De Koel nos reconcilia con el fútbol, nos hace ver que uno puede asistir al estadio sin los mayores lujos y sobrevivir a ello. ¿Cómo es que no tienen Wi-Fi? ¿Pero de verdad con este frío no hay calefacción en los asientos? ¿En serio se pone a llover y nos vamos a mojar? Bienvenidos a los dramas del fútbol actual. De Koel se ríe de esas tonterías, te da una palmada en la espalda y te ofrece noventa minutos de sinceridad. El estadio del que hablamos es el feudo del legendario VVV Venlo, ese equipo neerlandés que parecen más las siglas de una aerolínea o tienda de recambios para el automóvil que el de un club de fútbol. Se trata de un humilde club que suele estar entre la Eredivisie y la segunda división neerlandesa, esta última temporada ascendieron a la máxima categoría. Venlo es una ciudad que está situada al sureste de los Países Bajos, en la provincia de Limburgo. Posee una población alrededor de 100.000 habitantes y el estadio del VVV está a menos de dos kilómetros de la frontera con Alemania, atesora una capacidad para 8.000 espectadores. Allí, en el último rincón neerlandés, encontramos uno de los pocos reductos de fútbol tradicional. Como si en lo alto del Everest hubiera un estadio de fútbol.

Hace tan solo unas semanas el Atlético de Madrid se mudaba al Wanda Metropolitano, un estadio que tiene todo tipo de lujos. Su estilo es más propio al de una nave espacial que al de los clásicos campos de fútbol, sigue el modelo que está invadiendo el fútbol inglés. Lo mismo le ocurrió al Arsenal con el Emirates y al Tottenham le sucederá algo parecido, los nuevos tiempos van acordes a estilos diferentes y modernos. Con la reciente apertura del Metropolitano hemos leído durante los últimos días polémicas sobre una bandera gigante del Atlético, las aglomeraciones que se montan en los aledaños, lo lejos que les pilla a muchos y su paseo de la fama. A veces olvidamos una de las bases de este deporte: su sencillez. ¿Imagináis ese tipo de dramas en De Koel? El mayor de sus problemas es que el asiento esté sucio o que al llover te hayas dejado el paraguas en el bar. Díganle a los hinchas de Rampla Juniors que aquí en Europa tenemos calefacción en los asientos, díganselo a una afición que no posee gradas en uno de los laterales porque por allí pasa el Río de la Plata. De Koel no está rozando un río pero sí está construido en una cueva. Sí, como suena.

Está bien que en el fútbol haya renovaciones y más en estadios que llevan décadas sin una sola remodelación, debemos adaptarnos a los nuevos tiempos. Pero también es cierto que no debemos perder la perspectiva sobre lo que significa este deporte, se trata de un juego. En De Koel los futbolistas tienen los vestuarios en lo alto de una colina, no están bajo las gradas como sucede habitualmente. Los jugadores descienden varias escaleras de piedra y así es como llegan al césped, a una hierba que es artificial. Un ritual que recuerda al recreo, cuando bajábamos desde nuestras aulas al patio. Ese largo camino que se nos hacía eterno con el balón en la mano y con la intención de imitar lo que habíamos visto el fin de semana en la televisión, queríamos calcar la última diablura de Ronaldinho o ese control elegante de Henry. Esas escaleras eran el antes y un después fatigados deseos de que llegara el día siguiente para volver a bajar de ellas. Los futbolistas del Ajax y PSV por unos momentos regresan a su niñez, vuelven a un fútbol donde el juego y el balón son sus protagonistas. Observad el siguiente vídeo, en él aparece Luis Suárez en su época como jugador del Ajax. En su mirada y gestos parecen estar presentes sus recuerdos del fútbol uruguayo, es una vuelta a lo terrenal.