Nos pasamos los días pensando en el futuro cuando nuestros pies, por mucho que andemos, siempre apoyan sobre el presente. Los clubes se obsesionan con futbolistas jóvenes que en la próxima década pueden marcar una época y romperla, pero en estos instantes hay un balón quieto entre las piernas de los grandes conjuntos europeos que deben golpearlo ya mismo, antes de que sea demasiado tarde y el Madrid vuelva a arrebatarles otra Copa de Europa.

Ante una hegemonía tan bestial como la que está teniendo el equipo blanco en estos últimos cinco años en el continente europeo –con cuatro títulos conquistados–, el futuro del resto de mortales no existe. Cuando el ‘ayer’ no te pertenece, el ‘hoy’ debe ser tu único objetivo e incluso tu obsesión. Lo que hay después de todo eso es un privilegio que probablemente solo Florentino Pérez pueda contemplar. Y ni eso, porque el máximo mandatario blanco ya tiene la ‘Decimocuarta’ entre ceja y ceja, pues la máquina ingobernable que acciona el Madrid solo funciona en un único sentido: en el de ganar.

Quizás por esa razón la Juventus, que ha estado a punto de besar la ‘Orejona’ en los últimos años, ha contratado las 33 primaveras de Cristiano Ronaldo como último argumento para que la Champions deje de hacerle cobras. Un argumento que quizás solo sobreviva una o dos temporadas, pero su futuro es hoy. Quiere levantarla ya mismo y las prisas de Marotta, director general de la Juve, y también las del técnico, Allegri, no las marcan sus relojes, sino su actitud en el mercado, donde Mattia Caldara es Leiva y Bonucci, Sabina.

 

La Juve ha contratado las 33 primaveras de Cristiano Ronaldo como último argumento para que la Champions deje de hacerle cobras. Un argumento que quizás solo sobreviva una o dos temporadas, pero su futuro es hoy. Quiere levantarla ya mismo

 

Lo mismo sucede con el romanticismo y los estilos de turno. El FC Barcelona siempre busca en el mercado un príncipe azul que sustituya a Xavi Hernández e Iniesta y si puede ser joven, mejor; pero resulta que en la vida real ese tipo de príncipes no existen y debemos conformarnos con esas medias naranjas –un poco amargas algunas veces– que se adaptan a nosotros para hacernos igualmente felices. Compatibilidades que se presentan en forma de Paulinho o Arturo Vidal y que, sin tener la fantasía de un príncipe azul, probablemente sirvan para evitar una mala cita en Roma. Ya habrá tiempo de quitarle el polvo al modelo.

Con esa única realidad entre ceja y ceja vemos plantillas con más ron añejo que ginebra, con más experiencia que talento. El futuro termina el 1 de junio de 2019 en el Wanda Metropolitano, sede que alberga la final de la Champions el próximo año. El día dos de ese mismo mes nadie lo contempla. Quizás solo el Madrid, que posee el ayer en sus vitrinas. Por eso se permite un traguito de futuro con sabor a Vinicius.