Italia vivió su particular auge económico durante los últimos 15 años del siglo XX.  No había crisis y tampoco se la intuía, los italianos vivían “por encima de sus posibilidades”, como diría aquel, y las empresas celebraban su bonanza financiera adquiriendo clubes de fútbol y llevándolos a lo más alto. La automovilística FIAT compró la Juventus; el ecléctico magnate de los medios de comunicación Silvio Berlusconi se hizo con el Milan; el grupo petrolero Saras, con Massimo Moratti a la cabeza, y la empresa de neumáticos Pirelli adquirieron el Inter de Milán; la corporación de lácteos Parmalat aterrizó en el Parma; el cine, constructoras, el sector alimenticio… el boom en Italia fue transversal y enseguida lo notó su fútbol.

La Serie A era el lugar donde todos los grandes querían estar. Desde la llegada de Diego Armando Maradona al Nápoles, en 1984, se abrió una veda que se confirmó con fichajes de relumbrón en casi cada equipo del campeonato, independientemente de su condición. A finales de los 80 y principios de los 90, casi cualquier club italiano tenía su estrella: Maradona y Gareca (Nápoles), Rumenigge y Ronaldo (Inter), Junior (Torino), Zico (Udinese), Sócrates (Fiorentina), Falcao (Roma), Laudrup (Lazio), Platini y Zidane (Juventus) Van Basten y Gullit (Milan)… La constelación más luminosa que jamás había visto Italia.

Los resultados, como es lógico, no tardaron en llegar, y la Serie A se coronó como reina de Europa en las dos principales competiciones continentales. Desde 1989 hasta 1999, del campeonato italiano surgieron cuatro campeones de la Copa de Europa y cinco subcampeones. Pero el bagaje aún es más espectacular en la Copa de la UEFA: durante esos diez años, hasta ocho campeones y seis finalistas fueron italianos. Nadie fue capaz de toser la hegemonía transalpina en Europa. Hasta que la bonanza acabó.

 

La Serie A era el lugar donde todos los grandes querían estar. A finales de los 80 y principios de los 90, casi cualquier club italiano tenía su estrella

 

La entrada del nuevo milenio fue ligada a la de una crisis que azotó fuertemente a la economía italiana, dañando gravemente a muchas de las empresas que habían sido propietarias de los clubes y cobrándose varios descensos y desapariciones con ello. El auge cayó en picado, las estrellas se marcharon y en Italia quedaron un solar futbolístico y muchas preguntas. Aun así, los clubes italianos no dejaron de ganar: lograron tres Copas de Europa y otros tres subcampeonatos desde el año 2000. Lo que se produjo fue un corte drástico entre los equipos. Se consolidó una clase media y se dispararon las diferencias entre esos conjuntos y los grandes, es decir, los que tenían más dinero.

Milan, Inter y Juventus fueron los clubes italianos con un mayor sustento económico detrás tras el estallido de la crisis. Sus ingresos se mantuvieron en verde –no sin dificultades– y pudieron seguir compitiendo a alto nivel en Europa, fichando a grandes estrellas de nivel mundial. No obstante, la grandeza de los tres clubes ha vivido un punto y aparte en la última década. En la ciudad lombarda, capital de la moda y cuna de grandes inversiones, el modo de vida de Milan e Inter explotó hace seis temporadas. Desde la Champions conseguida por el Inter en 2010, la crisis aterrizó en Milán y ha hecho estragos en los dos clubes de la ciudad. La deuda contraída por ambos clubes durante la época de esplendor ha resurgido con fuerza en las últimas temporadas, arrasando el éxito de ambos clubes a su paso.

