La tercera Champions League consecutiva del Real Madrid y la Europa League ganada por el Atlético de Madrid han colocado a la capital española en el punto de mira futbolístico, si no lo estaba ya. Las dos competiciones continentales más importantes de la temporada han caído para los dos clubes más importantes de la ciudad. Este hecho no ocurría desde aquellos maravillosos 90, cuando este tipo de torneos tenían otro aroma. Madrid ha cosechado los dos títulos europeos más relevantes 24 años después de que una de las mayores metrópolis europeas lo hiciera por primera vez.

Corría el año 1993. El fútbol europeo comenzaba a mascullar lo que iba a ser una década –sobre todo la primera mitad– donde el fútbol italiano iba a brillar con luz propia. En la antes conocida como Copa de la UEFA, desde el año 1989, cuando el Napoli se enfrentó al VfB Stuttgart en la final, hasta el 2000, todas las finales tuvieron algún representante italiano, a excepción de la la temporada 95/96. Juventus, Fiorentina, Inter de Milán, AS Roma, Torino, Juventus, Inter de Milán, Parma, Juventus, Inter de Milán, SS Lazio y Parma. En ese intervalo de tiempo, hasta en cuatro ocasiones se disputó la final entre equipos italianos.

La Copa de Europa presentaba una situación algo distinta. El AC Milan llegaba tras haber encadenado dos campeonatos consecutivos en la 1988/1989 y en la 1989/1990. La Sampdoria también logró llegar a la final en 1992, pero el gol de Koeman impidió la machada de los de Génova. Una vez instaurada la nueva Champions League, el Milan volvió a hacer acto de presencia en el encuentro definitivo para el título tras dos años alejado de las finales. Ya sin Sacchi en el banquillo rossonero, el Olympique de Marsella venció a los transalpinos en la 1992/1993, adjudicándose el primer trofeo con la nueva denominación. Sin embargo, la quinta corona europea del AC Milan no se haría mucho de rogar.

Quinta y engrosamiento de vitrinas

La Copa de Europa que el Milan se quedaría en propiedad comenzó con los de Capello eliminando a equipos inferiores en las rondas de dieciseisavos y octavos de final. Pese a esa inferioridad, cabe recordar que en los 90 había mayores posibilidades de que cualquier equipo europeo complicara la vida a otro. Costó algo más deshacerse del FC Aarau suizo en dieciseisavos que del FC Copenhague en octavos. El Milan consiguió acceder a la fase de grupos que en esos tiempos se disputaba en lugar de los cuartos de final. Los italianos quedaron primeros de grupo sin perder ningún partido, pero empatando cuatro y ganando solo dos. Vamos, lo que viene siendo una clasificación muy a la italiana.

El Mónaco fue el rival en semifinales. Desailly, Albertini y Massaro cerraron con autoridad el pase de los milanistas a la final. Allí se plantó el Barça dirigido por Johan Cruyff, dos años después de haber levantado su primera Copa de Europa. Aunque en esta ocasión no corrió la misma suerte el conjunto español que en 1992, ya que esa final ante el Milan de Capello se convirtió en uno de los batacazos más sonados del conjunto blaugrana con el neerlandés a la cabeza. Massaro por dos veces, Savicevic y Desailly ajusticiaron al Barcelona con un 4-0 que significó la quinta Liga de Campeones en la historia del AC Milan, quedándose el título en propiedad y redondeando la temporada levantando también el Scudetto en Italia.

La UEFA también voló a Milán

En el lado neroazzurro la temporada fue bastante distinta. El curso en la competición doméstica fue bastante preocupante en un Inter de Milán que estuvo coqueteando hasta el final de la temporada con las posiciones de descenso. Al final, logró salvar la categoría quedando en un decimotercer puesto que poco o nada evidenciaba la calidad del plantel interista. La temporada fue salvada por el tercer título de Copa de la UEFA que la entidad transalpina sumó tras vencer en la final al Casino Salzburgo -el actual Red Bull-.

La andadura en la Copa de la UEFA comenzó con una goleada al Rapid de Bucarest en la ronda previa. En dieciseisavos, el Apollon Limassol creó bastantes más problemas de los esperados a unos italianos que consiguieron sellar su pase a octavos con un marcador global de 4-3, tras un emocionante empate a tres en el partido de vuelta. El Inter de Milán avanzaba con paso firme y en octavos de final tumbó, tanto en la ida como en la vuelta, al Norwich City, accediendo a una durísima ronda de cuartos de final ante el Borussia Dortmund. Los italianos se impusieron a los de la cuenca del Ruh, de nuevo, por un global de 4-3, logrando encuadrarse entre los cuatro mejores equipos de la competición.

Las semifinales nos dejaron un enfrentamiento directo entre equipos italianos. Un Cagliari que el año anterior había despedido al que puede ser el mejor jugador de toda su historia, Enzo Francescoli, se plantó en semifinales habiendo vencido a la Juventus en cuartos de final. Por lo tanto, se producía el segundo enfrentamiento directo entre equipos italianos con el duelo entre el Cagliari y el Inter de Milán. Los neroazzurri estuvieron todo lo inspirados que no habían estado los turineses una ronda antes, ya que consiguieron apear al Cagliari de la final goleando con autoridad.

Contra todo pronóstico, el otro finalista de aquella Copa de la UEFA fue un Casino Salzburgo que vivió en los años 90 sus años más dorados. La final, que por aquel entonces también se disputaba a ida y vuelta, fue para los italianos. Dos 1-0 en sendos partidos, tanto en Austria, con gol de Nicola Berti, como en el Giuseppe Meazza, con gol de Wim Jonk, fueron suficientes para otorgar al Inter de Milán su tercer trofeo de Copa de la UEFA. Días más tarde su rival y homólogo en la ciudad, el AC Milan, alzaría la Liga de Campeones, colocando todos los focos a nivel futbolístico sobre la metrópoli milanesa. Madrid recogería el testigo 24 años después.