“Rosa Parks sat, so that Martin Luther King Jr. could walk. Martin Luther King Jr. walked, so that Barack Obama could run. Barack Obama ran, so we could fly.” Grafiti de Mr. Brainwash en Los Ángeles

 

Un autobús es un lugar poco presumible de ser el escenario de un gran evento histórico. Sin embargo, el 1 de diciembre de 1955, Rosa Parks se negó a ceder su asiento a una persona blanca, tal y como establecían las leyes de la época, y prendió la mecha del movimiento a favor de los derechos civiles en Estados Unidos. Y siete meses después de aquellos hechos, nació en Clifton (Nottingham) otro de los protagonistas de la -inacabada- carrera a favor de la igualdad de las personas: Vivian Alexander Anderson, más conocido como Viv Anderson.

Este espigado lateral derecho aterrizó en la elite del fútbol en la década de los 70, cuando el racismo vivía su apogeo en los estadios británicos y, gracias a la alarmante permisividad de unas autoridades que parecían haberse creído aquel discurso de taberna que justificaba la escasez de jugadores negros en la elite del balompié inglés por el clima y el frío de las islas, la extrema derecha ya encontraba en las graderías un lugar idóneo en el que expresar sus rancias ideas, señala el historiador Ramon Usall. De hecho, en aquella época era “casi una constante” ver como los hooligans les lanzaban plátanos a los futbolistas negros y les hacían “el ulular de los monos”, cuenta Alfredo Relaño en 366 historias del fútbol mundial que deberías saber.

Pero a pesar de haber sufrido estos vergonzosos insultos, lo que más le preocupaba al joven Anderson era su prometedora carrera futbolística. Por este motivo, el 29 de noviembre de 1978, cuando se convirtió en el primer jugador negro en disputar un encuentro con la selección absoluta de Inglaterra, estaba mucho más concentrado en rayar a un buen nivel que en disfrutar de un hecho que para Relaño “fue noticia mundial”. Una prueba evidente de ello es que aquel día, el zaguero recibió telegramas de personalidades de la categoría de la Reina Isabel II o Elton John, pero para él, ser el primer negro en jugar con los Pross, era algo casi anecdótico. Era “la última cosa que tenía en la cabeza en aquel momento”, explicó unos años más tarde.

 

“Yo tan solo era un chico de Nottingham que quería jugar para mi país”

 

“Yo tan solo era un chico de Nottingham que quería jugar para mi país, igual que cualquier otro futbolista”, remarcaba el propio Anderson en una entrevista en The Guardian, restándole importancia a la hazaña. Aun así, en este caso, la hemeroteca sirve para rescatar declaraciones en las que el británico regateó su habitual modestia para reconocer la magnitud de lo que consiguió aquel lejano día de 1978 en el que el equipo de Ron Greenwood se impuso por 1-0 a Checoslovaquia en Wembley, bajo la atenta mirada de 92.000 espectadores.

“Recuerdo a Bob Latchford [un histórico delantero británico del Everton] diciéndome que me iba a acordar de aquella noche para siempre. Tenía razón…”, admitió Anderson en una ocasión, feliz por haber ayudado a que los jugadores negros alcanzaran “el nivel en el que están ahora mismo”. En este sentido, según un informe de The Guardian, el número de non-white players en la Premier League ha pasado de un 16% en 1992 al 33% de este curso. Con los datos en la mano es indudable que aún queda camino por recorrer, pero el aumento registrado es un motivo de orgullo para Anderson: “Por suerte, ahora hay una cara negra en la mayoría de los clubes. Hice mi pequeña aportación para hacérselo más fácil a la hora de forjar una carrera”.

 

Ser el primer futbolista negro en jugar con Inglaterra le concedió a Anderson un lugar en la historia del Reino Unido

 

Con todo, el hecho de ser el primer futbolista negro en jugar con la selección de Inglaterra le concedió a Anderson un lugar privilegiado en la historia del Reino Unido. No en vano, el autor de la autobiografía First Among Unequals -“El primero entre desiguales”, en español- fue nombrado Miembro de la Orden del Imperio Británico en 2000 por sus servicios al deporte rey, entró en el English Football Hall of Fame en 2004 y aparece en la lista de los 100 Great Black Britons junto a otros cinco futbolistas: Paul Ince, Ian Wright, John Barnes, Arthur Wharton, que fue el primer jugador negro que competió en la primera división inglesa, y Andrew Watson, que fue el primero en vestir la camiseta de la selección de Escocia.

