Ha pasado más de un año desde el lanzamiento de penalti ante Alemania que hiciera famoso a Simone Zaza. Pocos penaltis se han hecho tan virales como aquel y no es para menos, tardaremos en olvidar esos pequeños saltos del delantero avanzando hacia la portería de Neuer. 2016 no fue un buen año para el futbolista nacido en Policoro (Provincia de Matera, sur de Italia). Aquel año disputó muy pocos partidos con la Juventus, quien lo había fichado del Sassuolo, aunque uno de sus goles sirvió para derrotar al Napoli en un encuentro decisivo por el Scudetto. Al término de la temporada conquisto los títulos de Serie A y Coppa y voló a Francia para ser parte de la selección italiana en la Eurocopa. Lo ocurrido allí es historia. Ese falló ante Alemania le condenó al más profundo ostracismo, Zaza desapareció del mapa. La Juve lo cedió a la Premier League, una competición que podía encajar perfectamente con su fútbol, pero en el West Ham las oportunidades tampoco llegaron. Ocho partidos, muchas suplencias y pocos minutos después llegó en enero a Valencia.

La relación Zaza-Valencia solo podía tener dos caminos: se abrazaban como hermanos o se odiarían desde el primer instante. El delantero posee el carácter extrovertido clásico del sur de Italia, nada ni nadie le asusta. Es un futbolista que no oculta sus emociones, se expresa tal como es tanto dentro como fuera de la cancha, Zaza no engaña a nadie. Lo amas o lo odias. Cuando jugaba en el Sassuolo compartía delantera junto a otros dos maravillosos jugadores: Berardi y Sansone. El primero de ellos se llevaba todas las portadas, anotaba más goles que los otros dos y parecía tener mayor proyección. Sansone, actualmente en el Villarreal, era un futbolista más fino, más técnico, mientras que Zaza hacía el trabajo sucio. Presionaba como un animal, se desgastaba en cada balón y era un dolor de muelas para los defensas. No era el futbolista con más clase sobre el césped, pero si los partidos se convertían en una guerra él era el más relevante de los tres. Le sucede lo mismo que a Diego Costa, ese tipo de jugadores me vuelven locos, siento especial predilección por ellos. Lo mismo hacen una maniobra maravillosa dentro del área, te controlan una lavadora o presionan al portero rival con 3-0 en el marcador. Eso sí, tarjetas amarillas van a recibir, es el peaje a tanta entrega y sangre caliente. 

El futbolista nacido en el sur de Italia llegó a Valencia con la confianza por los suelos pero en cuatro tardes la recuperó, sobre todo en el duelo ante el Real Madrid. Allí fue cuando los aficionados del Valencia se dieron cuenta que ese jugador rapado iba a ser uno de los suyos. Le da igual con qué delantero compartir delantera, presionará como el que más y pensará poco en cuanto el balón toque sus botas. Nueve goles lleva en la presente Liga y seis de ellos los ha conseguido de forma consecutiva, a uno del récord de Mundo. Además, en menos de una temporada con el conjunto ché se ha convertido en el máximo goleador italiano del club. Ventura no ha esperado más y ante el duelo transcendental frente a Suecia se llevará a su guerrero. Zaza se ha ganado con trabajo y sacrificio ser el nueve de Italia, atrás quedan las tardes defendiendo las camisetas de la Juve Stabia, Viareggio o Ascoli. Nadie le regaló su llegada a la Juve y en el Valencia está siendo él, junto al resto de compañeros, quien está haciendo soñar a sus hinchas. Bajo esa capa de superhéroe se esconde una persona que teme a los aviones, ha tenido que tomar pastillas para poder volar, pero sobre el césped Zaza no se arruga ante nadie.