Hace algo más de un año, el Girona debutaba en Primera con una portentosa actuación ante el Atlético de Madrid. En un Montilivi lleno hasta la bandera, el conjunto de Pablo Machín lograba el primer punto del club catalán en la máxima categoría del fútbol español. Fue un partido exigente, de alto voltaje, cuya dificultad conectó a jugadores y aficionados desde el primer minuto de juego. Tan cursi y cierto como que aquel 2-2 final dejó una lección: la permanencia en la élite solo iba a ser posible con el aliento de todos. El del hincha, desde la grada; el del futbolista, desde el terreno de juego.

Gracias a esta comunión, el conjunto catalán no sufrió en su primer año entre los mejores. Terminó el campeonato en la mitad de la tabla y como local logró festejar ocho victorias y tres empates, un balance superior al de derrotas (ocho). En su estadio claudicaron Real Madrid y Celta, victorias de prestigio que, sumadas a otras grandes actuaciones como visitante, convirtieron al Girona en -ahí es nada- el mejor debutante de la historia de Primera, alcanzando los 40 puntos en la jornada 27.

La afición rojiblanca se marchó de vacaciones satisfecha con los resultados deportivos, orgullosa por cómo se habían producido y ligeramente frustrada por no haber podido acceder a una plaza europea (expectativa que en un tramo del torneo llegó a ser muy real). Para un club que ha pasado 57 de sus 88 años de vida entre Tercera y Segunda B, cerrar un curso con semejantes sensaciones era poco menos que un milagro. Pero no, el verdadero ‘milagro’ todavía estaba por llegar.

El precio del aficionado

El Girona ha sido el club escogido por La Liga para disputar uno de sus partidos como local en los Estados Unidos, un proyecto en el que Javier Tebas tiene depositadas grandes esperanzas en cuanto a expansión y explotación de la marca del campeonato español. No será un duelo cualquiera: el rival será el vigente campeón, el Barcelona, y el escenario, el imponente Hard Rock Stadium de Miami.

Aunque el anuncio aún no es oficial y hasta se tambalea por momentos, la cronología de cómo se ha gestado esta inicitiava arroja una lectura inequívoca de los hechos: Tebas ha jugado esta carta de forma unilateral y luego ha tenido que negociar y convencer a los actores implicados. Así las cosas, el globo sonda lanzado hace un mes sirvió para calibrar el grado de popularidad de una aspiración inédita en el fútbol europeo. Y el tiempo y el dinero han acabado definiendo algunas posiciones.

Los futbolistas profesionales, por ejemplo, fueron los primeros en ‘mojarse’: a través de la AFE, los capitanes de los 20 equipos de Primera amenazaron con una huelga y lamentaron no haber sido informados. Los clubes, por su parte, fueron más sibilinos, alineándose por omisión. Ninguno alzó la voz, dando a entender que la propuesta no les desagradaba del todo. Con los aficionados, directamente, no hubo opción. Antes de que los socios afectados -los del Girona- pudieran inflamarse, la Liga se apresuró a entregarles un atractivo paquete de medidas compensatorias. Desde viajes pagados para presenciar el choque en directo a entradas a coste cero para el Barça-Girona que se jugará el próximo 23 de septiembre en el Camp Nou, pasando por la devolución del 40% del abono anual a todo aquel que no contemple ninguna de las dos primeras opciones.

 

Los clubes se alinearon por omisión. Ninguno alzó la voz, dando a entender que la idea no les desagradaba del todo”

 

Con los detalles organizativos del partido filtrándose de aquí para allá, los clubes implicados en la aventura americana tuvieron que salir al paso. Barça y Girona ya han bendecido el plan públicamente y, a través de sus presidentes, firmaron una carta solicitando a la RFEF que aceptara la propuesta de la LFP. El montante económico ha sido lo suficientemente atractivo como para ni siquiera debatirlo con su propia masa social, situación que también han entendido los futbolistas, conscientes muchos de ellos de que, directa o indirectamente, algo van a llevarse del pastel. La minuta por pasar 20 horas dentro de un avión para jugar un derbi catalán en Florida no saldrá barata.

Pero, ¿y los aficionados? Desde luego, no son los más poderosos en esta ecuación y, por ende, su capacidad de influencia es mínima. El documento con las compensaciones que La Liga entregó al grupo ‘Aficiones Unidas’, donde están representadas, entre muchas otras, las peñas del Girona, sirvió para enterrar el hacha de guerra. Pero más interesante fue conocer como en el mismo escrito se destinaban también algunas líneas a justificar la importancia que la LFP le otorga a todo este proyecto. He aquí algunos de sus fragmentos más interesantes, recogidos por el diario ARA, que tuvo acceso al documento:

-“La Liga es una industria global”

-“Para La Liga es muy importante crear puentes con todo el mundo”

-“Esta es una oportunidad perfecta para poder ayudar a nuestros aficionados en el extranjero, que afrontan cada día el enorme reto de poder seguir a sus equipos, sufriendo y emocionándose desde la distancia”

La misiva no es precisamente ambigua. Se desprende fácilmente que el aficionado global vale igual que el aficionado local. No solo eso, el texto explicita que hay que ayudarle, como si se tratara de un acto humanitario. La Liga quiere brindarle al seguidor de Miami, que “sufre” y “se emociona” como tú, la experiencia que los hinchas españoles, privilegiados, ya disfrutamos -y pagamos- durante todo el año. En una interpretación de lo más perversa, vendría a ser algo así como: “este año vas a quedarte sin uno de los mejores partidos que puedes ver en tu estadio porque también se lo merecen otros”.

