Un gol de Dennis Viollet y otros dos del jovencísimo Bobby Charlton en casa del Estrella Roja sellaban el pase del Manchester United a las semifinales de la Copa de Europa de 1958. Al día siguiente, el 6 de febrero, el equipo dirigido por Sir Matt Busby cogía el vuelo de regreso a casa. De Belgrado a Mánchester, previo paso por Múnich para cargar combustible. Llegados a Alemania se encontraron con un clima aterrador. Frío, nieve y una visibilidad casi nula. Pese a las condiciones, pasado el mediodía subieron a bordo y se prepararon para el despegue, pero el primer intento resultó fallido. La segunda tentativa tampoco resultó fructuosa. Desalojaron a los 44 pasajeros para solucionar los problemas de la aeronave. Volvieron a subirse para un tercer intento. Esta vez, el nerviosismo y la desconfianza ya se había instalado en el cuerpo de muchos de ellos después de los dos primeros despegues fallidos. Como si de una premonición se tratara, el tercero acabó en tragedia. El avión no pudo coger la altura necesaria para iniciar el vuelo y la cola y el ala izquierda impactaron contra una casa deshabitada. 23 personas perdieron la vida aquel día en Múnich.

El accidente aéreo destrozó al Manchester United, que vio como una de las mejores camadas de su historia acababa en una catástrofe. Roger Byrne, Geoff Bent, Eddie Colman, Mark Jones, David Pegg, Tommy Taylor y Billy Whelan murieron en el acto y nunca más volverían a vestir la camiseta de los red devils. Apenas dos semanas después, se consumó la última muerte. Duncan Edwards perdía la vida con solo 21 años. Estaba llamado a reinar el mundo futbolístico y Bobby Charlton dijo de él que era “la única persona a quien realmente me sentía inferior”. Los Busby Babes, como se conocía a aquella generación de jóvenes talentosos reclutados por Sir Matt Busby, ya nunca volverían a disfrutar unidos sobre el césped del Teatro de los Sueños. Aunque su recuerdo permanece aún imborrable gracias al título de liga de 1952 -después de 41 años de espera- y a otros dos consecutivos en 1956 y 1957.

A partir de ese fatídico día empezaba una etapa de reconstrucción mental y deportiva en Old Trafford mientras el ideólogo de aquel maravilloso equipo, el propio Sir Matt, se encontraba hospitalizado tras el accidente. Debían pasar página, dejar a un lado lo sucedido y seguir haciendo historia con el club en homenaje a sus compañeros. El segundo entrenador, Jimmy Murphy, cogió las riendas de los red devils durante la ausencia de Busby y se encargó de reformar la plantilla con futbolistas juveniles a la espera de que el técnico regresara a Mánchester. El primer encuentro después de la tragedia se convirtió inesperadamente en un emotivo homenaje a los jugadores que perdieron la vida. Con un popurrí de suplentes y juveniles, el United sacó su primer partido ante el Sheffield Wednesday, en la FA Cup, por 3-0. No fue más que un espejismo. La temporada acabó con una negativa racha de resultados que le llevó hasta la novena posición en la tabla. Un hecho lógico después de lo que vivieron en tierras bávaras.

Bobby Charlton y Bill Foulkes, los únicos futbolistas del accidente que seguían en la plantilla, pudieron ganar el título que un avión les prohibió soñar diez años atrás

A partir de la siguiente temporada tocaba volver a empezar. Con el entrenador ya al mando y en condiciones, después de más de dos meses en el hospital y después de recibir la extremaunción, se puso en marcha la segunda generación de los Busby Babes. Sin algunos de los jóvenes que habían conseguido aupar a los red devils hasta lo más alto del fútbol inglés, debían crear de nuevo un equipo ganador. Para lograrlo, había un nombre que iría por delante del resto, el de Bobby Charlton. Antes de pasar a la historia como un legendario futbolista del club, sin que se lo encomendaran, sin que él lo pregonara, fue el faro que guió al resto de la plantilla en busca de recuperar el statu quo en el que se encontraba el club antes de aquel funesto 6 de febrero. El ojo clínico de Matt Busby y de Jimmy Murphy seguía intacto para detectar el potencial de jóvenes talentosos. Prueba de ello fueron dos fichajes que marcarían un antes y un después en Old Trafford. En 1962 vino el primero. Un escocés de 22 años llegado desde el Torino: Denis Law. El otro, que debutaría un año después con solo 17 primaveras, era George Best. Juntos, y acompañados por Bobby Charlton, conformaron una sociedad formidable sobre el césped –The United Trinity-, recordada a día de hoy con una estatua en los aledaños del Teatro de los Sueños en reconocimiento a todos los éxitos que lograron en sus años juntos.

Este fue el despegue de maravillosa época para el Manchester United. En 1963, solo cinco años después del accidente del Múnich, los red devils volvían a la senda de los triunfos conquistando la tercera FA Cup de la historia del club. Dos años más tarde llegó la sexta liga para el United y en 1967 volvía a repetir como campeón de la First Division. La última meta que faltaba lograr se expandía más allá de las Islas Británicas. Ya eran el mejor equipo del país, entonces debían demostrar que también podían serlo en Europa. Diez años antes un avión les había privado de competir de igual a igual con el Milan en las semifinales, en el último paso antes de la final. En la Copa de Europa de la temporada 1967/68 pudieron cambiar la historia. Cayó el Hibernians maltés en primera ronda, le siguió el Sarajevo en octavos y el Górnik Zabrze polaco en cuartos. Las semifinales eran ante el Real Madrid. El coleccionista de Copas de Europa -seis por aquel entonces- se presentaba como el último escollo para llegar a la final de Wembley. La ida en Old Trafford dejó la eliminatoria a favor de los mancunianos gracias a un solitario gol de George Best. El Real Madrid reaccionó en el Santiago Bernabéu situándose 3-1 al término del primer tiempo, pero dos goles de David Sadler y Bill Foulkes pasado el ecuador de la segunda parte decantaron las semifinales para los red devils. Era la primera vez que un equipo inglés estaba en una final de la Copa de Europa y el Manchester United podía reserar su hueco en la historia al ser el primero en levantarla.

El Benfica, otro de los dominadores de la máxima competición europea en aquella época, esperaba en Wembley después de superar a la Juventus de Turín al otro lado del cuadro. Unos cien mil espectadores se citaron en la catedral del fútbol inglés el 29 de mayo de 1968 para ver a los Charlton, Best y compañía contra el equipo liderado por Eusébio, que venía de perder dos finales de la Copa de Europa en 1963 y 1965, quizá por culpa de Bela Guttman y su maldita sentencia que aún hoy arrastra el conjunto lisboeta. Esa noche se consumaría una nueva catástrofe para los portugueses, la tercera de muchas. Bobby Charlton adelantaba al United poco después de iniciarse el segundo tiempo y Jaime Graça puso el empate en el marcador a diez minutos de llegar al fin de tiempo reglamentario. En la prórroga el equipo de Sir Matt Busby pasó como un rodillo por encima de las águilas. George Best, Brian Kidd y, por segunda vez, Bobby Charlton dejaron el marcador en un 4-1 final. El Manchester United ganaba su primera Copa de Europa una década después de consumarse la tragedia en el aeropuerto de Múnich. Y Bobby Charlton y Bill Foulkes, los únicos futbolistas del accidente que seguían en la plantilla, pudieron ganar el título que un avión les prohibió soñar diez años atrás.