Han pasado más de 12 años desde el último gran éxito de Italia. Desde los once metros, Grosso conoció la verdadera felicidad. En el bando francés, Trezeguet entendía, cabizbajo, el significado de “Pena Máxima”. El Olímpico de Berlín fue, el 9 de julio de 2006, el escenario elegido para ver a la Azzurra grabar su cuarta estrella de campeona del mundo sobre su escudo. No habían pasado demasiados minutos entre la triste expulsión de Zidane, en el partido que marcaba su retirada, y la euforia de Buffon, Pirlo, Del Piero, Cannavaro y compañía levantando la Copa del Mundo al cielo alemán. Aquel verano de 2006, Italia vivía un sueño. Lo que no sabía aquel combinado es que los sueños pueden derivar en un estado de letargo del que es muy difícil despertar.

La Eurocopa de 2008 dio inicio a los primeros síntomas de la venidera pesadilla italiana. A pesar de llegar con la ilusión por todo lo alto y siendo una de las grandes favoritas tras coronarse en Alemania, la entonces campeona cayó en cuartos de final, en la tanda de penaltis, contra España. Debieron pensar que aquella eliminación era tan solo un espejismo y que el reinado de Italia todavía no había acabado. Se equivocaron.

El Mundial de 2010 fue la primera gran decepción de la Azzurra desde 2006. Marcelo Lippi, que había llevado a todo un país a saborear la gloria, volvía a coger los mandos de la selección tras la marcha de Roberto Donadoni. El técnico apostó por un grupo en el que había hasta ocho jugadores que habían salido campeones cuatro años antes. La idea de Lippi era clara y sus decisiones, comprensibles. Sin embargo, Italia se estrelló en la fase de grupos. El combinado nacional llegaba al último partido tras empatar a uno ante Paraguay y Nueva Zelanda, obligado a vencer a Eslovaquia.

Lo que pretendía ser un golpe de efecto para encarar la fase final del Mundial se tornó en un golpe mortal para los italianos. La selección eslovaca sorprendió a todos los aficionados del Ellis Park ganando a la vigente campeona por 3-2 y apeando a los de Lippi de Sudáfrica. “La culpa es mía. He preparado mal al equipo”, reconocía entonces el entrenador, afligido, en rueda de prensa. Italia, que había saboreado la gloria en el Olímpico de Berlín permanecía, cuatro años más tarde, atónita ante una eliminación demasiado precoz.

Dos años después, llegaba la Eurocopa de 2012 y, con ella, una nueva oportunidad para reivindicarse. El torneo debía servir como bálsamo para cerrar la herida que habían sufrido en el Mundial de Sudáfrica. Cesare Prandelli agarró aquel combinado con el objetivo de volver a campeonar. No obstante y, tras completar un gran torneo, España volvió a ser su verdugo. Esta vez, en la final. Nada pudieron hacer contra aquel rodillo que los machacó con un contundente 4-0. Los ánimos de todo un país volvieron a caer en picado.

 

 A pesar de haber convencido a sus hinchas durante la fase de clasificación, el Mundial resultó ser un nuevo capítulo desastroso en la historia de la Azzurra

 

En 2014, la selección italiana llegó a la Copa del Mundo de Brasil dirigida, nuevamente, por Prandelli y con algunas vacas sagradas en sus filas. Repetían Buffon, Pirlo, De Rossi y Aquilani entre algunos otros más. A pesar de haber convencido a sus hinchas durante la fase de clasificación, el Mundial resultó ser un nuevo capítulo desastroso en la historia de la Azzurra. A pesar de estrenarse con buen pie ante Inglaterra, el conjunto de Prandelli perdió ante Costa Rica, que a la postre fue una de las revelaciones del Mundial, y Uruguay. De nuevo, los futbolistas del país de la bota volvían a casa sin apenas habérselas calzado.

