En los últimos tiempos he visto numerosas resacas, diferenciadas por magnitud, pesadez de la lengua, dispersión mental, horas sin comer, sudores fríos o ingestión de ibuprofenos. Hoy en Inglaterra una de las más duras la vive el Leicester. Quizás no la más imprevista, ya que quien concibe la fiesta de su vida, como fue el milagroso título de Premier, sin una consecuente resaca a su nivel: un destructivo recuerdo de que te despertaste y ayer pasó algo. Tan destructivo es que el actual campeón de la liga más rica del mundo está a un punto de la zona de descenso.

El Leicester tiene un problema, y aquí deben ver ya como afrontarlo. El abanico de posibilidades sobre la postura a tomar en dicha situación es ciertamente amplio. Un guía espiritual en esta ciencia a lo largo de la historia ha sido Arturo Bandini, alter ego del escritor John Fante, que estableció un efectivo patrón de actuación cuando tuvo que enfrentarse a un relevante problema: “Lo resolví apagando la luz y echándome a dormir”. También se puede hacer como Sam Allardyce, que en pleno momento crítico por sus derrotas con el Crystal Palace decidió ahogar el dolor yendo en la más estricta soledad al Nando’s, cadena de restaurantes de comida rápida muy popular en el Reino Unido.

 

Este pasado verano, apareció el Swansea para atar a la joven promesa. Los galeses pagaron 5,5 millones de libras por un joven central que jugaba en tercera división

 

Dudo que Ranieri se hinche a pollo y patatas ‘peri-peri’ típicas de Nando’s, pero le costará olvidar la historia de uno de sus más recientes ejecutores: Alfie Mawson. En el pasado partido de liga, los ‘foxes’ cayeron 2-1 en Swansea, con tanto del mencionado Mawson, un tipo que protagoniza una de las historias de la temporada en la Premier League.

Y es que Alfie, un tipo grandote de 23 años que juega de central, tiene un vínculo especial con Claudio Ranieri. “De pequeño, mi padre me regaló un balón del Chelsea firmado por Ranieri y todos los futbolistas del Chelsea”, confesó en una extensa entrevista a The Guardian antes de arruinar la semana a Claudio. Nacido y criado en Hillingdon, el oeste de Londres, Alfie Mawson es un futbolista que no era futbolista hasta ahora. De hecho, hace poco era frutero.

Desde pequeño, el joven Alfie fue fan del Chelsea. A los 15 años, el Reading lo descartó de su academia. Le apareció una segunda oportunidad con una propuesta para unirse a la cantera del Brentford. Allí pasó su adolescencia sin grandes señales de progreso ni de un futuro brillante, así que Mawson decidió empezar a buscar trabajo para conseguir algún ingreso más. La solución fue empezar a vender peras y plátanos. Después de los entrenamientos, Alfie se dirigía al mercado de Ealing (Londres) para ayudar a su padre en la tienda de frutas y verduras que dirigía.

En 2013 le llegó su primera oportunidad en el fútbol semiprofesional cuando el Brentford lo cedió al Maidenhead de Conference South, sexta división inglesa. “Cuando fui allí me preguntaba si a la vez podría conseguir otro trabajo”, confesó el jugador. El equipo prolongó la cesión hasta final de temporada, y el año siguiente volvería a salir a préstamo, yendo al Luton Town y Welling United de quinta categoría.

El punto de inflexión llegó en la temporada 2014-2015, con una cesión al Wycombe Wanderers de League Two. Jugó 45 partidos, marcó seis goles siendo defensa y ganó el premio a mejor jugador del año en el club. Acababa contrato con el Brentford y los londinenses, viendo los destellos del defensa, le ofrecieron un nuevo contrato. Sin embargo, Alfie lo rechazó, seducido por la propuesta del Barnsley. El equipo le prometió importancia capital en su proyecto en League One. Marchó de Brentford habiendo jugado solo un partido de copa con el primer equipo, pero la decisión no le salió mal. Era 2015, y Mawson llevó a su Barnsley a un inesperado ascenso al Championship anotando hasta siete goles. Este pasado verano, apareció el Swansea para atar a la joven promesa. Los galeses pagaron 5,5 millones de libras por un joven central que jugaba en tercera división.

“Recuerdo que hace dos navidades estaba ayudando a mi padre. En diciembre vende árboles de navidad en la tienda. Yo estaba cedido en el Wycombe por el Brentford, y en estas que mientras movía árboles apareció un fisio del Brentford. ‘¿Qué narices haces aquí?’ me soltó. Pero estaba feliz haciéndolo, supongo que soy así. Lo hice también estando en Barnsley, y no me importaría ayudar ahora. Pero supongo que la gente diría ‘¡mira, el pelirrojo del Swansea!’”. Así de desenfadado narra Mawson su cambio de vida, mientras se va convirtiendo en una especie de ‘cult hero’ en Swansea. Termino que no le viene nuevo, si se pregunta a la afición del Barnsley. En esta localidad del sud de Yorkshire también lo adoraron.

 

“De pequeño, mi padre me regaló un balón del Chelsea firmado por Ranieri y todos los futbolistas del Chelsea”, confesó en una extensa entrevista a The Guardian antes de arruinar la semana a Claudio

 

En su anterior club el futbolista coincidió con Alfie Ledgeway, un chaval de cuatro años que sufría las malformaciones de Chiari. Le conoció cuando Ledgeway fue puntualmente la mascota del equipo. “Antes del partido vino con nosotros y me dijo: ‘Hola tío, ¿como te llamas? Le respondí y vi que también se llamaba Alfie, fue divertido”, describe Mawson en lo que fue el inicio de una relación especial. Se empezaron a conocer, y el jugador se puso en contacto con la madre y la abuela del niño. Le regaló una camiseta del Barnsley con el nombre ‘Little Alfie’: “Entonces él me llamó ‘Big Alfie’. Nos añadimos en Facebook, conoció a mi familia, hablábamos por Facetime con regularidad y nos veíamos bastante. Este año aún no hemos coincidido por la distancia, pero voy a invitar a su familia a un partido. Seguramente contra el Everton, que es el club del cual son fans”.

Mawson empezó sin contar en el Swansea que dirigía Francesco Guidolin, pero ganó protagonismo con Bob Bradley en el banquillo. Los malos resultados dieron poco tiempo al americano al mando de los galeses, pero ahora ha vuelto a convencer al nuevo técnico, Paul Clement, que cuenta con él como bastión en defensa. “Hace unas semanas me dijo mi padre: ‘Agüero vino contra ti, Alf’. Es una locura e increíble incluso, tienes que tomarlo como viene. A estos jugadores no les puedes dar medio metro, porqué te castigan. No te conocen ni les importa quien eres”. Fue convocado con la sub-21 de Inglaterra, ha jugado 14 partidos de Premier y lleva tres goles en su temporada de debut en el máximo nivel. Sus amigos le dicen que tiene una cabeza muy grande, que por eso marca goles. Yo lo que creo es que quería mejorar el recuerdo que tenía, hasta hoy, de Don Claudio: “Aún conservo en casa de mi madre aquel balón firmado por los jugadores del Chelsea y Ranieri, pero mi perro lo mordió y le hizo un agujero. Me jodió mucho”.