Como no podía ser de otra forma, la selección de Croacia estará presente en el próximo Mundial. Tras quedar por detrás de una histórica Islandia en la fase de grupos, en la repesca, el combinado croata se deshizo con extrema facilidad de Grecia: 4-1 en el Estadio Maksimir de Zagreb y 0-0 en Atenas, en un partido intrascendente y sin demasiada historia.

En la Copa del Mundo de Rusia faltarán algunos cracks del panorama mundial -como Marco Verratti, Alexis Sánchez, Gareth Bale, Arjen Robben o David Alaba-, pero quienes sí que estarán serán las grandes estrellas de Croacia: Luka Modric, Ivan Rakitic, Mario Mandzukic, Ivan Perisic y Nikola Kalinic. En el país del vodka, todos ellos tendrán la oportunidad -la última de sus exitosas carreras, quizás- de emular lo que hizo la selección croata en el Mundial’98, el primero en el que participó el país tras la declaración de independencia del 8 de octubre de 1991.

Croacia se convirtió en la sorpresa del Mundial’98

En aquella ocasión, el combinado que dirigía Miroslav Blazevic se convirtió en la sorpresa del campeonato al alcanzar las semifinales, confirmando así la buena imagen que ya había mostrado en la Eurocopa’96 de Inglaterra, cuando fue apeada por Alemania en cuartos.

La andadura de Croacia en la Copa del Mundo de Francia empezó con dos victorias contra dos países que también debutaban en el torneo: Jamaica y Japón. Después, el equipo cedió por 0-1 contra Argentina en la última jornada de la fase de grupos. Pero pese a esta derrota, la selección croata accedía por vez primera -y única, hasta la fecha- a unos octavos de un Mundial.

Allí se encontró a la Rumanía del célebre Gheorghe Hagi, que cuatro años antes había llegado hasta los cuartos de final. Y allí, en aquel partido que se jugó en el antiguo Parc Lescure de Burdeos, Davor Suker, una de las grandes estrellas croatas de la década de los 90, dio inicio a una racha extraordinaria. El delantero, que ya había marcado en los encuentros contra Jamaica y Japón, le dio la victoria a su país con un gol de penalti y le clasificó para la siguiente ronda.

Pero la cosa no acabó aquí, ni mucho menos. En los cuartos de final, el combinado croata se volvió a poner el mono de trabajo para vengarse de Alemania, su verdugo en la Eurocopa’96. Con goles de Robert Jarni, de Goran Vlaovic y del propio Davor Suker, los pupilos de Blazevic se impusieron por un inapelable 0-3 a un conjunto en el que convivían grandes nombres del futbol germano, como Oliver Bierhoff, Jürgen Klinsmann o Lothar Matthäus.

Llegados a este punto, no parecía que la selección croata fuera a detenerse ahí

La broma ya no les hacía gracia a las grandes selecciones, que habían mirado de forma casi condescendiente lo que Croacia había ido logrando en el torneo. “Ya caerán”, debían pensar. Pero lo cierto es que, llegados a este punto, no parecía que aquel equipo fuera a detenerse ahí, tan cerca de la gloria. Ya se habían cargado a uno de los favoritos, y empezaban a dar miedo.

Y así se llegó a la noche más importante de la historia de la joven selección de fútbol de Croacia, la del 8 de julio de 1998. A las 9 de la noche, los once futbolistas titulares del conjunto balcánico, repentinamente convertidos en héroes por su afición, saltaron al césped del Stade de France al lado de los jugadores de la selección anfitriona, aquella Francia black, blanc, beur.

El encuentro llegó al descanso sin goles, algo realmente incomprensible teniendo en cuenta la nómina de jugadores ofensivos que habían pisado el terreno de juego: Thierry Henry, Christian Karembeu, Zinedine Zidane y Youri Djorkaeff por Francia, y Goran Vlaovic, Zvonimir Boban, Mario Stanic y Davor Suker por Croacia. De hecho, fue precisamente éste último el que abrió el marcador en el minuto 46 con su quinto gol en la competición.

No obstante, la alegría y la sorpresa de los balcánicos no duraron demasiado. Rápidamente, Lilian Thuram, que por aquel entonces actuaba como central en el mítico Parma de finales de la década de los 90, remontó el partido con un doblete que privó a los croatas de clasificarse para la final en su primera participación en la Copa del Mundo.

Pero a pesar de aquella dolorosa eliminación, el equipo de Croacia mantuvo intactas las ganas de hacer historia en Francia. Y en el partido por el tercer puesto, los combatientes futbolistas de Blazevic se impusieron a Holanda por 1-2, con goles de Robert Prosinecki, el Balón de Oro de aquel Mundial sub-20 que Yugoslavia ganó en 1987, y Davor Suker.

Sí, de nuevo Suker. El delantero, conocido con el apodo de El Mago de Osijek en referencia a la ciudad de la que es originario, terminó el torneo con seis goles, una cifra que le sirvió para ganar la Bota de Oro y el Balón de Plata, tan solo por detrás de Ronaldo. Y es que la actuación de Suker en Francia no fue para menos: anotó cuatro goles en los cuatro partidos de eliminatorias y tan solo se quedó sin marcar en un encuentro, el de la primera fase contra Argentina.

Davor Suker enamoró al Santiago Bernabéu y al Sánchez Pizjuán con su insaciable olfato goleador

Ciertamente, 1998 fue un año extraordinario para el máximo goleador histórico de la selección de Croacia. Además del tercer lugar conseguido en el Mundial, Suker ganó la Champions League y la Intercontinental con el Real Madrid, donde compartió vestuario con grandes delanteros como ‘Pedja’ Mijatovic, Raúl González o Fernando Morientes. Además, El Mago de Osijek también utilizó su clase, su elegancia y su insaciable olfato goleador para enamorar al Sánchez Pizjuán. Suker llegó a Sevilla en 1991, con tan solo 23 años, y cuando se marchó, en 1996, lo hizo convertido en un ídolo para la afición, que celebró más de 70 tantos del killer balcánico.

Después de pasar sus últimos días como futbolista en el Arsenal y en el Múnich 1860, el delantero -autor de frases tan célebres como: “La pretemporada está siendo muy dura. Nos levantamos a las 9 de la mañana”– se retiró finalmente en 2003. Y ahora, desde el cargo de la presidencia de la Federación de Fútbol de Croacia, Davor Suker aspira a que, en su quinta participación en un Mundial, la selección del país se acerque a lo que hizo su equipo en 1998, cuando se presentó ante el mundo del fútbol con su actuación más memorable.