El romanticismo de un gol de Juliano Belletti en Saint Denis o la impecable tanda de penaltis de Jerzy Dudek en Estambul son los primeros ejemplos que se me vienen a la mente para convencerme de que mola mucho más cuando el héroe es el más inesperado de los protagonistas. Se hace aburrido ver al ’10’ dibujando una y otra vez esa jugada imposible. Cansa ver tantos goles del mismo ‘9’ fin de semana sí y fin de semana también. La mítica finta del ‘7’ o del ’11’ de turno pegado a la raya ya ha perdido toda su gracia. Lo bonito de ver al último de la fila, ese que nunca dice una palabra más alta que la otra, que incluso parece que tenga pánico a hablar en público, triunfando por encima de los héroes habituales seguramente sea lo que más nos atrae de este deporte tan dado a mitificar a los genios y que tan poco enaltece a los más débiles.

Por eso, supongo, siempre vamos con el equipo humilde cuando el resultado no repercute en nuestros sentimientos y colores. Somos más del equipo que se deja sudor y lágrimas por un mísero y lamentable punto, que de aquel grande que llega al domingo sumándose los tres puntos al casillero de la clasificación de antemano. Las hazañas de un club pequeño son celebradas por los de aquí y por los de allá, sin importar colores, nombres, escudos ni procedencia -hace año y medio todos éramos del Leicester-; mientras que las victorias de las súper potencias solo se festejan en casa de aquellos que sienten esa camiseta. Por todo ello, y aunque en el fondo también nos sepa mal ver a un Milan moribundo y sin rumbo desde hace ya unos cuantos años, el pasado fin de semana, cuando en el marcador corría el minuto 95 todos queríamos que uno de los puntos a repartir se quedase en Benevento. Y más aún, después de ver la manera en la que se dio.

No todos los héroes tienen porqué llevar una capa, una ’S’ en el pecho y los calzoncillos por fuera. A veces, la vida deja los momentos de gloria reservados para otros tipos menos dados a estas proezas

Alberto Brignoli, el héroe que nadie podía imaginar esa noche, no había empezado la temporada con la titularidad garantizada. En las siete primeras jornadas de la Serie A su lugar estaba lejos de los tres palos y el dueño de la portería del Benevento era Vid Belec. Tras sumar cero puntos en esos mismos encuentros, el técnico Marco Baroni, ahora ya fuera del club, apostó por un cambio en la portería. Pese a sus 26 ‘primaveras’, Brignoli recibía una de sus primeras oportunidades en el máximo nivel del fútbol profesional. Inició su carrera en el Lumezzane de la Serie C, viajó hasta Ternara –Serie B– para subir un escalón en su lucha personal por llegar a lo más alto y entonces la Juventus se fijó en él, aunque nunca ha llegado a defender la portería de la Vecchia Signora. Desde 2015, un sinfín de cesiones. Sampdoria, Leganés, Perugia y Benevento le acogieron en sus filas, pero solo en Perugia -en la Serie B– había gozado de oportunidades. Entre los tres palos de la Sampdoria recibió cinco tantos en un solo partido y en Butarque, otros seis goles en contra en apenas cuatro días y 120 minutos sobre el césped -ante Espanyol en Liga y Valencia en Copa del Rey-.

El Benevento se estrenaba esta temporada en la Serie A. El curso pasado lo arrancaba como recién ascendido en la categoría de plata y fue la sorpresa del campeonato al subir de inmediato. Nadie le auguraba un camino de rosas en la máxima categoría del calcio, pero tampoco se esperaba una debacle de tal magnitud. Las derrotas han ido acumulándose semana tras semana hasta protagonizar unas cifras de récord (negativo), superando al Manchester United de la 30-31 y al Grenoble de la 09-10, ambos con 12 derrotas consecutivas en el inicio del curso. Nunca nadie en las grandes ligas europeas había llegado a la decimocuarta jornada del campeonato con cero puntos en la clasificación hasta que lo hizo el Benevento. Aunque pronto pondría punto y final a la caída en picado que estaba protagonizando, sin frenos y con los ojos vendados.

La decimoquinta fecha de la Serie A se presentaba como el debut de Genaro Gattuso en el banquillo de un Milan con prisas por volver al lugar que le corresponde. Los rossoneri viajaban a casa del último clasificado, por lo que parecía que no podría existir un mejor contexto para que ‘Rino’ iniciase con buen pie su andadura en el primer equipo milanista. La noche empezaba bien para los visitantes en el Stadio Ciro Vigorito. El gol de Giacomo Bonaventura hacía presagiar otra derrota para los de casa y un poco de aire fresco para los lombardos, pero George Puscas devolvió el empate al electrónico al poco de reanudarse el encuentro tras el descanso. Siete minutos después, el Milan reaccionaba y Nikola Kalinic situaba de nuevo a los de Gattuso por delante. Pasaban los minutos y el marcador no presentaba cambios. El Benevento achuchaba y con el paso de los minutos iba acercándose cada vez más a la portería de Donnarumma. El marcador seguía sin moverse, pasó el tiempo reglamentario y los locales no desistían. Llegó el minuto 94. Marco d’Alessandro recibió una falta de Ignazio Abate. Danilo Cataldi plantó el balón cerca del vértice del área. Probablemente era la última bala, así que el Benevento debía apostar al todo o nada. Esa situación en la que el portero abandona su área para sumar efectivos a la desesperada. Siempre piensas, ¿y si es el portero el que la mete? Casi nunca ocurre. Esta vez, por su suerte para el Benevento, por suerte para todos, sí que sucedió. Alberto Brignoli saltó como el mejor de los acróbatas, cerró los ojos y aterrizó. La caída del guardameta no era la misma que estaba viviendo el equipo de las brujas, era para firmar una hazaña, para poner freno a un calvario sin precedentes. La pelota entró y Benevento respiró aliviado.

No todos los héroes tienen porqué llevar una capa, una ’S’ en el pecho y los calzoncillos por fuera. Tampoco deben ser siempre los genios los que lo decidan todo. A veces, la vida deja los momentos de gloria reservados para otros tipos menos dados a estas proezas. Y en este caso, un tipo con una media de más de dos goles y medio encajados por partido en la máxima categoría. Ese chaval que pasó sin pena ni gloria por Sampdoria y Leganés. El mismo al que la Juventus ha ido cediendo de aquí para allá. Y el tipo que apenas lleva una decena de encuentros en primera división fue quien le regaló el primer punto de la historia al peor colista de la historia.