La hora de decir adiós al fútbol acostumbra a ir acompañada de lágrimas, ruedas de prensa emotivas y elogios para todos. Pero la despedida de Michael Owen a través de un frío comunicado en su página web ha sido tan desabrida como el final de su carrera. A escasas jornadas para la finalización de la Premier League, el delantero del Stoke City, anuncia que este verano colgará las botas.

El ‘niño prodigio’ que cautivó a toda Inglaterra en su debut en el Mundial de Francia ’98 dejó en la retina de la historia el gol que le marcó a Argentina, catalogado como el segundo ‘Gol del Siglo’. Así, con 18 años, su diana ya le situaba entre Maradona y Pelé en el índice de los mejores tantos de la época. Ahora, no tan niño pero con una eterna apariencia juvenil, afirma que deja su carrera profesional orgulloso de todo lo que ha conseguido.

El palmarés del que presume Owen se condensa principalmente en el arranque de su irregular trayectoria. Los años dedicados al Liverpool colmaron al jugador de títulos en los que participó de manera estelar. Aun así, una fastidiosa pregunta sigue flotando en el aire: ¿Hasta dónde podría haber llegado?. El súbito éxito con el que emergió lo sostuvo en la esfera de los mejores jugadores del mundo durante años. Sin embargo, los destellos de calidad que el inglés ofreció una vez lejos del club que le llevó a la cumbre futbolística fueron intermitentes y a menudo diezmados por las exigencias que él mismo había generado.

La prometedora carrera de Owen le permitió dar el salto al Real Madrid, club donde es más recordado por el beneficio que al final generó su salida, que por sus goles. La aventura española, ‘galactizada’ por Florentino Pérez, fue de ida y vuelta. Nuevamente en Inglaterra, la experiencia en Newcastle también se vio quebrada, esta vez por las lesiones que lo mantuvieron fuera del terreno de juego reiterados meses. Las posibilidades de volver a disfrutar del Owen veloz y goleador que había sido hasta entonces gradualmente se iban desvaneciendo.

Sus cada vez menos apariciones en el campo suscitaron variedad de opiniones sobre el estado de forma del delantero. Hasta que, sorprendentemente, el Manchester United reclamó sus servicios. Volvía a encontrarse en un escenario grande, un club cuyas aspiraciones no eran otras que títulos. Pero aunque estos últimos llegaron, lo hicieron de forma inversamente proporcional a los minutos que Owen prestó a los ‘red devils’.

DESTELLOS DE UNA ETERNA PROMESA

Tres años como suplente de Rooney o Chicharito son demasiados para alguien que arrastraba de forma velada la ansiedad por recuperar sus mejores años como goleador. Aunque por entonces otras aficiones empezaban a ocupar la cabeza del ariete de Chester; su otra gran pasión, las carreras de caballos, se habían interpuesto en su vida. Pasión que, por cierto, compartía con Alex Ferguson. No era ningún secreto que el jugador ejercía varios roles como propietario, criador e inversor de establos de caballos velocistas (conocidos como ‘purasangres’). Así las cosas, los rumores de que al jugador cada vez le preocupaba menos el fútbol y más su nueva afición fueron aumentando. Toda la velocidad que lograba inyectar a sus caballos para que ganaran carreras, la descuidó potenciar en él mismo en un tramo en el que ya se empezaban a observar indicios de decadencia. Al final de la temporada pasada, y con la llegada de Van Persie, el United decidió prescindir del él.

No obstante, el delantero puede sentirse orgulloso de haber sido distinguido con muchos títulos individuales que otros, aun cosechando trayectorias mucho más prolíficas, nunca llegaron a tener. Incluso coetáneos suyos poseen hoy una sala de trofeos más vacía que la del inglés. Buena parte de la ‘culpa’ de esto la tuvo el hecho de ser el cuarto máximo goleador de la selección inglesa, donde llegó a acumular 89 apariciones. Eso sí, todas estas distinciones individuales se concentraron hasta el 2001, año en el que fue premiado con uno de los Balones de Oro más discutidos de la historia, con el permiso de Cannavaro. En aquella gala Raúl tuvo que conformarse con el segundo puesto habiendo ganado una Champions el año anterior y ganando otra al año siguiente.

La de Owen es la historia de un velocista que esprintó demasiado pronto y nunca logró estabilizar la marcha. La esperanza de quienes deseaban recuperar al ‘golden boy’ que enamoró a los ‘reds’ en los 90 ha ido decreciendo anualmente. Ahora, a los 33 años, el jugador se retira. Y aunque asuma públicamente su felicidad por lo que consiguió hace ya mucho tiempo, sabe que, como en las carreras de caballos, más importante que la salida es la llegada a meta.