Para la mayoría de los futboleros, repasar las clasificaciones de las diferentes ligas en el periódico deportivo del día es poco menos que un ritual obligatorio e inseparable del café de cada mañana. Es un placer de los pequeños, de los insignificantes, de los que resultan incomprensibles para el resto de los humanos. Hay que saberlo todo, hay que tenerlo todo controlado antes de llegar al trabajo: ¿cuántos puntos le lleva el primer clasificado al segundo?, ¿continúa siendo una locura pensar en que el equipo de la ciudad pueda terminar en puestos de competiciones europeas?, ¿qué equipos van a descender?, ¿quién es el Pichichi?, ¿y el Zamora?

En estos momentos, una de las clasificaciones que produce un mayor asombro es la de la Bota de Oro. Los primeros puestos los ocupan Ciro Immobile, Edinson Cavani, Mauro Icardi, Harry Kane, Mohamed Salah, Leo Messi, Jonás Gonçalves, Radamel Falcao y Robert Lewandowski. De acuerdo, hasta aquí todo normal: se echa de menos algún nombre, pero es innegable que los que están son delanteros contrastados con un olfato goleador fuera de toda duda.

La gran sorpresa se descubre al llegar al décimo lugar de la lista. Desde allí, compitiendo de tú a tú contra todos estos excelentes futbolistas, asoma su cabeza el ‘17’ del Górnik Zabrze polaco: Igor Angulo, un bilbaíno semidesconocido cuyo valor de mercado, según Transfermarkt, es de tan solo 200.000 euros; un hombre de 33 años que es tan feliz como un niño. “Hace muchísima ilusión ver tu nombre al lado del de las mayores estrellas mundiales”, reconocía hace unos meses en una entrevista en El Mundo. Y, justo después, añadía: “Habla muy bien del trabajo que estoy haciendo aquí, pero tengo los pies en el suelo”.

Porque cuando el éxito ha sido difícil de alcanzar uno lo da todo para mantenerse en él. “Sé lo que cuesta conseguir esto y no lo quiero soltar”, declaraba el propio futbolista en el ABC, en un artículo del mes de diciembre, haciendo suyos aquellos versos de Emily Dickinson que David Trueba citó en un fantástico artículo en El País sobre la trayectoria de Josep Guardiola: “El éxito les parece lo más dulce a aquellos que no alcanzaron el éxito”.

Igor Angulo debutó con el primer equipo del Athletic Club el 23 de marzo de 2003

Y es que, como en tantos otros casos, el camino hasta la cima no ha sido nada fácil para Angulo. Formado en la productiva cantera del Athletic Club, el futbolista debutó con el primer equipo de la mano de Jupp Heynckes el día 23 de marzo de 2003, en un encuentro contra el Celta de Vigo en Balaídos. Con tan solo 19 años, Angulo había cumplido el sueño de cualquier niño de Bilbao. “Nunca se me va a olvidar ese día”, admitía en octubre en Migrantes del Balón.

Las siguientes oportunidades le llegaron con el inicio de la temporada 04-05. El prometedor jugador, internacional con las selecciones inferiores desde la sub-16 hasta la sub-21 junto a futbolistas de la categoría de Andrés Iniesta, Sergio Ramos, Dani Jarque, Xabi Prieto o Santi Cazorla, disputó cuatro partidos -tres de la competición doméstica y otro de Copa de la UEFA, contra el Parma- bajo las órdenes de Ernesto Valverde antes de irse cedido al Gimnàstic de Tarragona de Segunda División en enero. La idea era que aquel joven extremo zurdo que tantas buenas sensaciones había dejado en sus primeros encuentros terminara de afianzarse en la elite y regresara convertido en un futbolista apto para ser titular.

Hoy, aquellos cinco partidos continúan siendo los últimos de Angulo con la camiseta del primer equipo del Athletic. El futbolista regresó a Bilbao, sí, pero se pasó todo el curso siguiente jugando con el filial, en Segunda B. Y, después de una mala temporada, Angulo se dio cuenta de que “necesitaba un cambio: resetearme un poco y luchar por nuevos objetivos”, apuntaba en noviembre. Por este motivo, aceptó salir cedido al Cannes de la tercera división francesa. Las cosas no le habían salido como quería, así que había que ser valiente y enfrentarse al destino: “Piensas que después de toda una vida en Lezama fuera no hay más fútbol, pero la verdad es que sí. Estas experiencias son claves para madurar personalmente”.

