Valencia es una de las principales urbes de España. Se trata de un centro neurálgico en aspectos políticos, sociales y turísticos. La capital del Turia y sus alrededores son uno de los principales destinos vacacionales dentro del ámbito nacional e internacional. La capital valenciana acoge cada año a millones de visitantes nuevos o turistas que repiten y provienen de todos los puntos europeos imaginables. Sin embargo, hay un lugar místico de la ciudad que hace tiempo que no recibe tanta afluencia turística, sobre todo europea, como estaba acostumbrado años atrás.

Mestalla anhela aquellos días donde los mejores equipos europeos se daban cita en su alfombra verde, escuchaban rugir las gradas de una afición que se sabía grande y los goles del murciélago iban mordiendo las redes de campos europeos otrora inexpugnables. Pese a todo, el viento sopla a favor actualmente. Marcelino, nuevo capitán del barco valencianista, ha cogido el timón a dos manos y ha señalado el rumbo. Su capacidad está fuera de toda duda y el actual rendimiento de jugadores que hace algunos meses rendían por debajo de sus posibilidades lo demuestra. En Mestalla vuelven a soñar con ser referencia turística europea de nuevo y, para ello, el objetivo es claro: regresar a la Liga de Campeones.

Sin una dirección clara

El Valencia está atravesando su particular travesía por el desierto tras la marcha del último entrenador que logró clasificar al equipo para la Champions League de manera regular: Unai Emery. El actual técnico del PSG fue capaz de reconducir un Valencia con tendencia a naufragar y convertirlo en una nave fiable durante sus años como inquilino del banquillo de Mestalla. Con la marcha de Emery el rumbo se volvió a desviar. Llegaron Mauricio Pellegrino, Ernesto Valverde, Miroslav Djukic, Juan Antonio Pizzi, Nuno Espírito Santo, Gary Neville, Pako Ayesterán y Prandelli. Un total de 8 entrenadores en 5 temporadas donde, salvo excepciones como Ernesto Valverde y la primera temporada de Nuno, ninguno de ellos fue capaz de controlar la orientación de un equipo que avanzaba y retrocedía al son del oleaje extradeportivo más que deportivo.

Nuno fue capaz de clasificar al Valencia para previa de la Liga de Campeones del año siguiente quedando cuarto en Liga. Coincidió que ese mismo año, el Valencia estuvo defendido por una de las mejores parejas de centrales de los últimos 10 años: Otamendi-Mustafi. Sin embargo, la inestabilidad regresó. El equipo se volvió a caer, como un barco que día tras día leva anclas hacia su destino pero, en el camino, encuentra una tempestad que le hace regresar a puerto. Un Valencia que no avanzaba pese a que, por momentos y en ciertas ocasiones, pareciera que la tormenta iba a ser superada. Voro fue el guardacostas que, constantemente, trataba de apagar los incendios que los demás no pudieron apaciguar. Dos temporadas consecutivas clasificando en la duodécima posición es mucho para un buque insignia como es el Valencia. Las campanas se volvían a lanzar al vuelo con la llegada de Marcelino, como cada inicio de temporada.

Experto de Primera

Marcelino García Toral había salido del Villarreal por la puerta de atrás por temas extradeportivos. La decisión de darle los mandos de una nave incontrolable al técnico asturiano tiene su explicación. La principal razón es el gran conocimiento que Marcelino posee del fútbol español, siendo uno de los entrenadores más laureados dentro del panorama nacional que aún no se han aventurado en ningún reto fuera de España. A ese gran conocimiento hay que añadirle una experiencia bárbara en los principales escalones de nuestro fútbol: Tercera División, Segunda División B, Segunda División y Primera División. Un entrenador que se ha hecho así mismo y ha experimentado todo tipo de situaciones en todos los equipos que ha dirigido.

