Rusia parecía la última parada en el camino. 2018 y 34 ‘primaveras’ en sus piernas eran motivos suficientes para ver que después de su paso por tierras rusas llegaba el momento de bajarse del tren y ver a las futuras generaciones ocupando su lugar en el vagón. La Eurocopa sin sede fija de 2020 ya le pillaba tarde y el Mundial de Qatar, aún más. Entonces, estaba claro que más allá de su visita a los Urales no existía nada. En Rusia debía finalizar un trayecto que inició un 30 de abril de 2003 en el Philips Stadion de Eindhoven, el mismo lugar donde empezó a sonar el nombre de un Arjen Robben con pelo y vestido de rojiblanco para expandirse por todo el continente. La historia merecía ese final redondo y perfecto para el futbolista del Bayern de Múnich, pero el cuento acabó en la tragedia de tener que vivir el que estaba destinado a ser su último Mundial desde la lejanía.

El pasado 10 de octubre, el Amsterdam Arena acogía el Holanda-Suecia que cerraba la fase de clasificación para el Mundial de Rusia’18. Tras la goleada de los escandinavos a Luxemburgo por 8-0 en la jornada anterior, la ‘Oranje’ debía obrar un milagro para sellar su pase a la Copa del Mundo. Necesitaba una victoria abultada, por siete goles de diferencia, para lograr el objetivo. Y esa goleada no llegó. Robben se despidió del combinado nacional con un doblete insuficiente y con toda la afición brindándole una cerrada ovación al finalizar el choque. “Si quieres seguir jugando para un club ‘top’ lo máximo posible, tienes que tomar decisiones. Ahora quiero centrarme en mi club, es un buen momento para pasar el testigo a la siguiente generación”, explicó el ya exinternacional holandés tras disputar su último partido con la ‘Oranje’.

Holanda ya espera a que llegue un ‘nuevo Robben’. Dará igual si zurdo o diestro, no importará si calvo o con pelo.

Su carrera internacional, junto a la de Wesley Sneijder y Robin van Persie, los otros dos iconos de la última gran generación neerlandesa, ha sido un breve resumen de lo que le ha sucedido a la selección a lo largo de su historia. La suya es la combinación extraña e ilógica de eliminaciones prematuras con grandes actuaciones en las fases finales de las grandes competiciones, añadiéndose el mal fario que acompaña a la ‘Oranje’ cuando debe disputar una final de la Copa del Mundo. Ellos tres han encontrado en sus propias carnes lo que han vivido los Países Bajos desde que se hicieran un hueco entre las grandes potencias a partir de los años 70 con la irrupción de Rinus Michels en el banquillo y Johan Cruyff y compañía sobre el césped. Desde entonces, los holandeses han sido tan capaces de asombrar al mundo con un juego preciosista, como de despedirse de una competición a primeras de cambio o, incluso, no clasificarse para acudir a la cita.

A lo largo de sus 14 años en la selección, Robben se ha cruzado con diversos verdugos que le han privado de alcanzar cotas más altas en las grandes competiciones. El primero fue Maniche, autor de los goles que eliminaron a Holanda tanto en la Euro’04 en semifinales, como en Alemania’06 en octavos de final. Dos años después del Mundial celebrado en tierras teutonas, llegó el apoteósico verano de 2008 de Andrei Arshavin para dejar en la cuneta a los neerlandeses en los cuartos de final de la Eurocopa de Austria y Suiza. En Sudáfrica, un pie salvador de Iker Casillas le negó a Arjen erigirse como el héroe nacional que Holanda lleva esperando desde 1974. En la Euro’12 no hubo ningún villano, fue la propia ‘Oranje’ la que cavó su propia tumba despidiéndose del torneo con cero puntos en el casillero. En Brasil, después de que México reclamase que ‘no era penal’, otro maldito pie, esta vez el de Javier Mascherano, fue el culpable de que Robben no jugase su segunda final de una Copa del Mundo. Y el año pasado, en la Eurocopa de Francia no hubo rastro de neerlandeses por tierras galas, repitiéndose así los altibajos que ha vivido la selección holandesa históricamente, para alargarse la crisis deportiva nacional con la eliminación en la fase de clasificación del próximo Mundial.

Ante Suecia, Arjen Robben ponía el punto y final a sus días en la selección. Atrás quedaban 96 partidos defendiendo los colores de su país, siendo el noveno futbolista con más participaciones. En el baúl de los recuerdos quedarán sus 36 goles ataviado de naranja, situándose solo tras Robin van Persie, Klaas-Jan Huntelaar, Patrick Kluivert y Dennis Bergkamp. Y en la memoria de los holandeses también residirán sus actuaciones en tres Mundiales y otras tantas Eurocopas, pese a haber rozado el éxito con los dedos y no poder alcanzarlo. Ha llegado a la última parada del camino y Holanda ya espera a que llegue un ‘nuevo Robben’. Dará igual si zurdo o diestro, no importará si calvo o con pelo. Lo único que esperan es a otro tipo que se eche al país a las espaldas como lo hacía el bueno de Arjen.