UN MODELO CADUCO

Si el mundo del fútbol está en constante evolución, el de las finanzas no se queda atrás. Y eso fue precisamente lo que hicieron los equipos de Milán. Milan e Inter apostaron hasta el final, con sus consecuencias, por el modelo de única figura millonaria y absolutista, cuyas decisiones son definitivas dentro del club. Berlusconi quiso quedarse anclado en el pasado, ganar por el escudo, no subsanar a tiempo las deudas y decir adiós a la evolución. Moratti, tras conseguir el triplete, se vio sumido en un caos deportivo y económico que le obligó a vender el club a Erick Thohir, un magnate indonesio que adquirió el 70% del Inter en 2013.

En el estadio que acogerá este año la final de la Copa de Europa llevan camino de tres temporadas sin ver un partido de Champions. La crisis del Milan se agrava por momentos y cada vez son más los aficionados que demandan una venta de las acciones de Berlusconi. Tras no concretarse definitivamente la compra del 49% del club por parte del empresario tailandés Bee Taechaubol, Berlusconi negocia ahora con un grupo de inversión chino para hacerse con el control del 50% del club, prorrogable al 70%. Aunque la certeza de la venta no es absoluta, el descontento de la afición, la bajada del número de abonados (de 44.944 a 23.372 entre 2009 y 2013) y unas pérdidas netas de 91’3 millones de euros en los últimos resultados presentados, ponen a Silvio Berlusconi arrinconado contra las cuerdas. “Si el Milan quiere volver a ser grande, Berlusconi debe vender”, manifiesta Giuseppe La Scala, vicepresidente de la Asociación de Pequeños Accionistas del Milan.

El Milan, en muchos momentos el club más grande de Italia, ve como sus vecinos ‘nerazzurri’ han recibido ingresos extranjeros, han cambiado su modelo de negocio, han hecho importantes inversiones en fichajes y siguen igual. A años luz de la cabeza de la Serie A y arrastrando un espera de cinco temporadas sin estar en Champions League. Ahora mismo, resulta inimaginable que uno de los dos grandes de Milán pueda repetir pronto alguna de las gestas europeas que les hicieron campeones hace menos de diez años. La esperanza del fútbol italiano ahora viste de blanco y negro y arrasa en cada campeonato: la Juventus de Turín.

UNA JUVENTUS DE PREMIER

Desde los cinco campeonatos del Grande Torino en los 40, solo interrumpidos por la Segunda Guerra Mundial, no se veía nada igual en Italia. La Juventus se acaba de proclamar campeona por quinta vez consecutiva, algo solo al alcance de un equipo dominante e histórico. Una Juve con un modelo de negocio sostenible, actual, rentable y similar a los de la Premier League que tanto se alaba. El éxito del club de Turín tuvo un antes y un después: el descenso administrativo a Serie B en verano de 2006. El equipo tuvo que formarse de nuevo, reestructurarse y volver a crecer tras un grave escándalo de favores y ayudas arbitrales. Tras ascender a la Serie A en 2007, la Juventus recuperó un puesto en la Liga de Campeones y aprobó el proyecto de construcción de su nuevo y moderno estadio, el primero en la historia de la Serie A en ser propiedad exclusiva de un club.

En 2010 llegó a la presidencia del club Andrea Agnelli, miembro de cuarta generación de la familia propietaria de la Juventus desde los años 20. Al contrario que sus homólogos en Milán, Agnelli ha sabido delegar en expertos en cada materia dentro del club, auspiciado por sus conocimientos de la escuela inglesa -estudió en Oxford- y el modelo de una Premier League que ha buscado imitar. Los resultados económicos no pueden ser más favorables: según el estudio Deloitte Money League, la Juventus cerró la pasada temporada como el décimo club con más ingresos del mundo con 324 millones de euros, más de cien millones por encima del segundo club italiano de la lista, el AC Milan (14º), cuyas rentas comerciales y de patrocinio aún le reportan 199 millones de euros anuales, pese a ser una cifra en clara decadencia. En términos económicos, ningún club de la Serie A puede hacer frente a la Juventus.