Para 2016, la Azzurra ya había vivido varios golpes duros. No obstante, las esperanzas se mantuvieron, al tratarse de una fecha significativa. Se cumplía una década del Mundial y veían la Eurocopa, celebrada en Francia, como una oportunidad poética. El renacer de Italia, una década después, comenzó a tomar forma en los octavos de final, cuando consiguieron eliminar a España. La revancha levantó los ánimos de todo el país. La euforia era desmedida.

Pero todo aficionado sabe de corazón que el fútbol es un deporte cruel. Del cielo al infierno hay tan solo un paso y eso fue lo que ocurrió en cuartos de final. A pesar de la motivación y las ganas de aquella selección, Alemania logró llevarse la eliminatoria en los penaltis. De nuevo, y para decepción del país, el combinado nacional volvía a casa antes de tiempo.

Tras un nuevo varapalo, los ánimos en el país transalpino andaban revueltos. Los aficionados italianos esperaban que la actuación de la selección fuese notable en Rusia. El Mundial de 2018 debía ser el escenario para la resurreción italiana, comandada por el veterano Gian Piero Ventura. Sin embargo, lo que le esperaba a la Azzurra era una de las páginas más negras de su historia. Tras una fase de clasificación mediocre, se lo jugaron todo en la peligrosa repesca. Liderados de nuevo, como si fuese el día de la marmota, por Buffon, Candreva, De Rossi o Chiellini, el veterano ejército italiano sintió la derrota, catastrófica para muchos, ante Suecia.

El Wunderteam hizo bueno el 1-0 de la ida en Milán. Defendió con garra, manteniendo el empate sin goles y logró su billete a Rusia. Por contra, Italia se quedaba fuera de un Mundial tras 60 años dando guerra en este tipo de competiciones.

 

Las lágrimas de un mito como Buffon sobre el césped del Giuseppe Meazza, en su último partido como internacional, quebraron el corazón de todo un país

 

No obstante, aquella fatídica noche comenzó la revolución en la Azzurra. Las lágrimas de un mito como Buffon sobre el césped del Giuseppe Meazza, en su último partido como internacional, quebraron el corazón de todo un país. “Lo siento. Es una lástima y no solo por mí. Hemos fallado”. Federación, cuerpo técnico y jugadores sabían que el ciclo había caducado. Sabían que Italia necesitaba una revolución.

Revolución en la UEFA Nations League

El nuevo torneo ideado por la UEFA es el escenario idóneo para que Italia vuelva a ser aquella selección temible a la que nadie quería enfrentarse. Para ello, ha sido imprescindible un relevo generacional en cada una de las posiciones del terreno de juego pero también, e igual de importante, en los banquillos.

El cambio en el área técnica ha sido el primer paso para comenzar a establecer las bases de la transición italiana. Roberto Mancini tiene la misión de rejuvenecer al combinado nacional. Atrás quedarán (o eso esperan los aficionados italianos) las alineaciones plagadas de veteranos. Sin ir más lejos, en la catástrofe del Giuseppe Meazza, Ventura salió con cinco jugadores que superaban la treintena. Aquel día, el jugador más joven fue Gabbiadini, con 25 primaveras.

La idea de salir al campo con tantos veteranos no encaja demasiado en los planes de Mancini. El extécnico de Inter de Milán y Manchester City, entre otros, dejará paso a la nueva generación de futbolistas. “Los jugadores que juegan bien en las categorías inferiores, también pueden hacerlo en la élite”. En su primera convocatoria, ya se refleja la idea principal del técnico. Es la hora del cambio.

Cambio de ‘Gigis’ bajo los tres palos

La portería de Italia era intocable. Gianluigi Buffon tomó el relevo de Pagliuca allá por el 2000. Desde entonces, nadie se atrevió a toser al guardameta de Carrara. Los casi siete metros y medio que hay entre palo y palo de la portería han sido propiedad, hasta ahora, de uno de los mejores arqueros de la historia.

