La mañana del pasado día 8 de junio los últimos presos de ‘La Modelo’ abandonaron el recinto. Tras casi 113 años de actividad, el centro penitenciario, ubicado en el mismísimo corazón de Barcelona, dejaba de servir como tal. Y mientras se acababa de redefinir la futura utilidad de este espacio, se optó por abrir sus puertas a una ciudadanía ávida de conocer los secretos que, durante tantos años, habían escondido aquellas altas paredes marrones.

Con todo, visitar ‘La Modelo’ es casi imperativo para todo aquel que comparte que quien olvida la historia está condenado a repetirla. En el momento en que te adentras en el edificio, una desgarradora sensación de soledad invade tu cuerpo y te interpela directamente. Cuántas vidas consumidas como una cerilla, como un cigarrillo entre las manos. “Aquí han pasado cosas”, piensas, mientras te sientes minúsculo al pasear por los pasillos de la cárcel que acogió a tantísimos presos políticos y que vio morir a Salvador Puig Antich, la última persona ejecutada por medio del garrote vil en España. Memoria, presente y futuro fundidos en único espacio.

Y entre tanto dolor y sufrimiento, serendipia. Así es como la RAE define “un hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”. Y así es como te sientes cuando, después de leer que “la vida sin libertad no es vida” en las paredes de una de las pequeñas celdas de la cuarta galería, entras en la estancia 333 y descubres un póster de Paco Jémez.

 

Odiado y querido a partes iguales, Paco Jémez disfruta viviendo la vida a contracorriente

 

Odiado y querido a partes iguales -hasta el punto de llegar a convertirse en el refugio mental de alguien que está preso en una cárcel-, Jémez es un tipo de los que no dejan a nadie indiferente, de los que disfrutan viviendo la vida a contracorriente. “Me pone mucho ir en contra de lo que piensen los demás”, admitió en 2015, tras ser galardonado en la primera edición de los Premios Panenka. “Cuantificamos demasiado el fútbol y nos olvidamos del cómo, que es lo más importante”, sentenciaba en el #Panenka39, mostrando su cara más nostálgica.

Valiente por naturaleza, a finales del año pasado, este cordobés nacido en Las Palmas de Gran Canaria asumió el reto de dejar España para probar su estilo en México. Había sido destituido como técnico del Granada tan solo unas semanas antes, pero esto no disminuyó ni un ápice la confianza en sí mismo de un entrenador que cuenta con la experiencia de haber dirigido más de 250 partidos entre Primera y Segunda división.

Finalmente, el día 6 de diciembre se presentó como nuevo técnico del Cruz Azul. Lo hizo a su estilo, dejando claras sus intenciones a la afición. “No he venido aquí a perder o empatar, he venido a ganar”, aseguró en su puesta de largo como técnico de La Máquina. Y lo cierto es que, con Jémez en el banquillo del Estadio Azul, los cementeros han vuelto a sonreír.

El equipo, uno de los grandes del campeonato azteca, no se clasificó por el play-off por el título en el Clausura 2017, pero sí que lo ha logrado ahora, en el Apertura. Después de tres largos años de decepciones, el Cruz Azul puso fin a esta larga travesía por el desierto el fin de semana pasado, cuando alejó sus fantasmas al imponerse a Tiburones Rojos de Veracruz por 1-0 gracias a un gol del delantero chileno Felipe Mora.

 

Los aficionados del Cruz Azul celebraron el acceso a la ‘Fiesta Grande’ del fútbol mexicano con lágrimas en los ojos

 

Fue una victoria sufrida, pero sirvió para romper una de las peores rachas de la historia del club. Por este motivo, gran parte de los 26.149 aficionados que acudieron al feudo cementero celebraron el acceso de su equipo a la ‘Fiesta Grande’ del fútbol mexicano con lágrimas en los ojos, como si fuera uno de los días más felices del Cruz Azul en los últimos tiempos. Y es que, tras seis torneos sin alcanzar la Liguilla final, La Máquina no podía volver a fallar otra vez.

Consciente de ello, antes del trascendental partido contra Veracruz, Jémez juntó a sus futbolistas con sus familiares en el vestuario local del Estadio Azul. La fórmula era la misma que la que utilizó al final del curso 12-13 para felicitar a los jugadores del Rayo Vallecano por haber completado la mejor temporada de la historia del club, pero en esta ocasión el objetivo era otro.

Quería conseguir que sus pupilos saltaran al césped súper motivados, y lo hizo retándoles. “Aún podemos ser más grandes”, les dijo justo después de reconocer que se sentía “orgulloso de haber venido aquí”. Y, en medio de un ambiente parecido al de los instantes previos a una gran batalla, dejó caer una frase casi filosófica: “La vida es de momentos, y este momento lo tenemos que recordar todos”.

Efectivamente, este encuentro quedará grabado durante mucho tiempo en las retinas de los seguidores de La Máquina. Porque, tal y como aseguró el propio Jémez en la rueda de prensa posterior al partido, “Cruz Azul lo necesitaba”.

Pero ahora el equipo no quiere detenerse aquí. Ahora, el objetivo de los cementeros es claro e inequívoco: volver a alzar un título que se les resiste desde 1997. No será fácil, pero si alguien puede ayudarles a lograrlo es Paco Jémez, un entrenador combativo y ambicioso que se ha convertido en un referente y en un modelo para muchos. Incluso para aquellos que, desde la soledad de una cárcel, ansían volver a saborear la libertad.