Si a mediados de agosto hubiéramos cogido a un valencianista y le contamos que tres meses después su equipo marcharía segundo en la clasificación, sin conocer la derrota y con un estilo de juego sólido y competitivo, ese aficionado nos hubiera tachado de locos. Han pasado tres meses y todo eso se ha hecho realidad. El Valencia marcha a velocidad de crucero, sin síntomas de frenar un ritmo que le ha llevado a protagonizar el mejor arranque liguero en la historia del club. Marcelino ha sabido exprimir el mejor fútbol de todos y cada uno de sus hombres habituales. Dani Parejo lidera como nunca en la medular, junto a un Geoffrey Kondogbia que se ha erigido como el perfecto complemento para el capitán en el doble pivote; Simone Zaza y Rodrigo Moreno están batiendo todos sus registros goleadores; y los jóvenes canteranos, encabezados por Carlos Soler y José Luis Gayá, se sienten (y son) piezas básicas en el equipo.

Todo parecen buenas noticias en Mestalla. Y a ellas, se les suma una más: la irrupción de Gonçalo Guedes. Llegó a Valencia casi como un desconocido para la afición. Sin hacer ruido ni vítores de que una estrella se instalaba en el césped de Mestalla. El joven portugués aterrizó en Valencia a poco de cerrarse el mercado de fichajes proveniente del París Saint-Germain, después de que el conjunto galo le fichase en el último mercado invernal a cambio de 30 millones de euros al Benfica.

Desde que Guedes se afianzó de la banda zurda en el once inicial de Marcelino, el Valencia no sabe lo que es llegar al final del partido sin los tres puntos en el bolsillo

Con Unai Emery las oportunidades brillaron por su ausencia. Y medio año fue suficiente en París para saber que no era el momento de saltar a un ‘gigante’ que juega tres competiciones y aspira a ganar todas y cada una de ellas. En ese caso, por qué no probar en un club en el que sepas que, sin la titularidad garantizada de primeras, el trabajo y el esfuerzo tendrán su recompensa cuando llegue el partido del fin de semana. Sin un Neymar, un Mbappé o un Di María que le sitúe como la última opción para el entrenador, Guedes encontró en Valencia la vía de escape necesaria para seguir creciendo futbolísticamente.

Hasta el momento, la elección de pasar un año en Mestalla no podría haberle salido mejor al luso. Solo llegar ya dispuso de un ratito ante el Atlético de Madrid y otro más en el derbi valenciano contra el Levante. Pasaron un par de jornadas con Guedes ya en el equipo y no daba la sensación de que ese joven portugués hubiera llegado a la capital del Turia para erigirse como uno de los líderes del recién estrenado proyecto de Marcelino García Toral. Se le veía capacitado para ser un habitual en el once, pero no como para ser uno de los buques insignia del equipo. A partir de su exhibición en el Benito Villamarín se le miraba con otros ojos. Ese día Guedes dio un paso al frente, empezó a ser el centro de atención de un Valencia que se hacía más fuerte cada vez que superaba un nuevo obstáculo.

Su partido en Sevilla fue una primera demostración de todo lo que podría darle a este nuevo Valencia. Velocidad de vértigo, regate y profundidad a mansalva. Y a todas esas cualidades se le añade un exquisito y potente disparo de balón y una facilidad tremenda para armar la pierna en un visto y no visto. El gol ante el Betis, su primer tanto en La Liga, fue una carta de presentación que resume a la perfección su forma de disparar a puerta. Rápido, sin miramientos y convencido de que entrará por la escuadra. Como si se tratara de algo sencillo, repitió otro cañonazo un fin de semana después contra el Sevilla, para redondear su actuación con una sutil vaselina por encima de Sergio Rico. Ahí fue cuando definitivamente dejó claro que había venido a Valencia para comerse el mundo.

Desde que Guedes se afianzó de la banda zurda en el once inicial de Marcelino, el Valencia no sabe lo que es llegar al final del partido sin los tres puntos en el bolsillo -Málaga, Real Sociedad, Athletic, Betis, Sevilla, Alavés y Leganés han sido las víctimas-. Le da ritmo y velocidad al equipo. Le gusta asumir riesgos y desafiar al rival. Tiene descaro y seguridad en sí mismo. Parece todo sumamente maravilloso hasta que en Valencia se dan cuenta de que este sueño tiene en las botas una etiqueta con la fecha de caducidad grabada. De seguir con esta meteórica evolución, todo indica que el próximo 30 de junio Gonçalo Guedes cogerá un avión desde Manises. Se despedirá de sus compañeros, de los técnicos y de los empleados para poner rumbo hacia París, donde se frotan las manos viendo las diabluras de un chico de 20 años por la banda del ataque del Valencia, sabiendo que pronto podrá hacerlas por el Parque de los Príncipes. En Valencia, por su parte, esperan no despertar del sueño cuando llegue el próximo verano.