Pero Gigi, como le conocen cariñosamente, no es eterno. No obstante, y para suerte del combinado italiano, un imberbe Gianluigi comenzaba a asombrar al mundo con sus paradas bajo los palos de Milán. Ni Diego López ni Christian Abbiati, que entonces luchaban por la titularidad en el Milan, pudieron frenar la irrupción de un joven meta de casi dos metros de altura. Las buenas actuaciones de Gianluigi Donnarumma tuvieron el resultado esperado y, a los 17 años y medio, debutó con la selección absoluta. “Marcarás una época”, le dijo el propio Buffon el día que cumplía los 18 años. “Es el heredero de Buffon”, espetó Abbiati, al que el propio Donnarumma sentó en el banquillo.

Aunque su titularidad parece probable en la Azzurra, deberá competir con Mattia Perin. El guardameta de Latina es, a día de hoy, suplente de Szczesny en la Juventus. No obstante, Sirigu y Cragno también pelearán por hacerse con el relevo que deja el gran Gianluigi Buffon.

Nuevos soldados para el muro defensivo

Cuando los arietes rivales levanten sus miradas para tratar de anotarse un tanto, delante se encontrarán a Bonucci y a Chiellini. Es obvio porque, todavía hoy, estos dos guerreros siguen siendo los jefes de la zaga italiana. Pero a su lado han llegado soldados nuevos dispuestos a hacerse un hueco entre los recovecos de la muralla italiana.

De hecho, los veteranos centrales de la Juventus y la selección ya tienen relevo. Y estos han llegado directamente desde el Milan: Alessio Romagnoli y Mattia Caldara. Los centrales rossoneri, de 23 y 24 años respectivamente, están llamados a ser los herederos de la zaga italiana. De hecho, Romagnoli, a su corta edad, es el capitán de su equipo y el indiscutible líder de la defensa. Por su parte, Caldara aprovechó las constantes ocasiones de las que dispuso durante la campaña anterior. Es obvio que Mancini no se haya olvidado de ellos.

También son destacables los cambios en los laterales. Es el caso de Cristiano Biraghi, de 26 años, y de Emerson, de 24. Ambos jugadores han llegado al combinado nacional con la intención de arrebatar el puesto de lateral izquierdo a Criscito. Biraghi, actual jugador de la Fiorentina, destacó durante la campaña anterior en las filas del Pescara. En este nuevo curso, ya con los viola, ha jugado 180 minutos dejando buenas sensaciones. Por su parte, Emerson también demostró su calidad en la Roma. A pesar de una grave lesión de ligamentos, sus buenas actuaciones con los Giallorossi le abrieron las puertas del Chelsea y de la selección.

En el otro extremo de la defensa, ocupando la posición de lateral derecho, es probable que aparezca Zappacosta. El lateral del Chelsea, de 26 años, todavía no ha jugado con los Blues durante este curso. Además, su posición también podría ser ocupada por Manuel Lazzari. El carrilero del SPAL puede jugar en las tres demarcaciones disponibles en la banda derecha: De lateral a extremo, pasando por el interior. Atrás quedaron los Darmian y Candreva, antiguos dueños de los laterales en la zaga azul…

Italia busca un nuevo ‘pelotero’

El maestro Pirlo llevó la batuta de Italia. Por sus pies pasaba todo el juego del combinado nacional. Era, tan simple y llanamente, el guionista de la Azzurra. Pero esa demarcación de director quedó huérfana con su retirada. De hecho, su ausencia explica, en parte, los recientes fracasos de la selección. Con el arrivederci de Andrea, Italia perdió a uno de esos jugadores capaces de cambiar el devenir de un partido.

Mancini tiene la oportunidad (y la necesidad) de encontrar a ese nuevo pelotero que guíe el juego de los transalpinos. Para ello ha dejado fuera de su lista a jugadores como Florenzi, Parolo o De Rossi. Partiendo de la supuesta base de que Jorginho será el pivote de la selección, el técnico italiano ha decidido probar con varios jóvenes mediocentros, los cuales deberán canalizar el juego de su equipo.

