Al inicio de cada temporada elaboramos listas sobre los posibles candidatos a ganar la liga, entrar en Europa o descender, ¿pero qué es de esos equipos que aspiran a estar en tierra de nadie? No todo va a ser el éxito o fracaso, existe también un limbo futbolístico. Esto es lo que le sucede al Everton, un club de gran masa social e historia al que los transatlánticos le quedan tan lejos como los equipos que pelean por mantenerse en la Premier League, se trata de la lucha con uno mismo.  ¿Tiene el Everton la obligación de entrar en Europa? Pues no, teniendo en cuenta que Manchester City, Manchester United, Tottenham, Liverpool, Chelsea o Arsenal viven una realidad económica muy distinta. ¿Tienen que conformarse los toffees con estar entre los diez mejores? Tampoco, no deberían estar peleando junto a los Burnley, Leicester, West Ham o Newcastle. Esta es la extraña realidad de un equipo en tierra de nadie, la mejoría podría llegar desde otros lugares que no fueran la Premier.

Se fue Moyes y se perdió el rumbo

En 2011 el técnico escocés abandonó tras más de una década Goodison Park, desde entonces han pasado por su banquillo cuatro técnicos. Serían cinco si tenemos en cuenta el papel interino de David Unsworth. Ronald Koeman y Sam Allardyce poco duraron en el cargo, algo más sí que estuvo un Roberto Martínez en el que había puestas bastantes esperanzas. El actual seleccionador belga no terminó de dar el salto que le exigían tanto aficionados como dirigentes. El último en sumarse a esta lista es el portugués Marco Silva, su buen papel en el Hull City hace crecer el optimismo. Si bien es cierto que en el Watford dejó más dudas que otra cosa. Para comprender cuál es la realidad del Everton tan solo hay que recoger sus últimas 19 participaciones en la Premier, el balance es el siguiente: una vez ha quedado entre los cuatro primeros, en doce ocasiones entre los ocho primeros y en las siete restantes quedó a partir del décimo puesto. A todos aquellos que le piden entrar en Europa, debido a su gasto en fichajes, habría que hacerles ver cuál es la realidad deportiva.

No va a volver a salir un Howard Kendall bajo las piedras y es posible que un Moyes tampoco, pero los toffees adolecen de una estabilidad necesaria para no perder el rumbo. Es evidente que estamos ante un caso atípico, un club con potencial suficiente para estar en Europa todas las temporadas pero que compite con seis bestias por tan solo cinco puestos. Sus opciones pasan porque todos ellas fallen, como ya ocurrió en la liga que levantó el Leicester, y saber aprovechar sus despistes, algo que no es sencillo. Tampoco es sencillo vivir en la misma ciudad del Liverpool de Klopp, un proyecto que sí parece tener objetivos mayores. Esto tan solo hace que la presión aumente, ya que no sienta muy bien entre los aficionados del Everton ver al vecino metido en finales europeas, si bien es cierto que poseen un potencial económico mayor. Por lo tanto, posiblemente su aspiración real sea quedar entre los siete primeros de la Premier, llegar lejos en los torneos coperos y ofrecer una buena imagen en Goodison Park ante los seis grandes.

FA Cup y League Cup como salvavidas

El gran deber en los últimos años del Everton están siendo los torneos de copa, ahí no está sabiendo sacar todo su rendimiento. El último título que levantó un futbolista toffee data de 1995, se trata de la Charity Shield que le quitaron al Blackburn Rovers de Shearer, Sherwood y compañía. Desde entonces no han vuelto a ganar nada, algo insuficiente para un club que acumula 9 ligas, 5 FA Cups, 9 Charity Shields y una Recopa de Europa. Teniendo en cuenta la dificultad que conlleva clasificarse entre los cinco primeros de la Premier, el objetivo del Everton debería ser acceder a Europa vía copera. Más allá de la clasificación, lo importante para su entidad es volver a celebrar un título. Como hemos dicho antes, el último campeonato que alzó el Everton fue en 1995 y desde entonces tan solo una vez más ha llegado a la final de la FA: fue en 2009 y cayó ante el Chelsea. Y eso que se adelantó 0-1 gracias a un tanto de Saha. En las últimas décadas ha perdido frente a rivales de entidad como Liverpool, Manchester United y Arsenal, pero también ha tropezado contra conjuntos más modestos como el Tranmere Rovers, el Reading, el Shrewsbury Town, el Wigan o el Oldham Athletic.

Sus estadísticas en la League Cup son todavía más tristes. Lo más lejos que han llegado, en prácticamente dos décadas, han sido las semifinales, en ambas perdieron frente a Manchester City y Chelsea. Pese a que en estos partidos el técnico opta por incluir suplentes, el Everton no se puede permitir caer en tercera ronda como habitúa. En la lista de rivales que han derrotado a los toffees encontramos a Norwich, Brentford, Cheltenham Town u Oxford United. El calendario inglés es una locura y los partidos están muy comprimidos, pero quizá deberían descuidar algo la Premier, teniendo en cuenta sus aspiraciones, y centrar sus esfuerzos en la posibilidad de volver a ganar un trofeo. Quizá sea el momento de darles las llaves a Calvert-Lewin, Lookman, Vlasic y Tom Davies, rodearlos de varios titulares y pelear por ello.

Poco acierto en los fichajes

Una de las primeras cosas que saltan a la vista en los últimos años del Everton es su inversión en fichajes: en sus tres últimos cursos se ha gastado casi 350 millones en refuerzos. La pasada temporada tan solo Manchester City y Chelsea invirtieron más, sus gastos fueron bastante más elevados que los de Liverpool, Manchester United, Tottenham y Arsenal. Pero estos datos tienen truco, el Everton también ha realizado muchas ventas, en estas últimas tres temporada ha recaudado 211 millones. Sus traspasos más sonados fueron el de Lukaku (85 millones) y el de Stones (55.6 millones), es evidente que cuando los demás saben que tienes dinero fresco te van a pedir más de lo habitual por sus jugadores. Así es como llegaron los casi 30 millones por Bolasie, 50 pagaron al Swansea por Sigurdsson, los casi 30 por Pickford y Keane y los últimos 56 de Richarlison. Pocos futbolistas han terminado de dar el salto cualitativo, quizá también se deba a que el baile de técnicos ha evitado mantener cierta estabilidad deportiva. No todo van a ser malas noticias, con Pickford tienen portero para una década, Walcott y Cenk Tosun son buenos jugadores ofensivos y la apuesta por Lookman parece que saldrá de cara si le ofrecen minutos. Incluso en un mercado tan loco han sabido encontrar gangas como la de Gueye o Calvert-Lewin.