Dejan Lovren saltó al césped de Wembley como si de un día más se tratara, como si el tal Harry Kane que iba a tener delante tuviera el acierto goleador de Manucho. El central croata olvidó que ese delantero, con más aspecto de encofrador que de futbolista, venía muy crecido y que había sido portada en toda Europa debido a su actuación en el Bernabéu. Más o menos como cuando Garrincha en pleno Mundial de Suecia se compró una radio para escuchar las emisoras brasileñas. Lovren, al igual que Mané, no se enteró de una mierda. A los 31 minutos de partido el Tottenham ya iba ganando 2-1 aunque bien podría haber aumentado su ventaja. Klopp no esperó más, sentó a Lovren y dio entrada a Oxlade-Chamberlain. A decir verdad el cambio no supuso una terrible mejora, de hecho los reds se llevaron otros dos goles más. En Wembley se habían citado el equipo más sólido de la Premier League, con permiso del Manchester City, y un Liverpool que lo mismo te empata a cero ante el Manchester United que recibe cuatro goles del Kitchee de Hong Kong.

Todos los veranos se repite el mismo guión, Bill Murray podría firmar la siguiente frase: “este año tanto Liverpool como Arsenal sí son candidatos a ganar la Premier League”. Nada más avanzar un par de meses nos damos cuenta que la frase ha quedado obsoleta, repetimos que es el engaño de siempre y de nuevo al siguiente verano repetimos la misma frase. El Liverpool jamás ha ganado la Premier League y con experimentos en defensa difícilmente la ganará a corto plazo. El Leicester campeón no poseía un fútbol preciosista pero su aspecto defensivo era muy sólido, Huth y Morgan no son, ni eran, unos prodigios, pero protegían su portería como si no hubiera mañana. En el equipo de Klopp los parches son el día a día. Empezando por un Matip que ha sido pivote en gran parte de su carrera, Milner actúa como lateral y los centrales, no muy rápidos, defienden a muchos metros de su propia área. Si a ese cóctel sumamos la fiabilidad de un Mignolet que es la misma que la de un mono con una navaja, el resultado es el de recibir 16 goles en tan solo nueve partidos. Lo curioso es que tienen mucho dinero con el que invertir y rara vez van a por jugadores contrastados en esas posiciones. 

En Anfield no habían vivido una defensa así desde el inicio de la temporada 64/65, y eso que 15 de los goles encajados han sido lejos de su feudo. Klopp tiene mucho trabajo en la zaga ya que en la delantera la preocupación es mínima con futbolistas de la talla de Coutinho, Mané, Firmino o Salah. El centro del campo posiblemente sí le inquiete algo más al técnico alemán, tanto Wijnaldum, Henderson o Can son unas magníficas piezas para el juego de transiciones que pide la Premier League, pero ninguno de ellos posee una vocación defensiva. Ahí, en el medio, es donde se empieza a partir el Liverpool y los futbolistas rivales encaran con facilidad a una defensa fuera de sitio y con carencias. En Europa la sensación está siendo otra, lideran su grupo y recientemente han goleado al Maribor. Quizá no sea casualidad que hayan ganado de manera más reciente la Champions League que la Premier. Al término del partido contra el Tottenham, Klopp señaló que si él estuviera en el césped Harry Kane no hubiera recibido tantos balones, pero que está en el área técnica. Desconocemos cómo hubiera sido ese duelo, pero el pobre Lovren está para correr el Tour de Francia en moto y quedar segundo.