Jóvenes, sí. Experimentados, también. Se trata de Marco Benassi, Roberto Gagliardini, Lorenzo Pellegrini y Bryan Cristante. Benassi, a sus 23 años, es el mediocentro titular de la Fiorentina. Si en la campaña anterior anotó cinco goles en 37 partidos, en sus dos primeros partidos del nuevo curso ya ha anotado tres. Uno de los centrocampistas más destacados del anterior curso fue Gagliardini. El joven de 24 años, nacido en Bergamo, disputó una treintena de partidos con el Inter de Milán. Esta temporada, ha disputado tan solo un partido de liga en el que jugó los 90 minutos. Menos participación en este inicio de campaña ha tenido Lorenzo Pellegrini. El joven mediocentro de la Roma también ha demostrado sobradamente sus galones con tan solo 22 años. Y con un corte mucho más ofensivo, Roberto Mancini deposita su confianza en Bryan Cristante. El actual jugador de la Roma anotó 12 goles en los 47 partidos que disputó con el Atalanta durante el curso anterior. El mediocentro ofensivo de 23 años ha tenido minutos en los tres partidos que han jugado los romanos.

No podemos pasar por alto, ni mucho menos, la convocatoria de Nicolò Zaniolo. Este joven de 19 años ocupa la posición de media punta. Sin embargo, el futbolista no ha debutado ni con la Roma, club por el que ha fichado este verano, ni con la selección absoluta.

Baggio, Del Piero, Inzaghi y… 

¿Y ahora quién? Esa es la pregunta que se pueden hacer en el país. Italia siempre ha gozado de la presencia de grandes delanteros. Roberto Baggio, Alessandro Del Piero, Inzaghi… Lo normal es que toda Italia se estremezca y suspire tras recordar a sus grandes goleadores.

Ahora, el combinado nacional busca a un nuevo referente en ataque. Sueñan con ese delantero fiable con el que celebrar los goles. Buscan a ese futbolista con el que mantener la esperanza en un partido que parece perdido.

Insigne, Zaza, Immobile y Balotelli son los más experimentados. Sin embargo, el nuevo seleccionador ha querido dar entrada a jóvenes futbolistas con experiencia y proyección: Federico Chiesa, Domenico Berardi y Andrea Belloti. Este último, Belloti, es delantero centro y capitán del Torino a sus 24 años. Además, ya se ha estrenado en este nuevo curso. Berardi y Chiesa son dos puñales en las bandas. El primero, a sus 24 años, ocupa el extremo diestro del Sassuolo. En estos tres primeros partidos del curso ya ha marcado dos goles. Y por supuesto, Chiesa. Quizás sea uno de los nombres más escuchados en Italia durante la próxima década. El extremo de 20 años es titular en la Fiorentina y su valor de mercado asciende a los 45 millones de euros.

Aunque si hablamos de delanteros puros, ahí encontramos a Pietro Pellegri. A sus 17 años, el jovencísimo futbolista se dedica a marcar goles para el Mónaco. En enero de 2018, el club del principado desembolsó unos 25 millones de euros a cambio de un joven delantero que por entonces tenía 16 años. El tiempo dirá si aquella inversión por una de las grandes promesas del fútbol italiano fue todo un éxito o, si por el contrario, aquellos billetes acaban en papel mojado.

Una combinación entre la experiencia y la juventud

Roberto Mancini no ha tenido reparo en dejar fuera a varios jugadores para apostar por la sabia nueva. Sin embargo, también ha querido mantener la jerarquía dentro de un vestuario liderado por Bonucci y Chiellini, tras la retirada de Buffon.

Comienza una nueva época en Italia. Otra más, después de tantos proyectos fallidos. Sin embargo, este nuevo proyecto consiste en una transición de la que deben salir nuevos líderes y estandartes dentro del vestuario. Una nueva generación que vuelva a colocar al país transalpino entre las selecciones más temidas. Una regeneración más que necesaria tras tantas decepciones. A día de hoy, y con Mancini a la cabeza, toda Italia está pendiente de la nueva Azzurra.