La relación entre Armenia y Azerbaiyán va acompañada de una tensión histórica, donde los conflictos, las guerras y los desacuerdos territoriales siempre han estado a la orden del día. A principios del siglo pasado, las disputas étnicas y religiosas enfrentaron en numerosas ocasiones a estos dos países vecinos. La instauración de la Unión Soviética en 1922 provocó una duradera tregua entre ambos países, aunque las heridas nunca llegaron a cicatrizarse. La tensión no desapareció y, cuando la URSS empezaba a tambalearse, los conflictos aparecieron de nuevo por diversos estados soviéticos. En el caso de armenios y azeríes, la eterna lucha por la región de Nagorno Karabaj abrió un nuevo capítulo en 1988 con una guerra que se prolongó durante seis años y provocó una masiva migración de sus habitantes. El territorio, históricamente de origen armenio, había mutado con el paso del tiempo y también contaba con población azerí. Los descendientes de armenios marcharon hacia el oeste para reencontrarse con su gente; los otros, de ascendencia de Azerbaiyán, abandonaron sus casas para instalarse en tierras más seguras de su país.

En el mes de julio de 1993 la ciudad de Agdam, en Nagorno Karabaj, cambiaría su vida por completo. La guerra entre Armenia y Azerbaiyán salpicaba de pleno a una población estratégica en el ámbito militar y desde esa fecha nunca más ha visto a sus niños correteando por sus calles, a sus adultos pasando un día en el mercado ni a sus ancianos disfrutando de un paseo al atardecer. Todo eso se perdió y ahora solo quedan las ruinas de una ciudad triste y aniquilada. Miles de personas tuvieron que huir en busca de un nuevo hogar y, entre ellos, también el grupo de jóvenes futbolistas que conformaban la plantilla del Qarabag FK. Hicieron las maletas, se despidieron del estadio Imaret, ese que tantos goles había gritado y que ahora sus escombros solo escuchan el silencio. Pusieron rumbo hacia Bakú tras una breve estancia en Quzanli, con la ilusión de un día volver a pisar su hogar. Una ilusión que ya dura casi un cuarto de siglo y sigue sin hacerse realidad.

Cuando el club encontró un nuevo lugar en el que asentarse, hubo un integrante de aquel equipo que no llegó a ver la nueva vida de su querido Qarabag. El entrenador y exjugador del club, Allahverdi Bagirov, cambió el banquillo por el campo de batalla un año antes y una mina le quitó la vida cuando volvía del frente hacia Agdam. Se convirtió en un héroe nacional en todo el país y, ante la suma de desgracias acumuladas, el club pasó a ser querido y respetado por la mayoría de aficionados al fútbol de Azerbaiyán. Representaban el orgullo y la resistencia nacional azerí en medio de un conflicto político y se ganaron el cariño de los que siempre fueron enemigos dentro de la cancha. Todos esos reveses, todas esas idas y venidas, no menguaron el afán competitivo del equipo. Ese mismo 1993, tras abandonar Agdam y el estadio Imaret, el Qarabag conquistó su primera liga del Azerbaiyán independiente de la Unión Soviética —en 1988 y en 1990 se llevó la liga regional azerí—. Y como colofón al primer éxito liguero, culminó el curso ganando la copa, logrando así un doblete histórico para la entidad en la época más turbia posible.

Tras ese año lleno de alegrías en lo deportivo y penas en lo personal, el Qarabag no pudo seguir cosechando éxitos. Los equipos de Bakú se han mostrado siempre superiores al resto y el Qarabag, pese a convivir en la misma capital, también se vio inferior hasta que Gurban Gurbanov se sentó en el banquillo en 2008. Con el máximo goleador histórico de la selección nacional al frente y también gracias a la ayuda económica de Azersun, una empresa agroalimentaria azerí, el Qarabag remontó el vuelo y se volvió un equipo imparable. Con un fútbol basado en el ataque y el juego de toque ha conseguido ser un club de referencia en el país, tanto por los triunfos nacionales como por sus hazañas internacionales. Después de levantar la copa en el primer año de Gurbanov a los mandos, fue a partir de 2013 cuando el Qarabag se convirtió en una máquina de ganar. Las cuatro últimas ligas y las tres últimas copas llevan su nombre y la entidad pasó a la historia como el primer club de Azerbaiyán en participar en dos ediciones de la Europa League —en la 2014/15 y en la 2015/16—.

Este verano, el Qarabag tenía un último reto en el horizonte. Ya había sorprendido con sus clasificaciones para disputar la Europa League y los de Gurbanov querían seguir soñando a lo grande. ¿Y por qué no pasar a la historia una vez más como el primer club de Azerbaiyán en jugar la Champions League? Ni el Samtredia georgiano, ni el Sheriff Tiraspol moldavo, ni, finalmente, el Copenhague fueron capaces de birlarle la ilusión. El Qarabag está entre los 32 elegidos para jugar la máxima competición de clubes europeos en representación de todo un país. Qué bonito sería que algún día suene el himno de la Champions League en la ciudad de Agdam, aunque, por el momento, ese sueño parece aún muy lejano.