Carrow Road acogía un partido más de Championship. Uno más, un encuentro más de una eterna competición que cita a 24 equipos y en la que los acontecimientos extraños tienen un don para aparecer. Como si de un poltergeist se tratara, los fenómenos paranormales se hacen habituales en un torneo donde lo predecible no encuentra su lugar. El partido no podía ser más común. Dos equipos, Norwich City y Preston North End, están situados en el centro de la clasificación, lejos de los puestos de descenso y con varios equipos por delante de cara a la fase de ascenso.

Allí podíamos encontrar a viejos conocidos como Nelson Oliveira o Cameron Jerome, ninguno podía imaginar qué iba a suceder en los minutos finales del partido. Maddison adelantó a los locales a los 34 minutos y en el 70 logró igualar el marcador Barkhuizen. Pero en el 84’ ocurrió lo inesperado. El juez de línea, Mark Jones, se lesionó a pocos minutos para el final. Hasta aquí todo normal, ya que pese a no ser habitual es algo que puede suceder. En su lugar se situó el cuarto árbitro, llamado Andy Davies. Pero había un problema, ¿quién iba a hacer de cuarto juez? Tim Robinson, árbitro principal, reunió a los futbolistas de ambos equipos para comentarles la situación. Imagino un discurso así: “se presenta un árbitro o suspendemos esto”. Por muy increíble que parezca, la idea de suspender el encuentro estaba en el aire, ya que pese a quedar tan solo seis minutos era necesario un cuarto juez.

La megafonía de Carrow Road pidió un héroe, y allí acudió David Thornhill desde la grada. Thornhill es hincha y  árbitro titulado, no dudó en bajar hasta el césped para hacer de cuatro árbitro, tan solo tuvo que dialogar con Robinson y ponerse una chaqueta negra para que todos vieran su nueva función. No tuvo gran trabajo, excepto cuando hubo que señalar diez minutos de descuento. Como si fruto del destino se tratara, Thornhill había sido protagonista en la revista del partido. En Inglaterra este tipo de programas son toda una tradición, incluso objeto de coleccionistas. El hincha salía en sus páginas, ya que es un célebre aficionado del Norwich, pero jamás habría imaginado que sería todavía más protagonistas del encuentro al convertirse en cuarto árbitro. Imagino al bueno de Thornhill saliendo de casa a partir de ahora con vestimenta de árbitro, porque lo mismo tiene que arbitrar el partido de sus hijos o dirigir el tráfico.