“Es una decisión realmente dura que he discutido con mi familia, mi entrenador y con mis seres más cercanos. Jugar para Inglaterra siempre ha sido especial para mí. Cada vez que he sido seleccionado como jugador o como capitán ha sido un auténtico privilegio y quiero dar las gracias a todos los que me han ayudado”. Con estas palabras se despedía Wayne Rooney de Inglaterra. Los 119 partidos y 53 tantos del jugador del Everton ya han pasado a la historia de la selección de los tres leones. Y, aunque deje cifras al alcance de pocos, su trayectoria en el combinado nacional deja sensaciones en las islas británicas de haber sido peor de lo esperado.

Pintaba como el enésimo heredero de Bobby Charlton, el único ídolo perenne que ha sabido llevar a Inglaterra a la cima del mundo, y como tantos otros, todos los esfuerzos de Rooney quedaron en el intento. Gary Lineker, Alan Shearer, Michael Owen o David Beckham son algunos de los que también tuvieron la responsabilidad de intentar que la sombra del mítico exfutbolista del Manchester United dejara de ser tan alargada. Y ninguno de ellos consiguió borrar a Bobby de la mente de los aficionados ingleses. En Italia’90, los goles de Lineker no fueron suficientes para superar a Alemania Federal en las semifinales. En el 1996, bajo el lema de Football is coming home y con la esperanza de ver, por fin, a Inglaterra levantando un nuevo título, una vez más los alemanes tumbaron a Shearer y compañía a un paso de llegar a la final. En las competiciones posteriores, ni Owen, ni Beckham, ni Rooney, ni nadie, consiguió el objetivo marcado. Esa Copa del Mundo de 1966 aparece en las pesadillas de las generaciones posteriores que han vestido la camiseta nacional, incapaces todas ellas de acercarse a aquella gesta.

Quizá Wayne nunca fue el líder que se le esperaba cuando brillaba en Goodison Park con apenas 16 años. Es cierto que no consiguió llevar a su selección a un escalón superior, al nivel de las mejores, y que en Inglaterra, en la misma la cuna del fútbol, esperan poder hablar algún día de otra cosa que no sea el Mundial de 1966. Tampoco olvidaremos que en sus últimos partidos vistiendo la camiseta nacional la prensa inglesa pedía a gritos un cambio generacional y querían que su capitán se sentara de una vez en el banquillo. Él lo sabe. Y al anunciar su renuncia, aseguró que lamenta “no haber formado parte de una selección exitosa en un gran torneo”. Pero, pese a todo lo dicho, estamos hablando del máximo goleador de la historia de su selección con 53 goles a sus espaldas y del segundo futbolista que más veces se ha enfundado la camiseta de los tres leones.

Desde que debutara el 12 de febrero de 2003 con la selección, a Wayne Rooney le señalaron con el dedo. Debía ser él el referente que Inglaterra necesitaba para volar alto de nuevo. Antes de cumplir la mayoría de edad ya hacía historia logrando ser el futbolista más joven en anotar un gol vistiendo la camiseta de los tres leones. Todo demasiado deprisa para un chico que acababa de llegar a la élite. Fueron muy exigentes y poco avispados en la carga que le podía suponer a ese chico salido de las calles de Liverpool que le dijeran que él era el elegido. Entonces, todas las quejas sobre el rendimiento de Wayne Rooney al vestir la camiseta de Inglaterra dejan lugar a la incomprensión de los que los vivimos desde la lejanía. ¿Por qué se le recrimina la falta de éxitos si se sabe que la plantilla es incapaz de alcanzarlos? Si Inglaterra lleva más de medio siglo sin ver la luz al final del túnel, ¿por qué critican a un futbolista que siempre lo ha dado todo aun sin recompensa? Siendo el máximo goleador histórico y demostrando competitividad y liderazgo en cada una de las 119 veces que defendió a su país, ¿qué más pudo hacer él para ver a una Inglaterra campeona? Le ha dado igual si tocaba jugar de delantero centro, por detrás del punta, caído a la banda o en la sala de máquinas del césped, él ha respondido con un trabajo y un sacrificio que en excesivas ocasiones ha sido infravalorado.

Recientemente, tras saberse que el ’10’ del Everton dejaba la selección, un mito como Gary Lineker defendía a capa y espada la carrera de su compatriota: “Estaría entre los diez mejores futbolistas ingleses de la historia. Inglaterra atravesó una época en la que no contaba con jugadores de talla internacional, solo estaba él”. Dicen que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Y si a Wayne Rooney no se le sitúa hoy por hoy entre uno de los grandes futbolistas que ha dado el fútbol inglés en los últimos tiempos, pronto le llegará el reconocimiento. Ahora, la selección inglesa debe buscar al tercer león del escudo. Uno de ellos ya ha dicho adiós. Se viene una ardua tarea para los Pross.