Falto de cariño. Así está el Atlético de Madrid en este primer tramo de temporada. Que los rojiblancos no están pasando por un buen momento parece por todos sabido. El equipo ha dado señales de cansancio, no solo en el plano físico, sino, y más preocupante, en el aspecto mental. Las viejas glorias atléticas no son eternas y los Filipe, Juanfran, Godín y Gabi empiezan a sufrir el inapelable paso del tiempo. Más allá del núcleo duro del vestuario, tampoco piezas llamadas a dar un paso al frente como Carrasco, Correa, o Griezmann, muy desdibujado en este primer tercio de temporada, han liderado al equipo en los malos momentos. Solo la consolidación de jugadores como Lucas Hernández o Thomas parece aportar algo de luz a un curso que arrancaba con la sombra de la sanción de la FIFA pesando demasiado sobre la inquebrantable fe ‘cholista’.

Entre todos los problemas de los colchoneros, hay uno que sorprende especialmente por su infrecuencia en los últimos años: la incapacidad por encontrar pareja. Y no es que no sea un equipo atractivo. Últimamente ha lucido sus mejores galas. Tampoco es culpa de la falta de costumbre en este tipo de relaciones de dos. Los rojiblancos son un club habituado a vivir con pareja. Nunca solió tener problemas de este tipo en el pasado. El Manzanares ha sido uno de los escenarios de la capital en los que más pasiones se han despertado. El clima ideal para construir los mejores romances. A su orilla se han edificado algunos de los dúos más importantes e imponentes del fútbol español. El viejo estadio del barrio del Imperial ha sido testigo de grandes duplas a lo largo de la historia. Solo hace falta mirar la última década. Las ha habido de todo tipo. Letales, como la formada por Fernando Torres y el Kun Agüero. O de goleadores consumados, como la que unió a Radamel Falcao y Diego Costa cuando el de Lagarto empezaba a enseñarnos el rematador voraz y efectivo que es hoy. Anteriormente, otro Diego, Forlán, nada celoso y abierto siempre a encontrar el amor, regaló a los aficionados del viejo feudo atlético una segunda parte tras haber creado con Agüero como coprotagonista el particular dúo dinámico rojiblanco. Ambos, autores de más de noventa tantos cada uno con la camiseta atlética, hicieron vibrar a base de movilidad y dinamismo. Una fiesta del gol sin importar la procedencia. Tampoco las últimas versiones hacían presagiar la mediocridad numérica actual, con Diego Costa y David Villa llevando al Atlético hasta la consecución de la décima Liga de su historia, erigiéndose como uno de los últimos duetos más recordados.

Los problemas del Atlético contrastan, para más inri, con la irrupción de ilusionantes noviazgos que están naciendo en esta Liga

Añorado de las parejas que goleaban en el Calderón, el Wanda Metropolitano sigue sin encontrar su particular romance. Aquel que te agarra a la butaca y te hace aguantar hasta el ‘sí quiero’. A la espera del ansiado retorno de Diego Costa –veremos cuanto tiempo dura coincidiendo con Antoine Griezmann–, Simeone no encuentra el acompañante ideal del ‘7’, soltero exigente y pretendido como pocos. Tantas dudas han surgido que incluso el francés ha parecido entrar en la ruleta de posibles acompañantes, tornado por momentos en simple candidato en esta especie de concurso de citas a ciegas en el que ha convertido el Cholo el ataque atlético. Los minutos de Torres, que todavía no ha estrenado el casillero anotador, se reducen a esporádicas apariciones sin que sus actuaciones hayan convencido al argentino. Tampoco los compatriotas del técnico han respondido satisfactoriamente. Vietto está lejos de aquel delantero móvil y enérgico que enamoró en Villareal. Mientras que Correa no acaba de convencer del todo a su paisano, que a veces le prefiere cerca de la cal. El ‘11’ ha alternado exhibiciones llenas de ambición y ganas de comerse el mundo con partidos en los que ha pasado de puntillas, desapercibido, desaparecido entre regates que no salen e intentos que se quedan en nada, muchas veces víctima del exceso de ímpetu que en ocasiones atropella sus prometedoras jugadas. El rosarino corre el riesgo de acabar con la etiqueta del eterno revulsivo agitador de partidos colgada sobre él. Tampoco el fichaje que tenía que acabar con el cásting, Kevin Gameiro, ha conseguido hacerse con la plaza, empequeñecido por su falta de confianza y un estilo que a veces no le ha permitido explotar sus virtudes. Por muchas opciones que baraje, Simeone sigue sin decidirse ni dar con la tecla y la ansiedad por encontrar una nueva historia de Romeo y Julieta crece en el recién estrenado feudo.   

Los problemas del Atlético contrastan, para más inri, con la irrupción de ilusionantes noviazgos que están naciendo en esta Liga. Relaciones de amor, algunas forjadas a primera vista, que hacen mirar a los aficionados rojiblancos con cierta nostalgia hacia otros conjuntos. El Valencia ha encontrado en Zaza y Rodrgio una pareja que a día de hoy es la envidia de todos. La fuerza y el juego aéreo de uno se combinan perfectamente con el olfato y el oportunismo del otro. Sin saber muy bien quién es quién ni a cuál de los dos atribuir cada cualidad apuntada. Un equilibrio que está asegurando el éxito casi cada fin de semana sin importar la pista en la que toque bailar. Tampoco se quedan atrás sus vecinos de Villarreal. El flirteo entre un inspirado Bakambú y un recuperado Bacca ha pasado ya a la siguiente fase. Su conexión parecía asegurada casi con solo presentarse. Demasiadas coincidencias en lo semántico como para que no funcionara un idilio que amenaza con acabar en boda a final de temporada. Incluso el rival ciudadano de los atléticos ha optado por renunciar este año a su mitificado trío para dejar el ataque en manos de Benzema y Ronaldo. A pesar de que no estén pasando por su mejor momento, francés y luso han demostrado estar compenetrados como pocos sobre el verde a lo largo de su trayectoria en el conjunto blanco. Además, las interminables ausencias de Gareth Bale han contribuido a que Zidane apueste por fortalecer su binomio. Algo similar ha pasado en Can Barça, cansados del coqueteo de Neymar y su constante amago de poner en jaque la fidelidad que parecía regir entre los tres reyes culés. El adiós del brasileño ha reforzado el amor entre Suárez y Messi, más cómodos cuando el resto del equipo los mira desde atrás y les abastece de juego.

Los de Valencia, Villarreal, Real Madrid y Barça son solo algunos ejemplos que reflejan una tendencia en el fútbol español. Es la moda de vivir en pareja. Llega el frío y siempre es mejor no vagar por los campos en solitario. En otros casos, tres resultaban multitud. Antes que verse obligado a recurrir al Tinder de turno, el Atlético espera recuperar el romanticismo perdido. El Wanda quiere volver a disfrutar de los grandes clásicos. Un Titanic en rojiblanco y sin hundimiento final. Habrá que esperar a que Diego Costa y Griezmann hayan hecho buenas migas durante estos seis meses de espera. Los colchoneros no se resignan a la soltería en ataque. No quieren ir a la guerra con solo un soldado. Han visto demasiadas historias de dos como para ahora aceptar ser la oveja negra del rebaño, en un momento en el que, además, ser single ya no parece estar de moda.