Cada cuatro años. Como si fueran Truman Burbank, el protagonista de El Show de Truman, los aficionados ingleses repiten el mismo ritual cada cuatro años. Hambrientos de éxitos, se sientan frente al televisor y sueñan con que su selección regrese a casa con el título de la Copa del Mundo. E inevitablemente, de la misma forma que se hunde una piedra en el mar, se hunden también sus esperanzas y descubren que no, que esta vez tampoco.

Y cada vez va quedando más lejos aquel 30 de julio de 1966, aquel día en el que Inglaterra consiguió su primer y único título mundial al imponerse a Alemania Federal en la final del torneo. De hecho, tan lejos queda aquel día que incluso los libros de historia parecen haberlo olvidado, como si los años hubieran enterrado aquella gesta con las incontables decepciones deportivas que la han precedido. Ubi sunt, cualquier tiempo pasado fue mejor.

Pero, a pesar de todo, los aficionados ingleses, siempre contrarios a darse por vencidos y a resignarse a aceptar que jamás vivirán lo que experimentaron sus abuelos, continúan desempolvando sus banderas y sus bufandas cada cuatro años, llevados más por el corazón que por la cabeza. Entre ellos, destaca un señor nacido hace 75 años en Ashton-under-Lyne, en el norteño condado de Lancashire. Es Sir Geoffrey Charles Hurst, el hombre que en 1966 le dio el Mundial a Inglaterra al anotar un histórico hat-trick.

Desde entonces, son muchos los que se han puesto delante de un espejo y han soñado con emular su gesta, pero ninguno de ellos lo ha conseguido. Ni Gary Lineker, ni Teddy Sheringham, ni Alan Shearer. Ni Michael Owen, ni Wayne Ronney.

“¿Pero y si esta vez sí?”, repiten los hinchas ingleses, de la misma manera que Mark Renton, aquel yonqui de Edimburgo que protagoniza Trainspotting, se intenta autoconvencer por enésima vez para dejar las drogas. La esperanza es lo último que se pierde.

 

Hay motivos para creer en que Inglaterra puede regresar de Rusia con la Copa del Mundo

 

Aun así, es cierto que ahora, siendo justos con la realidad, hay motivos para creer en que el verano que viene el equipo nacional puede regresar de Rusia con la Copa del Mundo. Y es que este año Inglaterra no solo ha sellado su clasificación para la cita rusa al terminar primera de su grupo con ocho victorias y tan solo dos empates, sino que también ha destacado en el universo futbolístico por haberlo ganado prácticamente todo en categorías inferiores: el Mundial sub-20, el Campeonato de Europa sub-19, el Mundial sub-17 y el Torneo Internacional de Toulon. Además, los Pross fueron finalistas en el Campeonato de Europa sub-17 y semifinalistas en el sub-21. En ambos casos, el conjunto inglés fue derrotado en la tanda de penaltis.

El último de estos logros se consumó el pasado 28 de octubre, cuando el equipo sub-17 levantó el título del Mundial de la categoría al cielo de Calcuta. No fue nada fácil, ya que España se puso dos goles por delante en el marcador gracias a un doblete del culé Sergio Gómez, pero al final Inglaterra remontó y se impuso por 5 a 2 en la primera final europea de la historia del torneo, habitualmente dominado por combinados sudamericanos y africanos.

De hecho, los Pross nunca habían superado la ronda de los cuartos de final en el Mundial sub-17. Y si finalmente lo consiguieron este año fue, en gran parte, gracias a la figura de Phil Foden, la nueva joya de la corona inglesa y del Manchester City.

Nacido en Stockport, una ciudad que se encuentra a unos 30 minutos en coche del Etihad Stadium, el interior-mediapunta-extremo ya sabe lo que es ir convocado por Pep Guardiola, aunque aún no ha podido debutar en partido oficial. En cambio, sí que ha disputado encuentros amistosos con la camiseta citizen. El primero de ellos fue este verano contra el Manchester United, y las palabras de Guardiola en la rueda de prensa posterior al derbi son una muestra más de que Phil Foden no es un futbolista cualquiera: “No tengo palabras. Me gustaría tenerlas para describir lo que vi. Hacía tiempo que no veía una actuación así. Es un jugador especial”.

 

“¿Pero puede Phil Foden llegar a ser tan especial como Leo Messi?”

 

“¿Pero puede llegar a ser tan especial como Leo Messi?”. Esto es lo que debe preguntarse el laureado técnico de Santpedor mientras se imagina un Manchester City construido alrededor de Foden, tal y como en su día dispuso un FC Barcelona cuyo centro de gravedad radicaba en el ’10’ argentino. Y es que, salvando las evidentes diferencias que les separan, es innegable que Foden tiene cosas de Messi: capacidad de liderazgo, de asociación y de desborde; inteligencia táctica; una visión de juego extraordinaria; un gran golpeo y una habilidad increíble para mantener el balón en los pies, para protegerlo a las mil maravillas y para jugarlo con pocos toques y con una finura y una elegancia muy poco habituales, menos aún en futbolistas de tan solo 17 años.