Finalmente, tras jugar una última temporada en el Bilbao Athletic, Angulo rescindió su contrato con el equipo vasco el 21 de julio de 2008, a los 23 años. Era uno de los mejores talentos que habían surgido de la cantera de Lezama en los últimos años, pero esto no le había bastado para conseguir la continuidad necesaria para triunfar en San Mamés.

Después de aquel duro golpe, Angulo probó suerte en el Écija, en el Numancia y en el Real Unión. No le fue mal durante aquellos cinco años, pero notaba que le faltaba algo. “Tenía ganas de salir al extranjero, abrir nuevos horizontes y seguir creciendo como futbolista y persona”, admitía el futbolista en una de las múltiples entrevistas que ha dado en los últimos meses. Y, en otra de ellas, añadía: “Pensé que tenía que cambiar de aires, que no iba a madurar deportivamente mucho más en España. Me apetecía empezar de cero y abrir nuevas metas”.

Fue así como en el verano de 2013 se incorporó al Enosis Neon Paralimni de la primera división de Chipre. Para entonces, quedaba ya poco de aquel extremo elegante que había salido de Lezama. Angulo era ya lo que es ahora: un delantero letal que, con los años, había cambiado el desborde, los centros y las asistencias por goles, goles y más goles.

Después de la experiencia chipriota, el bilbaíno jugó dos temporadas en Grecia, en el Apollon Smyrnis de Segunda y en el Platanias de Primera. Finalmente, el día 6 de agosto de 2016, este humilde trotamundos se unió al ambicioso proyecto del Górnik Zabrze, un grande del balompié polaco venido a menos que buscaba resurgir de sus cenizas desde la categoría de plata.

La adaptación de Igor Angulo al Górnik Zabrze fue inmediata

“Llegué tarde, cuando ya había empezado la liga y sin hacer pretemporada, pero el entrenador confió en mi desde el primer momento y conseguí adaptarme al equipo”, recordaba hace unos meses. Efectivamente, la aclimatación de Igor Angulo a Zabrze fue excelente e inmediata. Tanto, que acabó el curso siendo el máximo goleador de la competición, con 17 tantos, y uno de los grandes artífices del regreso del conjunto a la Ekstraklasa, el máximo nivel del fútbol del país.

Tras una gran primera temporada en el Górnik, en verano se le presentó la oportunidad de irse, pero rechazó todas y cada una de las ofertas que le llegaron, incluso las que le permitían regresar a España. En ningún lugar iba a estar tan a gusto como en Zabrze, una ciudad que tan solo un año después de su llegada ya lo idolatraba hasta el punto de corear su nombre.

Y esta temporada las cosas han mejorado aún más. De hecho, Angulo incluso empezó el curso siendo el capitán del Górnik, en una clara muestra de su importancia en el vestuario y de su relevancia en los esquemas del entrenador Marcin Brosz. “Nunca había visto un vestuario que confiase tanto en mí”, aseguraba en diciembre en el ABC.

Hasta el momento, el bilbaíno tan solo se ha perdido 105 minutos de liga y ha sido obsequiado con varios gallos, el exótico galardón con el que el Górnik premia al mejor jugador de cada encuentro. Así, de esta manera, Angulo explicaba en las páginas de El Mundo lo que hacía con estos extraños presentes: “Al principio los dejaba en la terraza, porque a mi novia y a mí nos daba pena matarlos. Llegué a tener tres gallos vivos en la terraza. Pero, claro, llegan las seis de la mañana, se despiertan, se ponen todos a cantar y a los vecinos no les hace gracia… Así que, cuando llegué con el cuarto gallo, decidimos que eso no podía seguir así. Ahora se los llevamos a un chico que nos los mata, los despluma y nos los devuelve preparados para caldo. ¡Comemos unas sopas de gallo buenísimas!”. Ver para creer.

