Como todos los grandes personajes de las novelas de misterio, Patrice Evra es capaz de lo mejor y de lo peor. Al igual que el Dr. Jekyll de Stevenson o Tyler y su Club de la lucha, sus fuerzas contrarias se complementan. Pero su complicado carácter ha dejado una huella imborrable en su impecable palmarés como deportista.


En numerosas ocasiones los futbolistas se olvidan de que lo suyo también es un trabajo, y al igual que es inaceptable que un empleado trate de manera inapropiada a sus clientes, la patada karateka al más puro estilo Bruce Lee que Evra le propició a un aficionado del Olympique de Marsella también entra dentro de la categoría de lo impropio. Un cliente nunca olvida y tampoco lo hace una afición.

“Creías que estabas por encima de la institución del Olympique de Marsella y de sus aficionados. Nosotros ya no te queremos con nuestros colores. Lárgate”. No se trata de una versión moderna de una canción de Pimpinela, sino de la pancarta dirigida a Evra que inundó la grada del Vélodrome. Los aficionados se preguntaban si amor por la camiseta, respeto hacia los seguidores y profesionalidad era pedir demasiado. Como en toda relación bidireccional, se da y se recibe.

Aunque Patrice Evra tenga complejo de Kill Bill y sea aficionado a las artes marciales mixtas, su gesto está injustificado. Ya lo hizo Cantona a un aficionado del Crystal Palace en 1995 después de que éste le dijera, con insulto incluído, que volviera a su país. Seguir los pasos de los más grandes no siempre es la idea más brillante.

La UEFA no ha tardado en tomar medidas y ha sancionado al jugador hasta el próximo junio. Y como con todo en la vida, una acción acarrea otra y se produce un imparable efecto dominó. El Marsella se desprendió de los servicios de Evra y actualmente se encuentra sin equipo y sin su gran amor, el fútbol. La vida deportiva de un futbolista es efímera, y un error como el suyo la puede acortar aún más.

No es el primer capítulo polémico en la vida del jugador francés. Hacemos flashback a 2010, al Mundial de Sudáfrica. Una etapa que dio muchas alegrías a algunos y muchas desgracias a otros. Pero la controversia vino servida con mesa y mantel por la selección francesa.

“Creías que estabas por encima de la institución del Olympique de Marsella y de sus aficionados. Nosotros ya no te queremos con nuestros colores. Lárgate”

Raymond Domenech, entrenador de la absoluta en dicho mundial, expulsó a Anelka de la concentración por motivos disciplinarios tras unos insultos que éste dedicó al seleccionador. Fue entonces cuando surgió el conocido como Motín de Knysna. La revolución francesa tuvo entonces lugar en Sudáfrica, cuando Les Bleus se declararon en huelga tras la expulsión de su compañero.

Pero toda revolución -como bien nos ha enseñado la historia- necesita un líder y Evra es considerado como el cabecilla que instigó a la rebeldía para apoyar a su compañero. Algunos lo recordarán más que otros, pero fue un episodio bochornoso que provocó que el fútbol, principal razón de su estancia en Sudáfrica, pasara a un segundo plano.

Un año después, el 15 de octubre de 2011, se vivió uno de los episodios más escandalosos de la Premier League. Liverpool y Manchester United disputaban un partido que siempre va cargado de altas dosis de rivalidad, pero cuando Luis Suárez, todavía jugador del Liverpool, llamó ‘negro’ a Evra, el deporte volvió a quedar apartado dando pie a la polémica.

Fue a partir de entonces cuando Evra se metió de lleno en campañas para frenar el racismo en el deporte y fuera de él. Suárez fue sancionado con ocho partidos y 40 mil libras, pero el mayor castigo se lo llevó su reputación, dañada por la opinión pública. Si un año antes era Domenech el que recibía los insultos, ahora Evra era víctima de ese mismo dardo venenoso.

Hay un dicho común que siempre sacan nuestras madres a relucir cuando las bombardeamos con nuestros problemas; no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti. Nunca sabremos lo que pasó realmente con Evra en ambos episodios, pero apoyar a un compañero que ha faltado el respeto y luego pedirlo cuando el insultado eres tú parece un tanto hipócrita.

Pero Evra es así. Es explosión de carácter, es personalidad a raudales. Las da y las recibe. Donde mejor queda patentada esta actitud es en sus redes sociales, en las que recientemente lanzó una campaña contra el racismo titulada Be a Panda. Puede parecer un nombre un tanto estúpido, pero tras el que existe un brillante razonamiento: “Los pandas son blancos, negros, asiáticos y rechonchos”. Y también muy adorables. ¿La conclusión? Seamos todos pandas y aceptémonos tal y como somos.

El problema que acarrean las redes es que hay que saber controlarlas, algo que no todos consiguen hacer. Después del incidente de la patada, Evra colgó una imagen en Instagram agradeciendo a los “verdaderos” fans del Marsella su apoyo, un gesto erróneo que no sentó bien al aficionado. Evra justificó su fichaje por el Marsella recalcando que le encantaba donde había lío. “Soy así y nada me cambiará”, dijo él. Pero si juegas con fuego, te acabas quemando.

El magnífico currículum de Evra ha quedado manchado por sus acciones, y aunque ahora se dedique a empujar todoterrenos para evitar perder forma, va a ser difícil que los equipos se peleen para hacerse con sus servicios una vez termine su sanción. Los equipos de fútbol no son reformatorios y muchos huyen de jugadores que huelan a polémica.

El sindicato de futbolistas profesionales franceses ha roto una lanza a favor del futbolista, declarando que ha sido el propio jugador el que ha sufrido la agresión: “condenarle y no condenar a unos energúmenos, supone darles la razón”. Aunque la acción de Evra está injustificada, la persona que le agredió verbalmente merece también ser sancionada. Aunque los futbolistas estén hechos de otra pasta y tengan que lidiar con todo tipo de aficionados, hay límites que nunca se deben superar.

Si hay algo que preocupa, más allá de la reciente polémica, es la ineficiente labor llevada a cabo para erradicar el racismo en el fútbol. Todos hemos visto campañas de la UEFA con grandes estrellas del deporte abogando por el respeto y tolerancia, pero la práctica siempre difiere de este objetivo. Muchos futbolistas son víctimas del racismo y de la falta de valores de algunos ‘aficionados’. En la gran mayoría de los casos, son las federaciones las que no están a la altura con sus sanciones si es que llegan a implementar alguna.

Si la patada karateka de Evra nos ha enseñado algo, es cómo no debe comportarse ni la afición ni el futbolista. Patrice Evra ha descendido a la categoría que todos los futbolistas temen, la del olvido, donde el perdón tiene un precio de oro. Los “Oye, ¿qué fue de …?” se escucharán con más frecuencia que nunca.

Patrice Evra ya no juega en la liga de los más grandes, sino en la de aquellos que igualan el carácter de sus mayores detractores.