Pero no todo es dinero. El club de Turín ha impulsado, aparte de un modelo rentable  y sostenible de negocio, un estadio que genera ingresos en base a un museo, un centro comercial, un taquillaje amplio y todo el merchandising; una estructura de cantera activa, fomentada desde las edades más tempranas y con instalaciones renovadas para aportar jugadores al primer equipo y que el desembolso por fichajes no tenga que ser desproporcionado. No en vano, la Juventus es la dominadora absoluta de la Serie A sin haber acometido una inversión salvaje en fichajes. La temporada 2014/15 llegó hasta la final de la Copa de Europa habiendo gastado 46 millones de euros en fichajes, muy lejos de los 157 que invirtió el ganador del título, el FC Barcelona. En la presente temporada, el conjunto ‘bianconero’ sí ha gastado mucho más que en las anteriores (134 millones de euros) con el objetivo de extender su dominio nacional a Europa tras haberse quedado a las puertas solo un año atrás. No obstante, la influencia de la cantera ‘juventina’ se sigue haciendo notar en la Serie A; la base de la Juventus es la que más jugadores aporta a las plantillas del campeonato italiano, reportando no solo beneficios futbolísticos a la Juve, sino también económicos. Mediante ventas de jugadores formados en sus categorías inferiores, el equipo de Agnelli también encuentra rentabilidad.

 

Milan e Inter apostaron hasta el final, con sus consecuencias, por el modelo de única figura millonaria y absolutista

 

Futbolísticamente, tanto Antonio Conte en los tres primeros Scudetti, como Massimiliano Allegri en los dos últimos, han sido un ejemplo para Italia. El sistema de tres centrales, tres centrocampistas, dos carrileros y dos delanteros impulsado por Conte en su primera Juventus ganadora fue copiado por muchos equipos de la Serie A, marcando un estilo que varió con Allegri en función de las características de sus jugadores y la adaptación de los rivales a su juego: la Juve es el equipo a batir y los rivales evolucionan para hacerle frente. En las últimas temporadas, solo los proyectos más austeros de Roma y Nápoles han sido capaces de hacerles frente… hasta que ha sido insostenible. La Roma de la temporada 2012/13 aguantó el pulso con un récord de victorias en las diez primeras jornadas del campeonato. Cuando la Juventus estalló, se volvió imparable y se coronó campeona con 102 puntos.

Esta temporada ha sido el Nápoles quien ha puesto en aprietos el título de la Juve. Aprovechando su mal inicio de liga, los de Sarri pusieron la directa en los seis primeros meses de competición, manteniéndose sólidamente en el liderato con un Higuaín estelar y un fútbol muy mejorado. En la jornada 25, sin embargo, cayeron del primer puesto al perder por 1-0 ante la propia Juventus y ya no lo volvieron a recuperar. El fondo de armario del equipo de Allegri, actualmente supera a cualquiera en la Serie A. Los picos futbolísticos de la Juventus de esta temporada y la riqueza de variantes les convierte en un equipo casi imparable en el campeonato doméstico. Con jugadores de la talla de Paul Pogba, Juan Cuadrado, Álvaro Morata o la reciente irrupción al estrellato de Paulo Dybala, los ‘bianconeri’ tienen asegurado el favoritismo en las próximas temporadas en Italia.

Pese a ello, los rivales de la ‘Vecchia Signora’ están evolucionando en busca de un modelo de gestión sostenible como el del campeón. En Udine, el Udinese ha abierto recientemente el reformado Friuli, convirtiéndose en el segundo club en ser propietario de su propio estadio tras la propia Juventus. El paso al frente de Inter y Milan tras las presentes y futuras inversiones asiáticas les convierten en el centro de atención y expectación para las próximas temporadas. Asimismo, equipos como Roma y Napoli están engrosando sus arcas gracias a sus recientes buenas temporadas. Por el momento, la Juve sigue reinando, pero no tardará en aparecer quien le haga abdicar.