¿Y quiénes son estos nuevos merecedores? Pues así a bote pronto, seguidores que viven a 7.000 kilómetros de distancia de Montilivi, que lo más cerca que habrán estado de escuchar la palabra ‘Girona’ es en la canción My Sharona y que desde ya tendrán que ahorrar una buena cantidad de dólares porque no pinta este a un espectáculo para todos los bolsillos. No si está el Barça de Messi, la verdadera razón de que este tinglado sea tan rentable. Hoy se ‘sacrifica’ el Girona; mañana le puede tocar al Valladolid o al Huesca. ¿Algún ‘grande’ en la sala dispuesto a renunciar a un choque en casa? Esto ya parece más complicado

¿De qué hablamos cuando hablamos de compensar?

Vayamos, sin embargo, a la esencia de las medidas compensatorias a las que podrán acogerse los aficionados del Girona, gracias a las cuales estos podrán llenarse, también, los bolsillos, claro. Pero no se trata -o no debería tratarse- únicamente de dinero. Para que tenga lugar una compensación, antes debe haberse producido un daño. La cuestión es la importancia que le quiera dar cada uno al perjuicio. De ahí que una parte muy significativa de la afición rojiblanca crea que hay que pensar en grande y que este es un paso coherente en la globalización del fútbol moderno. Opiniones tan legítimas como las voces que claman lo contrario: que no hay billetes suficientes para reparar la pérdida de algo tan inherente al propio deporte como es el sentimiento.

Porque, tratando de simpatizar con un aficionado del Girona cualquiera y aún a riesgo de que esta retahíla de reflexiones reviente la barra del romanticismo utópico, ¿acaso el fútbol no sirve para vehicular el grado de pertenencia a una región y una comunidad? ¿Acaso los futbolistas del Girona, recién llegados muchos de ellos a la élite, no anhelan vivir con los suyos la fiesta de tratar de arañarle puntos al equipo hegemónico de Catalunya? ¿Acaso la visita del Barça no merece que la ciudad se vista de gala, que Montilivi se llene, que el prepartido se juegue en los bares o que el trayecto de abuelo-padre-hijo hacia el escenario del partido sea sin un vuelo chárter de por medio? Miami será otra cosa pero ni de lejos logrará reproducir el orgullo territorial, orgullo comunitario y orgullo por ser del y de Girona que se respira en cualquiera de sus partidos como local.

 

Miami será otra cosa pero ni de lejos logrará reproducir el orgullo por ser del y de Girona que se respira en Montilivi”

 

Existe otro agravio difícilmente corregible. ¿Agravio? Por supuesto. Es un agravio para todos los rivales del Girona que hayan visitado o vayan a visitar Montilivi saber que un club, el Barça, no tendrá que luchar por los tres puntos en un clima adverso. Y obviamente, es un agravio, y también una adulteración, que el Girona vaya a tener un partido menos en casa y uno más fuera que el resto de equipos de La Liga. ¿O acaso el Hard Rock Stadium va a contar con mayoría de hinchas del Girona en sus gradas? Olvídense: el Girona no contará ni con el beneplácito de la neutralidad, porque en las gradas el color que predominará será el azulgrana -requisito indispensable para que el negocio tenga sentido-. A efectos prácticos, pues, el Girona afrontará un partido contra el Barça como visitante pero el resultado del mismo computará en la clasificación como si hubiera jugado como local.

Acabe rodando o no el balón oficial de La Liga en los Estados Unidos, ya se pueden sacar algunas conclusiones. Sabemos, por ejemplo, que los clubes de Primera no van a oponerse. Todo lo contrario, si esto prospera harán todo lo posible para ser los próximos en ser bendecidos por el ‘milagro’ americano. Sabemos, también, que el acuerdo firmado por Tebas con la multinacional encargada de organizar este partido anual es de 15 años, por lo que tiempo habrá para que todos gocen de sus ventajas. Y sabemos, por supuesto, que no es una idea que vayan a secundar otros campeonatos. La liga de fútbol alemana (DFL) manifestó, a través de su director ejecutivo, que jugar fuera de Alemania es “una línea que no sobrepasaremos“, filosofía que comparte la todopoderosa Premier League. Con la seguridad que da ser uno de los torneos futbolísticos más seguidos en el mundo -y por lo tanto, no tener urgencias de expansión-, en Inglaterra ya exploraron un escenario parecido hace diez años pero tanto clubes como aficionados se opusieron radicalmente.

Puede que ahí resida la llave diferencial. En España la resistencia ha sido mínima. La Liga promete el oro, los clubes siguen a la Liga y los futbolistas obedecen a los clubes. Y salvo excepciones concretas, el aficionado medio cerrará este círculo con absoluta resignación. O porque ya no es capaz de hacerse oír o porque el ruido no servirá de nada o porque ya le está bien esta realidad. Al final, el dinero también servirá para anestesiar a la enorme mayoría de los seguidores disidentes, algo indispensable para que triunfe la teoría de la compensación y parezca que perder un partidazo en tu estadio no sea una putada, y sí un premio.