El fútbol no solo es política, también es literatura. Y es que ayer, ante un Estadio de Montilivi repleto de aficionados y de banderas de diversa simbología política, el Girona volvió a abrir el libro de su historia para escribir otro capítulo con letras doradas.

Junto a la fecha del 4 de junio de 2017 -el día en que el cuadro rojiblanco consiguió, por fin, el ascenso a la elite del fútbol español-, la parroquia gerundense recordará para siempre la cascada de emociones que vivió en la tarde de ayer, la del eterno 29 de octubre. Hasta el último de sus días, los seguidores del Girona podrán repetir, entre orgullosas lágrimas de emoción: “Sí, el Girona venció al Real Madrid en Montilivi en su primera temporada en Primera División”.

Quienes este año tienen el placer de asistir a las largas ruedas de prensa de Pablo Machín saben siempre de antemano que van a escuchar dos frases en voz del técnico de Soria. “Ellos juegan con metralletas y nosotros, con pistolas”, repite, en referencia a la inferioridad de su equipo ante algunos de los grandes conjuntos a los que se está teniendo que enfrentar esta temporada, la del debut histórico del Girona en Primera. Aun así, Machín, ambicioso por naturaleza, también defiende un segundo mantra con la misma insistencia: “El fútbol es el único deporte en el que un equipo eminentemente inferior puede ganar a otro eminentemente superior”.

Precisamente, es esta ambición -unida al esfuerzo y a la intensidad, dos aspectos de índole “innegociable” para un Machín que se siente identificado con el Cholo Simeone-, la que ha llevado al conjunto de Montilivi, que en el año 2007 navegaba por la Segunda División B, hasta un lugar tan impensable como la máxima categoría del balompié español.

“Cuidado, Leo Messi: el Girona ya está aquí”

 

Ahora, en Primera División, el Girona y su afición son como aquel niño que lo ve y que lo vive todo por vez primera. Mientras se abre paso entre la elite a pasos de gigante, el equipo vive feliz, encantado y orgulloso de poder jugar contra algunos de los mejores jugadores del planeta. Y compiten contra ellos de tú a tú, como el niño que sale al patio sin ningún miedo de enfrentarse a los alumnos de la clase de los mayores. “Cuidado, Leo Messi: el Girona ya está aquí”, gritó hasta quedarse sin voz el día de la celebración del ascenso a Primera Pere Pons, el gran ídolo de la afición local, en una clara demostración del descaro de este equipo.

Y es que Pere Pons es, junto al capitán Àlex Granell, la materialización humana de que el Girona es un niño que está descubriendo el enorme mundo del fútbol de élite. Siempre sonrientes, Pons y Granell suman ya 110 partidos juntos desde que Pablo Machín se hizo cargo de la clase y empezó a cambiar la identidad de una ciudad que antes vivía prácticamente de espaldas a su equipo, pero que ahora lo idolatra incondicionalmente y le demuestra su amor inundando sus calles de camisetas rojiblancas. Vemos a los niños con la camiseta del Girona, y la gente mayor también es mucho más del equipo que antes”, destacaba, orgulloso, Granell en la previa del histórico partido contra el FC Barcelona del pasado 23 de septiembre.

Con el 3-5-2 como seña de identidad principal y tras superar el drama de quedarse tres veces a las puertas del ascenso, el Girona debutó finalmente en Primera el pasado 19 de agosto, en un encuentro en Montilivi contra el Atlético de Madrid que acabó en empate y en el que los de Pablo Machín dominaron de forma inapelable durante la mayor parte de los 90 minutos. Así se presentó el equipo. Sin pedir permiso. No llamó a la puerta, directamente la tiró abajo.

Y ayer -29 de octubre de 2017-, en una especie de David contra Goliat moderno, el Girona se situó a sí mismo en el mapa del fútbol mundial al superar al Real Madrid en el que seguramente fue el mejor partido de la historia para los locales. “Sería muy fácil y muy vendehúmos decir que al Madrid le vamos a jugar de tú a tú”, señaló Pablo Machín en la entrevista de #Panenka66. Pero lo logró: el Girona, el equipo que cuando el técnico soriano llegó al banquillo estaba casi condenado al descenso a Segunda B, desnudó al conjunto merengue y se impuso a él.

Con la victoria, los rojiblancos emularon una gesta inédita desde hace 27 años. El 28 de octubre de 1990, el Real Burgos se impuso al Real Madrid con un doblete del delantero bosnio-yugoslavo Predrag Juric, que remontó el tanto inicial de Hugo Sánchez. Desde entonces, ningún otro debutante en Primera División había podido doblegar a los blancos. Fue así hasta ayer, cuando lo consiguió este Girona, un equipo que ha irrumpido en la elite sin renunciar a nada y que va a luchar por el objetivo de la permanencia siendo plenamente consciente de su modestia.