Llega el Clásico y el país se detiene. Los informativos analizan y examinan todos los detalles posibles y los diarios —deportivos o generalistas— inundan sus portadas con imágenes de Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Calles, bares, clases o despachos, en todos ellos se radiografían las claves del encuentro. ¿Cómo llegan unos? ¿Cómo vienen los otros? 90 minutos de tensión. 11 de azulgrana y otros tantos vestidos de blanco. Por sus colores, por su escudo y por amor al club que les vio nacer, Sergi Roberto y Nacho Fernández sueñan con pisar el verde en este partido.

Asentarse en el primer equipo nunca ha sido tarea fácil para un futbolista de la cantera. Y aún se presenta más complicado si debes hacerlo en un club del prestigio y de la calidad de Barcelona y Real Madrid. Llegas a un vestuario plagado de estrellas, en el que hacerse un hueco se presenta como una quimera. Pocos minutos y oportunidades a cuentagotas están a la orden del día, pero tanto el de Reus como el de Alcalá de Henares han aceptado el reto. Han sabido lidiar con las circunstancias y, progresivamente, van recogiendo sus frutos. Sin copar las primeras páginas de la actualidad de sus respectivos clubes, ese espacio reservado de manera vitalicia para los futbolistas que coleccionan Balones de Oro y trofeos individuales a mansalva, los dos chicos llegados de las categorías inferiores han encontrado su lugar en la plantilla y se han erigido como piezas clave de Luis Enrique y Zinedine Zidane después de unos años a la sombra de sus compañeros.

El ascenso de ambos al primer equipo fue en la temporada 2013/14 y el problema con el que se encontraban era similar. Xavi, Andrés Iniesta, Cesc Fábregas y Sergio Busquets ocupaban la sacrosanta sala de máquinas en Can Barça. Sergio Ramos, Pepe y Raphaël Varane eran una barrera impenetrable por el Paseo de la Castellana. Si conseguir unos pocos minutos ya se atisbaba complicado, instalarse en las alineaciones del ‘Tata’ Martino y Carlo Ancelotti partido tras partido, semana tras semana, rozaba la utopía. Pero por las mangas de sus camisetas se escondían un par de ases: el de la juventud, por todos sabida, y el de la polivalencia, esa carta tan reclamada y anhelada por los entrenadores del fútbol actual, que ambos guardaron de forma sosegada para ponerla sobre el tapete y dejar la partida a su favor.

Las competencias de Nacho se alargaron hasta los carriles, pudiendo actuar cerca de la cal -sin importarle la diestra o la zurda- o en el centro de la zaga con un rendimiento parejo en ambos casos. En sus cuatro cursos en la plantilla ha sabido aprovechar cada coyuntura para explotar como el recambio perfecto. Si se lesiona Marcelo -sin sustituto hasta el retorno de Fábio Coentrão-, ahí está Nacho; si Danilo o Dani Carvajal necesitan un respiro, encuentras a Nacho; si Pepe, Ramos o Varane están en apuros, Zidane puede dormir tranquilo sabiendo que también tiene a un Nacho preparado para enfrentarse a cualquier enemigo, y confiando en que su próximo escollo pueda ser Luis Suárez, Leo Messi o Neymar.

Su compañero en la selección española, porque hay que recordar que no solo se han ganado una plaza en sus clubes, sino que también entran en los planes de Julen Lopetegui, también se reinventó para afianzarse con un sitio en el once. Anclado al banquillo como centrocampista, la lesión de Dani Alves a principios del curso pasado y su posterior marcha a la Juventus, le abrieron las puertas a un mundo nuevo a Sergi Roberto: el lateral derecho. Acumulando exhibiciones en cualquier posición habida o por haber sobre el césped, a excepción del centro de la defensa y la punta del ataque, el canterano azulgrana conquistó el corazón y las pizarras de Luis Enrique para asegurarse un puesto definitivo en el flanco diestro de la retaguardia del Camp Nou. Y espera que la confianza mostrada por el técnico asturiano durante el último año siga latente para frenar los ataques de Cristiano Ronaldo y desbaratar las sorpresivas incursiones de Marcelo por la banda.

Las cartas de Barcelona y Real Madrid ya están sobre la mesa. El silbato de Clos Gómez está listo para marcar el inicio. Más de 90.000 asientos esperan a sus ocupantes en el coliseo de la Ciudad Condal. Millones de personas enganchadas al televisor, unos apoyando a los de casa, otros gritando por los de fuera, los habrá quienes miren el partido por amor a este deporte, sin importarle el resultado que registe el electrónico al final de la batalla. Entre toda la muchedumbre, dos muchachos aguardarán expectantes, con la tranquilidad y la perseverancia que se les reconoce, el momento en el que se comuniquen las alineaciones. Sin tenerlas todas consigo, aunque repletos de confianza, ansían ver su nombre entre los 11 elegidos.