Además, igual que Messi, Foden también es zurdo, está acostumbrado a partir desde la banda derecha y tiene mucha trascendencia e influencia en el juego del equipo. En este sentido, el impacto del menudo futbolista en el equipo inglés que disputó el Mundial sub-17 de la India fue tal que incluso llegó a alterar el arcaico estilo de juego británico. A la velocidad y el físico, Foden, al más puro estilo Guardiola, consiguió unirles su debilidad por el fútbol de toque.

Pero si en su día Messi necesitaba de compañeros como Xavi Hernández o Andrés Iniesta, Foden, que fue galardonado con el premio al mejor jugador del torneo, tampoco puede brillar solo. Junto a él, en los esquemas del técnico galés Steve Cooper también destacaron el delantero del Liverpool Rhian Brewster, autor de siete tantos en los últimos tres partidos de la competición; el lateral diestro del Fulham Steven Sessegnon, que, tal y como hacían Messi y Dani Alves, se compenetró a la perfección con Foden en la banda derecha; el central del Manchester City Joel Latibeaudiere, el capitán del conjunto inglés; y dos jugadores del Chelsea: el extremo zurdo Callum Hudson-Odoi y el centrocampista George McEachran.

Y entre todos estos nombres de futuro no puede faltar el de Jadon Sancho, considerado por muchos como el mejor jugador de la generación inglesa del 2000 junto a Foden. El futbolista, un extremo eléctrico, rápido y goleador, disputó la primera fase del torneo, pero después voló hacia Alemania para reincorporarse a la disciplina del Borussia Dortmund, que lo ha fichado este verano tras finalizar su contrato con el Manchester City con la intención de que sea una de las opciones de Peter Bosz para suplir la importante baja de Ousmane Dembélé.

Caracterizado por su capacidad de desequilibrio y desborde, Jadon Sancho, que en Dortmund luce el ‘7’ que Dembélé dejó libre al mudarse al Camp Nou, ya fue uno de los más futbolistas más destacados en el Europeo sub-17 que la selección inglesa perdió frente a España en la final pese a haber dominado en la mayor parte del encuentro. En aquella competición, el jugador londinense anotó cinco goles y repartió un total de cinco asistencias. Ahora, seis meses más tarde, ha reafirmado su imparable progresión al ser convocado por la selección sub-19 para disputar los primeros encuentros clasificatorios por el europeo de la categoría.

Pero pese a la ausencia de Sancho en el tramo decisivo del Mundial, el combinado sub-17 supo reinventarse y se impuso a España en la final del torneo, disputada en el Salt Lake Stadium ante más de 65.000 personas. De un modo parecido, la selección sub-19 consiguió el Campeonato de Europa pese a no contar con Tom Davies; la sub-20 levantó su primer Mundial sin Patrick Roberts y Tammy Abraham; y la sub-21 llegó hasta la final del europeo sin cuatro jugadores que ya son habituales en el equipo absoluto como Marcus Rashford, Raheem Sterling, Dele Alli y John Stones. En otras palabras, hay tan buenos futbolistas de entre 17 y 21 años en Inglaterra que no es ni necesario que los mejores acudan a los torneos para que el país triunfe.

Con todo, parece evidente que la clave del éxito para los Pross pasa por atreverse a dar la alternativa a esta generación que viene arrasando como un ciclón futbolístico. Así lo entiende el técnico de la selección absoluta, Gareth Southgate, que ha convocado a diez jugadores menores de 23 años para los próximos amistosos contra Alemania y Brasil. Entre estos diez futbolistas, destacan los nombres de tres que se estrenan en una convocatoria de la selección de los mayores. Son el central del Liverpool Joe Gomez y dos jugadores del Chelsea: Ruben Loftus-Cheek, que juega cedido en el Crystal Palace, y Tammy Abraham, que lo hace en el Swansea.

“Es una gran oportunidad para ver si encajan en el equipo absoluto”, remarcaba Southgate esta semana, justo antes de enviar un mensaje motivador a los jóvenes futbolistas que están a las puertas de la selección absoluta: “Si lo hacen bien, tendrán opciones de quedarse”.

Y es que el tiempo avanza inalterable, y el Mundial de Rusia está cada vez más cerca. Y como hizo Jim Carrey en El Show de Truman, los hinchas ingleses sueñan, rebeldes, con romper con lo establecido, con escapar de la rutina y de lo que ya hace tiempo que se convirtió en habitual: ver a su selección regresar de un gran torneo internacional sin el título. Convencidos como Truman Burbank de que la realidad no es como se les presenta, los aficionados del país que vio nacer el fútbol sueñan, sobre todo, con ver como alguno de sus jugadores se disfraza de Geoff Hurst y les regala, por fin, lo que más desean: una segunda Copa del Mundo.