en Irlanda no está tan influenciado por el dinero.

Empezando por el precio de las entradas, entre 10 y 15 euros, estudiante y adulto. A la venta salieron 3622, debido a que un fondo sin asientos y un parte de la tribuna donde se encuentra el letrero de “Gypsies supporters trust” están cerrados. Los fans del Bohemian saben darle aspecto a las gradas y en el fondo desierto decidieron colgar sus antiguas pancartas. Mientras tanto, los del sur de Dublín, la hinchada del Shamrock Rovers, ocupó el único fondo abierto, unos 500 espectadores de pie. Cabe destacar que los aficionados más radicales de ambos bandos estaban separados por la distancia de unos cincuenta metros.

La rivalidad del Bohemian FC (1890) y el Shamrock (1901) es histórica, principalmente por la división de las barriadas de la ciudad, tal y cómo me lo explicó Jack T., un joven de la firm de los Boh’s. “Nosotros somos de la zona norte de la ciudad, ellos del sur. Nos llaman gitanos por mudarnos de un estadio a otro a lo largo de nuestra historia, mientras que ellos, los tréboles, son los ricos”. En cuanto a la enemistad que se vive entre los aficionados de ambos clubes, “en el estadio estamos situados muy cerca, y hay poca seguridad. El año pasado saltamos al césped y nos dimos de hostias”, cuenta el seguidor de los Boh’s.

En las horas previas del partido, no pude perderme el ambiente que hay en uno de los dos pubs del estadio, ya que uno pertenece en exclusiva a los miembros del club (directivos, socios honoríficos, plantilla…) y otro para los fanáticos, aunque tras el partido se puede estar en ambos, disfrutando de la música local. Antes, cómo no, hay que ver los alrededores del Dalymount Park, dónde podréis encontrar pintadas antifascistas, un centenar de pegatinas de distintos grupos ultras que representan su visita al estadio y pintadas que llaman la atención: un oso con el escudo del Bohemian, “Refugees welcome” y el más grande, en la puerta principal, “Love Football, Hate Racism”. Dentro, el ambiente es de amistad, la gente te recibe con los brazos abiertos, a pesar de que eres un desconocido y te camuflas en un grupo de ultras dónde todos se conocen las caras. En el pub, la exquisita Bohemian Craft Ale, una pinta por 5€, única. Los aficionados del Boh’s se hacen llamar Notorious Boo Boys y recientemente han cumplido diez años como organización. El 90% de estos siguen una estética casual, vistiendo Stone Island, MA. Strum, Fred Perry, Lyle and Scott y zapatillas Adidas. Con ellos compartí charlas mientras sonaba el Three Little Birds de Bob Marley, desde una máquina de música, de las antiguas, en las que metes unas monedas. En ella me encontré entre otras pegatinas las de Indar Gorri (Osasuna), Herri Norte Taldea (Athletic Club) y del Sankt Pauli alemán.

Por otro lado, el Shamrock Rovers, y todo lo que lo rodea. Vinieron, vencieron y se fueron. Los ricos de Dublín, claramente mejores en el césped. En el encuentro una guerra de insultos entre los gitanos locales y los tréboles verdes de visitante. Bengalas en ambas gradas, y no pasa nada, ninguna multa, ni siquiera un intento de actuación de la seguridad del Dalymount Park o la Garda, la Policía irlandesa. Cabe destacar que los irlandeses son educados hasta para meterse con el rival. No señalan el dedo central de la mano, sino usan los dos dedos en señal de la paz, pero al revés, con la palma hacia adentro, ya que en la cultura anglosajona esto es tomado como un gesto ofensivo. Más allá de esto, no hubo incidentes importantes, sin contar algunos mecheros voladores o la invasión al campo de un fanático del Rovers para celebrar la victoria de su equipo. Anteriormente saltó al césped un seguidor del Bohemian, pero fue echado por los mismos jugadores, ya que el marcador (0-2) no acompañaba.

En el encuentro, cómo mencioné antes, conocí a tres chavales de Orihuela. Uno de ellos lleva una buena temporada en Dublín y ya es uno más de los Boh’s, mientras que los otros dos han elegido una maravillosa fecha para disfrutar de unas vacaciones y de un derbi, aunque el tiempo no acompañó. Al final del encuentro, en una amarga despedida, hubo intercambio de bufandas entre seguidores del Bohemian FC y directivos del Orihuela Deportiva, un club de accionariado popular. A pesar del pitido final, la gente podría quedarse disfrutando de un zumo de cebada en los graderíos del Dalymount Park, incluso tomarse una foto conmemorativa en el césped. Aquí aún no se ha comercializado tanto esto del fútbol, y gusta.