La última de las razones que llevaron a la dirección deportiva valencianista a contratar a Marcelino fue su elevado índice de éxito en casi todos los equipos donde ha militado. Tras 10 clubes entrenados a sus 55 años, el único punto negro que refleja su currículum fue Sevilla, donde no logró exprimir lo que la calidad de la plantilla sevillista exigía. Excepto eso, todo son éxitos, donde redundan varios ascensos: CD Lealtad a Segunda División B, Recreativo de Huelva, Real Zaragoza y Villarreal a Primera División. Precisamente, fue en el submarino amarillo donde más éxitos cosechó. Cierto es que con el Recreativo de Huelva consiguió un histórico octavo puesto en Primera División y con el Racing la primera clasificación para la UEFA y las primeras semifinales de copa de su historia. Pero el caso en la ciudad castellonense es especial: se trata de su estancia más larga en un banquillo de Primera, ascendiendo al equipo desde la división de plata, clasificándolo para Europa League, llegando a semifinales de la misma y metiéndolo en Champions tras superar la previa.

Esa trayectoria con el Villarreal es un fiel reflejo de lo que el Valencia desea. Tras varios años alejados de la élite nacional, el deber de Marcelino con la nave del murciélago es llevar al equipo donde, basándonos en la historia de Primera División, merece estar. La Champions es el anhelo de todo el público de Mestalla y el objetivo de un Marcelino que ha entrado con el pie derecho en la capital del Turia.

Inicio incontestable

La llegada del entrenador asturiano al banquillo del Valencia supuso un ‘miniseismo’ para la plantilla. La limpieza en el vestuario fue un hecho. Se marcharon Ryan, Enzo Pérez, Aderlan Santos, Bakkali, Diego Alves, Álvaro Negredo, Cancelo, Abdennour, Nani y Medrán. Además, finalizaron su periodo de cesión Mangala, Munir, Mario Suárez y Siqueira. Ante una desbandada de tal calibre, el conjunto valencianista tuvo que reforzarse, no sin antes, contar con la opinión y preferencias de un Marcelino que fue parte importante en la dirección deportiva estival. Neto, Gabriel, Murillo, Kondogbia, Guedes y Pereira llegaron para suplir muchas de las bajas que se habían producido. Un total de seis fichajes para suplir diez salidas, una prueba más de que, si se ficha con lógica y teniendo en cuenta las pretensiones del entrenador, el resultado puede ser ideal. Un ejemplo es el caso de Nemanja Maksimovic, que suma la séptima y última contratación estival. El serbio fue apalabrado mucho antes de que Marcelino llegara al Valencia, de ahí que le esté costando mucho más que a otros entrar en los planes del entrenador.

A todo lo comentado anteriormente, se le debe sumar la presencia de la cantera, factor muy apreciado por Marcelino García Toral. Lato era ya una realidad el año pasado, pero a este comienzo de temporada hay que sumarle la aparición de un Nacho Vidal que ya mostró al público general de lo que es capaz con su actuación en Anoeta. Además, a petición del propio entrenador, los estamentos del club se encuentran en situación de confirmar la llegada de Ferrán Torres al primer equipo. El extremo valencianista se encuentra actualmente disputando el Mundial sub-17 de India y se espera que tras su llegada comience a entrenar a las órdenes del asturiano.

Todo atado y bien atado. Así funcionan las cosas para el nuevo capitán del navío che. La teoría está muy bien, pero nunca hubiera podido desarrollarse y ser llevada a cabo de la misma manera si los resultados no hubieran sonreído al Valencia en este comienzo de temporada. Así de caprichoso es este deporte. Habiéndose disputado siete jornadas de competición liguera el Valencia es tercero con 15 puntos, empatado con el Atlético de Madrid. Posee el doble de goles a favor que en contra, números complicados de ver temporadas atrás y es capaz de sacar adelante partidos que se complican en su desarrollo, como así demostró en Anoeta y en Mestalla ante el Athletic Club.

El problema de actitud y confianza ha sido subsanado por una forma de trabajar que está dando resultados. El fútbol es una ciencia tan impredecible y difícil de medir que por eso mismo, y de forma metafórica, es denominada como tal. Cualquier pequeño factor habría podido tildar de otro color los primeros meses de Marcelino a bordo de un nave que ha superado tormentas donde muchos entrenadores naufragaron. Palabras como las de Parejo, quedándose en el club sólo para poder trabajar con el técnico asturiano cuando ya tenía pie y medio fuera, avalan el trabajo del nuevo capitán general. Mestalla disfruta y no precisamente de un juego vistoso y preciosista. No lo necesita el respetable che. En ese místico lugar se disfruta con un equipo que se construya desde la defensa y ataque a ráfagas, emulando a aquella delantera eléctrica que encumbró al primer gran Valencia de la historia a comienzos de los años 40.