Gallos aparte, como sucede con todos los delanteros, la cifra que mejor habla de su rendimiento deportivo es la de los goles. Tras 21 jornadas de liga, Igor Angulo, la gran revelación del curso en Polonia, ha marcado un total de 19 goles, casi la mitad de los 40 que ha logrado el Górnik Zabrze, y es el primer español en la clasificación de la Bota de Oro, el pichichi de su equipo, un premio que ha conseguido en todas las temporadas desde la 11-12, y el de la Ekstraklasa. De hecho, el exjugador del Athletic es, junto al central madrileño Dani Suárez, uno de los grandes culpables de que, a pesar de ser un recién ascendido, el equipo esté peleando de tú a tú con el Legia Varsovia, el Lech Poznan y el Jagellonia para conseguir el campeonato de liga, un título que se le resiste al Górnik desde 1988, cuando ganó el último de los 14 que tiene en sus vitrinas y que le acreditan como el conjunto más laureado en esta competición junto al Wisla Cracovia.

En definitiva, después de pasar por varios clubs, Angulo ha encontrado la estabilidad en Zabrze. Tal y como apuntaba en El Confidencial: “Aquí es donde me he sentido más futbolista. Tenemos la afición que llena más el estadio en el país, con una media de 25.000 espectadores por partido. El ambiente en los partidos es increíble. Estoy muy bien aquí, a gusto. No me planteo el mañana. Lo único que quiero es seguir disfrutando de este momento y tratar de seguir ayudando al Górnik con mis goles”. Porque el delantero nunca tiene suficiente: ahora quiere ganar títulos quiere disputar la Champions League con el equipo, por esto en octubre renovó hasta 2020.

“El tren pasa, pero no sabes cuándo y hay que estar preparado para cogerlo en marcha”

De hecho, en estos momentos, Angulo solo saldría de Zabrze para cumplir el sueño de regresar a San Mamés, una posibilidad que ha sonado con fuerza en los últimos meses ante la falta de gol mostrada por el conjunto vasco en este primer tramo de la temporada. “Me haría ilusión volver al Athletic, porque pasé muchos años allí y soy del Athletic y de Bilbao”, reconocía en Migrantes del Balón. Y, en la misma línea, en una entrevista en Radio Euskadi, afirmaba: “El tren pasa, pero no sabes cuándo y hay que estar preparado para cogerlo en marcha. Siempre tengo el móvil conectado por si me llama el Athletic. Si me veo con opciones de ayudar es ahora, con 33 años. Estoy en mi mejor momento. Estaría encantado de volver”.

Y es que quizás no sea más que un rumor como tantos otros, pero para Igor Angulo, uno de esos delanteros que, como el buen vino, mejoran con los años, la posibilidad de regresar a San Mamés es la oportunidad de su vida. Porque para él, que sigue teniendo clavada la espinita de no haber podido consolidarse en el primer equipo, defender la camiseta del Athletic Club continúa siendo “lo máximo a lo que puedes aspirar”.

No lo logró cuando era joven, pero, lejos de derrumbarse, optó por ser valiente y buscar su futuro fuera de las fronteras. “Fue la mejor decisión de mi vida, he tenido mucho más éxito en el extranjero del que nunca tuve en España”, destacaba en setiembre. Dos meses más tarde, ampliaba su razonamiento: “Siempre es complicado estar lejos de los tuyos, aunque recomiendo a la gente que se arriesgue, que pruebe afuera porque es una experiencia fantástica… y si sale mal siempre puedes volver a casa”.

Ahora, diez años después de marcharse, Igor Angulo tiene ante sí la oportunidad de volver a casa. Y no es porque le haya salido precisamente mal, nada más lejos de la realidad. Es cierto que un hipotético regreso depende más del Athletic que del propio futbolista, pero el solo hecho de que sea una posibilidad real ya es algo maravilloso para un tipo que ha luchado sin descanso hasta hallar su suerte en el Ernest Pohl Stadium de Zabrze, un campo que se encuentra a 2.375 kilómetros de su añorado San Mamés. Como cantan los Vetusta Morla: “Dejarse llevar suena demasiado bien. Jugar al azar, nunca saber dónde puedes terminar… o empezar”.