El Signal Iduna Park presentaba un lleno hasta la bandera. Era un partido amistoso, sí, pero un Alemania-Inglaterra nunca puede sentirse ni jugarse como un mero choque sin oficialidad. Las historias de ambas selecciones no lo permiten y sus respectivas aficiones aún menos. Si a ese convite se le añade el hecho de ver a una leyenda como Lukas Podolski por última vez vestido con la camiseta de la Mannschaft, descartemos ya definitivamente que ese encuentro tenga una pizca de amistoso. Quizá las ausencias de ese día podían descafeinar en cierta medida el espectáculo. Manuel Neuer, Jerome Boateng, Mesut Özil, Wayne Rooney y Theo Walcott, entre otros, no estaban presentes en la batalla. Pero la despedida de un mito que ha jugado 130 encuentros y ha marcado 48 goles con Alemania eclipsaba, de largo, cualquier baja, por muy destacada que fuera. El homenaje a Podolski ocultó la falta de las estrellas de las respectivas selecciones, pero también oscureció otras historias de aquel duelo.

El seleccionador inglés, Gareth Southgate, planteó una alineación con tres centrales y dos carrileros. Por delante de la zaga, le ofreció el doble pivote a Eric Dier y a Jake Livermore, el protagonista en la sombra de este duelo, que vestía por segunda vez en su carrera la camiseta de los Three Lions, cinco años después de debutar en otro partido amistoso contra Italia. Lo curioso es que en otras condiciones Livermore nunca hubiera disputado ese Alemania-Inglaterra. Seguramente, lo estaría viendo desde el sofá de su casa, apoyando a los suyos, pero sin poder ayudarles desde el césped a causa de una hipotética sanción por parte de la Football Association que le podría haber apartado de los terrenos de juego durante dos largos años.

Debemos retroceder hasta 2014. En esos tiempos Livermore no defendía la camiseta del West Bromwich Albion, sino que se debía al naranja y negro del Hull City. Llevaba en el club desde el inicio de curso y parecía que, por fin, había encontrado el lugar idóneo para él. Después de formarse en las categorías inferiores del Tottenham vivió sumergido en una vorágine de cesiones que no le permitieron asentarse. MK Dons, Derby County, Peterborough, Ipswich Town y Leeds United, fueron sus destinos antes de volver a los spurs en 2011 y, más tarde, asentarse en el Hull City después de que el club lograse volver a la Premier League en 2013. En la competición doméstica The Tigers lucharon por la permanencia en la máxima categoría del fútbol inglés, pero donde labraron su particular heroicidad fue en la siempre asombrosa FA Cup.

Su andadura por el torneo más viejo del deporte rey inició en la tercera ronda ante el Middlesbrough y partir de ahí, los rivales cayeron uno a uno. Ni Southend United, ni Brighton & Hove Albion, ni Sunderland, ni Sheffield United pudieron con el equipo dirigido por Steve Bruce, que se clasificó por primera vez en la historia del club para la final de la FA Cup. El rival era el Arsenal y el escenario Wembley. El sueño de conquistar la copa no pudo empezar de mejor manera, pues antes de cumplirse los diez minutos de juego, James Chester y Curtis Davies se encargaron de poner 2-0 el electrónico. Aunque Santi Cazorla acortó distancias aún en el primer tiempo y Laurent Koscielny puso las tablas para llegar a los 30 minutos extra. Un gol de Aaron Ramsey decantó la balanza a favor de los de Arsène Wenger y privó al Hull City de la gloria. El consuelo de aquella derrota vino poco después para Jake Livermore. Su pareja daría a luz al día siguiente, aunque hubo complicaciones durante el parto que derivaron en la prematura muerte de su hijo. Y lo que, en un principio, parecía una buena nueva, se convirtió en la peor de las noticias.

Esa pérdida derrumbó al futbolista, que en ese verano fue adquirido definitivamente por el Hull City después de un primer curso en calidad de cedido. Siguió siendo un fijo en las alineaciones de Steve Bruce, avalando así la cantidad desembolsada por su club para hacerse con sus servicios, convirtiéndose en el futbolista más caro de la historia de The Tigers. Al calzarse las botas su rendimiento bajó considerablemente y cuando se alejaba del césped la muerte de su hijo seguía muy presente en su cabeza.

La temporada siguiente transcurría con el Hull City coqueteando alarmantemente con el descenso a la Championship. Y en abril de 2015, después de una victoria en el estadio del Crystal Palace, Jake Livermore pasó un control antidoping en el que dio positivo por consumo de cocaína. Steve Bruce recuerda ese momento como uno de los más amargos de su carrera en los banquillos: “Fue la charla más dura que he tenido con un jugador. Tenía que decirle a un chico joven, con los mejores años de su carrera por delante, que había dado positivo en una prueba de drogas, que el club le suspendería y que era casi seguro que la FA también lo haría”. Livermore se exponía a una sanción de dos años sin poder pisar el césped y la Football Association decidió, de manera provisional, sancionarle sin jugar los dos últimos encuentros de la temporada ante Tottenham y Manchester United, certificándose también el descenso del Hull City a la segunda división inglesa.

Tras el verano, con la competición recién iniciada, la Football Association estudió de nuevo el caso. En su normativa se exculpa a un futbolista que haya dado positivo en un control en el caso de que haya motivos y razonamientos de peso que expliquen el porqué de la conducta incorrecta de un jugador. Finalmente, se decidió no sancionar a Jake Livermore pese a lo ocurrido y podría volver a disfrutar de su profesión con el Hull City. La nueva temporada arrancó con el propósito de ascender de nuevo y terminó siendo un éxito. El Hull City volvía a la Premier League y Jake Livermore y su pareja eran padres por segunda vez.

A mediados de la actual campaña, en el mercado de invierno, Livermore dejaba el Hull City para fichar por el West Bromwich Albion. La culminación de toda esta historia se selló el pasado 22 de marzo en el Alemania-Inglaterra. “Es un sueño volver, espero que mi país esté orgulloso. Es bueno devolver algo como cuando yo lo necesitaba, tuve la suerte de recibir ese apoyo”, explicaba Jake Livermore, que ahora compagina su carrera futbolística con diferentes charlas para aconsejar a jóvenes con problemas. Todo un ejemplo de superación para esos chicos que, como Jake, esperan una segunda oportunidad.