Además, el nombre de Anderson también está presente en la lista de los 100 Radical Heroes que elaboró el People’s History Museum de Mánchester, el mismo sitio en el que está expuesta la elástica que el defensa utilizó en el partido contra Checoslovaquia. A su lado, en la lista, aparecen algunos británicos ilustres como Margaret Thatcher, Winston Churchill, George Orwell, Charles Dickens, John Stuart Mill… O Brian Clough, el entrenador de Anderson en aquel Nottingham Forest que asombró al universo futbolístico al conseguir un ascenso (76-77), una liga (77-78) y dos Copas de Europa (78-79 y 79-80) de forma consecutiva. Casi nada… Como si el Getafe o el Levante ganaran la liga este año y la Champions League las dos próximas temporadas.

Anderson, un lateral diestro caracterizado por su capacidad atlética y por su predisposición a sumarse al ataque que había debutado con el Forest con tan solo 17 años, alcanzó su mejor nivel a las órdenes de Brian Clough y su ayudante Peter Taylor. De hecho, fue el polémico técnico inglés quien le enseñó, a su manera, a ignorar los constantes insultos del público. “Si dejas que a la gente le guste decirte esto voy a escoger a otro, porque tú estarás preocupado en lo que te van a gritar los fans”, le dijo. Tal cual, así era Clough. Un tipo capaz de lo mejor y de lo peor: de conducir al Nottingham a la mejor época de toda su historia y de emborracharse junto a su equipo en la previa de la final de la Copa de la Liga de 1980.

Finalmente, el matrimonio Viv Anderson – Nottingham Forest se rompió en 1987, cuando el zaguero fichó por el Arsenal, que desembolsó unos 250.000 dólares para hacerse con un jugador que había defendido la camiseta del conjunto del City Ground en más de 400 ocasiones y que ya había sido incluido dos veces en el equipo ideal de la liga inglesa. Además, el defensa de Clifton también pasó por el Manchester United -fue el primer fichaje de Alex Ferguson como técnico de los Red Devils-, por el Sheffield Wednesday, por el Barnsley y por el Middlesbrough, donde actuó como ayudante de Bryan Robson hasta el año 2001.

Con tal trayectoria, no resulta difícil adivinar que el encuentro contra Checoslovaquia no fue, ni mucho menos, el último de Anderson con los Pross. Entre 1978 y 1988, el zaguero disputó 30 encuentros, marcó dos goles y fue convocado para los Mundiales de España’82 y de México’86 y para las Eurocopas de Italia’80 y Alemania Federal’88. Es cierto que tan solo llegó a tener minutos en uno de estos cuatro torneos y que nunca logró tener una cierta regularidad con la selección -básicamente, por la dura competencia que mantuvo con laterales de la talla de Phil Neal, Trevor Cherry, Mick Mills o Gary Stevens-; pero nada de esto le importaba demasiado a un Anderson que era enormemente feliz por haber llegado a defender la camiseta de Inglaterra: “Jugué en una época en la que no era normal que un futbolista negro representara a su país, así que hacerlo 30 veces es más de lo que nunca habría podido pedir”.

Y es que Anderson fue un pionero. Antes que él, ningún jugador negro -o de alguna otra minoría étnica- había jugado con la selección absoluta de Inglaterra. En cambio, desde que él lo consiguió en 1978, ya lo han hecho otros 84 Black and Minority Ethnic Players. Asimismo, en los últimos años, los futbolistas negros se han convertido en una parte muy importante de las convocatorias inglesas para los grandes torneos internacionales. Sin ir demasiado lejos, en la Eurocopa’16, nueve de los 23 integrantes del equipo que dirigía Roy Hodgson eran negros.

 

El camino es el bueno, pero aún queda mucho para llegar a la meta de la igualdad

 

De nuevo: el camino es el bueno, pero aún queda mucho para llegar a la meta de la igualdad. “Tenemos que continuar inspirando a los jóvenes”, pregonaba hace unos meses Anderson, un tipo normal que nunca ha querido ser un modelo para nadie y que tiene como referentes a Nelson Mandela, a Muhammad Ali y a Winston Churchill; un futbolista que, de la misma manera que Martin Luther King Jr., tan solo quería cumplir un sueño. Y él mismo añadía: “Seas negro, blanco, morado o azul, si tienes las cualidades, mereces que te den una oportunidad”. Cuánta razón, y que vergüenza tener que escuchar esto en pleno siglo XXI…

Pero la realidad es la que es, y es incuestionable que el racismo sigue muy presente en nuestra sociedad. Ahí, a la vuelta de cada esquina, como un monstruo que espera su momento para salir a la luz y volver a atacar. Y, “si no somos cuidadosos, puede volver al fútbol”, avisaba Anderson en una entrevista en Daily Mail. Seamos conscientes de ello.