Rudolphus Antonius, Roy, Makaay no poseía la elegancia de Thierry Henry, tampoco la potencia de Ronaldo o Batistuta y ni la velocidad de Eto’o, pero a él también se le caían los goles. A la hora de escribir este artículo sobre su figura creía haber olvidado cómo era Makaay sobre el verde. Más bien, en mi mente guardaba un recuerdo magnífico de aquel nueve y tenía el miedo que con el paso de los años hubiera engrandecido su figura más de lo normal, como ese edificio que de crío te parece enorme y con el tiempo te das cuenta que simplemente tiene cinco plantas. En esta ocasión mis recuerdos no me han traicionado, he revisado varios partidos suyos y uno se da cuenta del pedazo de delantero que fue el neerlandés. Lo primero que me ha venido a la mente ha sido la siguiente reflexión: ¿cuánto valdría Roy Makaay en pleno 2018?”.

Si este pasado verano por Lukaku han soltado 85 ‘kilos’, 66 por Morata, André Silva le ha costado 38 millones al Milan o 22 ha pagado el Sevilla por Muriel, no quiero ni imaginar en cuánto estaría tasado aquel Makaay Bota de Oro o el que dominaba la Bundesliga. Vayamos al verano de 2003 para poner algo de perspectiva. El Bayern, entrenado por Ottmar Hitzfeld, venía de lograr la Bundesliga y la Copa de Alemania, pero había hecho el ridículo en Champions League. En la fase de grupos de la máxima competición europea había quedado encuadrado junto a Milan, Deportivo y Lens, finalizó en última posición con tan solo dos puntos. En el primer encuentro de la fase de grupos, un 18 de septiembre de 2002, Roy Makaay envió un mensaje a la secretaría técnica bávara: “soy un delantero neerlandés muy bueno y os acabo de meter tres goles en Múnich. Un saludo”. Incluso en el partido de vuelta en Riazor volvió a anotar dando una nueva victoria al equipo gallego. Aquel Makaay terminaría 2003 anotando 29 goles en Liga, nueve en la Champions y siendo Bota de Oro europea.

Rummenigge y el Bayern lo tenían claro. El conjunto bávaro es toda una aspiradora de talento alemana, el año anterior habían firmado a Michael Ballack y Zé Roberto procedentes de un Bayer Leverkusen que les causaba ciertos problemas en Bundesliga, un año después decidían acudir a por un Makaay que les había hundido en Europa. El año anterior Giovane Élber, toda una leyenda del Bayern, había realizado su mejor campaña goleadora con 21 tantos en Bundesliga, pero en cuanto llegó Makaay le abrieron las puertas rumbo al Olympique de Lyon. La declaración de intenciones era evidente, querían darle todo el protagonismo a un tipo que venía de ganar una Liga, una Copa del Rey y dos Supercopas de España con el Dépor. El Bayern no quería solo sus goles, también su presencia que asustaba a cualquier defensa del planeta, Makaay era sinónimo de gol. Todo un dolor de muelas para quienes le marcaban, ya que sin ser un delantero muy rápido poseía la capacidad de disparar con cualquiera de las dos piernas y sin pensárselo demasiado. No era el típico delantero que te regatea con la mirada, su primer control era letal y lo utilizaba como si fuera el quiebro más brillante. Además, al espacio era demoledor. Cuántos goles anotó tras una dejada de cabeza y ocupando los espacios antes de sacar el fusil que tenía por pierna.

Al club de Múnich estoy convencido que también le inquietaba la capacidad de Makaay para hacerle gol al Real Madrid, era una de sus víctimas favoritas y el gran rival europeo bávaro. Ya con el Tenerife les había hecho un roto saliendo como suplente y anotando dos goles en tan solo tres minutos, con el Dépor no fue menos. Todavía está a su nombre el récord del gol más rápido en la historia de la Champions al Real Madrid: 10,12″ fueron suficientes para él. Aquel verano de 2003 llamaron tres grandes a la puerta de neerlandés: Valencia, FC Barcelona y Bayern de Múnich. Makaay ha reconocido que firmó por el club alemán ya que en España había logrado todos los títulos posibles y que la figura de Rummenigge fue importante para convencerle. A cambio de 19 millones de euros se convirtió en el fichaje más caro en la historia del Bayern, algo lógico teniendo en cuenta que en ese instante era, posiblemente, el mejor delantero de Europa. ¿Sabéis cuántos futbolistas están ahora por encima de Makaay? Un total de 15 jugadores le han costado más al equipo bávaro. Entre ellos los 28 ‘kilos’ por Benatia, 35 que pagaron por Renato Sanches, los 37 de Götze o los 41,5 que han convertido en Tolisso el fichaje más caro de su historia. Puto fútbol.

En Bundesliga siguió con su idilio con el gol. Pese a la baja de Èlber, se encontró con otros tres delanteros de renombre: Pizarro, Santa Cruz y un joven Podolski que era el futbolista alemán del momento. En las cuatro campañas que defendió la camiseta del Bayern anotó 102 goles en 178 partidos, siempre fue el máximo goleador del equipo. Siempre le dio igual la competencia, Makaay se sabía el mejor y tenía toda la razón para pensar eso. En una entrevista para El País decía lo siguiente sobre su juego: “A veces, miro la tele, veo a otro punta y pienso: ‘¿Cómo lo hace?’ Pero hay cosas que no encajan en tu estilo. No hay que probar gestos ajenos. Hay que intentar mejorar tu propio estilo”. No lo podía haber explicado mejor, era un delantero que no se volvía loco, tan solo hacía lo que mejor sabe con ambas piernas: mirar al portero y ponerla lejos de su alcance. Con tan solo 32 años volvió a casa, anotó sus últimos goles con el Feyenoord y cerró una carrera brillante. Lo que sí es extraño es que tan solo anotara seis goles con los Países Bajos, unas cifras que no se acercan a la dimensión de un delantero de época. Cuando veáis por televisión a un delantero actual pensad lo siguiente: Makaay era mejor. Posiblemente en el 80% de los casos tendréis razón, y qué bonito es tener la razón.